El desastre de Annual

Gerardo Muñoz Lorente · Capítulo 18 de 115

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El desastre de Annual

Protagonistas

El número de bajas sufridas por el ejército español en Abarrán varía en

función de las fuentes: entre 141 y 179. Murieron o se dieron por

desaparecidos 25 españoles[70] y fueron heridos otros 24. El resto eran

nativos. Se perdieron 4 cañones de montaña, unos 200 rifles y 1 depósito de

municiones.

Aunque solo uno de los cuatro cañones de Abarrán estaba en condiciones

de ser usado, la captura de aquella batería fue un gran botín para los

harqueños, sobre todo propagandístico. Por orden de Mohamed ben Abd-el-

Krim, el cañón fue exhibido por zocos, como muestra de la vulnerabilidad del

Ejército español, al tiempo que se llamaba al alistamiento para la guerra santa

contra el invasor. Tal como cuenta el historiador Francisco Mir Berlanga, el

combate de Abarrán fue tan importante para los rifeños que quedó

incorporado en su folclore a través de una canción popular, titulada Lal-la

Buuiaa [71] («La señorita de la litera nupcial»).

Los generales Berenguer y Silvestre, por el contrario, procuraron restar

importancia a aquella inesperada derrota, calificándola de doloroso

contratiempo. «Se endulzó el trago amargo con la dedalita de miel de unos

cuantos hechos heroicos»[72].

Un año después, el hermano menor de Abd-el-Krim le contaría al

periodista Luis Oteyza que la rápida recuperación de Abarrán por el harca

rifeña debió bastar a los militares españoles para comprender que no debían

seguir avanzando: «(…) En horas, en pocas horas, les tomábamos una

posición fortificada (…). Todavía mi hermano intentó detener los

acontecimientos. Por mediación del coronel Civantos mandó una carta a

Silvestre. No tuvo contestación. ¿Qué decía la carta?: que se detuvieran los

soldados en Annual»[73].

 

Protagonistas

 

Juan Salafranca Barrio

 

Nació en Madrid el 21 de septiembre de 1889. Hijo del contador de navío Juan Salafranca Butigieg y de Consuelo Barrio Ruiz-Vidal.

El 30 de agosto de 1907 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo (XIV

promoción). Medía 1,89 metros. En 1912 fue destinado a Ceuta, participando en la ocupación de Tetuán en febrero de 1913. En octubre recibió la condecoración de Cruz de 1.ª clase con distintivo rojo.

En 1916, con el empleo de teniente, fue destinado al 2.º tabor de Regulares Melilla 2. El

29 de junio de ese año formó parte de la columna mandada por el coronel Juan Génova que

asaltó el poblado de Biutz, participando en el combate de la Loma de las Trincheras, donde

fue herido dos veces, según consta en su Hoja de Servicios: «… sostuvo duro combate con el

enemigo que se hallaba fuertemente atrincherado en las lomas de las Trincheras, resultando

dos veces herido, una en la pierna y otra en el cuello, continuando al mando de sus fuerzas a

pesar de sus heridas, ordenándole el capitán jefe accidental del Tabor Fernando Lías Pequeño,

saliese a llevar un parte al jefe de la columna, coronel Génova, lo que cumplimentó, siendo

muerto el caballo que montaba al regresar de transmitir dicho parte, permaneciendo al frente

de sus fuerzas hasta que ordenó el repliegue…». El 20 de septiembre fue ascendido por

méritos de guerra a capitán y propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, aunque esta

condecoración no le fue concedida al testificar en su contra el comandante Francisco Franco.

Destinado en Melilla, entró en acción contra los rebeldes rifeños el 7 de mayo de 1920,

formando parte de la columna mandada por el coronel Gabriel Morales. En la vanguardia de

la misma columna y al mando de tres compañías, el 15 de enero de 1921 participó en la

ocupación de Annual. Debido a su altura y delgadez, se le conocía con el apodo de capitán

Escopeta.

En marzo de 1921, formando parte de la columna mandada por el teniente coronel Núñez

de Prado, participó en la ocupación de Sidi Dris; y el 27 de mayo volvió a Annual con la

columna del comandante Francisco Romero.

El 1 de junio de 1921 formó parte de la columna mandada por el comandante Jesús Villar

que ocupó el monte Abarrán, quedándose como jefe de dicha posición cuando la columna

regresó a Annual. Al mando de 250 hombres, tras ser herido varias veces, murió ese mismo

día defendiendo la posición del ataque de 3000 harqueños. Según el artículo firmado por José

Ortega Munilla el 28 de junio en el periódico ABC, Salafranca pidió antes de morir que le

concedieran la Laureada a su madre.

Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Annual el 10 de junio de 1921. Había sido

rescatado junto con el del cabo artillero Daniel Zárate, tras el pago de 4000 pesetas que

fueron recolectadas entre los oficiales. En la actualidad se desconoce dónde están enterrados

sus restos.

El 1 de mayo de 1924 le fue concedida a título póstumo la Cruz Laureada de San

Fernando, la mayor condecoración militar española.

Foto de Juan Salafranca Barrio / www.wikipedia.org.

 

Rivalidad con Franco

 

Francisco Franco Bahamonde, quien después de la Guerra Civil gobernará España como dictador militar hasta su muerte (1975) fue compañero de Juan Salafranca en la promoción (XIV) de la Academia de Infantería.

Ambos, siendo tenientes, coincidieron en Tetuán y fueron condecorados con la Cruz de

1.ª clase del mérito militar en octubre de 1913. En 1916 volvieron a coincidir en el mismo tabor de Regulares, pero Franco era ya capitán mientras que Salafranca seguía siendo teniente. Los dos participaron el 29 de junio de 1916 en el combate de la Loma de las Trincheras, resultando heridos. Franco fue distinguido con la Cruz de María Cristina, mientras que Salafranca fue ascendido a capitán y propuesto para recibir la Laureada, al haber seguido al mando de las tropas hasta el fin de la acción, pese a estar herido.

Franco elevó instancia al rey, asegurando que el mando de mayor graduación que mandó

las tropas en la acción de la Loma de las Trincheras fue él, como capitán y pese a estar herido, y no el teniente Salafranca. Alfonso XIII ordenó que a Franco se le cambiara la condecoración por su ascenso a comandante, lo que se produjo el 28 de febrero de 1917, y

que se le propusiera para la Laureada. Franco consiguió también que su juicio contradictorio

para la concesión de la Laureada se celebrara antes que el de Salafranca.

El 29 de marzo de 1918 se falló el juicio contradictorio negándose la Laureada a Franco.

Un soldado de la compañía que había capitaneado Franco en el combate de La Loma de las

Trincheras, Mohamed Ducally, que había sido quien le socorrió al ser herido, declaró que el

capitán Franco había sido el primero en caer, que le evacuó inmediatamente y que sufrió un

colapso y quedó inconsciente cuando le recogió, por lo que no pudo continuar al mando de

las fuerzas.

En carta fechada el 15 de marzo de 1919, Alfonso XIII comunicó a Salafranca que se

desestimaba la celebración del juicio contradictorio para que recibiera la Laureada, ya que

Franco se negaba a testificar favorablemente. Al ser el oficial superviviente de más

graduación en aquel combate, era imprescindible que Franco reconociese que no había

podido ejercer el mando tras ser herido, por lo que fue el teniente Salafranca quien lo hizo,

pero aquel se negó a realizar tal declaración.

Salafranca recibió la Laureada en 1921 a título póstumo. Franco se concedió a sí mismo

la Laureada en mayo de 1939, recién terminada la Guerra Civil.

 

Diego Flomesta Moya

 

Nació en Bullas (Murcia) el 4 de agosto de 1890.

El 1 de septiembre de 1911 ingresó en la Academia de Artillería en Segovia, siendo

promovido al empleo de 2.º teniente el 23 de junio de 1916.

Ya como teniente, el 5 de septiembre de 1918 fue destinado al 2.º batallón de Artillería de

Posición con guarnición en Mérida; y en noviembre del mismo año al 6.º batallón de

Artillería de Posición en Murcia.

Fue destinado el 29 de octubre de 1919 a la Comandancia de Artillería en Melilla, con

mando en Huch-Arbaa y luego en Reyem, regresando a Melilla el 13 de marzo de 1920.

El 5 de mayo de 1920 fue nombrado teniente jefe de la sección de automóviles de la

Comandancia de Artillería en las plazas de Zoco el Telatza y Tamasusin, interviniendo

posteriormente en varias operaciones militares de ocupación: Arrayen, Lao, Chaif y Tamarsit.

Pasó el mes de julio en Melilla y en agosto fue enviado al destacamento de Draa 1, donde

permaneció hasta el 14 de diciembre, que fue destinado a Bu-Hermana, pero solo durante

diez días, ya que el día 24 fue destinado al regimiento mixto en Melilla.

El 28 de enero de 1921 fue adscrito a la 1.ª batería de Montaña, con la que fue destacado

al mes siguiente a Annual.

