Todo o nada

Maria Seoane · Capítulo 5 de 19

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Todo o nada

III. Dos amores, y una sola pasión verdadera (1959-1961)

TRES

Dos amores, y una sola pasión verdadera

(1959-1961)

Si el peronismo había puesto a la orden del día la cuestión nacional, el antiimperialismo de las burguesías nativas y su alianza con sectores obreros y militares nacionalistas, a partir de enero de 1959 —cuando Fidel Castro entra en La Habana con los grupos del Ejército Rebelde para derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista—, la izquierda tradicional argentina sufrirá un proceso de irreversible mutación. Ya el Partido Socialista se había dividido, en 1952, con el surgimiento del Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), donde convergieron algunos de los hombres en los que Santucho se inspiró: Jorge Abelardo Ramos —en 1989 embajador del gobierno de Carlos Menem en México— y Hugo Bressano, más conocido como “Nahuel Moreno”, quienes separarán sus destinos en 1956. [19]

Las primeras fracciones de los socialistas habían sido producto de las posturas ante las guerras mundiales y el peronismo, las segundas fueron a causa de la revolución cubana: ¿era posible conquistar el poder con una serie de etapas políticas sucesivas —elecciones, ejercicio del gobierno, reformas económicas y políticas— o la violencia organizada era la garantía final de éxito? Hacia fines de 1958 entra en escena el Partido Socialista Democrático (PSD) fraccionándose del (PSA), el último francamente simpatizante de la nueva, y única en ese momento, revolución centroamericana.

Es muy probable que Santucho hubiera congeniado, sucesivamente, en medio de una obstinada búsqueda de alternativas políticas que no parecían provenir de la izquierda tradicional, con el Grupo Praxis, de Silvio Frondizi y el PSRN.[20] La década del 60, por lo menos, lo encontrará dictando conferencias en los locales del PSA. Los comunistas, cerrados en su evaluación sobre sus conductas frente al peronismo, y extremadamente cautos con la revolución cubana, a la que no apoyaron claramente hasta varios años después, sufrirán sus primeras escisiones entre 1964 y 1967.

Santucho no podía sustraerse a esta convulsión de los grandes partidos de la izquierda, en el marco de una caliente situación nacional cruzada por huelgas de larga duración (bancarios, ferroviarios, metalúrgicos, frigoríficos), más los permanentes planteos del Ejército a Frondizi para que rompiera sus alianzas con el peronismo, sumido a su vez en una cruda disputa sindical y que no atinaba a estructurar un frente político. La violencia de la resistencia peronista (campaña de sabotajes) dirigida por John William Cooke, unida a la sistemática represión al movimiento

huelguístico y político, más la crisis de la izquierda, reclamaba de los jóvenes una nueva teoría, y una nueva práctica.[21] Santucho entendía como indispensable la mutación, la generación de “una nueva izquierda” que conjugara el ser nacional con el ser latinoamericano. Las definiciones que toma desde el MIECE indican que su evolución va en este sentido, trazando un línea de división entre las viejas izquierdas y las nuevas: apoyo a las revoluciones antiimperialistas de Latinoamérica, apoyo a las luchas anticoloniales, atención a las cuestiones nacionales y, sobre todo, estricta independencia de Moscú y de las internacionales socialista y comunista con sede en Europa. El seminario que organizó en el Gymnasium Universitario sobre “El ser nacional en América latina”, con tres panelistas como Silvio Frondizi, Ramos y Hernández Arregui en el invierno de ese año, deja señales de aquella búsqueda.

“La nueva izquierda argentina surgió y se desarrolló en una sociedad en que las mediaciones democráticas estaban altamente depreciadas. Creyó inventar un lenguaje, una nueva forma de tomar posiciones frente a la política. Sin embargo, en gran parte, su lenguaje fue el espejo de la sociedad de la cual emergió: una sociedad en la que el ‘otro’ era el enemigo como lo fue sucesivamente la oposición en 1945/55; el peronismo entre 1955 y 1973; las fuerzas opuestas al régimen militar entre 1966 y 1973. Una sociedad en la que la política es pensada como instrumento en manos de quienes gobiernan, ya sea para acallar al otro, para excluirlo, o para fijar las condiciones de su admisión. Una sociedad en la que cada definición encuentra necesariamente su contrario en el ‘otro’, y que no admite más que dos enunciadores: peronismo/antiperonismo; imperialismo/nación; unitarios/federales; civilización/barbarie; burguesía/proletariado; pueblo/oligarquía; etcétera, y en la que la única actitud resultante es la eliminación del contrario. ”[22]

