Al límite

Eric Walters · Capítulo 13 de 13

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Al límite

Capítulo trece

— Phillip?

Estaba casi dormido. La voz me hizo dar un salto. La madre de Wally estaba de pie frente a mí.

— Has estado aquí toda la noche? —me preguntó con su fuerte acento polaco.

Asentí. Había pasado la noche en la pequeña sala de espera en el piso del hospital donde estaba la habitación de Wally. Mis padres habían tratado de convencerme de que me fuera a casa, pero dije que no y lo aceptaron a regañadientes.

—Tú, buen amigo de Wally —dijo—. Primer amigo en país nuevo y todavía mejor amigo.

Otra ola de culpa me golpeó con fuerza. Un buen amigo lo habría detenido, en lugar de incitarlo a hacer ese truco.

— Cómo está? —le pregunté.

—Durmiendo. Atontado por todas las medicinas que le dieron por dolor de pierna.

Yo sabía que Wally estaba sufriendo mucho. Justo antes de que llegara la ambulancia, se despertó y comenzó dar alaridos de dolor. Wally era una de las personas más duras que conocía, así que apenas podía imaginar lo terrible que debía haber sido el dolor. De hecho, no me lo quería imaginar.

—Sé que tiene la pierna rota. Qué tan mala es la fractura?

—Necesita operación para poner clavo, pero primero tiene que bajar inflamación. Tal vez mañana hagan cirugía.

—Wally es muy fuerte. Se pondrá bien muy pronto.

La Sra. Waltniski se inclinó y me besó en la frente.

—Buen chico, chico bueno y amable.

Quise discutir. No era tan bueno ni tan amable. Me gustaba que todo se hiciera a mi modo. Wally, él sí que era bueno y amable.

—Yo a casa —me dijo—. Wally dormido y tengo que preparar a los otros chicos para escuela. Quieres que te lleve?

Negué con la cabeza.

—Quiero quedarme aquí. Cree que podría sentarme en la habitación de Wally? No haría ruido. No lo despertaría.

—Ve a acompañarlo. Bueno que alguien esté con él. Si despierta, dile que su papito va a venir pronto.

—Claro que sí.

Cuando me levanté, la Sra. Waltniski me pasó los brazos por los hombros y me dio un abrazo. Sentí cómo se me comprimía la caja torácica. Todos en esa familia eran fuertes. Me soltó y se fue, dejándome en la sala de espera.

Ahora que podía ir a ver a Wally, no sabía si quería hacerlo. Era más fácil quedarme ahí sentado y leer ejemplares de National Geographic de hacía quince años. Pero no podía hacer eso.

Caminé por el pasillo y llegué a su habitación. Me asomé por la puerta.

Había dos camas, una de ellas vacía; en la otra estaba Wally. Estaba muy bien tapado, con los ojos cerrados. Parecía tranquilo, como si estuviera durmiendo.

Entré de puntillas y me senté muy lentamente en la silla que había junto a la cama. Se oían unos ligeros silbidos: Wally respirando por la nariz. La silla era blanda y yo estaba muy cansado. Tal vez si cerraba los ojos podría dormir un poco más. Si lograba dormirme, tal vez al despertar me encontraría con que todo había sido una pesadilla.

— Phil?

Mis ojos se abrieron de golpe. Wally me estaba mirando.

—Me alegra verte —dijo.

—A mí me alegra más verte a ti. Cómo te sientes?

—Cansado… adolorido… drogado, es como si estuviera flotando en una nube.

—Sólo te quería decir que lo siento muchísimo —dije—. Todo es mi culpa.

— Tu culpa? Tú no eres el que falló el salto —dijo Wally.

—Pero sólo lo hiciste porque yo insistí.

—Lo hice porque quería hacerlo. Tú tenías fe en mí, eso es todo. Es bueno que haya gente que cree en ti —dijo Wally—. Tal vez soy yo el que debería pedirles perdón a ti, a Lisa y a Nevin por haber fallado el truco —

hizo una pausa—. Lo grabó todo Nevin?

Asentí.

— Ya lo viste?

Asentí de nuevo, tratando de no estremecerme. Era todavía peor verlo en la grabación, sobre todo en cámara lenta.

—Espero que lo traiga para que pueda verlo.

— Quieres verlo? —no lo podía creer.

— Por qué no? Casi no me acuerdo de nada y quisiera verlo antes de que Nevin lo suba a la página.

