Al límite
Capítulo ocho
—Deberíamos irnos pronto —dijo Wally.
Tenía razón.
—Tal vez podríamos hacer uno o dos trucos más. De todas formas ya no queda mucha luz.
—Ni memoria —dijo Nevin—. Grabé mucho video y saqué más de cien fotos.
— Todavía te queda un poco de espacio?
—Unos pocos minutos.
—Hay que usar toda la memoria. Después nos podemos ir a casa —dije y comencé a patinar hacia lo más alto de la cuesta.
Justo entonces un auto dobló en la esquina chirriando las llantas.
—¡Los guardias! —gritó Wally.
Me di la vuelta a toda velocidad y me dirigí hacia Wally y Lisa, que ya estaban corriendo hacia el agujero de la reja.
En ese momento, como si hubiera salido de la nada, un segundo auto de seguridad llegó por la otra esquina y se dirigió hacia mí. ¡Iba a atropellarme!
¡El auto frenó de golpe, yo salté por los aires y aterricé sobre el capó! El impulso me hizo seguir hacia adelante. Corrí sobre el parabrisas y por encima del techo, bajé por el maletero y al final salté del otro lado, justo cuando mi patineta, que había seguido avanzando por debajo del auto, salió por la parte de atrás.
Me subí a la tabla y seguí andando.
Llegué al borde del césped, agarré la patineta y corrí hacia el agujero de la reja.
Wally y Lisa ya estaban ahí, esperando. Los dos parecían impactados.
—¡Eso fue increíble! —exclamó Wally.
—¡Te acabas de trepar en un auto de seguridad a lo salvaje! —gritó Lisa.
— Dónde está Nevin? —me di la vuelta. Nevin todavía estaba junto al muro, medio escondido tras unas cajas. No creí que los guardias lo hubieran visto porque estaban demasiado concentrados en mí. Si volteaban y lo veían, lo tenían atrapado.
Los guardias, uno en cada auto, se habían bajado de los vehículos.
— Les gustó lo que hice? —les grité—. ¡Si vienen aquí los voy a trepar a los dos!
— Qué estás haciendo? —preguntó Lisa.
—Tenemos que hacer que nos miren a nosotros… que vengan hacia aquí, para que Nevin pueda escapar.
Pasé por el agujero para estar del mismo lado de la reja que los guardias.
—¡Vengan aquí, par de fracasados! —les grité—. Acérquense, o es que tienen miedo?
Los dos hombres comenzaron a caminar hacia mí. Los dos eran grandes: uno era gordo, pero el otro era simplemente enorme. Miré detrás de ellos y vi a Nevin. No se movía. Por qué no se movía? Estaría demasiado asustado o…? ¡Seguía grabando! Increíble. O era increíblemente valiente o increíblemente estúpido. O tal vez las dos cosas a la vez.
Retrocedí conforme los guardias se acercaban. De repente el tipo enorme comenzó a correr. Se movía rapidísimo para alguien de su tamaño.
Me agaché, pasé por el agujero y corrí con todas mis fuerzas. Wally y Lisa ya se habían ido. Miré hacia atrás. El guardia de seguridad no se había detenido en el agujero: seguía persiguiéndome, ¡corriendo detrás de mí! Me impulsé y empecé a correr tan rápido como me permitieron las piernas.
—¡Sigan corriendo! —les grité a Wally y a Lisa, que me esperaban más adelante, junto al paso subterráneo. Se lanzaron otra vez a la carrera y yo seguí ganando terreno hasta que al fin los alcancé. En ese punto me aventuré a echar un vistazo sobre mi hombro. El camino detrás de nosotros estaba vacío.
— Qué pasó con Nevin?, alguien lo vio? —pregunté, jadeando con fuerza.
—Escapó —dijo Wally—. Se levantó y corrió después de que volviste a pasar por el agujero.
—Muy bien, entonces todos estamos bien.
—Lo llamaré apenas llegue a casa —dijo Wally—, sólo para estar seguros.
—Eso es muy considerado de tu parte —dijo Lisa—, pero claro que nunca esperaría menos de ti.
—Ya vámonos —dijo Wally, apresurándose a decir algo antes de que yo pudiera contestar.
Me estaba hartando de los comentarios de Lisa, pero qué podía hacer?
—Nos vemos mañana —les dije.
Wally y Lisa vivían en la misma zona, mientras que mi casa estaba hacia el otro lado. Los vi alejarse. Era extraño. Antes era yo el que caminaba con Lisa.
OceanofPDF.com