A Reventar
Capítulo catorce
Sostuve el teléfono contra mi oído. Mientras me tenían en espera, sonaba música de ascensor. Mis padres miraban la tv al otro lado de la habitación, sentados en el sofá. Estaban viendo Good Morning New York!
—¿Estás ahí, Ian? —preguntó una voz.
—Aquí estoy.
—Muy bien. Sigues tú.
—No me voy a mover de aquí —dije.
—Y ahora, en el teléfono —dijo la voz del presentador de tv—, tenemos a un joven que ha creado una gran controversia. Tiene quince años y vive en Nueva York. Su nombre es Ian Cheevers. Para quienes no saben nada de él, es el joven que comenzó un boicot contra Comidas Rápidas Frankie’s.
¿Estás en la línea, Ian?
De repente su voz llegó por el teléfono. Me sobresaltó.
—Sí… sí, aquí estoy.
—Pues bien, todos sabemos que comenzaste el boicot después de ver la película A reventar. ¿Cómo tuviste la idea de usar la Internet?
—Fue parte de un proyecto escolar sobre comunicación masiva —
contesté—. Tuve la idea de repente y se la comenté a mis amigos, Julia y Oswald.
—¿Y ellos estuvieron a favor? —preguntó.
—Pensaron que era genial.
—Y entonces, todo empezó con que tú enviaste cuarenta correos electrónicos y les pediste a ellos que cada uno enviara cuarenta correos a sus propios contactos, que a su vez lo reenviaron a cuarenta personas más.
—Así empezó y después sólo siguió creciendo, volviéndose cuarenta veces más grande cada vez que la gente enviaba sus propios mensajes —
expliqué.
—¿Cómo te sientes en relación con los resultados? —preguntó.
—¿Qué quiere decir?
—Nuestros informes indican que, a nivel nacional, las ventas de Frankie’s bajaron casi un cuarenta por ciento, mientras que en ciertas áreas, como Nueva York y Los Ángeles, hoy se desplomaron casi un sesenta por ciento.
—¡Guau! —murmuré.
—“Guau” es lo correcto —dijo el presentador riendo.
—Pero no lo hice para afectar sus ventas —dije—. Lo hice para enviarles el mensaje de que tienen que cambiar su menú para promover una alimentación más saludable.
—¿Y te parece que comprendieron el mensaje? —me preguntó.
—No lo sé. Lo que sí sé es que podemos hacer esto otra vez el próximo viernes y después el viernes que sigue y el siguiente.
—Eso parece una amenaza —dijo.
—No, no es una amenaza. Es una promesa.
El hombre volvió a reír.
—Hay algo que me da curiosidad, ¿qué piensas de nuestro programa?
—Me gusta.
—Qué bien. No quisiera que te enojaras con nosotros. Te agradezco que hayas estado en nuestro programa, Ian.
—Gracias —dije.
La línea quedó en silencio y colgué el teléfono.
—Y en una historia relacionada —siguió el presentador en la tv—, Comidas Rápidas Frankie’s ha convocado una conferencia de prensa para mañana. Sé por una fuente confiable que anunciarán una revisión de su menú para incluir opciones saludables.
—Felicidades, Ian, parece que sí conseguiste los resultados que querías
—me dijo papá.
—No fui yo nada más. Yo sólo lo comencé.
—Todas las ideas de la historia comenzaron con una sola persona.
Felici…
Sonó el teléfono. Lo contesté.
—¡Muy bien, Ian! —Era Julia.
—Salió bien —dije, tratando de practicar para sonar modesto.
—No seas tonto. Tienes que estar feliz. —¿Así que ahora me dices a mí cómo me tengo que sentir? —le pregunté.
—Bueno, ya no se lo puedo decir a Oswald.
Los dos habían terminado formalmente la semana anterior. Fue como una eutanasia.
—¿Quieres ir al cine esta noche? —me preguntó Julia.
—Sí, claro. ¿Qué quieres ver?
—Decide tú —dijo.
—¿Yo? Tal vez lo deberíamos decidir los tres. ¿Quieres que yo llame a Oswald?
Se hizo un silencio.
—En realidad no. Todavía las cosas son bastante incómodas entre nosotros.
Estaba pensando que podríamos ir sólo tú y yo.
—¿Me estás pidiendo una cita?
—¡No te hagas ilusiones! —espetó—. ¿Quieres ir o no?
—Supongo que sí. —Hice una pausa—. Sólo por curiosidad, si yo te invitara, ya sabes, a salir, ¿qué dirías?
—Depende —dijo.
—¿De qué?
—De qué quisieras hacer. Por ejemplo, si me invitaras al cine, es probable que dijera que sí.
Respiré hondo y sentí que mi corazón latía con fuerza. Podía hacerlo.
—Julia, ¿te parece que esta noche, tú y yo…?, ¿te parece que tal vez podríamos ir juntos a ver una película?
El teléfono quedó en silencio.
—Una película… eso suena muy bien.
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Document Outline
- Cover Page
- Title Page
- Copyright Page
- Dedication
- Contents
- Capítulo uno
- Capítulo dos
- Capítulo tres
- Capítulo cuatro
- Capítulo cinco
- Capítulo seis
- Capítulo siete
- Capítulo ocho
- Capítulo nueve
- Capítulo diez
- Capítulo once
- Capítulo doce
- Capítulo trece
- Capítulo catorce
Terminaste A Reventar
Eric Walters
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