En julio de 1959, Santucho conquistó la dirección del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas y fue promovido como delegado al Congreso Tripartito de la Federación Universitaria Argentina (FUA). La experiencia del MIECE se extendió a otras facultades, y una de las primeras posturas fue apoyar la revolución cubana e intensificar la relación con el movimiento obrero, expresado por la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA). La primavera de ese año es decisiva: conoce a la que será la mujer más importante de su vida, y al hombre que le permitirá entrar en contacto con los revolucionarios cubanos del Movimiento 26 de Julio.

Se enamoró de Ana María Villarreal en una fiesta familiar en Tucumán. Ella era una salteña pequeña y de apariencia frágil, en vísperas de cumplir sus veinticuatro años, de rasgos achinados y gestos dulces, a quien su familia había apodado Sayo, diminutivo de Sayonara. El año anterior había conseguido su licenciatura en Artes Plásticas y contaba con una beca del Instituto de Arte de la Universidad. Segunda hija de una acomodada y tradicional familia salteña, heredó de su padre, Edmundo Diego Villarreal, famoso restaurador de arte, la pasión por el muralismo; y de su madre, Eloísa Guillermina Cassasola, cierta predisposición a un silencio terco. Tal vez, el aspecto ascético que la definió, algo conventual, deviniera de los años de la infancia y adolescencia pasados en el colegio religioso Santa Rosa, donde cursó los estudios primarios y secundarios hasta recibirse de

maestra en 1954.

La excusa que Santucho usó para conquistarla fue su interés por la pintura. Aunque sabía que su sensibilidad estética era escasa, detestaba la pintura abstracta, y comprendía muy poco sobre el muralismo al que prefería, polemizó hasta la madrugada sobre el papel que la revolución tenía reservado al arte, y a los artistas. Trató de convencerla de que participara, al comienzo sin éxito, en las actividades políticas del MIECE. No sabía por qué tenía una rara mezcla de necesidad de protección y de posesión de Sayo, al tiempo que se sentía dominado, subordinado por la pasión.

Tampoco había experimentado antes semejante turbación. Dos meses después, el 29 de diciembre, cuando debieron separarse en vísperas de las fiestas de Año Nuevo, escribió desde su cuarto de pensión en Tucumán a Salta la carta más pasional que se conserva de su correspondencia:

“Querida mía, si necesitaba una confirmación de lo que siento por vos es ese inexpresable aliento del amor que los largos días de nuestro alejamiento me han dado. Este necesitar tenerte a mi lado, el irreemplazable vacío de tu presencia. Este desesperado anhelo de abrazarte, de adorar cada uno de tus gestos, de besar como siempre tus cabellos, tus mejillas, tus párpados cerrados, de morder la brevedad de tus pestañas. Todo ello me envuelve de una angustiosa felicidad.

”Todos los momentos que compartimos son mis compañeros en la espera. Recuerdo nuestras conversaciones, nuestros encuentros, los momentos que pasamos juntos. A veces me parece no poder soportar el alejamiento. Es que te quiero, Sayo, te quiero más de lo que te he dicho nunca. Nuestra conversación del miércoles, lo que vos me dijiste acerca del cariño, me han hecho pensar mucho. Yo creía expresar suficientemente lo que siento. Nunca fui con ninguna mujer como con vos. De acuerdo a tus palabras no te he mostrado todo lo que significas para mí, por eso deseo más que nunca dedicarte todos los días que estemos en Tilcara. Me preocupa y me duele tu silencio. Sabés que necesito tus líneas y no me escribes, ¿por qué?

Debí recurrir a T. para escribirte. No tenía tu dirección. Pienso ir a Tartagal el 8. Quisiera quedarme un día en Salta. ¿No habrá dificultades? Saldría de Tucumán el seis a la noche en tren, me quedaría con vos hasta el 8 al mediodía. Voy a viajar a casa así que escribime allí: Absalón Rojas 926, Santiago del Estero; o habláme por teléfono, 2951. Voy a estar en casa desde el 30 a la tarde hasta el 6 a la tarde. Te quiero y te necesito. Robi.”

