A Punta de Cuchillo
Capítulo cuatro
Bueno, yo vuelo por el bosque, riendo bajo la luz del sol. Tardo un momento en darme cuenta de que ya no escucho los cascos de Springsteen.
¿Cuándo perdí a Darren? Hago que Whiskey baje el paso y al fin nos detenemos. Me giro en la silla para ver atrás. Ahí está Darren: muuuuuy lejos, en el cruce de caminos. Dios, ¿está subiendo a su caballo? ¿Cuándo…
y cómo… desmontó a Springsteen?
Hago una vuelta en U y regreso a medio galope. Springsteen espera con paciencia a que su jinete se organice y lo monte de nuevo.
—¿Estás bien? —pregunto.
Se ríe nervioso.
—Un poco polvoriento, pero estoy bien.
Me bajo de Whiskey y detengo a Springsteen mientras Darren lo monta otra vez.
—Tú, este… no eres un vaquero, ¿verdad, Darren Parker?
Darren sacude la cabeza. Espero ver una expresión de vergüenza, pero tiene esa alegre sonrisa pegada en la cara.
—Nop —dice y sonrie—. Soy cantinero.
Asiento con la cabeza. Estoy un poco aliviada por no tener que pasar dos horas de terribles riesgos sobre la silla. Pero a la vez me siento un poco decepcionada.
—Entonces vamos… este… ¿tal vez deberíamos tomarlo con más calma?
Quiero decir, haremos un paseo de aventura de todas formas, sólo que…
sólo que uno menos rápido —le digo.
Me sonríe.
—Muy bien. Un paseo de aventura lento suena genial.
De repente tengo una brillante idea.
—Tal vez te podría llevar al viejo aserradero. Está completamente oculto en una ladera —digo. No he ido ahí en años.
—Eso suena perfecto —dice. Por su expresión me doy cuenta de que le gusta la idea. Cabalgamos un rato juntos, con los árboles a un lado y el río al otro. Me dice que viene del este y que está aquí para hacer su último trabajo de verano “divertido” antes de terminar su maestría en administración de empresas en enero. Que había querido ver las Rocallosas toda su vida y que ahora está aquí por fin. Para su aventura.
Saludo con la mano a un grupo de balseros de rápidos que va pasando.
—¿Quiénes son? —pregunta Darren.
—Llevan el traje del grupo local de balseros —contesto—. Trabajé para ellos como guía de rápidos el verano pasado. El Sawtooth es un río muy popular entre los balseros y la gente que hace kayak en rápidos. Hay partes excelentes.
Los balseros siguen avanzando y desaparecen de la vista en una vuelta.
—Deberías intentarlo alguna vez —le digo—. Va muy bien con todo tu tema de aventuras.
—Mmm, nah —dice—. No soy muy buen nadador. ¿Por qué dejaste de hacerlo?
Me encojo de hombros.
—No era tan divertido como parece. Balsas pesadas, turistas tontos que no te escuchan. Mucho trabajo duro.
—Pero también trabajas mucho en el rancho, ¿no? —me pregunta—. Te vi arrear los caballos esta mañana. No parecía un juego de niños.
Me río.
—No, pero al menos soy una jinete pasable. Era un desastre dirigiendo una balsa de mil libras a través de unos rápidos que parecían una máquina de pinball.
Eso lo hace reír. Salimos del sendero principal a uno secundario.
Vamos hacia el viejo aserradero.
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