Carolina entre líneas

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 45 de 53

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Carolina entre líneas

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1.

Alexander Donoso

Daniel

“Y aunque dolió comprendí que no existen los finales felices.”

Con esa frase decido concluir el último libro la trilogía La Cama. No puedo escribir una sola frase más. Me siento molesto. No quiero dedicar más tiempo a tanto recuerdo que me hace daño.

Miro mi reloj, casi es media noche. Estoy a minutos de llegar a la hora límite que me planteó mi editor para entregar el manuscrito.

Utilizo las pocas fuerzas que me quedan para enviarle un correo.

De: Alexander Donoso

Fecha: 20 de diciembre de 2013 11:23

Asunto: Terminé

Para: Enrique Casasola

Te adjunté aquí el ÚLTIMO borrador de La Cama.

ÚL-TI-MO

Si tienes dudas o comentarios, te los guardas. No voy a corregir nada.

Alexander

Camino hasta la cocina para prepararme un poco de café en lo que espero la respuesta de Enrique. En el piso frente a la estufa todavía está la caja que me envió la madre de Ximena. Ahí metió viejas fotografías y obsequios que tenían significado para mí y para su hija. Limpió la habitación de ella y consideró que yo quizá querría atesorar todo eso.

Basura.

Eso es para mí todo lo que tenga que ver con Ricardo y Ximena. Ba-su-ra.

Pensé reenviárselo, pero al final cogí la caja y por primera vez en meses encendí mi estufa para quemar ahí todo.

Hubo una fotografía en particular que quemé lentamente. Es del día de mi cumpleaños. En ella estoy en medio de Ximena y Ricardo. Ojalá el fuego que empleé para quemarla se compare a lo que ambos sentirán al tocar las llamas del infierno.

Los odio. No he podido perdonar nada después de dos años. ¿Cómo si durante todo un año lidié con la presión mediática?

Bien jugado, señor Alcázar. Me hizo ver a mí como un peligro para la sociedad para no ensuciar la imagen de su niña. Su canal de televisión manejó la noticia como el caso de una pobre e inocente mujer que se vio orillada a buscar consuelo y apoyo en el hermano de su novio porque este es un desquiciado. Ximena es la damisela en peligro, Ricardo el héroe y yo el villano.

Furioso, pateo la caja que contenía los recuerdos. Fue terapéutico quemar todo. Mucho más terapéutico que revivir todo al escribir La Cama.

Por eso también estoy molesto. No quiero recordar. No más.

Cojo una taza para verter dentro mi café y mentalmente me regaño por permitir que todo eso me siga afectando. Pero, ¿cómo olvido? ¿Cómo saco de mi interior tanto odio? ¿Por qué tenían que sacar lo peor de mí? Yo era un buen tipo y ellos dos y el señor Alcázar me convirtieron en un loco. ¿Por qué la traición?

¿Pensaba casarse conmigo amando a otro? ¿Y por qué arruinar mi imagen?

La taza en mi mano tiembla a causa de la ira que me invade y, molesto, la dejo caer al suelo. A continuación golpeo más objetos que tengo cerca.

¡MALDITOS RECUERDOS!

¿POR QUÉ?

¿POR QUÉ, HERMANO?

¡YO NO ME MERECÍA ESO!

Lo tenía todo: una mujer que aparentemente me amaba, un trabajo y un futuro prometedor. Soy abogado. Por mi mente jamás pasó la idea de volverme escritor. Yo tenía un futuro organizado.

A lo lejos escucho la alerta de que tengo un correo nuevo.

Enrique.

De: Enrique Casasola

Fecha: 20 de diciembre de 2013 11:37

Asunto: Dudas

Para: Alexander Donoso

De acuerdo... veo que estás molesto. Primero, si te puse un fecha límite para entregar el manuscrito es porque la editorial me presiona y tú no querías (todavía no quieres) escribir. Segundo, estoy echando un vistazo rápido a todo. Te faltó enviarme el epílogo.

Kike

¿Es una maldita broma?

De: Alexander Donoso

Fecha: 20 de diciembre de 2013 11:39

Asunto: No me faltó nada.

Para: Enrique Casasol a

No hay epílogo.

Alexander

De: Enrique Casasola

Fecha: 20 de diciembre de 2013. 11:40

Asunto: Creo que no comprendo bien.

Para: Alexander Donoso

Si mi justificación sobre el por qué tuve que ponerte una fecha límite no fue suficiente, reitero mi disculpa… Pero no puede no haber un epílogo, Daniel. No si vas a dejar ese final tan... perturbador. No puedes volver ermitaño a un hombre que lo tenía todo. Escribe algo más esperanzador.

