A Punta de Cuchillo

Alex Van Tol · Capítulo 14 de 16

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A Punta de Cuchillo

Capítulo catorce

Tengo alrededor de dos minutos antes de que empiecen los rápidos.

Suficiente tiempo para salir. Miro hacia adelante para asegurarme de que no haya otros troncos atravesados esperando para atraparme en su leñoso abrazo. No, no hay nada en el agua. Me muevo en ángulo hacia la orilla cercana, hacia la reserva, pataleando con las piernas heladas. Remo con los brazos, que parece como si fueran de plomo.

Ya estoy muy cerca de la orilla.

De repente descubro el error de mi plan. La costa no está llena de hierba o de arena. Ni siquiera de grava. Es una pared de piedras. Y como de veinticinco pies de alto.

Es así porque se trata del principio de un desfiladero.

No me permito ni un segundo de quejas ante este nuevo espantoso acontecimiento en mi día. Tengo frío y cada vez me siento más estúpida, pues mi conciencia está mermando lentamente hasta no ser más que un botón concentrado en sobrevivir a este maldito desastre. Tengo que reservar mi energía mental para encontrar una manera de salir de los rápidos. No puedo trepar por este lado. Y ese estúpido monstruo con cuchillo está en alguna parte de la otra orilla. No tengo alternativa.

Tengo que nadar por los rápidos.

Me giro para nadar de frente y dirijo la cabeza río abajo. Obligo a mis brazos a nadar mientras el rugido de los cercanos rápidos se hace más fuerte. Para no ser succionada bajo la superficie tengo dos opciones: ir más rápido o más lento que el agua. Sin un bote y un remo, es imposible

controlar mi velocidad lo suficiente como para ir más lento. Pero sí puedo nadar más rápido que la corriente.

Así que eso hago. Giro mis plomizos brazos como las aspas de un molino y pataleo con fuerza, tratando de mantener la cabeza sobre la superficie para poder ver las piedras peligrosas. He dirigido muchas balsas por este cañón antes, pero las cosas se ven muy distintas desde arriba, por encima de la superficie del agua. Aquí abajo las cosas pasan muy rápido y es difícil ver a través del agua burbujeante y blanca. No estoy segura de dónde está todo, pero recuerdo las partes más importantes.

El estruendo se vuelve ensordecedor. Entonces, de repente, hay una bajada.

Estoy dentro. El tronar del agua me llena la cabeza. Trago un sorbo de agua gélida tras otro mientras me precipito por la masa de olas agitadas.

Arriba, abajo, me sumerjo.

Una roca roza mi tobillo derecho bajo el agua. Aspiro un trago helado.

Mi rodilla izquierda se golpea de lleno contra otra roca. Grito y me atraganto. Nado con más fuerza, levantando la cabeza para ver lo que tengo enfrente.

Me elevo con una ola muy alta y miro alrededor, planeando mi recorrido.

Ya pasó una cuarta parte, pero todavía falta lo peor. Estoy bastante segura de que me rompí la rótula. Pataleo de todas formas.

Es. De verdad. Un día. Terrible. Mis ojos captan un vislumbre de una camisa roja en la orilla y siento una ola de alivio.

¿Alivio? Eso es un poco retorcido.

Ajá, supongo que es retorcido. Sabes que las cosas son un verdadero desastre cuando te encuentras con que sientes alivio al ver al demente que ha decidido matarte a cuchillazos.

Pero lo que pasa es que si puedo verlo, al menos sé dónde está. Mejor que esté allá lejos que apareciéndose sigilosamente en el agua a mi lado.

Tiene una rama enorme y la está arrastrando por el sendero. ¿Qué démonios está haciendo ahora?

Me deslizo por la parte baja de una ola y pataleo hasta la cresta de la siguiente. Ahora estoy en el canal central, lejos de la mayoría de las rocas, pero los rápidos más peligrosos están más adelante.

El río se retuerce y da vueltas en su camino a través del cañón, haciendo eses a toda velocidad. Me deslizo por una curva y experimento una gran emoción fugaz. Una pila de rocas apiladas se extiende desde la orilla hasta casi el centro del río. ¡Podría treparla antes de llegar a la presa!

Pero tan pronto como se me ocurre esa idea me doy cuenta de que es imposible. Estaría trepando directamente hacia una sentencia de muerte.

Porque en algún lugar por ese lado, Darren me está esperando. Con un cuchillo. Y ahora también con una enorme rama.

Está esperando a que me dé por vencida. Esperando a que, deshecha y congelada, nade hasta la ribera.

Miro hacia el frente. Borro esa última parte. No está esperando a que yo vaya hacia él. Va a engancharme. Y para lograrlo ha conseguido una caña de pesca tamaño diablo.

Miro horrorizada cómo llega Darren hasta el final de la pila de rocas y se pone la enorme rama al hombro. Mientras lo veo, levanta la rama y después la baja sobre el agua. Está planeando engancharme y arrastrarme a la costa.

Y no tengo forma de detenerlo.

Mientras la corriente me lleva a un lado de las rocas, el monstruo ensangrentado se inclina por el borde. Mueve la rama hacia mí con fuerza y me engancha la camisa. Trato de soltarme dando manotazos. Intento liberar el cuello de mi camisa de la punta de madera. No puedo. Tengo los dedos ateridos. No se doblan lo suficiente. Grito por la frustración y el miedo.

Aún asida a la rama, el agua me balancea por el borde de la punta rocosa, hacia el remolino que hay más adelante. Si cruzo hacia el remolino, donde el agua se mueve más lentamente, Darren podrá pescarme con facilidad. Y

matarme. A menos que logre, de alguna manera, impedir que me arrastre hacia la orilla.

En cualquier caso es probable que muera. Pero prefiero morir en los rápidos, gracias. Y entonces una idea me golpea como un rayo. Es una idea perfecta, redonda y brillante, tan fácil que mi cansada mente puede entenderla. Da tanto miedo como el infierno, pero es la única solución que puedo ver para terminar con toda esta locura.

Sin vacilar ni un instante, muevo los dos brazos hacia atrás. Me aferro a la rama con las manos heladas. Tiro con fuerza. Con un grito, Darren la deja

ir… pero es demasido tarde. El tirón lo ha hecho perder el equilibrio, así que cae al agua detrás de mí con un chapoteo. Mis mejillas heladas se estiran para formar una sonrisa.

De verdad, es una lástima que no sea un buen nadador.

Porque voy a presentarle a este payaso a mi amiguito traicionero.

El Hacedor de Viudas.

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