Al límite

Eric Walters · Capítulo 11 de 13

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Al límite

Capítulo once

Estábamos de pie frente a la computadora. Mientras mirábamos la pantalla el número de entradas seguía aumentando. Era increíble.

—Esto está yendo mucho más lejos de lo que nunca me imaginé —dije.

— No te imaginaste que íbamos a tener patrocinadores y a ganar dinero? —preguntó Nevin.

—Sí, pensé que podía pasar.

—Es la Internet. Todo lo que va a pasar, pasa rápido —dijo Nevin—. Ya nos contactó una empresa de patinetas por correo electrónico.

— Qué empresa? —preguntó Wally.

—Es nueva. Se llama Street Illegal Boards. Nos están mandando sus artículos, patinetas para todos.

—Las nuevas patinetas… cuánto nos van a costar? —preguntó Wally.

—Nada. Te dan las patinetas para que la gente vea que patinas con su producto.

—Pero a mí me gusta mi patineta —dijo Wally.

—Puedes adorarla, pero si queremos que esa empresa patrocine nuestro sitio, debemos hacer tomas de los tres patinando con sus tablas.

— Quieren patrocinar nuestra página? —pregunté, sin poder creer lo que oía.

—Para empezar sólo quieren publicar un pequeño anuncio y un enlace a la página de la empresa, para que la gente pueda hacer compras.

—Y nos van a pagar por el anuncio, verdad? —pregunté.

—La tarifa estándar. Un centavo por entrada.

— Un centavo? ¡Eso no es nada! —me quejé. Nevin pareció confundido.

—Más de diez mil personas visitaron la página anoche. Eso da más de ciento veinticinco dólares.

—No puede ser —dije.

—Créeme, cuando se trata de matemáticas rara vez me equivoco —dijo Nevin—. Todos ganamos más de treinta dólares mientras dormíamos. Al final del día esa cifra se va a duplicar o incluso a triplicar.

— Quieres decir que hoy podría ganar cien dólares? —preguntó Wally.

—Así es. Y todo mientras duermes, estás sentado en clase o almorzando.

—Impresionante —dijo Lisa.

—Y si pudiéramos tener todas esas entradas todos los días en un año, ganaríamos cerca de cuatro mil dólares cada uno —dijo Nevin.

—Eso es todavía más impresionante —agregó Lisa, mientras todos comenzábamos a contar y a gastar el dinero en nuestras cabezas. Si ganara dinero mi padre se pondría feliz y además se daría cuenta de que patinar puede ser algo serio.

—Pero la parte difícil no es lograr que la gente entre un día, sino mantenerla interesada para que entre al día siguiente y al siguiente —dijo Nevin.

Tenía razón. Me sentí desanimado, pero entonces recordé lo que Bam Bam había dicho. El secreto era no dejar de subir cosas nuevas.

—Si actualizamos la página regularmente, la gente va a regresar a verla a menudo —dije.

—Exacto —concordó Nevin—. Y nuestro patrocinador (y esa empresa lo será si todos estamos de acuerdo) dijo que tiene algunas ideas para que lo logremos.

— Qué clase de ideas? —preguntó Wally.

—No sé todavía, pero estoy seguro de que van a ser buenas —dijo Nevin

—. Como sea, lo primero es lo primero: si aceptamos que nos patrocinen, pondré el anuncio y el enlace enseguida para que dejemos de perder dinero.

Todas las entradas que estamos viendo han sido gratis.

El conteo seguía subiendo.

—Hazlo —dije—, y ahora mismo.

—Sí, apúrate —dijo Wally.

—Yo también estoy de acuerdo —agregó Lisa—. Cuanto antes, mejor.

—Esperaba que los tres aceptaran. Yo me encargo de todo, ustedes vayan a sus clases. Y recuerden que mientras están ahí sentados, estarán ganando dinero.

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