Carolina entre líneas

Tatiana M. Alonzo · Capítulo 43 de 53

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Carolina entre líneas

Capítulo 40

Mi vida ha cambiado extraordinariamente durante las últimas semanas.

He pasado por situaciones y emociones que me están ayudando a crecer como persona. No soy la misma Carolina de hace un mes. Hoy estoy haciendo planes junto a alguien que amo.

La primera vez que leí un libro de Alexander Donoso no imaginé lo importante que sería él para mí. ¿Qué si tía Inés no me hubiera propuesto trabajar en Café y letras? ¿Qué si Daniel nunca hubiera enviado aquel primer correo? Nunca lo sabremos. Lo importante es comprender que son esas pequeñas decisiones que tomamos todos los días las que al final dirigen el rumbo de nuestras vidas. Por eso es bueno no aferrarse a algo que nos hace daño, puede estar esperándonos algo extraordinario.

Estoy en una librería… o fábrica de sueños, como suelo llamarle a veces. Entre las estanterías puedo escoger entre ser Elizabeth Bennet, Julieta o la dama de las Camelias. Y puedo soñar. Y es que, gracias a que me permití soñar, ahora voy un paso adelante de quienes sólo se limitan a dejarse vencer por la realidad.

Acompañada de Mónica, hago mi camino hasta la salida de la librería para saber el porqué de tanto revuelo. La sorpresa. Hay un pequeño caos justo en la entrada de Café y letras. Cielo santo.. . Hay al menos treinta personas rodeando a tía Inés y a un hombre joven de pie junto a ella que, solícitamente, está entretenido autografiando libros. Daniel. También hay periodistas, cámaras de televisión, micrófonos... y mucha publicidad sobre el escritor Alexander Donoso.

—¡En exclusiva para Café y letras! —celebra tía Inés, dirigiéndose a la prensa.

—Ahora será famoso por cosas buenas —dice Mónica, refiriéndose a Daniel.

Sí. Yo estoy segura de que sí.

Ahora entiendo. Convocaron una conferencia de prensa. ¿Pero por qué ocultármelo para que fuera sorpresa? Todavía tengo esa duda.

—Daniel quiso sorprenderte —me dice Mónica, adivinando el rumbo de mis pensamientos.

Ella y yo estamos una junta a la otra en un rincón visible para Daniel.

—Pero no comprendo —digo.

Ella me sonríe amable: —Sólo quiere hacer las cosas de manera especial para ti. Te quiere.

Y yo a él.

Sin embargo quiero saber si esto es sobre Alexander o sobre Daniel.

—¿Crees que esté listo para esto? —le pregunto a Mónica. Me siento un poco preocupada—. Es más atención mediática.

—Lo está —dice ella—. Anoche lo platicamos. Sí quiere hacer una vida contigo lo tiene que estar. Es un compromiso. Un compromiso de ambos, en realidad.

Es cierto.

—Entiendo eso —digo, decidida.

—¿Tú lo estás? ¿Te sientes preparada para esto?

Me dirijo a Mónica poniendo en mis palabras toda la fe que tengo: —

Cada día lo estoy más.

Creo que tanto Daniel como yo podemos trabajar en ser lo que el otro necesita, y al mismo tiempo no perder la esencia de lo que somos individualmente. Es cuestión de aprender a pensar como pareja.

Público y prensa están pendientes de cada movimiento de Daniel, y él es amable y atento con todos. Me siento orgullosa de él.

—¡Caro, ven! —me pide mi tía al verme.

Daniel me busca entre la pequeña multitud al escuchar mi nombre. No tarda en encontrarme. Hola. Al mismo tiempo un periodista aprovecha su distracción para colocarle un micrófono cerca.

—Señor Saviñon —le pregunta—. ¿Por qué convocar una conferencia de prensa para confirmar que usted está detrás del misterioso escritor Alexander Donoso? ¿Hará más polémico todo lo...