—No lo va a subir —le dije.

— Por qué no? —preguntó Wally—. Un buen golpazo es tan interesante como un buen truco. Y sí fue un buen golpazo, verdad?

—Uno de los mejores que he visto —admití.

—Muy bien, porque ésa es la última grabación mía que subiremos a la página. Me retiro.

— Vas a dejar de hacer skateboarding?

—Esta pierna no me da alternativa. Voy a tener un yeso por al menos dos meses.

—Puedes patinar después —le dije.

—Mi madre debe tener otra opinión.

—Tal vez yo también debería dejar de patinar por un tiempo —sugerí.

—Sí, ajá, como si eso fuera a pasar —dijo riendo.

—En serio, tal vez no debería patinar por un tiempo.

—No puedes dejarlo ahora. Todavía tienes que hacer un truco más —dijo Wally.

— Cuál?

— Ya te olvidaste de nuestro trato? Yo traté de hacer mi salto, así que tú tienes que subirte a una patrulla.

—Es una broma, verdad?

Sacudió la cabeza.

—Un trato es un trato. Asegúrate de que Nevin lo grabe para que yo pueda verlo. Quién sabe, si las cosas salen mal, tú y yo podríamos compartir la habitación. Hay una cama vacía —dijo, señalando la otra cama.

—Gracias por la oferta.

—Creo que ahora me debería dormir —dijo Wally. Ya había cerrado los ojos.

—Buena idea. Si no te molesta, yo me quedo aquí. Tu papá va a venir en un rato y quiero esperar hasta que llegue.

—Seguro —dijo Wally—. Cuando te vayas, me puedes hacer un favor?

—Claro, sólo dime qué.

—Busca a Lisa. Dile que fuiste un idiota por haber hecho lo que hiciste y que lo lamentas.

—Eso ya se lo dije.

—Pues entonces díselo de nuevo. Pero esta vez asegúrate de decirle que sabes lo estúpido que fuiste.

—Gracias.

—Es la verdad —dijo Wally.

—Ya lo sé —admití.

—Y sigue diciéndoselo hasta que por fin acepte salir contigo otra vez, aunque sólo sea para callarte. Puedes hacer eso?

—No sé si funcione.

—Puede ser que sí o puede ser que no, pero tienes que intentarlo. Como me dijo una vez un hombre muy sabio, hay que tener agallas, y yo sin duda sangré lo suficiente como para probar que las tengo.

—Wally, de verdad que lo siento y…

—Ya cállate. Ahora déjame solo para que pueda dormir.

—Sólo voy a esperar a que llegue tu padre.

—Vete ahora. Vete y habla con Lisa. Te doy ventaja.

— Ventaja? —le pregunté.

—Tal vez sea por las drogas, pero he estado pensando. Cuando salga de esta cama, si no has vuelto con Lisa la voy a invitar a salir.

—No estás bromeando, verdad?

Respondió que no con un gesto.

—A veces simplemente tienes que lanzarte… sin importar lo que pase después, verdad? —dijo.

Me levanté.

—Tú duérmete y yo voy a hablar con Lisa. Gracias por el consejo… y por la ventaja.

—Para eso son los amigos. Especialmente los mejores amigos —agregó, apenas en un susurro y con los ojos cerrados.

Sentí el impulso de inclinarme y de darle un abrazo o hasta un beso en la frente, como el que me había dado su madre, pero eso de plano era muy bobo.

—Nos vemos, Wally.

—Nos vemos… y saluda a Lisa de mi parte —dijo. Las últimas palabras fueron casi un suspiro.

Me detuve en la puerta. Parecía que ya se había dormido.

—Gracias, Wally.

Tenía razón. A veces tienes que lanzarte. Y a veces no. Lo difícil es distinguir los dos casos. Esta vez no tenía dudas.

Iría a casa de Lisa y me disculparía de nuevo. Y otra vez y otra más si era necesario. Sólo esperaba que estuviera dispuesta a escucharme.

Pero antes había algo más que debía hacer. Tenía que encontrar a Nevin.

Y una patrulla vacía.

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  • Table of Contents
  • Capítulo uno
  • Capítulo dos
  • Capítulo tres
  • Capítulo cuatro
  • Capítulo cinco
  • Capítulo seis
  • Capítulo siete
  • Capítulo ocho
  • Capítulo nueve
  • Capítulo diez
  • Capítulo once
  • Capítulo doce
  • Capítulo trece

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