Con la carta le envía una poesía: “Cervatillo tibio enamorada/ pequeño animalito/ que creces en mis vísceras/ Suave flor/ de clima de montaña/ Como una cosa viva/ y palpitante/ te introduces en mí por mis antenas/ Serena plenitud/ en que refugio/ un futuro cansancio de chañares./ En veranos internos,/ busco rescatarte de los siglos,/ volver nuestro tiempo sin fronteras,/ borrar con largo beso lo imborrable/ restituirnos el vuelo de los pájaros,/ el lenguaje mudo de las sogas,/ la suave caricia de la noche, compartir sin temores lo infinito/ y hacer de cada instante/ brillantes astros para este cielo oscuro. Ahora,/ al penetrar en el tiempo de la claridad/ después de cuatro noches de vigilia/ te presiento tendida en mi costado/ serena/ posesiva/ compañera/ asida de mi mano/ en camino hacia la eternidad”.

* * *

El amor irrumpía como una ráfaga inconsciente en medio de una actividad política febril. En noviembre de 1959, Santucho había invitado a un seminario en la facultad de Ciencias Económicas al profesor norteamericano Roland Thomas Ely, un especialista en la historia de la industria azucarera en Centroamérica, casado con una millonaria excéntrica a quien había conocido en su época de terrateniente en las plantaciones azucareras cubanas. Sensible ante la problemática latinoamericana, amigo de Ernest Hemingway y de los rebeldes del Movimiento 26 de Julio aún antes de la toma del poder, Ely había escrito su tesis doctoral sobre la industria azucarera en Cuba en el siglo XVII en la que se analizaban las razones económicas de la explotación colonial en la isla, y muchas de las causas de su atraso y explosión revolucionaria. [23]

Al pie del cerro San Javier, o en uno de los bodegones estudiantiles donde solía comer, Ely se sorprendió, como más tarde sucederá con Gombrowicz, de la fogosidad aguda de Santucho. Ely, también, escuchó sus teorías sobre “la decadencia inexorable del imperio, la farsa de que el desarrollo capitalista aporte bienestar a las mayorías, y el surgimiento liberador de América Latina.

Cuba lo prueba más que nadie antes: ahora sí ha comenzado la verdadera historia de nuestros pueblos oprimidos del continente” .[24] El norteamericano no compartía el determinismo de Santucho, y lo invitó a Estados Unidos. El trato era que si Santucho llegaba al Río Grande, él le pagaría el pasaje hasta su casa en Princeton, Nueva Jersey. El viaje sólo se concretará dos años después, pero con la promesa de Ely de establecer los contactos necesarios para que Santucho pudiera viajar a La Habana. El pretexto social del viaje: un seminario en la Universidad de Harvard.

Si en los meses finales de 1959 el amor y la posibilidad de viajar a Cuba lo conmovían, la polémica sobre el surgimiento del foco guerrillero peronista Uturuncos (un puñado de hombres armados, aislados de los centros políticos, y cuyo rol era despertar la conciencia popular demostrando que era posible abrir la brecha de la ilegalidad política a tiros) lo encontró alineado con las posiciones de Ángel Bengochea, por entonces director del periódico Palabra Obrera, que diera el nombre a la organización liderada por Nahuel Moreno desde 1957. El periódico estaba subtitulado “órgano del peronismo obrero revolucionario”, y más adelante “bajo la disciplina del general Perón y el Consejo Nacional Justicialista”. Era evidentemente la etapa conocida como

“entrismo en el peronismo” practicado por parte de la izquierda trotskista del momento. Bengochea compartió con Cooke el ideario de la resistencia peronista y, más tarde, bajo el influjo de la revolución cubana tomó el camino de las armas, formando las Fuerzas Armadas de la Revolución Nacional (FARN).[25]

En la edición de Palabra Obrera de marzo de 1959, Bengochea decía: “Se ha abierto un nuevo método de lucha en América: la guerrilla. Cuba y Paraguay son un ejemplo de método revolucionario. La lucha por la liberación nacional de los países atrasados no podrá ser el producto de un cuartelazo sino de la movilización de los trabajadores, que son la única garantía de transformar la estructura de estos países... Uturuncos es el símbolo de la lucha de todos los trabajadores argentinos; nuestros guerrilleros son el reflejo de nuestra situación económica y política, pero nada

más que un tibio reflejo. El hambre y las persecuciones de este gobierno de patrones nos llevarán indefectiblemente a la guerrilla como única salida, pero las elecciones de marzo —descontando el triunfo de la clase obrera sobre el gobierno— pueden ser la antesala de la lucha final de los trabajadores por la liberación nacional. De ahí que debamos volcar nuestros esfuerzos sobre las elecciones para aplastar al gobierno... Si el camino posterior es la guerrilla, allí estaremos los peronistas revolucionarios... Alguna vez hemos dicho que las guerrillas simbolizan cierta desesperación; pero ocurre que en estos momentos comienza a empalmar con lo que siente el pueblo... Pero no habrá Uturuncos triunfante sin guerrilleros obreros y campesinos”.

