Al límite

Eric Walters · Capítulo 5 de 13

Páginas del PDF

Al límite

Capítulo cinco

—¡Tu cena está en la mesa! —me gritó mi mamá cuando pasé por la puerta.

Oh, no. Había olvidado llamar para decirle que iba a comer en casa de Wally. Y además de regreso a casa conocí a unos chicos, empezamos a patinar y perdí la noción del tiempo.

—Pero es tan tarde que hace mucho que está fría —agregó, apareciendo en la puerta.

—No importa. No tengo mucha hambre. Voy a subir a mi cuarto.

—De hecho queremos que vengas a la mesa con nosotros para tener una pequeña charla —dijo mi padre, entrando a la sala.

— Qué tipo de charla? —pregunté. Sabía que no podía ser bueno.

—Ven a la mesa —me dijo mi padre y caminó hacia la cocina. Mi madre y yo lo seguimos. Todos nos sentamos.

— Dónde estabas? —me preguntó él.

—Patinando, nada más.

—Eso supuse. Por qué no llamaste por teléfono?

—Estaba patinando y… —Me encogí de hombros.

—Tal vez no recibimos ninguna llamada tuya, pero sin duda que recibimos una llamada sobre ti —dijo mi madre.

— Qué significa eso? —pregunté.

—Recibimos una llamada de ese servicio telefónico automático de tu escuela para decirnos que faltaste a tu primera clase.

— A mi primera clase? —pregunté, tratando de sonar inocente, pero claro que sabía que durante la primera clase había estado en la tienda de donas—. No falté —mentí.

— Ah, sí? —me preguntó mi padre.

— A quién le van a creer, a su hijo, que es un ser humano, o a una estúpida máquina?

—A un ser humano —dijo mi madre—. Llamamos a la escuela y hablamos con un ser humano: el subdirector, y él lo confirmó.

Iba a decir algo sobre que el subdirector en realidad era un ser humano sólo a medias, pero lo pensé mejor.

—No me perdí toda la clase —dije, consciente de que estaba atrapado—.

Sólo llegué tarde.

—No había ninguna razón para que llegaras tarde —me dijo mi padre—.

Sabes?, ya es hora de que empieces a tomarte las cosas más en serio.

—Me tomo las cosas en serio —discutí.

—Queremos decir, aparte de patinar —dijo mi madre.

—Patinar es importante.

Mi padre lanzó una carcajada.

—No, no lo es. Creemos que está afectando otras cosas que sí son importantes, como la escuela.

—No es cierto.

—Si le dedicaras tanto tiempo a la escuela como a la patineta, tus calificaciones serían mejores —dijo mi madre.

—Y si no vas a concentrarte en la escuela, tal vez deberías conseguir un trabajo de medio tiempo y ganar un poco de dinero —dijo mi padre.

No contesté. No quería un empleo. Sólo quería patinar.

—Es hora de ponerte serio —repitió mi padre—. Y las cosas serias involucran a la escuela o al trabajo. Algo que lleve a una profesión o que al menos te dé dinero.

Entiendes?

Asentí. Entendía, lo que no quería decir que estuviera de acuerdo.

—Y los dos comprendemos que todavía debes estar mal por haber roto con Lisa —dijo mi madre.

— Por qué todos siguen hablando de eso? —dije en mal tono—. No es como si alguien hubiera muerto.

—Estuvieron juntos mucho tiempo y sabemos que las relaciones adolescentes pueden ser dolorosas. Lo comprendemos —agregó mamá.

Quería decir algo acerca de que hacía tanto que ella había sido una adolescente, que dudaba mucho que se pudiera acordar de nada. Me guardé las palabras en la cabeza.

—Si les parece bien, me gustaría ir a mi cuarto a estudiar para mi examen de matemáticas.

Me senté en mi cuarto casi en la oscuridad; la única luz provenía de la pantalla de la computadora. Salté de un sitio web a otro. Encontré el de Bam Bam. Me alivió ver que no habían subido las fotos de mí y de Wally, atontados y con caras de idiota… al menos no todavía.

Navegué de la página de Bam Bam a un montón de otras dedicadas al skateboarding. Había muchos sitios con muchos patinadores distintos haciendo muchos trucos diferentes.

Era curioso. Había visto muchos de esos trucos antes, pero ahora los veía con otros ojos. No podía evitar preguntarme cuántas veces habían fallado antes de capturar en video esa toma que subieron al sitio web. Yo sabía que si tuviera suficiente tiempo, sería capaz de lograr muchos de esos trucos.

En todos los sitios había pequeños anuncios y recuadros publicitarios emergentes. Y ahora entendía cómo funcionaban. Cada vez que entraba a la página web de Bam Bam o a cualquier otra, esos patrocinadores pagaban una tarifa. Raro. Muy raro.

Y entonces, como si me hubiera golpeado un rayo, se me ocurrió algo.

Levanté el teléfono y apreté el segundo botón del marcado rápido.

Acababa de comenzar a sonar cuando oí la voz.

— Hola?

—Hola, Wally, qué hacías, estabas sentado al lado del teléfono?…

Tengo una idea.

— De cuánto dolor y dinero estamos hablando? —me preguntó.

—De mucho dinero, pero lo vas a ganar en lugar de gastar. Y en cuanto a lo del dolor, ya sabes lo que dicen: el que no arriesga, no gana.

— Y de cuánto dolor estamos hablando?

—No más de lo normal.

—Y entonces, cuál es tu idea? —preguntó Wally.

—Mañana te digo.

— Mañana?

—Sí, nos vemos en la cafetería a la hora de siempre.

—Si no me vas a contar ahora, para qué me llamaste?

—Porque a esta reunión no tenemos que ir sólo tú y yo. Este plan involucra a dos personas más y necesito que te ocupes de que una de ellas venga.

— Quién?

—Ese chico de tu clase de ciencias computacionales. No me acuerdo de su nombre.

—Qué gran ayuda. Hay quince chicos en esa clase.

—El chico del que me hablaste, el que es todo un nerd, un genio en informática.

—Nevin —dijo Wally.

—Eso es. Haz que vaya a la reunión.

—Puedo llamarlo, pero qué se supone que le diga?

— Qué no has escuchado nada de lo que te dije? La reunión es en la cafetería a las ocho.

—Me refiero a qué le digo sobre el motivo de la reunión.

—No le digas nada. Sólo dile que vaya.

—Voy a tratar —dijo Wally—. Dijiste que iban a ir dos personas más.

Quién es la otra?

—Lisa.

— Lisa? Va a reunirse con nosotros mañana?

— Por qué crees que podría decir que no?

—Puedo pensar en unas cuantas razones —contestó.

—Tú sólo ocúpate de que ese chico Nevin aparezca y yo me encargaré de Lisa. Nos vemos mañana. No llegues tarde.

— Yo, tarde? —exclamó Wally—. Yo soy el que siempre llega en hora.

Colgué y solté una risita. Conociendo a Wally, estaría ahí quince minutos antes, ansioso por saberlo todo. Ahora la parte difícil. Levanté el teléfono y apreté el primer número del marcado rápido. Sonó y sonó y sonó. Tal vez no estaba en casa. Tal vez había salido. Tal vez había salido con alguien.

— Hola? —era Lisa—. Hola?

Por una fracción de segundo pensé en colgar.

—Hola, Lisa… soy yo.

OceanofPDF.com