Piensa, es gratis

Joaquin Lorente · Capítulo 79 de 85

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Piensa, es gratis

Principio 79

¿Sólo tienes un problema?

¡Qué suerte! Ahora sólo debes

encontrar la solución

A los problemas hay que echarles calma, cinismo, acción y control del tiempo.

La calma es la sedimentación del alboroto, y evita que sus mil y una partículas nos ofusquen la visión. Es recomendable que la calma sea una primera reacción instantánea, pues de lo contrario el nerviosismo lo único que consigue es multiplicar el problema y esconder su solución.

El cinismo es el distanciamiento que nos permite analizar el bosque sin ahogarnos entre las lianas del árbol enfermo. Los problemas acostumbran a ser concéntricos: son remolinos que absorben la atención y frenan la lógica, porque marean la razón. Ante un gran problema, el cinismo es la red de seguridad del discernimiento.

Pero al igual que el éxito es bueno conducirlo, el problema siempre es necesario afrontarlo, porque de nada sirven calma y cinismo si no van rematados por la acción. Los problemas reales no afrontados son como las termitas: aunque los olvidemos y hagan muy poco ruido, siguen devorando la madera y al final acaban hundiendo la casa.

Por último, en toda crisis la percepción y el control del tiempo es determinante.

Cuando el problema es muy íntimo y no está directamente relacionado con otras personas, siempre supone una inmensa ventaja: el tiempo tan sólo depende de nosotros mismos. ¿Te imaginas que encima tuvieras que

soportar a un coro de plañideras e inconformistas apretándote todo el día hasta dar con la solución?

Pero cuando hay otros implicados interesados en solucionar o complicar aún más el tema, cada parte tiene su medida particular del tiempo, que puede bascular entre la urgencia absoluta y el roce con la eternidad. Conocer o intuir el tiempo de quienes se nos enfrentan será vital para nuestro éxito. Porque resolver un problema es como la esgrima: la hoja del sable es nuestra razón, pero la empuñadura que dirige el control de nuestros movimientos es el dominio del tiempo.

Nos guste o no, los problemas siempre formarán parte de nuestro existir. Son la cara oculta de nuestra Luna, ese lado oscuro que, por más que no queramos ver, existe y siempre nos acompañará.

Encontrar la solución al problema es lo que nos permite no retroceder e incluso alcanzar el éxito. En su parcela, a cada uno le toca resolver los suyos con todo el ánimo, convicción y fortaleza. Las ayudas rápidas y honestas siempre son convenientes, aunque al final siempre serás tú, con toda tu soledad y fortaleza, quien deberá resolver.

En cualquier caso, jamás olvides que lo único que no tiene solución es la muerte. El resto sólo son problemas efímeros, que siempre tienen una solución.