
Aguas fuertes
La portada de 1884 avisa lo que viene: «novelas y cuadros». Conviene hacerle caso, porque de las diecisiete piezas solo una parte narra. Unas son estampas de Madrid tomadas del natural (las mañanas de junio en el Retiro, la casa de fieras, Recoletos, la Castellana, el papeleo de la Biblioteca Nacional). Otras son sátira: «Los mosquitos líricos» se ríe de los poetas que zumban a la sombra de Víctor Hugo y Campoamor, y «La Abeja» cuenta cómo unos estudiantes fundan un periódico y acaban expulsados de la redacción por una criada. Cuando el libro sí narra, baja la temperatura: en «El pájaro en la nieve» un organista ciego es declarado «peligroso para el orden público» por cómo toca en las misas solemnes, y lo dejan cesante. Cuatro de esos relatos viajaron después solos, en la vieja antología «Los puritanos y otros cuentos».






