El desastre de Annual

Gerardo Muñoz Lorente · Capítulo 78 de 115

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El desastre de Annual

—XX— Pérdida de Monte Arruit

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Pérdida de Monte Arruit

 

Cuando el día 2 de agosto el capitán Julián Triana ordenó disparar contra los

rifeños que se aproximaban a Monte Arruit portando banderas blancas,

porque detrás de este grupo avanzaban muchos harqueños armados, matando

a 54 de ellos, se selló el terrible final para los defensores españoles de esta

posición.

Las negociaciones que mantuvo por aquellos días el alto comisario

Berenguer con Abd-el-Krim a través de intermediarios tenían como objetivo

conseguir que la rendición de Monte Arruit se hiciera con garantías para las

vidas de todos los españoles que allí había aislados, pero el resultado de las

gestiones que hicieron Idris ben Said y Bu Lahía en representación del

caudillo rifeño con Abd-el-Kader, Ben Chellal y otros jefes del harca que

cercaba la posición española no está claro. Según la mayoría de las fuentes, se

acordó que los jefes de cabila y los soldados rifeños que habían desertado

protegerían a los españoles de las iras populares (de la chusma, como la

llamaba el general Navarro), después de la rendición. Pero otras fuentes

aseguran que los cadíes eran conscientes de que el rencor y el ansia de

venganza que sentía la inmensa mayoría de los cabileños era tan irrefrenable

que solo se comprometieron a respetar las vidas del general Navarro y de sus

principales ayudantes, por las que se pediría un rescate. El harca que asediaba

Monte Arruit estaba compuesta mayoritariamente por hombres de las cuatro

cabilas de Guelaya, pero principalmente de Beni Bu Ifrur, mandada por Ben

Chellal, que fue la instigadora del levantamiento de las otras tres. Entre los

5000 harqueños que rodeaban Monte Arruit, los urriaglíes eran minoritarios.

Pero nada de esto era conocido por los españoles aquel lunes 9 de agosto

de 1921, día en el que por fin el general Navarro aceptó capitular. Aquella

mañana se recibió en Monte Arruit una nota escrita por el comandante Villar,

en la que anunciaba que un grupo de jefes rifeños se acercaría a la Puerta del

Arco para negociar. Estos llegaron a las 12:30 horas y Navarro pidió a Sainz

Gutiérrez que saliera a recibirlos.

La comisión rifeña estaba compuesta por siete hombres: Ben Chellal,

Abd-el-Kader, Sidi el Hassan, Burrahail y Abidalal, en representación de las cabilas que formaban el harca, y Bu Lahía y Muley Alí como representantes

de Abd-el-Krim. Se negaron a entrar en la posición, por lo que Navarro hubo

de salir a su encuentro apoyándose en un bastón. Allí, en la puerta de Monte

Arruit, se le entregó una última nota del comandante Villar: «Ahí van los

jefes, presididos por Ben Chellal; van bien dispuestos; puede V. E. fiarse de

ellos. En Nador se ha pregonado el respeto a los cristianos. No puedo ir, por

estar atacado de un fuerte dolor de cabeza».

Empezaron los preparativos de la evacuación con la entrega de armas y

municiones en presencia de 4 rifeños. El botín ascendía a 1961 fusiles, 11 000

cartuchos, 4 ametralladoras inutilizadas y 83 caballos y mulos. Después, la

columna, formada por 1675 personas, formó para salir de Monte Arruit y ser

escoltada por los harqueños hasta el Atalayón, en la Mar Chica.

Según lo ordenado por el general Navarro, los primeros en salir debían ser

él y sus ayudantes. A continuación, los heridos, acompañados por los

miembros de los regimientos de San Fernando y Ceriñola, y por último los del

regimiento Alcántara. Una vez fuera, mientras esperaba sentado a pleno sol

junto con varios oficiales heridos, Navarro fue invitado por un jefe rifeño a

que marchara hasta una casa próxima, donde había sombra. Casi de

inmediato, sin que los últimos españoles hubieran terminado de salir, unos

3000 rifeños atacaron a quienes había tanto dentro como fuera del fuerte

gritando y armados con fusiles y gumías. Se produjo una masacre en la que

perdieron la vida la mayoría de los españoles. Los heridos fueron rematados

por rifeñas que golpearon sus cráneos con piedras. Muchos españoles huyeron

corriendo, pero casi todos fueron atrapados por los jinetes rifeños, que los

mataron con saña. Pocos fueron los que salvaron la vida. Uno de ellos fue el

soldado José Rodríguez Pérez, que se escondió en un montón de cebada,

desde donde vio cómo eran quemados muchos de sus compañeros.

Mientras esto ocurría, Navarro y una docena de jefes y oficiales fueron

llevados prisioneros a un almacén de la estación, donde Ben Chellal discutió

larga y acaloradamente con otros dos jefes rifeños, mientras decenas de

harqueños aullaban fuera del almacén exigiendo que les entregaran a los

españoles allí refugiados. El intérprete Alcaide le tradujo a Navarro parte de

la discusión: Ben Chellal les había salvado la vida porque se negó a que

fueran ejecutados. Una vez que los ánimos se calmaron alrededor del

almacén, los prisioneros fueron llevados a casa de Ben Chellal, ubicada entre

Monte Arruit y Zeluán.

Los pocos españoles que sobrevivieron a la masacre de Monte Arruit y

que no fueron hechos prisioneros, lograron llegar a Melilla tras superar peripecias sin fin, según relataron en conversaciones informales y en