Tus lectores te aman. Por lo menos dale una última oportunidad a Esteban. Como tu editor te doy sugerencias: ¿Recuerdas cuando Esteban visitó a su dentista en el capítulo dos del segundo libro? Él admite que es guapa, pero no se atreve a más porque Cristina es su prometida. Podrían reencontrarse. ¿Qué tal si el epílogo es una cita con su dentista un año después de lo que pasó con Cristina?

2. Agrega "Años después" y le inventas una familia o insinúas que al menos regresó a su consultorio.

Lo que sea, Daniel.

Eres “Alexander Donoso” el escritor romántico, no un cabrón.

Kike

De: Alexander Donoso

Fecha: 20 de diciembre de 2013 11:52

Asunto: ...

Para: Enrique Casasola

NO HAY EPÍLOGO.

Y no me llames Daniel.

De: Enrique Casasola

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 11:54

Asunto: Por favor

Para: Alexander Donoso

Te puedo dar un par de días más para que pienses en algo o consideres lo que sugerí.

Yo mismo puedo escribir algo.

De: Alexander Donoso

Fecha: 21 de diciembre de 2013 00:02

Asunto: No es negociable

Para: Enrique Casasola

No hay epílogo, Enrique. No me hagas repetirlo.

Le advertí a la editorial que La Cama no tiene final feliz y aún así aceptaron publicar. Fin.

De: Enrique Casasola

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 00:11

Asunto: Última vez que insisto.

Para: Alexander Donoso

Pero piensa en tus lectores. Como tu amigo te comprendo, sin embargo como tu lector sufro.

Tómate unos meses para pensarlo. Hablaré con la editorial y dejaré abierta la posibilidad de publicar una continuación.

Ahora mismo puedo enviarle un correo a tu publicista para que el día del lanzamiento envíe un comunicado de prensa dejando abierta la propuesta.

De: Alexander Donoso

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 00:14

Asunto: ...

Para: Enrique Casasola.

Lee bien esto:

No hay ni habrá nada que digas o hagas tú o cualquiera que me obligue a escribir otro libro de La Cama.

Trabajé todo el día en esto. Me siento cansado. Nos leemos luego.

De: Enrique Casasola

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 00:22

Asunto: Descansa bien.

Para: Alexander Donoso

Está bien. Pero igual le diré a tu publicista que no descarte la posibilidad de otra novela. Eso servirá para que al menos no te maten tus lectores.

Nos leemos luego.

Kike

Cierro la Bandeja de entrada de mi correo y apago el ordenador.

El cansancio me vuelve lento y ser lento me pone más molesto.

La historia de Esteban no es la de cualquier personaje. Es mi historia. Y si no se me da la puta gana continuarla, así se va a quedar.

Camino hacia mi habitación y al llegar me dejo caer sobre mi sofá.

Dejo escapar un bostezo. Silencio... Amo en silencio. Me permite pensar.

“La Cama”. Llamé así a la historia porque en una cama llegas a conocer bien a tu pareja. Y no hablo sólo de sexo. La cama es un lugar de intimidad.

Un lugar para dos... no para tres, Ximena.

Ximena...

Recuerdo el momento en el que tuve la oportunidad de preguntarle por qué.

Ella simplemente respondió “Él me hace feliz”.

¿Yo no la hacía feliz? ¿Soy un tipo aburrido? La recuerdo riendo con los chistes de mi hermano. ¿Tenía que contar chistes para ser mejor? ¿Tenía que ser alguien que no soy?

Yo soy hombre de pocas palabras, no soy extrovertido como Ricardo.

No soy un libro abierto. Por lo mismo, reprimirme pudo ocasionar aquel ataque de ira que casi culmina en una tragedia.

Me arrepiento de querer matarlos. No merecen morir. Merecen vivir para que les hagan algo igual o peor que lo que ellos me hicieron.

¡De eso estoy hablando! Tengo mucho odio dentro.

¿Dónde está el Daniel que constantemente repetía “No dejes que un mal momento arruine tu día”. Este no soy yo. ¿Cómo es posible que una mala experiencia saque a flote tu peor versión? Este Daniel es desconfiado y vive amargado. Y es que, ¿cómo puedo estar seguro de que no me volverá a pasar? ¿Me volverán a hacer daño? Además, cualquier mujer a la que decida acercarme me mirará a través de la imagen que vendió de mí el señor Alcázar.

Estoy arruinado.

“En las tinieblas”, el primer libro que publiqué bajo el seudónimo de Alexander Donoso y que escribí en medio del escándalo. Esa también es una historia triste.

¿Cómo se atreven a pedirme un final feliz? No existen los finales felices. La muerte es el único final.

Aunque ahora que lo pienso, la muerte da paz. Ya no sufres. Ya no te engañan. Ya no te utilizan...

Tal vez debí matar a Esteban y matar con eso la posibilidad de continuar la novela...

No, mejor no. No quiero escribir nada más de La Cama.

