Premios Nebula 1987

Kate Wilhelm · Capítulo 3 de 26

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Premios Nebula 1987

Presentación

Los lectores asiduos de nuestra colección saben ya que cada año publicamos la antología que la Science Fiction Writers of America (SFWA, Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia Ficción) elabora con los premiados de cada año. Estoy convencido de que la ciencia ficción, como literatura de ideas que es, encuentra muchas veces su mejor expresión en relatos cortos, incluso en estos años de exagerado predominio de las series a veces artificialmente dilatadas.

Pero desde la desaparición de la revista Nueva Dimensión, en 1982, el lector español de ciencia ficción tiene escasas posibilidades de acercarse a los relatos del género y aún menos al fandom, ese animado mundillo que rodea la ciencia ficción. Por ello la antología anual de la SFWA es especialmente interesante ya que, además de la calidad evidente de sus relatos (premiados o finalistas del premio Nebula), ofrece informaciones complementarias sobre los libros y películas de ciencia ficción y fantasía aparecidos durante el año. Desgraciadamente ése es el reducido contacto que los aficionados españoles pueden tener ahora con la actualidad del mundillo de la ciencia ficción, en un período en que el boom en la edición de libros se empareja con la ausencia de revistas y con una preocupante parquedad y escasísima difusión de los fanzines.

Para otros lectores recién llegados tal vez sea conveniente un breve comentario sobre las características básicas de esta antología y su contenido. Además, teniendo en cuenta que el editor norteamericano de esta antología ha renunciado prácticamente a su presentación, me atrevo a extender la mía con un tratamiento que se quiere incluso provocativo y polémico. Empecemos, de momento, con el sentido y el contenido de esta antología.

 

Los premios Nebula

Los premios Nebula son los Oscar de la ciencia ficción y la fantasía. La elección se realiza anualmente en el seno de la SFWA, y son los propios escritores quienes seleccionan las mejores novelas y los relatos de cada año. Los premios que corresponden a textos publicados en el año 1987 se dieron a conocer el 21 de mayo de 1988 en el banquete anual correspondiente, siguiendo una ceremonia tradicional que se inició en 1965. La lista de finalistas de esta edición se incluye en el apéndice de esta antología, así como la lista de los premiados en toda la historia de los Nebula.

Otros de los premios famosos de la ciencia ficción americana, el Hugo y el Locus, se eligen por votación directa de los miembros de la convención mundial anual de la ciencia ficción o de los lectores del famoso fanzine, lo que les confiere un carácter quizá más popular. Sin embargo, el hecho de que la concesión del Nebula se realice unos meses antes influye evidentemente en los premios Hugo y Locus y en los últimos años ha habido suficientes coincidencias de títulos para demostrarlo.

En cualquier caso, además de esta evidente influencia en la selección de títulos finalistas de otros premios, el prestigio creciente de los Nebula está ampliamente justificado por el nivel y los intereses de los que realizan la nominación y la votación final: los mismos escritores, que conocen claramente las dificultades propias de su oficio y saben reconocer un trabajo bien hecho.

Tal vez por ello, la selección de los premios Nebula tiene tendencia a fijarse en los aspectos más literarios junto a otros elementos también esenciales en la narrativa de ciencia ficción y fantasía. Se ha dicho que la ciencia ficción es una «literatura de ideas» y, en realidad, durante muchos años primaron las ideas sobre la forma literaria, y precisamente éste ha sido el rasgo característico de la ciencia ficción llamada «clásica» de los años cuarenta y cincuenta.

Posteriormente, la revolución de la New Wave aportó al género el necesario experimentalismo literario para conseguir finalmente un género maduro que se caracteriza todavía por la riqueza de ideas y también por el mayor nivel literario conseguido por autores como Benford, Card, Attanasio, Bear, Brin, Simmons y tantos otros que configuran ya la nueva ciencia ficción de finales de siglo.

Por ello no es de extrañar que en la selección y en la votación realizada por los profesionales destaquen relatos en los que muchas veces el elemento fundamental reside en la calidad literaria de su redacción. Lógicamente, los escritores están interesados en las complejidades técnicas de su propia profesión.