En este artículo se plasman todas las ideas, las contradicciones y las predisposiciones que estarán en el proceso de la formación de las organizaciones armadas de la Argentina, y particularmente en la génesis del ERP: el tenso equilibrio entre la pólvora y la política; la legitimidad de los gobiernos como último dique de contención a la violencia. Se sabe que Santucho y su hermano Francisco René dieron refugio a varios guerrilleros desbandados, y que nunca conoció a Bengochea, aunque sí al médico de la FOTIA Hugo Santilli, que murió con él. Pero a diferencia de Moreno, o los comunistas y socialistas que calificaron el frustrado implante guerrillero como

“aventurerismo”, Santucho se inclinó por la misma evaluación sobre Uturuncos que el director de Palabra Obrera. Años después, tendrá al mismo contrincante en Moreno.

Lo cierto es que con Uturuncos, dirigido por Enrique Manuel Mena, e inspirado por Cooke, la guerrilla rural, como método de lucha, hizo su aparición pública en la Argentina del siglo XX, reclamando el fin de la proscripción del peronismo, denunciando el fraude del frondizismo y la entrega del patrimonio nacional. [26] La experiencia de Uturuncos se incluyó así en la oleada de movimientos revolucionarios latinoamericanos que entre 1960 y 1968 intentaron la guerrilla rural.

Tales fueron los casos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) de Venezuela; Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR-13) y Fuerzas Revolucionarias (FAR) de Guatemala; Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Perú; también el ELN de Colombia; el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros (MLN-T) de Uruguay y, por último, el ELN del Che Guevara en Bolivia.

El 13 de marzo de 1960 comenzó la implementación del Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) en respuesta a la ola de huelgas y sabotajes de la resistencia peronista que llevará a la cárcel a más de tres millares de activistas sindicales y políticos opositores a Frondizi. Días después, Santucho viajó a Buenos Aires para entrevistarse con Cooke en la casa de Hernández Arregui. De aquella charla surgió la amistad pero también las diferencias que Santucho mantendrá con las distintas vertientes del peronismo revolucionario. Los unía el antiimperialismo, la necesidad de velar por el protagonismo de los trabajadores en los cambios políticos, la denuncia de la burocracia sindical, y la crítica hacia la izquierda tradicional. Los separaba la confianza en Perón y la visión de la lucha armada. Santucho no compartía, por lo menos teóricamente, la tesis del foco rural, e insistía en la necesidad de la independencia política de los trabajadores de lo que él denominaba “una

conducción burguesa”.

En abril, dos meses antes de la sanción de la ley de represión al terrorismo, Santucho viajó a Paraguay y Brasil. Contó sus impresiones a Sayo: “Mi querida, tengo tantos deseos de verte. El Paraguay es muy pobre, Asunción no es más grande que Salta o Santiago, y Concepción es la segunda ciudad del país y no tiene asfalto”. Sayo sabía que el viaje era como una tímida avanzada hacia las fauces de Latinoamérica, y su despedida de soltero.

Al pasar de regreso por Buenos Aires, en ese otoño, Santucho se encontró por última vez con Gombrowicz, y con su lúcida y profética intuición. “... Robi me sorprendió poco antes de su visita a Buenos Aires —nunca nos habíamos escrito— con una carta enviada de Tucumán en la que me pedía que le enviara Ferdydurke en la edición castellana: ‘Witoldo: algo de lo que dices en la introducción a El Matrimonio me ha interesado... esas ideas sobre la inmadurez y la forma que parecen constituir la trama de tu obra tienen relación con el problema de la creación. Claro está que no tuve paciencia para leer más de veinte páginas de El Matrimonio’... Luego me pide Ferdydurke y escribe: ‘Hablé con el Negro (su hermano, el librero) y veo que sigues atado a tu chauvinismo europeo; lo peor es que esa limitación no te permitirá lograr una profundización de este problema de la creación, no puedes comprender que lo más importante ‘actualmente’ es la situación de los países subdesarrollados. De saberlo podrías extraer elementos fundamentales para cualquier empresa’.

