Al límite
Capítulo nueve
El sistema de sonido de la escuela lanzó un chirrido.
—Phillip Falcone, favor de reportarse en el laboratorio de informática.
El laboratorio? Las únicas veces que habían dicho mi nombre a través del sistema de sonido de la escuela era para llamarme a la dirección. Esto no tenía sentido. Ni siquiera tenía clase de ciencias computacionales este semestre. Tal vez el subdirector estaba dando ahí los castigos porque necesitaba espacio para más chicos. Pero qué había hecho yo para que me dieran un castigo?
Por un instante sentí terror. Y si mejor simplemente me iba? Nadie podía saber si había oído el mensaje o no. Podía irme, así sin más… pero no, no podía. Me ganó la curiosidad.
Abrí la puerta del laboratorio. Parecía desierto. Filas y filas de computadoras sobre las mesas y…
—¡Phil! —me llamó Wally.
Estaba de pie, medio encorvado sobre una computadora. Frente al monitor estaba Nevin. Lisa estaba sentada a su lado. Supuse que no me encontraba en problemas.
—Hicimos que te llamaran —dijo Wally—. Tienes que ver esto.
—Nevin terminó la página web —agregó Lisa.
— Un sitio web nunca está realmente terminado —dijo Nevin—. Es algo que crece y cambia todo el tiempo, casi como si estuviera vivo.
—Puede ser que no esté terminado, pero es perfecto —dijo Wally.
—Perfecto no, pero lo suficientemente bueno como para ponerlo en la red —dijo Nevin. Sus dedos empezaron a volar sobre el teclado—. Ya está en la red y cualquier persona, en cualquier parte del mundo, puede verlo.
— Y qué tal alguien aquí mismo? —pregunté—. Puedo verlo?
—Claro.
Sus dedos danzaron sobre las teclas. Unas llamas rojas llenaron la pantalla. Las llamas se desvanecieron y aparecieron siluetas de patinadores por toda la página, acompañadas por el sonido de ruedas sobre el pavimento.
—La entrada es genial—dijo Wally.
Las patinetas comenzaron a juntarse, formando algo, una especie de figura… letras, ¡estaban formando letras! Entonces las letras se convirtieron en palabras: ¡EL TRÍO HOGTOWN!
— Qué quiere decir eso? —pregunté.
—Son ustedes tres —explicó Nevin—. Según mi investigación, todos los grupos de patinadores tienen nombre. Ya saben, como los Bones Brigade, los Dogtown o los Warped. Me gustó cómo sonaba el Trío Hogtown.
—Suena como un grupo musical —dijo Lisa.
—Como una banda de polca —agregué.
— Y eso qué tendría de malo? —preguntó Wally—. Tienes algo en contra de las bandas de polca?
—Wally, ya sabemos que eres polaco y que tocabas el acordeón, pero de todas formas…
—Podemos cambiar el nombre si quieren —ofreció Nevin—. Pero primero vean todo el sitio.
Recorrió la pantalla. Más abajo había un gran recuadro con pájaros volando, como halcones o águilas. El texto decía PHILLY FALCON.
— Philly Falcon? —lancé un grito—. Me cambiaste el nombre?
—Quería algo más pegadizo. Pensé que Falcon sonaba más emocionante.
Qué piensas?
—Pienso que alguien que se llama Nevin no debería ensañarse con los nombres de los demás —dije.
—Nevin es un buen nombre. Además, no soy yo el que quiere ser un patinador estrella. Yo sólo soy el webmaster. Quieres que entremos aquí para ver tus trucos?
—No —dijo Lisa—. Que primero vea toda la página. Después de que haya visto su parte, ni cuenta se dará de que hay otras dos personas en el sitio.
Nevin siguió bajando y apareció una foto de Lisa toda vestida como patinadora.
— Y por qué tú sí puedes usar tu nombre? —pregunté.
—Fíjate bien —me dijo ella, señalando la pantalla.
— Qué? Sigues siendo Lisa y… —miré con más atención. Lisa estaba escrito como LIISA.
—Hay un error.
—No, ningún error. Lo escribí así para que fuera diferente —dijo Nevin
—. Escribí una frase en la página de Lisa que dice: “Cuando patina a todos cautiva”. Muy listo, no?
—No estoy seguro. Parece que no sabe escribir su nombre o que sus padres tartamudean.