 

El año 1987 en la ciencia ficción

El encargo de realizar la antología anual de los Nebula tiene una duración de tres años, y con esta antología de los relatos aparecidos en 1987 inicia su labor en este campo Michael Bishop, conocido autor del género del que en España se ha publicado Sólo un enemigo, el tiempo (Acervo, núm. 55) que obtuvo el premio Nebula. Bishop respeta el formato creado en los últimos años por el anterior editor, George Zebrowski, y mantiene el interesante artículo de Bill Warren sobre la ciencia ficción en el cine. También ha respetado la idea de publicar un artículo general sobre la ciencia ficción y la fantasía en 1987. Lo ha encargado a Ian Watson, que ofrece una visión británica y un tanto elitista sobre la ciencia ficción. Su comentario un tanto despectivo sobre la obra de Brin (La rebelión de los pupilos, Acervo, núm. 79) no parece ser general entre el fandom, que galardonó dicho título con los premios Hugo y Locus. Igual ocurre con otras de las estimaciones de Watson (por otra parte autor destacado y brillante con obras como Empotrados, una verdadera obra maestra del género, Visitantes milagrosos, o su relato breve La lentísima máquina del tiempo, que reflejan mayor interés en las ideas de lo que puede hacer suponer el artículo que aquí se incluye). Asimismo encontramos en la selección los poemas galardonados con el premio Rhysling, que toma su nombre en homenaje a un conocido personaje de Robert A. Heinlein. Indudablemente la poesía debe ser leída en su lengua original. Por ello incluimos el texto en inglés acompañado de la traducción libre realizada por Carlos Gardini. Creemos que es la mejor manera de ser respetuosos con una forma literaria que también existe dentro de la ciencia ficción.

En 1987 cabe destacar el múltiple éxito de Pat Murphy en los premios Nebula que obtuvo por dos veces: con su brillante novela LA mujer que caía (Nova fantasía, núm. 2, Ediciones B) y por el cuento largo Rachel enamorada.

Este relato obtuvo además el Locus y el premio Theodore Sturgeon, especializado precisamente en narraciones breves. Sin ninguna duda, 1987 ha sido el año de Pat Murphy, que ha realizado una sorprendente entrada en el mundo de la ciencia ficción de calidad. Junto a ella, la veterana Kate Wilhelm fue también galardonada por su relato Para siempre tuya, Anna, que es, sin ninguna duda, uno de los más brillantes de esta antología y una verdadera renovación en una temática que parecía ya agotada en el género. (No voy a decir de cuál se trata ya que estropearía el efecto del relato, una maravilla literaria que es, al mismo tiempo, un brillante ejemplo de «ciencia ficción de ideas»). El otro premiado de este año fue Kim Stanley Robinson con El geómetra ciego.

Como información complementaria se indican a continuación cuáles han sido los títulos publicados en 1987 que han obtenido algunos de los premios relevantes en la ciencia ficción anglosajona bajo los apartados N (novela), NC (novela corta), R (relato), RC (relato corto), NF (novela de fantasía), NI (primera novela), NE (premio especial de novela):

 

Premio Nebula 1987:

N: La mujer que caía - Pat Murphy (Nova fantasía, núm 2, Ediciones B).

NC: El geómetra ciego - Kim Stanley Robinson (en esta antología).

R: Rachel enamorada - Pat Murphy (en esta antología).

RC: Para siempre tuya, Anna - Kate Wilhelm (en esta antología).

Gran maestro Nebula: Alfred Bester.

Premio Hugo 1988:

N: La rebelión de los pupilos - David Brin (Acervo, núm. 79).

NC: Eye for Eye - Orson Scott Card.

R: Buffalo Gals, Won’t You Come Out Tonight - Ursula K. Le Guin.

RC: Why I Left Harry’s All-Night Hamburgers - Lawrence Watt-Evans.

Premio Locus 1988:

N: LA rebelión de los pupilos - David Brin (Acervo, núm. 79).

NF: EL séptimo hijo - Orson Scott Card (Nova fantasía, núm. 6, Ediciones B).

NI: War for the Oaks - Emma Bull

NC: The Secret Sharer - Robert Silverberg.

R: Rachel enamorada - Pat Murphy (en esta antología).

RC: Angel - Pat Cadigan (en esta antología).

Premio John W. Campbell Memorial 1988:

N: LINCOLN’S DREAMS - Connie Willis.

Premio Theodore Sturgeon 1988:

NC: Rachel enamorada - Pat Murphy (en esta antología).

Premio Arthur C. Clarke 1988:

N: LAS torres del olvido - George Turner (Tiempos Modernos, núm. 7, Ediciones B).

Premio Philip K. Dick 1987:

N: STRANGE TOYS - Patricia Geary.

NE: Memories - Mike McQuay.

 

En el terreno hispano, la novedad de 1987fue el inicio del actual boom editorial con la aparición de la colección de Miraguano (tal vez más orientada a la fantasía) que dirige Francisco Arellano. También 1987 es el año de la irrupción de Ediciones B en la ciencia ficción española con una subserie especializada en el seno de la colección Libro Amigo. Dicha subserie se inició precisamente con uno de los mayores éxitos editoriales en la ciencia ficción en España. EL juego de Ender, de Orson Scott Card. Ambas colecciones marcan el renacimiento de la ciencia ficción y la fantasía en España y en 1988 resultarán acompañadas de nuevas colecciones especializadas que consolida el presente boom editorial. Pero de ello hablaremos al presentar la antología del próximo año.

