Carolina entre líneas

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 21 de 53

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Carolina entre líneas

Capítulo 19

Alexander

Le he enviado diez correos a Carolina después de recibir uno en el que me pidió que ya no le escriba. No obstante, ninguno, por más corto o extenso que sea, ha obtenido respuesta.

Ella hablaba en serio. Me odia... Maldición. Puedo soportar que la ciudad en la que nací me odie. Incluso puedo soportar que todo un país me odie, y que además saque conclusiones erróneas sobre mí, pero me está costando lidiar con el hecho de que ella no quiera responder mis correos electrónicos.

Domingo 27 de diciembre de 2015. 07:02 hrs.

De: Alexander Donoso

Asunto: Carolina...

Fecha: 27 de diciembre de 2015 07:02

Para: Café y letras

Sé que una disculpa no es suficiente pero, con una explicación repentina y acortada, podría perderte.

Tiempo. Necesito tiempo.

Por otro lado, siento temor de que lo que ella piense de mí me importe tanto. ¿Por qué me importa tanto? ¿Por qué temo que me esté odiando?

Sólo sería una persona más a la interminable lista de personas que ya me aborrecen.

Me siento desesperado.

—Tal vez no debería insistir —digo, a la habitación vacía en la que estoy. Peludo mueve su cola al escuchar mi voz—. Buenos días, amigo —lo saludo. ¿En serio Carolina me hizo adoptar a un perro? Echo hacia atrás mi cabeza para buscar en mi techo las respuestas que esconde el universo—.

Pero esta es una forma cobarde de alejarme de ella —reflexiono.

Alejarme de ella...

Mónica la amó. Después de verme observar y escuchar a Carolina elogiarme con tanta devoción, dijo que tenía años sin mirarme sonreír tanto.

Incluso aseguró que mi palidez, producto de años de encierro, se tornó rojiza cuando estuve a escasos centímetros de ella.

Ella, que además me mintió porque para nada se parece a la versión fea de Anne Hathaway. Ella simplemente... es perfecta como es.

Desesperado, decido llamar a Armando.

—Tú llamándome dos veces en menos de tres días —responde él, bromista—. Esto sí que es un milagro —Su voz se escucha alegre, espero no estar echando a perder su día.

—Necesito tu ayuda.

Tarda en darme una respuesta, sin duda lo cogí por sorpresa. —Claro —

titubea—. Sólo dime qué hacer.

—Primero respóndeme algo —Tengo que saberlo—. ¿Después de todo lo que pasó, todavía confías en mí?

—Que pregunta tan estúpida —dice él—. Le diré a Mon que...

—Dime por qué confías en mí —pido saber.

¿Por qué alguien todavía debería confiar en mí?

—Veamos... ¿Porque te conozco desde hace muchos años?

—Y porque sabes que no soy capaz de...

—No, no lo eres —dice, convencido—. Aunque...

—¡Armando!

—Hermano, pueden venir cientos de personas a decirme lo peor de ti, pero yo siempre te juzgaré conforme a lo que sé que eres.

Gracias.

—¿Hago mal en pedirle a Carolina que me conozca un poco más antes de presentarme ante ella? —pregunto.

—Un momento. ¿Ella no sabe quién eres? —La voz de Armando se torna preocupada.

Eso me dijo todo... —No, no le he dicho.

—¡¿Es en serio?!

—Es complicado —Paso una mano sobre mi cabello—. Para ella sólo soy Alexander Donoso.

—No sé qué decir.

—Dime que me aleje de ella —suspiro.

—No, maldita sea. ¡No! Hace tanto no te escucho animado y dispuesto a salir de tu cueva. Tal vez la necesitas a ella.

Necesitar a Carolina...

—Eso suena egoísta. Ya sabes, utilizarla para ¿Cómo dijiste? —Me río un poco por la expresión que utilizó—. Salir de mi cueva.

—No estás utilizándola... Hermano, no quiero cagarte el día si es que todavía lo estás dudando, pero, a estas alturas, creo que ya estás enamorado de ella.

—¿Cómo es posible enamorarte de alguien a quien sólo le has escrito correos electrónicos?

—Soy lego en el tema, pero...

—Desde hace diez días.

El tiempo pasa rápido.

—Insisto en que sé una mierda del amor —dice Armando—, pero te conozco a ti y puedo darme cuenta de que ella te importa... Y que te importa mucho.

Es cierto.

—Pero no sé qué hacer.

—¿Si voy a tu apartamento esta vez sí me abrirás la puerta?

—Sí... ven.

Esta vez escucho reír a Armando. —¿En serio me vas a abrir la puerta de tu apartamento? Dios, quiero conocer a la tal Carolina y hacerle un monumento.

—Sólo ven, Armando —gruño, pero estoy sonriendo.

—¿Es cierto que te hizo ver Diario de una princesa?

Ay Dios, Mónica.

Cuelgo.

En realidad la película Diario de una princesa es entretenida.

Esta conversación significó para mí una revelación. Yo enamorado de Carolina. La idea me asusta, me aterra… Aunque también sabe a esperanza, una promesa de que puede haber mañana.

Una vez más reviso mi Bandeja de entrada. Sigo sin respuestas. Ahora a esperar a Armando.

Domingo 27 de diciembre de 2015. 20:02 hrs.

De: Alexander Donoso

Asunto: Carolina...

Fecha: 27 de diciembre de 2015 20:02

Para: Café y letras

Un amigo me acaba de aconsejar que te diga la verdad.

Dime dónde y cuándo. Y ahí estaré.

Domingo 27 de diciembre de 2015. 23:10 hrs.

De: Alexander Donoso

Asunto: Carolina...

Fecha: 27 de diciembre de 2015 23:10

Para: Café y letras

Me niego a que esta sea la razón por la que dejes de hablar conmigo.

Por eso no voy a escribirte un mensaje de despedida. No cuando llevo horas enumerando las razones por las que te quiero en mi vida.

Carolina, borré la novela que estaba escribiendo y empecé otra que titulé con tu nombre. Hasta este momento he escrito sobre nosotros en cada hoja, sin dejar espacios o colocar puntos y comas, para que no haya pausas o un final para nuestra historia.

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