El desastre de Annual

Gerardo Muñoz Lorente · Capítulo 32 de 115

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El desastre de Annual

—X— Pérdida de Annual

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Pérdida de Annual

 

El denominado desastre de Annual comenzó el 21 de julio de 1921 tras la

caída de la posición española de Igueriben. Todo se precipitó a partir de

entonces. La retirada desordenada de las tropas de las posiciones más

avanzadas produjo el derrumbamiento de todo el frente.

Los más de 3000 rifeños rebeldes que habían asaltado Igueriben se

acercaban al campamento de Annual, dispuestos a aprovechar la confusión y

el desánimo que invadía los ánimos de los militares españoles.

Como en Annual solo quedaban víveres para cinco días y municiones para

cuatro, el comandante general de Melilla, Manuel Fernández Silvestre, creyó

oportuno retirarse. Debía replegar sus tropas, concentradas casi por completo

en Annual, para salvaguardar Melilla, que había quedado prácticamente

desprotegida. En consecuencia, el general Silvestre remitió un telegrama al

alto comisario Dámaso Berenguer, informándole de que «procede

determinaciones urgentísimas que tomaré aceptando toda responsabilidad,

teniendo en principio idea de retirarme a la línea Ben Tieb-Beni Saíd,

recogiendo antes posiciones que me sea posible, en donde esperaré los

refuerzos que VE me envíe, siendo puerto desembarco Melilla».

Pero, en la noche del 21 al 22 de julio, Silvestre dudó sobre qué debía

hacerse durante una reunión a la que había convocado a sus mandos

principales, en la que el coronel Gabriel Morales, director de la Oficina

Indígena, además de advertir que habían caído muchos regulares y expresar

su temor de que mucha tropa nativa pudiera desertar y pasarse al enemigo,

expuso su opinión de que ya era demasiado tarde para emprender la retirada.

Le secundó el coronel Manella Corrales, jefe de Annual, quien recordó que

los soldados españoles con que contaban eran pocos y carecían de experiencia

en combate.

Mientras se celebraba aquella reunión, llegaron noticias a Annual de que

las posiciones cercanas de Talilit y Buimeyán estaban siendo asediadas por

los harqueños, por lo que pedían refuerzos; y, por otra parte, un emisario del

comandante Villar Alvarado avisó de que cinco columnas enemigas se

aproximaban a Annual. Silvestre determinó entonces que había que abandonar Annual. También ordenó que se enviaran instrucciones a Talilit y

Buimeyán para que, después de inutilizar sus baterías y municiones,

evacuaran las respectivas guarniciones hacia Sidi Dris (la de Buimeyán) y

Annual (la de Talilit). Se corría el riesgo de que, si caía Talilit, Annual

quedara prácticamente rodeada por el enemigo. Pero aquellas instrucciones no

se enviaron desde la estación radiotelegráfica de Annual hasta la mañana

siguiente.

Ante la insistencia de los coroneles Morales y Manella, Silvestre volvió a

dudar durante aquella madrugada, valorando como más prudente quedarse en

Annual y resistir hasta la llegada de los refuerzos pedidos al alto comisario,

pero al final se ratificó en su decisión de retirarse, si bien ordenó que se

mantuviese dicha decisión en secreto hasta el momento de partir, por temor a

que cundiese el desánimo e incluso el pánico, provocando deserciones en

masa. Pocos fueron sin embargo los que mantuvieron el secreto antes del

amanecer.

El paqueo contra Annual era muy intenso al amanecer. Solo funcionaban

un par de cañones de la batería española y muy pocas ametralladoras seguían

útiles. La línea telefónica estaba cortada. Silvestre ordenó a su ayudante, el

comandante Tulio López Ruíz, y a su hijo, el alférez de caballería Manuel

Fernández Duarte (al que su padre llamaba cariñosamente Bolote), que

marcharan en su automóvil a Melilla, a donde llegaron sin contratiempo.

A las 10:30 de la mañana, Silvestre pudo enviar otro telegrama urgente al

general Berenguer para informarle de que, «después de consejo jefes, y ante

numeroso enemigo, que viene en columnas, aumentando por momentos, y no

contando más que con cien cartuchos por individuo, ordeno retirada sobre

Izummar y Ben Tieb, haciendo todo lo posible por llegar a este punto».

Según órdenes de Silvestre, la retirada de Annual a Ben Tieb debía

hacerse con el convoy de heridos en la vanguardia de la columna, seguido de

la artillería de montaña y las unidades de ametralladoras. Por su parte, la

Policía Indígena debía cubrir el lado izquierdo de la carretera, enfrentándose

por tanto al enemigo, los Regulares tenían que desplegarse en el flanco

derecho y el regimiento de San Fernando cubrir la retaguardia, junto con una

compañía del regimiento de Ceriñola. El material e impedimenta que no

pudiera ser trasladado debía ser inutilizado o quemado.

Pero la retirada no se produjo con el orden deseado porque, tal como

temían los coroneles Morales y Manella, ya era demasiado tarde. Los

harqueños habían establecido un cerco alrededor de Annual y pronto

recibirían el refuerzo de cinco columnas que avanzaban desde los montes próximos. Unos 12 000 harqueños asediaron el campamento español en el que