Ahora es ya el momento de mi comentario (que se quiere provocativo y polémico) y que exige encabezamiento aparte:

 

Ciencia ficción: una muerte anunciada

Poco a poco ciertos autores (y también ciertos editores) están creando una nueva «ciencia ficción» que parece perder alguna de las características esenciales que han definido al género hasta hoy. El creciente interés por aumentar la calidad literaria de los relatos se está logrando (en algunos casos, no en todos) en detrimento del contenido «cienciaficcionístico» del mismo, abandonando la riqueza de ideas que ha caracterizado siempre al género.

Con ello podría ocurrir que la ciencia ficción, cierta ciencia ficción, acabe «disolviéndose» en el seno de la corriente general de la literatura (eso que los anglosajones llaman mainstream) y pierda su especificidad. Posiblemente para un autor o un editor en concreto ello sea deseable, por cuanto creen poder alcanzar mayor remuneración económica y mayor reconocimiento cultural si su obra se etiqueta como literatura general y escapa al tradicional gueto de la ciencia ficción.

Pero los verdaderos aficionados al género empiezan a preocuparse por esta tendencia que puede llevar a la desaparición del género en sí y, de pasada, convertir el autor de esta «nueva» ciencia ficción en uno más de los incontables «literatos» mediocres que buscan su lugar bajo el sol de la potente y prolífica máquina editorial de nuestros días.

Suelo utilizar una simple receta para estimar si un relato pertenece o no al género de la ciencia ficción que a mí me interesa. Si el relato puede aparecer publicado en el dominical del New York Times (o en el de El País, por citar un evidente ejemplo local) me parece lícito albergar fundadas sospechas de que dicho relato NO es de ciencia ficción. No es la ciencia ficción de ideas lo que suele atraer el interés de los lectores de los dominicales de periódicos y, con toda seguridad, no es la agresividad y la capacidad de sugerencia de las brillantes ideas especulativas de la ciencia ficción lo que esos lectores lograrán apreciar.

El problema es que, movidos por la lícita intención de publicar en el New York Times, algunos autores están rehuyendo la especulación inteligente y sugerente que es lo que suele apreciar el lector de ciencia ficción. Camilo José Cela ha dicho que una novela no puede ser contada, que debe ser leída para apreciar la belleza de su texto. Puede ser cierto en la literatura general (mainstream), pero no es así en la ciencia ficción. Me atrevería a decir que la novela o el relato de ciencia ficción resulta fallida si no puede ser contada, si no contiene esa idea, esa especulación que, pese a todo, sigue siendo el eje central del género y lo que justifica su existencia.

Pero no todo son desgracias. Afortunadamente, en los ochenta ha surgido con fuerza otro grupo de autores que, brillantes en lo literario, no rehúyen la riqueza de ideas habitual y característica de la ciencia ficción. Valgan como muestra Benford, Attanasio, Brin, Cherryh, Card, Simmons y tantos otros en los que la ciencia ficción alcanza tal vez su madurez estilística y argumental.

Viene todo ello a cuento porque en la presente antología es clara la tendencia antes apuntada de «diluir» la ciencia ficción en el seno de la literatura general. Así parece desearlo Michael Bishop y lo explícita con sus más recientes novelas, al igual que lo hace con la selección de Watson como comentarista del año y en la propia selección de los relatos que configuran este libro. Algunas de las narraciones incluidas en esta antología podrían perfectamente aparecer en el dominical del New York Times y así ocurre, en mi opinión, con relatos como los de Sterling, Willis, Kessel o Shepard. Pero afortunadamente hay también relatos brillantes y claramente «cienciaficcionísticos» como los de Wilhelm (que se recordará con el tiempo como una verdadera obra maestra), Murphy y Benford, claramente destacables.

Y nada más, tan sólo recordar que siguen existiendo lectores, autores y editores que no nos avergonzamos por pertenecer a ese llamado gueto de la ciencia ficción. En mi caso, concretamente, no veo ni siquiera la necesidad de salir de él cuando hoy en día la ciencia ficción de calidad puede ofrecer al mismo tiempo una adecuada calidad literaria sin perder esa gran riqueza de ideas y especulaciones que es su mejor activo. Gracias a ello se podrá evitar esa «muerte por dilución» que algunos parecen desear para la ciencia ficción y que ojalá nunca llegue a hacerse realidad.

MIQUEL BARCELÓ