Al límite
Capítulo siete
Le di unos golpecitos a la patineta con el pie. Me obligué a dejar de hacerlo.
Me estaba esforzando por no verme tan nervioso como en realidad me sentía. Ya eran las cinco y cuarto: quince minutos después de la hora que habíamos acordado. Yo había llegado a tiempo, y Wally, temprano. Nevin, equipado con dos caras y modernas cámaras digitales (una fotográfica y la otra de video), había llegado a las cinco en punto. Emocionado, trató de explicarnos todo lo que hacían las dos cámaras, pero yo no pude seguir su rollo, que era demasiado técnico, y al final me puse a asentir como si entendiera.
—Ya debería estar aquí —dije.
—En general no llega a tiempo a nada. Pensaste que haberle puesto los cuernos iba a hacerla más puntual? —me preguntó Wally.
—¡Yo no le puse los cuernos! —protesté.
Wally me miró anonadado.
— Cómo le llamarías a llevar a otra chica al cine y meterle mano?
—En primer lugar, yo no la llevé al cine. Fue como que nos encontramos ahí.
—Eso lo creo tanto como Lisa —dijo Wally.
Lo ignoré.
—Y en segundo lugar, no le metí mano. Sólo nos dimos un par de besos.
Y en realidad fue más como que ella me besó a mí.
—Ay, pobrecito. Esa muchacha mala te sometió y te hizo una llave con los labios?
Reprimí el impulso de decirle que al menos yo podía conseguir que una chica me besara. Estaba aprendiendo cuándo era mejor cerrar la boca, una dolorosa lección que había tardado años en entender.
— Empezamos ya? —preguntó Wally.
—Muy pronto, ya va a llegar.
—Podemos hacerlo sin Lisa. Los dos patinamos mejor que ella —dijo Wally.
—Somos mejores, pero ella es una mejor patinadora —dije—. Es probable que al tener a una chica en el sitio consigamos más entradas de mujeres que patinan y de chicos que quieren ver a una mujer patinando.
—Supongo que eso tiene sentido —dijo Wally—. Lo que pasa es que pensé que tal vez querías involucrarla en esto por otra razón.
— Qué otra razón? —pregunté, tratando de sonar inocente.
—Algo así como lograr que pase tiempo contigo y que al final olvide lo que ocurrió —dijo Wally.
— Y si dejamos de hablar y nos ponemos a patinar? —sugerí.
—Podemos hacer eso —dijo Wally dándose la vuelta—. Oye, Nevin, estás listo?
—Sí… claro… supongo.
Nevin se las había arreglado para apretujarse en el espacio entre la barandilla y el muro. Asomaba la cabeza y la mano que sostenía la cámara digital por encima de la barandilla. La idea era que nosotros hiciéramos un grind por la barandilla y que Nevin se agachara justo antes de que llegáramos hasta él. Si lo calculaba bien, haría unas tomas excelentes. Si no, la gran toma la recibiría él: en un costado de la cabeza.
— Quieres hacerlo primero? —le pregunté a Wally.
— Qué tal si Lisa va primero?
Me hizo un gesto para que mirara detrás de mí y yo me volteé. Lisa acababa de dar la vuelta a la esquina sobre la patineta y venía hacia nosotros.
— Quieres hacer algo inteligente? —me preguntó Wally.
— Qué quieres decir?
—Sólo di hola y no le preguntes por qué llegó tarde.
—No iba a hacer eso —dije. En realidad eso era justo lo que iba a hacer
—. Voy a probar mi primer movimiento.
Solté la patineta, me subí y comencé a impulsarme. Necesitaba conseguir una velocidad suficiente como para subir a la barandilla. Ese primer truco le
iba a dar el tono al día entero… al proyecto entero.
Al acercarme a la barandilla levanté la mirada y vi a Nevin, que lo veía todo a través del lente de la cámara. No me quedaba más que cruzar los dedos por que se agachara a tiempo. Hice un ollie, subí a la barandilla y seguí con un 5-0. Me deslicé por la barandilla, llegué al final y me caí de la tabla, golpeando el pavimento.
—¡Fantástico! —exclamó Nevin—. ¡Eso fue fantástico!
Me levanté hasta quedar de rodillas. Se habían rasgado la piel y las costras y estaba sangrando. Qué era una sesión de skateboarding sin un poco de sangre?
—Así no era como se suponía que terminara este truco, así que no fue tan fantástico.
—No importa cómo terminó. Tienen que ver cómo empezó. Vengan, echen un vistazo.
Caminé hasta Nevin. Wally y Lisa vinieron también. Rebobinó la escena.
—Vean esto —dijo Nevin.
La pantalla me mostraba patinando, después saltando sobre la barandilla y haciendo un grind hacia la cámara a toda velo-cidad; me volvía más y más grande hasta que la cámara bajaba y la patineta llenaba toda la pantalla, bloqueando todo lo demás. Nevin tenía razón. ¡Era impresionante!
—Déjenme a mí ahora —dijo Wally.
Se alejó patinando para ponerse en posición y Nevin se apretujó otra vez bajo la barandilla. Lisa y yo nos quitamos de en medio.
—Muy amable de tu parte haber venido —le dije.
—Estaba pensando en no venir —dijo—, pero no quería defraudar a Wally. Después de todo, él nunca me ha defraudado a mí.
Me esforcé por quedarme callado. Hacer que Lisa se enojara aún más no era parte del plan.
— Quieres patinar para la siguiente toma? —sugerí.
—Como tú ya patinaste y Wally lo está haciendo ahora, supongo que es mi turno.
Dejó caer su patineta al suelo, subió un pie y se impulsó para alejarse de mí.
Si parte de mi plan era lograr que me hablara, hasta ahora no estaba saliendo nada bien.
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