A Reventar

Eric Walters · Capítulo 9 de 14

Páginas del PDF

A Reventar

Capítulo nueve

—A ver, explícamelo de nuevo —dijo mi padre, que estaba sentado mirando el mensaje del bufete de abogados.

—Es por mi proyecto de ciencias computacionales —dije, tratando de escudarme con lo de mi tarea.

—¿Cómo podría un proyecto de la escuela hacer que un bufete de abogados que representa a una empresa internacional te envíe una carta amenazándote con presentar una demanda?

—Bueno, ¿te acuerdas de que mencioné aquel documental sobre el daño que nos hace la comida rápida?

Mi padre asintió.

—¡Esto es repugnante!

Volteé a ver qué pasaba. Mi madre estaba de pie en la puerta, mirando mi cuarto.

—¡Esto es increíble! —agregó.

—Tenemos problemas más grandes que este cuarto —dijo mi padre—.

Pasa y siéntate.

—¿Sentar me? ¡No hay donde sentarse! Me da miedo contagiarme de algo…

—Entonces quédate parada, pero ve esto. El bufete de Smith y Evans le ha mandado una carta a nuestro hijo.

—¿Que ha hecho qué? —dijo mientras atravesaba el cuarto como chapoteando.

—Le enviaron a Ian un correo electrónico. Mira.

Mi madre se paró detrás de donde estábamos sentados mi padre y yo y miró la pantalla. Se inclinó y comenzó a leer.

—Baja un poco —dijo.

Hice avanzar la carta moviendo el ratón.

—Es una carta básica de parar y desistir. ¿Qué hiciste exactamente?

—Nada, en realidad.

Le expliqué entonces lo del documental y cómo se me ocurrió la idea del boicot y de propagarlo a través del msn y la Internet.

—¿Y de verdad está funcionando? —preguntó mi padre.

—No sé lo del boicot, pero he recibido cerca de ochocientos correos electrónicos desde que mandé mi mensaje anoche.

—Increíble —dijo mi madre.

—Debe ser bastante creíble si Frankie’s se preocupa tanto como para enviar esta carta.

—Pero, ¿van en serio?, ¿de verdad van a demandarme?

Ella sacudió la cabeza.

—No lo creo. —Miró a mi padre—. ¿Tú qué piensas, querido?

—Estoy de acuerdo. La intención de esta carta es amenazarte. Sólo para estar seguros, muéstranos lo que enviaste.

Moví el ratón y abrí la carpeta de enviados. Bajé sobre la lista, encontré la carta e hice doble clic para abrirla. Mis padres leyeron el mensaje.

—Aquí no hay nada que te pueda hacer responsable legalmente —dijo mi padre.

—Nada que yo pueda ver —concordó mi madre.

—Tenemos derecho a la libertad de reunión, así que no veo por qué podrías no tener derecho a no reunirte—dijo mi padre—. Puedes decidir no ir a un lugar si no quieres y también puedes sugerirle a otra gente que no vaya.

—Estoy de acuerdo —dijo mi madre—. No hiciste ninguna amenaza ni promesas, ni tampoco dijiste que estaban friendo gatos o sirviendo veneno.

Aquí no hay nada que sirva de fundamento para una demanda.

—¿Entonces no van a demandarme? —pregunté esperanzado.

—Es probable que no —dijo mi madre.

—¿Probable? —pregunté.

—Nunca puedes saberlo con seguridad —dijo mi padre—, pero en lo personal, me encantaría que lo intentaran.

—A mí también —exclamó mi madre.

—¿Los dos quieren que me demanden?

—Por supuesto. ¿Te puedes imaginar los titulares?: “Gigante conglomerado multinacional demanda a chico de quince años”… ¡los aniquilaríamos! —dijo mi padre.

—Después de terminar con la contrademanda, nos quedaríamos con un buen pedazo de Frankie’s —dijo mi madre.

—Pero de verdad que no creo que lleguemos a eso —dijo él—. Sólo para estar seguros, mañana voy a llamar a Smith y Evans y les voy a decir que estaríamos encantados de tener una batalla en los tribunales. Eso debería ser más que suficiente para hacer que lo pensaran dos veces.

—Gracias… muchas gracias —dije.

—Eso es lo que los padres hacen por sus hijos —dijo mi padre.

—Y ahora tú puedes hacer algo por nosotros —dijo mi madre.

—¿Qué? Lo que sea.

Mi madre sonrió e hizo un gesto que abarcaba el cuarto.

—¿No podría mejor dejar que me demandaran? —pregunté.

OceanofPDF.com