El desastre de Annual
—XX— Pérdida de Monte Arruit
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Pérdida de Monte Arruit
Cuando el día 2 de agosto el capitán Julián Triana ordenó disparar contra los
rifeños que se aproximaban a Monte Arruit portando banderas blancas,
porque detrás de este grupo avanzaban muchos harqueños armados, matando
a 54 de ellos, se selló el terrible final para los defensores españoles de esta
posición.
Las negociaciones que mantuvo por aquellos días el alto comisario
Berenguer con Abd-el-Krim a través de intermediarios tenían como objetivo
conseguir que la rendición de Monte Arruit se hiciera con garantías para las
vidas de todos los españoles que allí había aislados, pero el resultado de las
gestiones que hicieron Idris ben Said y Bu Lahía en representación del
caudillo rifeño con Abd-el-Kader, Ben Chellal y otros jefes del harca que
cercaba la posición española no está claro. Según la mayoría de las fuentes, se
acordó que los jefes de cabila y los soldados rifeños que habían desertado
protegerían a los españoles de las iras populares (de la chusma, como la
llamaba el general Navarro), después de la rendición. Pero otras fuentes
aseguran que los cadíes eran conscientes de que el rencor y el ansia de
venganza que sentía la inmensa mayoría de los cabileños era tan irrefrenable
que solo se comprometieron a respetar las vidas del general Navarro y de sus
principales ayudantes, por las que se pediría un rescate. El harca que asediaba
Monte Arruit estaba compuesta mayoritariamente por hombres de las cuatro
cabilas de Guelaya, pero principalmente de Beni Bu Ifrur, mandada por Ben
Chellal, que fue la instigadora del levantamiento de las otras tres. Entre los
5000 harqueños que rodeaban Monte Arruit, los urriaglíes eran minoritarios.
Pero nada de esto era conocido por los españoles aquel lunes 9 de agosto
de 1921, día en el que por fin el general Navarro aceptó capitular. Aquella
mañana se recibió en Monte Arruit una nota escrita por el comandante Villar,
en la que anunciaba que un grupo de jefes rifeños se acercaría a la Puerta del
Arco para negociar. Estos llegaron a las 12:30 horas y Navarro pidió a Sainz
Gutiérrez que saliera a recibirlos.
La comisión rifeña estaba compuesta por siete hombres: Ben Chellal,
Abd-el-Kader, Sidi el Hassan, Burrahail y Abidalal, en representación de las cabilas que formaban el harca, y Bu Lahía y Muley Alí como representantes
de Abd-el-Krim. Se negaron a entrar en la posición, por lo que Navarro hubo
de salir a su encuentro apoyándose en un bastón. Allí, en la puerta de Monte
Arruit, se le entregó una última nota del comandante Villar: «Ahí van los
jefes, presididos por Ben Chellal; van bien dispuestos; puede V. E. fiarse de
ellos. En Nador se ha pregonado el respeto a los cristianos. No puedo ir, por
estar atacado de un fuerte dolor de cabeza».
Empezaron los preparativos de la evacuación con la entrega de armas y
municiones en presencia de 4 rifeños. El botín ascendía a 1961 fusiles, 11 000
cartuchos, 4 ametralladoras inutilizadas y 83 caballos y mulos. Después, la
columna, formada por 1675 personas, formó para salir de Monte Arruit y ser
escoltada por los harqueños hasta el Atalayón, en la Mar Chica.
Según lo ordenado por el general Navarro, los primeros en salir debían ser
él y sus ayudantes. A continuación, los heridos, acompañados por los
miembros de los regimientos de San Fernando y Ceriñola, y por último los del
regimiento Alcántara. Una vez fuera, mientras esperaba sentado a pleno sol
junto con varios oficiales heridos, Navarro fue invitado por un jefe rifeño a
que marchara hasta una casa próxima, donde había sombra. Casi de
inmediato, sin que los últimos españoles hubieran terminado de salir, unos
3000 rifeños atacaron a quienes había tanto dentro como fuera del fuerte
gritando y armados con fusiles y gumías. Se produjo una masacre en la que
perdieron la vida la mayoría de los españoles. Los heridos fueron rematados
por rifeñas que golpearon sus cráneos con piedras. Muchos españoles huyeron
corriendo, pero casi todos fueron atrapados por los jinetes rifeños, que los
mataron con saña. Pocos fueron los que salvaron la vida. Uno de ellos fue el
soldado José Rodríguez Pérez, que se escondió en un montón de cebada,
desde donde vio cómo eran quemados muchos de sus compañeros.
Mientras esto ocurría, Navarro y una docena de jefes y oficiales fueron
llevados prisioneros a un almacén de la estación, donde Ben Chellal discutió
larga y acaloradamente con otros dos jefes rifeños, mientras decenas de
harqueños aullaban fuera del almacén exigiendo que les entregaran a los
españoles allí refugiados. El intérprete Alcaide le tradujo a Navarro parte de
la discusión: Ben Chellal les había salvado la vida porque se negó a que
fueran ejecutados. Una vez que los ánimos se calmaron alrededor del
almacén, los prisioneros fueron llevados a casa de Ben Chellal, ubicada entre
Monte Arruit y Zeluán.
Los pocos españoles que sobrevivieron a la masacre de Monte Arruit y
que no fueron hechos prisioneros, lograron llegar a Melilla tras superar peripecias sin fin, según relataron en conversaciones informales y en