Saco de mi bolsillo mi móvil al sentirlo vibrar. Otra llamada perdida de mamá. Tengo muchas de ella y de Mónica. También tengo otro correo.

De: Mónica Saviñon

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 00:40

Asunto: RESPONDE

Para: Alexander Donoso

Holaaaaaaaa

Adivina. Estoy viendo Cómo perder a un hombre en 10 días. Genial película :P Debería mirarla, Señor Cinéfilo (Es comedia romántica) Otra cosa: Responde rápido tus correos porque mamá y yo te tenemos una amenaza: Si no quieres contestar el móvil, bien. Pero responde nuestros correos (aunque sea con monosílabos) o llegaremos a tu apartamento. Y sabes que cuando llegamos a tu apartamento, es para para allí un laaaaaaargo rato.

Mon ♡

De: Alexander Donoso

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 00:52

Asunto: ...

Para: Mónica Saviñon

Primero, no escribas “Adivina” si inmediatamente escribirás lo que tengo que adivinar Segundo, eso no es una película. O al menos no es cine de calidad Mira Belleza Americana, esa es una buena película.

Tercero, está bien... responderé. Pero no vengan.

De: Mónica Saviñon

Fecha: 21 de diciembre de 2013 01:10

Asunto: AMARGADO

Para: Alexander Donoso

Belleza Americana tiene un final deprimente. Si voy a ver algo será algo que me haga reír. ¿Ya viste El Diablo se viste a la moda?

Recomendada ;)

Oye, ¿y por qué te tengo que escribir al correo de Alexander Donoso?

Soy tu hermana no tu fanática.

Gracias por HACERNOS EL HONOR de responder.

De: Alexander Donoso

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 01:16

Asunto: ...

Para: Mónica Saviñon.

Asumo que eso último fue sarcasmo, aunque muy mal empleado.

Y si el objetivo es “hacerme sentir mal” por responder con actitud tajante los correos, no va a funcionar. No me gusta dar explicaciones de lo que hago o siento.

Intenté mirar El diablo viste a la moda pero me aburrí. Hubiera sido más interesante de estar contada desde el punto de vista de la jefa.

Piénsalo.

Estoy utilizando el correo de Alexander Donoso porque el personal lo tengo atascado de mensajes de compasión, de odio y ofertas mal intencionadas por parte de periodistas y demás gente enferma. No pienso abrirlo, Mon.

Por último, despídete en el siguiente correo. Esto no es un chat. La idea de enviar un correo es intercambiar un mensaje. Nada más.

Hasta luego.

De: Mónica Saviñon

Fecha: 21 de diciembre de 2013. 01:20

Asunto: Jajajajaja

Para: Alexander Donoso

Está bien, no insistiré.

Descansa, Dani :)

Eso intento.

Me levanto del sofá y me acomodo en mi cama.

Antes de cerrar mis ojos pienso en lo que es mi vida hoy: Han pasado dos años desde que no tengo compañía en mi cama y muchos más desde que me siento solo dentro o fuera de una cama, porque con o sin Ximena yo siempre he sido un hombre solitario. Me cuesta abrirme. Por eso, creo, terminé escribiendo. Me comunico mejor por escrito.

Ahora soy Alexander Donoso...

Cualquier cosa es mejor que ser Daniel Saviñon.

Miro mis manos… Están manchadas con las cenizas de los recuerdos.

Perdonar... Todos dicen que debo hacerlo para liberarme y poder continuar.

Pero no puedo. Me robaron mi paz. Me destruyeron.

No recuerdo quién era antes de que aquel engaño sacara a flote mi peor versión.

No tengo esperanza o motivación para seguir viviendo. Imagino un camino frente a mí y no le veo un final. No hay nada esperándome afuera.

Porque salvo mi familia y amigos más cercanos, no hay nadie que vea algo bueno en mí. Me arrancaron la posibilidad de volver a intentarlo.

Cierro mis ojos y trato de imaginar la vida sin lo ocurrido aquel veinticuatro de enero. ¿De haberme casado con Ximena hoy viviría engañado? Porque no puedo no imaginarla en una cama con mi hermano o algún otro.

Amaba de ella su seriedad, su independencia, su criterio... Visitábamos galerías de arte, hablábamos de política y no discutíamos mucho porque, básicamente, teníamos los mismos gustos. Parecíamos estar hechos el uno para el otro. ¿Qué pasó?

No la perdonaría. Sé que no la perdonaría... Pero eso no es lo peor. Sé que ella no le nace pedirme perdón. Y es que esa independencia y criterio propio que me gustaron de ella, también la vuelve una perra. A veces creo que no tiene corazón.

Y Ricardo... Ese tema es todavía peor. Es mi hermano.

Y estoy yo, que ahora no puedo imaginar nada sin temer que alguien más

quiera arrebatármelo.

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