A Reventar

Eric Walters · Capítulo 8 de 14

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A Reventar

Capítulo ocho

El día entero había pasado como un suspiro. Muchas personas (algunos conocidos, pero en general chicos que sólo había visto alguna que otra vez en la escuela) se me acercaron para decirme que habían recibido mi mensaje. En la escuela había corrido el rumor de que yo era I-Man, el chico que lo había empezado todo.

Habían recibido el correo electrónico a través de amigos, familiares o de gente que apenas conocían. El mensaje había sido enviado por vecinos cercanos o por gente que vivía en la otra cuadra, del otro lado de la ciudad y en los rincones más alejados del país. Un chico me dijo que se lo había reenviado un amigo que vivía en Inglaterra… ¡en Inglaterra! De alguna manera, en menos de doce horas mi mensaje había cruzado el océano Atlántico y había rebotado de regreso. ¡Qué tal el poder de la Internet para la comunicación masiva!

Entré a casa a toda velocidad. Ni siquiera me detuve para buscar algo de comer. Más que hambre, tenía curiosidad. Bajé las escaleras corriendo, empujé la puerta de mi cuarto y me senté frente a la computadora. Moví el ratón y piqué el ícono de mi cuenta de correo electrónico. Quería ver si había recibido algún mensaje antes de entrar en línea y revisar lo que estaba llegando en ese momento por msn.

La computadora hizo un clic… conectando… revisando correo…

recibiendo correo… recibiendo correo… recibiendo correo… recibiendo correo… recibiendo correo.

¿Por qué estaba tardando tanto en descargar el correo? Miré la parte inferior para ver el número de mensajes que se estaban descargando. El número giratorio aumentaba sin parar… 127 mensajes… 149… 197… 216…

Sentí que era mi cabeza la que comenzaba a girar. Me apoyé en el respaldo, como si necesitara poner un poco más de distancia entre la computadora y yo, y miré con asombro y maravilla que el número seguía

aumentando y aumentando y aumentando… 374 mensajes… 410 mensajes.

No podía ser real. Tenía que ser un error, tal vez un virus o algo parecido.

Se detuvo al fin.

678 mensajes no leídos.

¡Increíble! No sabía si debía estar emocionado, asustado o abrumado. Al final lo sentí todo a la vez. ¿Cómo podía ser posible que uno recibiera (y leyera) tantos mensajes? Entonces me di cuenta de que sólo había una forma de lograrlo. Hice clic en el primer mensaje.

I-Man. Buen trabajo. Frankie’s es una porquería y vamos a hacer que sepan que los jóvenes tenemos el poder para acabarlos. ¡Eres lo máximo!

No era un mal primer mensaje. Era lo máximo. Hice clic en el siguiente.

Trabajo en Frankie’s. Si piensas que la comida es mala para la salud, deberías ver lo que pasa en la cocina. Nadie escupe la comida ni nada como eso. Comer cosas escupidas sería mejor para los clientes. Créeme, nadie que trabaja aquí come aquí. Paz.

Ese mensaje era inquietante, aunque tranquilizador a la vez. Siguiente mensaje.

Qué diablos eres, un vegetariano fanático? x q no dejas de abrazar árboles y eres un hombre en serio y comes hamburguesas de verdad? tu email no debería ser I-Man debería ser I-girl!

Quería contestar esa nota, pero no tenía tiempo. Todavía me quedaban…

miré la pantalla… todavía me quedaban 675 mensajes no leídos. Entonces la computadora lanzó una campanada y comenzó a descargar más mensajes.

Muchos mensajes nuevos, en negritas, llenaron la pantalla como un diluvio.

Cuando miré otra vez el contador, decía 697 mensajes no leídos. En el tiempo que me tomó leer tres cartas, me habían enviado veinte más. Tenía que leer más rápido.

—¡Ian, hora de cenar! —me gritó mi padre desde arriba.

—¡No tengo tiempo! —le contesté a gritos, con los ojos pegados a la pantalla y los dedos sobre el teclado. Ya llevaba casi tres horas trabajando.

Había leído más de quinientos correos… e incluso había contestado unos cuarenta o cincuenta.

La buena noticia era que la mayoría de los mensajes eran para decirme que estaban de acuerdo conmigo y que iban a boicotear a Frankie’s. Unas pocas personas estaban enojadas y unas cuantas más estaban simplemente locas.

La mala noticia era que ya habían entrado doscientos mensajes más. Tal vez no debería considerarlo una mala noticia. Era bueno, porque quería decir que más gente aún estaba planeando mantenerse lejos de Frankie’s.

Alguien golpeó a mi puerta y volteé a ver.

—¿Puedo pasar? —Era mi padre.

—Claro… sólo que con cuidado.

La puerta se abrió unas pocas pulgadas, hasta que se atoró con una de las pilas de ropa que había en el suelo. Mi padre se apretujó por la abertura.

—¿Pasa algo? —me preguntó.

—Estoy bien.

—Pensé que era extraño que no fueras a cenar. ¿No tienes hambre?

—Sí, supongo que sí. Es sólo que no tengo tiempo para comer.

—Eso no parece una tarea escolar —dijo, señalando la pantalla de correo.

—Sí es una tarea… o algo así. Tiene que ver con mi proyecto de ciencias computacionales sobre comunicación masiva a través de la Internet. Estoy contestando mi correo.

—¿Qué te parece si vienes a comer y después regresas a seguir con tu correo? —dijo.

—No creo que me alcance el tiempo. Esto es importante.

—¿Y si te traigo un plato y comes mientras trabajas? —sugirió.

—Eso sería genial.

—Le voy a pedir a tu madre que lo prepare y después yo lo traigo. —

Hizo una pausa—. Si tu madre viera este lugar, perdería el apetito y se quedaría sin comer.

Mi padre se fue y yo volví a mi correo. Abrí otro mensaje.

Estimado señor:

Se nos ha informado que está promoviendo una campaña para organizar un boicot en contra de nuestro cliente, los Restaurantes de Comida Rápida Frankie’s. Como abogados de la empresa, le manifestamos formalmente que

sus acciones pueden tener como resultado una demanda por daños y perjuicios, tanto en términos de pérdidas económicas como de reputación.

Aún más…

Dejé de leer, demasiado impactado como para seguir adelante. No era posible… ¡Frankie’s me iba a demandar!

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