
La maja desnuda
Empieza en el Prado, con un pintor célebre parado ante la maja de Goya. Mariano Renovales, hijo de un herrero, ha llegado a vender cuadros a precios nunca vistos en España, y eso es lo de menos. Lo que cuenta Blasco Ibáñez es cómo se le pudre el matrimonio con Josefina, despacio, entre Roma, un palacio de Venecia y por fin Madrid: celos por las modelos, pintura hecha por encargo, silencios, la salud de ella deshaciéndose. A la condesa de Alberca la ronda mucho tiempo, y cuando la relación por fin llega, Josefina ya está enferma de muerte. Solo cuando la pierde entiende Renovales cuánto la quiso. Queda un cuadro que ya no existe: el desnudo que ella aceptó posarle en Roma y destrozó a cuchilladas. Lo demás es perseguir de memoria ese cuerpo, hasta quedarse sin poder pintar.