”Con esta muchachada me hablo de ‘tú’ y consiento en que me digan lo que les viene en ganas. Comprendo también que prefieran, por si acaso, ser los primeros en atacar —

nuestras relaciones distan mucho de ser un tierno idilio—. A pesar de eso la carta me pareció ya demasiado presuntuosa... ¿qué se estaba imaginando? Contesté telegráficamente:

‘Robi S. Tucumán- subdesarrollado no hables tonterías Ferdydurke no lo puedo enviar prohibición de Washington lo veda a tribus de nativos para imposibilitar desarrollo, condenados a perpetua inferioridad -Toldogom.’

”Puse el telegrama en un sobre y lo envié como carta (en realidad son telegramas-cartas).

Pronto me respondió en tono indulgente: ‘Querido Witoldito, recibí tu cartita, veo que progresas, pero vanamente te esfuerzas en ser original’, etcétera, etcétera. Quizá no valga la pena anotar todas esas majaderías... pero la vida, la vida auténtica, no tiene nada de extraordinariamente brillante, y a mí me importa recrearla, no en sus culminaciones, sino precisamente en esa medianía que es la cotidianeidad. Y no olvidemos que entre las frivolidades puede a veces haber también un león, un tigre o una víbora escondidos.

”Robi llegó a Buenos Aires y se presentó en el barcito donde paso un rato casi todas las noches: es un muchacho color subido, cabellera negra ala de cuervo, piel aceite ladrillo, boca color tomate, dentadura de astuto soñador dulce y terco... ¿qué porcentaje tendrá de indio? Y algo más todavía, algo importante, es un soldado nato. Sirve para el fusil, las trincheras, el caballo. Me interesaba saber si en los dos años que habíamos dejado de

vernos había cambiado algo aquel estudiante... ¿algo cambió?

”Porque en Santiago nada cambia. Cada noche se expresan allá en el café Águila las mismas atrevidas ideas ‘continentales’: Europa está acabada, llegó la hora de la América Latina, tenemos que ser nosotros mismos y no imitar a los europeos, nos encontraremos de verdad si regresamos a nuestra tradición indígena, tenemos que ser creadores, etcétera. Así, así, Santiago, el café Águila, la coca-cola y estas ideas audaces repetidas día tras día con la monotonía de un borracho que adelanta un pie y no sabe qué hace con el otro. Santiago es una vaca que rumia diariamente su vuelo, es una pesadilla en la que uno corre una carrera vertiginosa pero sin moverse de un lugar.

”Sin embargo, me parecía imposible que Robi, a su edad, pudiera evitar una mutación aunque fuese parcial, y a la una de la madrugada fui con él y con Goma a otro bar para discutir en un círculo más íntimo. Consintió con muchas ganas, estaba dispuesto a pasar la noche hablando, se veía que ese ‘hablar genial, loco, estudiantil’ como dice Zeromski en su diario, le había entrado en la sangre. En general ellos me recuerdan mucho a Zeromski y a sus compañeros de los años 1890: entusiasmo, fe en el progreso, idealismo, fe en el pueblo, romanticismo, socialismo y patria.

”¿Las impresiones de nuestra conversación? Salí desalentado e inquieto, aburrido y divertido, irritado y resignado, y como apagado... como si me hubieran dicho: ¡basta ya de esto!

”El tonto no ha asimilado nada desde que lo dejé en Santiago hace dos años. Volvió a la misma discusión de entonces, como si sólo hubiera sido el día anterior. Igual como dos gotas de agua… sólo que está mejor afinado en su tontería y por consiguiente más presuntuoso y omnisapiente. Otra vez tuve que escuchar: ¡Europa se acabó! ¡Ha llegado la hora de América! Tenemos que crear nuestra propia cultura americana. Para crearla, debemos ser creadores si contamos con un programa que desate en nosotros las fuerzas creadoras, etcétera, etcétera. La pintura abstracta es una tradición, es europea. El pintor y el escritor deberían cultivar temas americanos. El arte tiene que vincularse con el pueblo, con el folclore... Tenemos que descubrir nuestra problemática exclusivamente americana, etc.

”Su realidad está llena de quimeras, es digna, por tanto, de conmiseración. Sin embargo, su mano posee el don de transformar las quimeras en realidad, es capaz de crear los hechos.

