Al límite
Capítulo doce
—Sin duda ha empezado a bajar —dijo Nevin.
— Cuántas entradas hemos tenido en total? —preguntó Wally.
—Durante la semana pasada tuvimos más de noventa mil.
—Y como nos han pagado un centavo por entrada por las últimas ochenta mil, hemos ganado más de ochocientos dólares, o doscientos por persona —dije.
—Pero el ritmo de entradas ha ido bajando. Hoy sólo tuvimos cuatro mil visitas. El punto más alto fue hace cuatro días y desde entonces la cifra ha ido bajando cada día —explicó Nevin.
—Pero hemos agregado nuevo material —dijo Wally.
—Evidentemente no ha sido bueno —comentó Nevin—. Tenemos que subir algo que la gente quiera ver.
—He estado pensando en algunos trucos —dije.
—Los trucos son buenos, pero he estado leyendo los comentarios de nuestro libro de visitas y además hablé con nuestro patrocinador, y parece bastante claro lo que están buscando los internautas —dijo Nevin.
— Qué? —pregunté.
—Para empezar, el video clip más popular que tenemos es en el que pasas por encima del auto de seguridad —contestó.
— Entonces, qué?, quieres que lo haga de nuevo?
—No, claro que no. Eso ya lo hiciste. Estaba pensando más bien en una patrulla de policía.
—Estás bromeando, verdad?
Sacudió la cabeza.
—Estoy hablando en serio.
—Estás completamente loco si crees que voy a correr por encima de una patrulla y a dejar que me persiga un policía. Los policías de verdad son
distintos de los policías rentados.
—Yo no dije nada de que te hicieras perseguir por nadie —dijo Nevin—.
Podemos encontrar un auto de policía vacío y entonces tú te subes patinando y corres por el techo hasta el otro lado.
— Y dónde crees que vamos a encontrar una patrulla vacía? —pregunté.
Nevin se encogió de hombros.
—Pensé que podíamos pasar el rato cerca de una tienda de donas y esperar a que entre un policía. La verdad es que todo el asunto no debería tomarnos más que unos cuantos segundos.
Una parte de mí pensaba que estaba delirando. La otra sabía que yo estaba lo suficientemente loco como para sentirme emocionado ante la idea de intentarlo.
— Y nosotros qué? —preguntó Wally.
—Parece que la gente que visita la página quiere ver más a Lisa —dijo Nevin.
—Puedo hacer algunos otros trucos —dijo ella.
—Eso no es necesariamente lo que esperan ver. Quieren ver más de ti.
Más fotos de primeros planos, tal vez menos ropa, que no uses casco.
—Espera un poco —dije—, no vamos a poner a Lisa en bikini para alegrar a unos cuantos degenerados.
—Nadie está hablando de bikinis… aunque eso atraería más gente.
Podemos usar tus fotos escolares o tal vez algunas imágenes en las que estés sentada, hablando con alguien o parada con tu patineta.
—Supongo que eso estaría bien —dijo Lisa.
No se estaba oponiendo a la idea tanto como yo pensaba que iba a hacerlo. Tal vez le gustaba. A mí, por mi parte, no me hacían ninguna gracia algunos de los comentarios que la gente había dejado en nuestro libro de visitas. Lisa era realmente atractiva, pero a mí no me ayudaba nada que se lo estuvieran diciendo chicos de todo el mundo.
— Y yo? —preguntó Wally.
—Más trucos —dijo Nevin—. Como tú eres Wally the Wall, quieren que hagas más trucos con saltos, que pases por una pared, que te subas a la barandilla.
—Algo así como ese truco que has practicado durante los últimos cuatro meses y que casi te ha salido —le dije—. Puedes hacerlo.
—Y todos deberían usar las patinetas nuevas—agregó Nevin.
Ya habíamos recibido las patinetas de Street Illegal. Eran bonitas, llamativas, con buenos gráficos y buen manejo.
—Entonces, cuándo salimos a grabar? —preguntó Wally.
—Cuanto antes, mejor. Qué tal después de clases? —pregunté y los tres asintieron—. Muy bien. Nos vemos en el Super Save como a las cuatro y media.
— Qué tal si pasamos antes por una tienda de donas? —sugirió Wally.
—Podemos comer algo después —dije.
—No estaba hablando de eso. Pensé en que podríamos ir a buscar una patrulla de policía.
—Mira, hagamos un trato —le dije—, después de que hayas hecho ese salto buscamos una patrulla y yo hago un intento, te parece bien?
—De acuerdo —dijo Wally.
Estábamos de pie con las patinetas en las manos (las nuevas tablas de Street Illegal), esperando a que Nevin se organizara. No tenía caso que hiciéramos un truco si no íbamos a grabarlo. Nevin nos indicó con señas que ya estaba listo.
—Muy bien, Wally, adelante —le dije.
Wally no se movió. Era como si no me hubiera oído.
—Vamos, no tenemos mucho tiempo. De verdad que no quiero estar aquí si vienen los guardias de seguridad.
—Podríamos hacer unas tomas muy interesantes si vinieran —dijo Lisa.
—Eso es lo que me da miedo. Imágenes de un lado de mi cabeza mientras me rompen la tabla nueva en el cráneo.
Lisa lanzó una carcajada. Se había estado suavizando conmigo en los últimos días… tal vez esto se iba a arreglar después de todo.
Wally no sonrió… ni siquiera pestañeó. Parecía congelado.
—Puedes hacerlo, Wally —le dije—.
Sólo necesitas un poco más de velocidad. Ve a la parte más alta de la rampa, sí?
Wally asintió con un gesto.
—Recuerda, hay que tener agallas. El que no arriesga, no gana. Hazlo en grande o no lo hagas.
—Pero si no quieres hacerlo no hay problema—dijo Lisa—. No estás obligado a hacer nada.
—Está bien —dijo Wally—. Voy a hacerlo. Quiero hacerlo.
—Ésa es la forma de hacer las cosas —dije, aunque al verlo me di cuenta de que no estaba tan convencido.
—Puedo lograr este truco —dijo Wally.
—Sé que tú puedes —le dije, tratando de animarlo.
Wally nos sonrió tímidamente, asintió y se alejó patinando hacia la rampa.
— De verdad crees que puede hacerlo? —me preguntó Lisa en voz baja.
—Es un buen patinador. Además, a veces tienes que ir al límite sin importar lo que pase.
—Pero otras veces no —dijo Lisa. Yo sabía que no sólo estaba hablando de Wally y del salto.
Le di la espalda para ver a Wally, que ya había llegado a la rampa. Subió muy alto, más de lo que jamás lo había visto hacerlo. Se impulsó con fuerza y comenzó a bajar, ganando más y más velocidad… ¡estaba volando! Se impulsó otra vez y subió a la barandilla. Hizo un grind a lo largo…, pero de repente la tabla se atoró, ¡Wally salió volando por los aires y se estrelló contra el pavimento! Al aterrizar, su cabeza chocó contra el asfalto con un ruido sordo espantoso. Después de eso, el único sonido fue el de las ruedas de su patineta, que siguió andando.
—¡Wally! —gritó Lisa.
Su grito me sacó de la parálisis en la que estaba. Corrí hasta Wally. Tenía una herida profunda a un lado de la cabeza y se estaba formando un charco de sangre a su alrededor. Su pierna derecha sobresalía en un ángulo extraño.
Tenía los ojos cerrados… ¡estaba inconsciente! Su pecho se movió y lo escuché inhalar. ¡Respiraba!
—¡Llamen a una ambulancia! —dije con un grito ahogado—. ¡Que alguien llame a una ambulancia!
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