Declara

Tim Powers · Capítulo 1 de 24

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Declara

Presentación

Es difícil calibrar el tiempo que dedica un autor a la elaboración de una historia; no me refiero sólo al acto de escribir, al repiqueteo de las teclas, sino al período de gestación de las ideas que precede a la escritura.

Hay quien simplemente se sienta y empieza a escribir con un enfoque desestructurado y a priori impulsivo, dejando que las ideas surjan sin orden ni concierto. Otros necesitan que éstas germinen y arraiguen, que tomen cuerpo con el paso del tiempo como un vino de buena cosecha. Tim Powers, autor que entrega una nueva novela cada tres o cuatro años, es un claro ejemplo de esta última clase de escritores.

Ya en 1986, en una entrevista concedida a Locus, la revista estadounidense de la hermandad de la ciencia ficción, Powers declaraba: «Me apetecería escribir algún día una novela de espías, algo realmente turbio, intrincado, al estilo de Le Carré y Forsythe». En una carta de 1996 a su agente, adjunta al manuscrito de Earthquake Weather, ya proponía posibles argumentos para su siguiente libro. Junto a algunas ideas sobre el doctor Johnson, las hermanas Bronté y la licantropía, y una cuarta novela sobre fantasía en la época actual, Powers escribía: «Estoy considerando hacer algo sobre espionaje y fenómenos sobrenaturales basado en la historia del

"topo" Kim Philby y el Servicio Secreto Británico durante la Guerra Fría.

El padre de Philby podría ser una especie de Lawrence de Arabia eventual en el Egipto de principios del siglo xx, y podría estar involucrado en pactos ocultos que justificasen los auténticos motivos secretos de lo que hizo Kim Philby posteriormente».

Quizá algún día leamos las otras novelas que Powers menciona en su carta. Todos los indicios señalan que también ha estado madurando dichas ideas durante años. Pero por ahora podemos añadir Declara a su extraordinaria bibliografía, un libro cuyo origen se halla en el transcurso en una conversación durante una cena entre Powers y su correctora

Jennifer Brehl, una de las personas a las que dedica este libro, que ha sido galardonado con el Premio Mundial de Fantasía y con el International Horror Guild a la mejor novela.

Al considerar el cuidado puesto en la documentación de esta novela no es difícil adivinar la razón de que transcurra tanto tiempo entre un libro de Powers y otro. Antes de escribir la primera palabra, dedica por lo menos un par de años a la lectura y la investigación. A lo largo de este periodo, Powers redacta amplias notas para su uso particular. Un caudal inagotable de conocimientos del que extrae ideas para examinarlas desde todos los puntos de vista, explorando callejones sin salida, hasta que en un momento de inspiración se forjan intrincadas conexiones; en pocas palabras, ¡lo consigue! Cuando está listo para empezar la redacción de la novela, las notas alcanzan las miles de páginas, reunidas en gruesos fajos pegados con cinta adhesiva que podrían llenar toda una habitación de pequeñas dimensiones.

Durante este proceso fascinante, Powers mima el contexto histórico en el que ambienta sus novelas y desarrolla las tramas basándose en hechos bien documentados. Tanto si se trata del pirata Barbanegra (En costas extrañas), Lord Byron (Las puertas de Anubis o La fuerza de su mirada), el gángster Bugsy Siegel (La última partida) o, como en la presente novela, Kim Philby, Powers explora los personajes, tratando de adivinar las razones secretas que impulsaron sus acciones, allí donde la historia no ofrece ninguna explicación.

Durante la redacción de Declara, Powers comentaba: «He leído seis u ocho biografías sobre Philby, como suelo hacer, buscando detalles que no tuviesen explicación. Continuamente me preguntaba: “…Bien, sin duda, pero ¿por qué hizo eso en realidad?". Y también me decía: “Nada sucede por mera coincidencia”. Philby llevaba siempre consigo una prenda de piel de zorro, obsequio de su padre, cuando fue el único superviviente de un disparo efectuado por la artillería rusa contra el coche en el que viajaba con otros periodistas. Pero fue posteriormente en Beirut, tras la muerte del zorro que era su mascota, que Philby se derrumbó completamente y partió hacia Moscú. Este asunto de los zorros no podía ser mera coincidencia…

¡Muy en la línea de la Navaja de Occam! Hasta alcanzar el punto en que, algunas madrugadas, llegué a pensar: "¡Dios mío, lo estoy descubriendo!

¡Todo esto sucedió en realidad!"; y, por supuesto, siempre acabo imaginando que hay algún asesino que está a punto de matarme, especialmente cuando hablo sobre el KGB y el MI6».

Lo que la historia no se digna explicar, lo hace Powers, y de tal forma que cuando el lector se halla inmerso en una de sus obras, llega a un punto en el que sospecha que la versión de la historia que está leyendo fue la que sucedió en realidad. Tal como puntualiza el autor: «El espionaje se encuentra con Lovecraft»; el lector está a punto de experimentar la Guerra Fría como jamás lo había hecho con ningún libro de historia.

Declara, al igual que el mejor vino de reserva, se ha estado criando en la cava durante años. El resultado es un libro que se saborea, y cuyo paladar permanecerá en el recuerdo mucho tiempo después de haber pasado su última página.

John Berlyne

Al padre Gerald Leonard, SVD

Y con mi agradecimiento a Chris Arena, John Berlyne, John Bierer, Jennifer Brehl, Charles N. Brown, Beth Dieckhoff, J. R. Dunn, Ken Estes, Ben Fenwick, Russell Galen, Patricia Geary, Tom Gilchrist, Lisa Goldstein, Anne Guerand, Varnum Honey Fiona Kelleghan, Barry Levin, Marion Mazauric, Ross Pavlac, David Perry, Serena Powers, Ramiz Rafeedie, Claire Spencer y Eric Woolery…

…y especialmente a Jennifer Brehl, Peter Schneider y Serena Powers, por esa larga conversación sobre Kim Philby que mantuvimos mientras cenábamos en La Casa Blanca en Anaheim.

¿Cumpleaños? Sí, en un sentido general;

para la mayoría de los hombres si es que no para los mejores: naciste (supongo) cierto día;

yo también: o tal vez durante la noche: entonces ¿qué?

Sólo esto: o al menos, si es que hay más,

debes saber, no pensarlo, y averiguar, no hablar: hay una verdad que encontrar en la orilla desconocida; y muchos encontrarán lo que pocos buscarían.

J.K. Stephen, citado incorrectamente en una carta de St. John Philby a su hijo, Kim Philby, 15 de marzo de 1932

¿Dónde estabas tú cuando puse los cimientos de la tierra?

Decláralo, si tanto sabes.

Job 38, 4

Todavía queda un secreto en el caso Philby, y de eso no me está permitido hablar.

Anthony Montague Browne, secretario privado