Irrealidad, entonces, por parte de la cabeza, y realidad, por parte de la mano... y la seriedad por un solo lado...” [27]

Robi y Sayo se casaron el 15 de junio de 1960 en el registro civil del centro de San Miguel de Tucumán, luego de una rabiosa polémica familiar por la negativa de la pareja a aceptar el casamiento religioso, que incluyó reuniones de los clanes en Salta y Santiago. Esa vez la pareja logró sortear el

peso de las tradiciones. No siempre será así: la primera hija, Ana Cristina, será bautizada por presión familiar; las dos restantes, Marcela Eva y Gabriela, a escondidas por su abuela paterna, líder, en esos años, de la Acción Católica santiagueña. La batalla por el casamiento civil (como el ateísmo) era una de las formas en que parecía procesarse la ruptura generacional en esos años, y el centro de la discusión no era en sí mismo el rito, sino el derecho a excluir a la religión —como todo deber ser— de la vida amorosa. Una pedrada a la Iglesia secular y a la familia, entendida como uno de los pilares del capitalismo, según absolutizó la crítica marxista, en la búsqueda del Hombre-Razón como hacedor de todas las cosas. A propósito, el 22 de agosto de 1960 Santucho escribió a su quinceañero hermano Julio, internado en el colegio León XIII, una carta que inicia una prolongada batalla de por lo menos una década sobre la religión, el historicismo de las creencias religiosas, la relatividad de los dogmas, y la crítica a la Iglesia como sostén del sistema dominante:

“(...) Con respecto a nuestras divergencias ideológicas, veo que consideras tu deber llevarme al reino de los cielos. Yo ahora creo también necesario hacerte algunas observaciones sobre lo que —desde mi punto de vista— estás por hacer con tu vida. Te aconsejaría que leyeras la Vida de Jesús, y la relacionaras con el momento histórico en que se desenvolvió; en qué medida su doctrina y acción —a la par que reconoce antecedentes no muy lejanos, entre otras religiones orientales— son profundamente iconoclastas y creadoras; cómo todo su esfuerzo parte fundamentalmente de la renovación ambicionada por los sectores mayoritarios de la población, sumidos en terrible postergación; y cómo reflexionará sobre la profunda enseñanza de su vida. Jesús destruía falsas verdades (todas las verdades son relativas, y en algún momento falsas), llamaba la atención sobre la supremacía de lo espiritual, es decir del Hombre sobre lo material; señalaba la injusticia de las desigualdades (la Iglesia argumenta sobre el origen divino de la desigualdad). Su actitud no reconocía dioses ni dogmas. Todo era creación. Compara eso con la Iglesia, aliada del privilegio, conservadora, estática, indicando lo que hay que leer y lo que no, deformando las mentes, oponiéndose en todo el mundo a las reivindicaciones de los pobres (el ejemplo en Cuba es muy importante). Allí el bajo clero, como en nuestras luchas por la independencia, está con la revolución, también los fieles, sólo insinúa su oposición la jerarquía eclesiástica identificada con los intereses de los capitalistas yanquis y de la oligarquía cubana. Sobre Cuba, para que te des una pálida idea de lo que es la revolución, lee la Pastoral publicada en La Nación del 9 de agosto de este año. Allí se insinúa esa oposición de la Jerarquía. Volviendo a Jesús, creo que un buen cristiano debe procurar imitarlo. Imitarlo significa precisamente tener su misma actitud. Crítica. Creadora.

Profundamente histórica. Reivindicadora y, sobre todo, luchar sin compromisos poco claros. Te pido que leas esto con objetividad, con espíritu crítico. Y si me contestas, hazlo con razones. Fe tengo. Fe en el Hombre. En sus posibilidades, en su continuo esfuerzo, en que nuestra lucha terminará por construir un mundo mejor. Cariños de la Sayo. Te abraza.

Robi.”