—Quería anunciar algo... —lo interrumpe Daniel, sin apartar sus ojos de mí.

Yo avanzo unos cuantos pasos para estar más cerca de él.

—¡Un cuarto libro de La cama! —grita emocionada una mujer. Sin duda una lectora de Alexander Donoso.

—Puede ser —ríe Daniel, mirando con humor a todos los presentes.

¿Un cuarto libro de La cama? No puedo evitar emocionarme también.

Ahora soy su novia, pero ayer, hoy y siempre seré su lectura.

El público alrededor de Daniel empieza a celebrar:

—¡Por fin! —aplauden todos—. La historia no podía terminar de una forma tan triste.

—¡Usted es el mejor, señor Donoso! —lo elogian.

Admito que me llegó a preocupar que los lectores, al saber que Daniel es Alexander Donoso, le dejaran de leer, pero no. Aquí hay muchos fans.

Supongo que la polémica que alguna vez hubo alrededor de Daniel nada tiene que ver con lo talentoso que es.

—Señor Saviñon —pregunta una reportera—. En la trilogía La Cama usted narra la infidelidad de Ximena Alcázar hacia su persona. Mi pregunta es: ¿Aún le afecta?

—No. Hace mucho que no —niega Daniel, sonriendo.

—Pero ella fue prometida —insiste la reportera—. ¿Ya no siente nada por ella?

Siento un nudo en el estómago. Daniel, por el contrario, se muestra calmado.

—¿Qué si todavía... —Él arruga su frente—. Oye, intenta que alguien que amas te sea desleal con tu hermano y después, además, te quiera meter a la cárcel injustamente... Entonces, sólo entonces, me cuentas si todavía sientes algo romántico hacia esa persona —dice, irónico. Los demás reímos

—. No. No siento nada por la señorita Alcázar —concluye—. Espero que esté bien, sólo eso. Escribir los libros de La cama me sirvió como terapia —

añade.

—¿Entonces ya los perdonó, señor? ¿A Ximena y a su hermano? —

insiste en saber la prensa.

—Por supuesto.

Porque tienes un buen corazón....

—¿Volvería a tener algún tipo de relación con ellos? —le siguen cuestionando. Esa gente pide polémica.

—Claro. Mañana mismo nos vamos a tomar un café juntos —responde Daniel, sarcástico… pero está sonriendo, lo que me ayuda a relajarme. El público y parte de la presa ríen otra vez. Puedo ver que él está preparado para esto—. Ya cerré ese capítulo, señores —aclara y otra vez me mira—.

Ahora estoy trabajando en un nuevo libro.

Yo le sonrío.

—¿Un cuarto libro de la serie La cama, señor Donoso? —pregunta otro reportero.

Daniel asiente.

—Es necesario escribir un mejor final para Esteban, ¿no creen? —

cuestiona Daniel, aún mirándome.

Yo soy la primera en decir que sí. Porque sí. Siempre he dicho que Esteban merece un mejor final que terminar solo.

El público vitorea, entre todos Vanesa. Las dos siempre quisimos una continuación de La cama.

—¿Y de qué depende que ese final sí sea feliz, señor Donoso? Perdón, señor Saviñon —se corrige otra reportera, que por su efusividad asumo que además es lectora de Alexander Donoso.

—Depende de... —dice Daniel, bajando un poco su tono de voz y mirándome—. Depende de...

—¿De qué? —pregunta también con entusiasmo el público, intentando atraer la atención de Daniel.

Aunque él sólo me mira a mí:

—Depende de ti —dice.

La prensa y parte del público siguen la dirección de la mirada de Daniel y ahora también me miran. Oh, Dios… Ahora también tengo micrófonos y cámaras en dirección mí.

—¿Quién es esta señorita, señor Donoso? —pregunta curioso otro de los reporteros.

—Ella es... —responde Daniel, sonriéndome—. Ella es quien me ayudará a reescribir mi historia.

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