
Divinas palabras
Un niño hidrocéfalo al que se pasea en un carretón por las ferias vale dinero, y en cuanto muere la mendiga que lo llevaba, la familia se pelea por quedárselo. De ahí arranca esta tragicomedia de aldea que Valle-Inclán publicó por entregas antes de imprimirla en 1920. Mari-Gaila, casada con el sacristán Pedro Gailo, saca el carro a los caminos y se cruza con Séptimo Miau, titiritero de mala fama. Laureaniño muere en un hostal, después de que le hagan beber aguardiente para reírse con él. A Mari-Gaila la hunde otra cosa: la sorprenden con el titiritero en el campo y la aldea se ceba con ella. Está escrita en un castellano cargado de galleguismos, con acotaciones que valen como prosa poética y criaturas movidas como peleles. Al final, unas palabras en latín que nadie entiende bastan para callar al vecindario.