De alguna manera, Santucho adelantaba —con una simpatía real por el cristianismo de las catacumbas— su percepción de lo que años más tarde será el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, de los Cristianos por el Socialismo, del Concilio Vaticano II, durante el papado de Juan XXIII, en 1962, y su continuación en la Conferencia de Medellín en 1968. La revolución cubana, por otro lado, aparecía como la meca de la revolución posible. Al mismo tiempo, esta distinción entre la jerarquía y la grey católica, y la esencia social del cristianismo, será un pensamiento que no abandonará hasta el final de sus días; aconsejará incluso a su hermano que se ordene como sacerdote, y que el sentimiento religioso no sea discriminante para la política. ¿Se trataba de cambiar una religión por otra? ¿Lo metafísico por lo real? ¿Un paraíso ignoto y alejado por otro terrenal y cotidiano? La contradicción parecía muy exacerbada como para resolverse maduramente. Porque la religión no sólo debía salir de la vida pública sino también de la privada. En el último caso, una misión imposible si de ello dependía una adhesión política. Este rigor y al mismo tiempo este magma que confundía el aniquilamiento de la propiedad privada con el aniquilamiento de las bases legales de la familia (no de la familia con entidad afectiva); la fe y la desesperada mística de los hombres con la política del clero, dio como resultado, años más tarde, un Santucho laico pero místico, y una moral contestataria en las formas —no casarse ni siquiera por civil, no hacer fiesta por la boda, no bautizar a los hijos, no traicionar a la pareja, etcétera—, pero conventual e impracticable en la vida cotidiana.

Volviendo a los recién casados, ambos pensaron la luna de miel diferida. Santucho logró, en octubre, los últimos contactos que le faltaban para organizar el periplo hacia Cuba. En la Segunda Conferencia Latinoamericana de Facultades de Ciencias Económicas realizada en Rosario trabó contacto con estudiantes de Bolivia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Perú y Cuba, que los hospedarían. Antes de partir, colaboró con Francisco René en la redacción del folleto “Lucha de los pueblos indoamericanos”, donde ambos redondeaban las bases del futuro Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP).

Concebían la supuesta “universalidad” del capitalismo como un “instrumento de coacción y exterminio en manos de minorías monopolizadoras del poder social e histórico”. Los

indoamericanos, agregaban, sabían por experiencia lo que ello suponía: “Ya que desde la conquista española hasta hoy no ha faltado el credo pretendidamente universal que ampare y justifique los desplazamientos de fuerza sobre nuestra realidad”. No faltaban críticas a la izquierda tradicional, como avanzada de construcción de una identidad diversa y polémica: “Los stalinistas adhieren a la posición universalista de Occidente. Eluden la subjetividad indoamericana, no ven en la masa india una fuerza revolucionaria y terminan en una lógica imperialista (…) Esto se ve con claridad, por ejemplo, en la Argentina, en donde los teóricos e intelectuales comunistas de la línea soviética han adherido durante lustros a las más reaccionarias interpretaciones históricas y culturales, negadoras de una autonomía y una vigencia particular indoamericana”. ¿La democracia? “Un sofisma constituido con todos sus ingredientes: propiedad privada, liberalismo económico, libertad de prensa, etc. Es la panacea de las potencias imperialistas y el instrumento ideológico más eficaz para mantener la dominación, y a las minorías dirigentes de los respectivos países colonizados como verdaderos aliados y agentes de sus intereses.” Aún no se pronunciaban por la violencia política (“la acción de los sectores revolucionarios y del movimiento obrero se presentan extremadamente restringidas dentro del marco legal y expuestas a las peores condiciones”), pero sugerían la lucha clandestina.[28]

* * *

“La devaluación de la idea de democracia en la nueva izquierda (y en la izquierda argentina en general) está sin duda relacionada con la falta de funcionamiento efectivo de las instituciones democráticas durante largos años, por no decir durante casi toda la historia argentina. En realidad, la izquierda ‘tiró al niño junto con el agua sucia de la bañera’: al rechazar un remedo de democracia institucional, rechazó al mismo tiempo la posibilidad de pensar la diferencia entre democracia y autoritarismo. La democracia pasó a ser un tema de

‘derecha’; y la nueva izquierda se privó de pensarla, y con ello se privó de su propia práctica” .[29]

* * *

Cuando el 5 de enero de 1961 Santucho partió con Sayo desde Salta hacia Estados Unidos, siguiendo la ruta del Pacífico, como años antes la había recorrido el Che Guevara, tenía la convicción, dadas las condiciones de la Argentina, de que la política como juego de consenso era ineficaz para forzar la proscripción; la democracia, una máscara urdida para ocultar los privilegios; y estaba madurando la siguiente imagen: si el poder era el aparato del Estado, y su sostén las Fuerzas Armadas, ¿acaso la verdadera lucha política por el poder no debía contemplar, inexorablemente, un combate frontal, armado, a muerte?