Lisa lanzó una carcajada. Me encantó escuchar su risa. Hacía ya mucho tiempo que no la hacía reír.
—Ahora muéstrale lo mío —sugirió Wally.
Nevin bajó un poco más. Había una foto de Wally en la que parecía estar completamente de cabeza.
— Cuándo tomaste esa foto ? —pregunté.
—Ayer. Parece invertida porque incliné la cámara —explicó Nevin.
— Te gusta mi nombre? —preguntó Wally.
Grandes letras decían WALLY THE WALL WALTNISKI.
—No está mal —admití—, “la pared Waltniski”.
—Y todavía hay una sección que debes ver antes de entrar a las imágenes de los tres patinando —dijo Nevin.
Movió el ratón para ir a la parte inferior de la página. La sección final decía HACER SKATEBOARDING NO ES UN DELITO. Picó el ratón y la pantalla se oscureció y aclaró de nuevo. Era una toma de mí patinando.
Entonces apareció el auto de seguridad y derrapó hasta detenerse. Yo salté por el capó, corrí por el techo y bajé del otro lado.
—¡No sabía que habías grabado eso! —exclamé.
—Seguí grabando. Pero esperen, hay más. ¡No han visto lo mejor!
Mientras me alejaba patinando, la puerta del auto se abrió, el guardia salió de un salto y comenzó a correr. Pero espera… ¡el guardia tenía cabeza de cerdo! Y mientras corría detrás de mí, unas pequeñas burbujas salieron de su boca para decir “oink”, ¡y entonces la computadora empezó a hacer ruidos de cerdo!
Wally, Lisa y yo lanzamos una carcajada.
—¡Nevin, eres un genio! —exclamó Wally, dándole un golpecito en la espalda.
—No fue nada. Le podría enseñar a un mono a hacer esto. Entonces, les gusta?
—Es genial —dijo Lisa.
— Podemos entrar a nuestras páginas y ver las partes de patinaje ahora?
—pregunté.
—Por supuesto —accedió Nevin—. Y después de eso sólo tenemos dos cosas que hacer.
— Qué cosas? —pregunté.
—La primera es fácil —contestó—. Voy a registrar el sitio en los principales buscadores para que empiecen a mandar a la gente a nuestra página.
— Y la segunda? —pregunté.
—La segunda requiere un poco más de tiempo, pero podría ser divertida.
Vamos a entrar a unas cuantas docenas de sitios de skateboarding y a chat rooms, y le vamos a contar a la gente sobre este increíble sitio web nuevo que acabamos de descubrir: el nuestro —hizo una pausa—. Claro que no vamos a usar nuestros nombres ni a decirles que es nuestra página.
—Nevin, eso es de verdad muy mali-cioso y retorcido —dije.
—Gracias.
—Eso es todo un cumplido —dijo Lisa—, sobre todo si consideras que viene de un experto en cosas maliciosas y retorcidas.
—Bueno, y cómo empezamos? —dijo Wally, interviniendo para romper la tensión.
—Ya arreglé las computadoras del labo-ratorio para que se conecten a los diferentes sitios y chat rooms.
— Qué computadoras? —pregunté.
—Todas —dijo Nevin, haciendo un gesto que abarcaba toda la sala.
—Aquí debe haber cien computadoras —dije.
—Ochenta y siete que funcionan, así que ése es el número que conecté.
— Quieres que visitemos ochenta y siete sitios? —pregunté.
—No, quiero que visiten una cuarta parte de los sitios. Si quieren atraer patrocinadores deben tener entradas —dijo Nevin—. Puse un contador al pie de nuestra página.
Bajó por la página de nuevo. Había una pequeña rueda que decía 1234
visitantes.
— Ya tuvimos todos esos visitantes? —pregunté.
Nevin sonrió.
—Claro que no. Lo que pasa es que no quería que nadie pensara que no teníamos ninguna entrada. Todo el mundo quiere ir a sitios populares.
—Tiene lógica —concordó Wally.
—Y agregué un lugar donde los visitantes pueden publicar sus comentarios —dijo Nevin—. Algo así como un libro de visitas interactivo.
—Excelente. Esto puede ser divertido. Entremos a los chat rooms y generemos un poco de interés —dijo Wally.
—Pero primero lo primero. Vamos a explorar todo el sitio para que vean sus trucos —dijo Nevin—. Después empezaremos a pasar la voz… por todo el mundo.
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