Participó el 1 de junio de 1921 en la ocupación del monte Abarrán, quedando de

guarnición en dicha posición, a cargo de los cuatro cañones de su batería, ya que su superior,

el capitán Francisco Rubio Usera, estaba de permiso en Melilla. Al ser atacada la posición por

los harqueños y morir el capitán Salafranca, quedó al mando por ser el único oficial

superviviente. Ordenó la inutilización de los cañones tras quedarse sin munición, pero solo

pudieron hacerlo con tres de ellos. No pudo abandonar la posición porque fue gravemente

herido.

Por real orden del 28 de junio de 1923 le fue concedida, a título póstumo, la Cruz

Laureada de San Fernando.

El 30 de marzo de 1924 se le homenajeó colocando una placa conmemorativa en el

cuartel de Artillería de Murcia y otra en la Academia de Artillería de Segovia, el 2 de junio

del mismo año. Dos meses después, el 12 de agosto, se le concedió a su padre (capitán

retirado de la Guardia Civil) una pensión anual de 1500 pesetas.

Después de instruido el correspondiente juicio contradictorio, Alfonso XIII le concedió el

empleo de capitán, con antigüedad de 24 de julio de 1921.

Hay calles con su nombre en Bullas, Murcia, Barcelona y Mérida.

Foto de Diego Flomesta Moya / www.wikimedia.org

 

 

¿Cuándo murió?

 

En un primer momento, al teniente Flomesta se le dio por muerto defendiendo la posición de Abarrán el 1 de junio de 1921, aunque oficialmente, al no haber sido recuperado su cadáver, se le dio por desaparecido. Los supervivientes afirmaron haberle visto moribundo defendiendo la batería. De las dos heridas que había recibido, la de la cabeza era mortal por

necesidad, según declararon los testigos. El sargento Verano, con quien pretendió evacuar la

posición, lo vio por última vez enredado en las alambradas.

Dos esquelas fueron publicadas en la prensa murciana el 10 de junio por los familiares y

compañeros de Flomesta, anunciando actos religiosos en sufragio de su alma: «(…) murió

gloriosamente en África, víctima del cumplimiento de su deber, el 1.º de junio de 1921 (…)».

En la real orden de 28 de junio de 1923 por la que se le otorgó la Laureada, se decía que

había muerto en Abarrán: «Después de agotadas las municiones de las piezas que mandaba,

sosteniendo la defensa del frente atacado con preferencia por el enemigo que llegó a las

alambradas, y a pesar de estar herido, y sin consentir en ser curado, organizó la de los demás

frentes, por haber sido muertos o heridos de gravedad todos los demás oficiales que

guarnecían dicha posición, armando a los artilleros que quedaban útiles e imponiéndose a los

indígenas que se resistían a cooperar, inutilizó por sí una pieza y ordenó se inutilizaran las

demás cuando el enemigo se disponía a asaltar la posición, permaneciendo en su puesto de

inminente peligro que su honor militar le señalaba, haciendo personalmente fuego de fusil

hasta que, invadida la repetida posición por el enemigo, fue de nuevo herido, muriendo

gloriosamente».

La idea de que el teniente Diego Flomesta pudo no haber muerto en Abarrán, sino que fue

hecho prisionero y murió posteriormente, surgió al conocerse una carta escrita por el teniente

Ernesto Nougués Barrera, muerto en Annual. La carta, fechada el 12 de julio de 1921, decía:

«El teniente de artillería que estaba en la posición que se comieron [Abarrán], ha muerto en el

cautiverio hace pocos días. El pobre ha debido pasar ratos horribles; fue el único oficial que

cogieron vivo y como era de artillería, intentaron curarle las dos heridas que tenía y utilizarle

después para instruirles en el manejo de las piezas; él, que vio el horroroso porvenir que se le

presentaba, se negó a tomar alimentos y ha muerto de hambre. Un verdadero héroe al que

nadie conoce y del que nadie hablará».

Aunque no mencionaba su nombre, se dedujo que el teniente de artillería al que se refería

Nougués en su carta era Flomesta.

No hay otros testigos del apresamiento de Flomesta. Ningún prisionero declaró haberle

visto en cautividad. Tampoco se sabe cómo obtuvo Nougués aquella información. No

obstante, se dio por buena oficialmente esta versión, convirtiendo a Flomesta en un héroe con

un final aún más glorioso: cautivo y herido, se negó a colaborar instruyendo al enemigo en el

uso del cañón no inutilizado que habían capturado en Abarrán, por lo que se le privó de

comida y asistencia médica (o así lo prefirió él voluntariamente, según otra versión), hasta

que falleció el 30 de junio.

Por real decreto de 14 de septiembre de 1922, se le dio de baja en el Ejército con fecha 30

de junio de 1921.