El desastre de Annual
En Monte Arruit
quitarle las alpargatas. Cuando se alejaron los rifeños, huyó hacia Nador y
luego a Melilla. En los días siguientes el juzgado melillense tomó declaración
a otros aguadores de Monte Arruit y a varios supervivientes de Zeluán.
Este 4 de agosto el general Berenguer se hallaba a bordo del Giralda. A
primera hora de la tarde le llegó un mensaje desde el Atalayón, en el que se
decía que el general Navarro había enviado desde el heliógrafo de Monte
Arruit una señal preguntando si se le iba a mandar una columna de socorro.
Berenguer estaba realizando gestiones para conseguir que Monte Arruit se
rindiera en condiciones favorables, a través de un amigo de Mohamed ben
Abd-el-Krim, al que se referían como Jatabi. Esa misma mañana, Berenguer
había recibido un telegrama cifrado del comandante militar de Alhucemas, en
el que le informaba de que «escribe Idris desde el campo manifestando que,
ayudado por Jatabbi, piensa llegar inmediaciones Arruit objeto ayudar
repliegue columna general Navarro a Melilla; operación que cree hacer con
éxito si columna Sanjurjo no prosigue avance durante esta negociación. Me
dice irá de día y con bandera blanca, y me encarga diga a V. E. por si tiene
medio de avisar. Ha visto a los prisioneros, dando buenas impresiones de su
estado».
A las 15:55 del mismo día 4, Berenguer envió un mensaje a Navarro, que
no le llegó hasta el anochecer: «Ante la imposibilidad de enviar a V. E.
columna de socorro con toda la premura que desearía, he gestionado del
Jatabi envíe allí emisarios, con los que va nuestro amigo Idris ben Said, a
quien V. E. conoce, para que faciliten evacuación de la columna. Con Idris irá
de guía con bandera blanca. Le participo haber ocupado por nosotros La
Restinga, adonde podrá dirigirse de acuerdo con emisarios, teniendo en
cuenta que Zeluán y Nador están en poder del enemigo».
Como las negociaciones del general Navarro con los emisarios rifeños no
daban los resultados esperados, un grupo de jefes se entrevistaron con
Berenguer el día 6, para proponerle una incursión con tropas de caballería
desde Mar Chica hasta Monte Arruit, para liberar a las tropas allí sitiadas.
Pero la operación no fue autorizada, después de una agria discusión entre el
coronel Riquelme, favorable a esta acción, y el general Sanjurjo, partidario
como el alto comisario de no enviar una columna de rescate a Monte Arruit,
ante el riesgo de debilitar la defensa de Melilla[188].
En Monte Arruit
4 de agosto
Al amanecer, el heliógrafo de La Restinga respondió a las señales del de
Monte Arruit, avisando: «Estamos aquí; vamos a por vosotros». El júbilo hizo
que muchos de los defensores de Monte Arruit se abrazaran emocionados.
Pero el día continuó como el anterior: el cañoneo enemigo siguió
causando bajas entre hombres y animales. Los primeros fueron enterrados en
la Plazoleta de la Muerte, mientras que las acémilas sirvieron de comida. El
número de bajas se incrementó cuando el convoy salió a hacer la aguada.
Uno de los heridos fue el alférez alicantino José Díaz Sanchis, de la
compañía de ametralladoras del primer batallón del regimiento África. En la
enfermería solo pudieron lavarle la herida en el muslo. Apoyado en un
garrote, volvió al parapeto con sus hombres.
Anochecía cuando el general Navarro recibió el mensaje del alto
comisario Berenguer en el que le confirmaba que no podía enviar una
columna de socorro, por lo que había negociado con Abd-el-Krim la
rendición de Monte Arruit, a través de Idris ben Said, quien iría a la posición
con bandera blanca para hablar con él. Navarro ordenó a sus ayudantes que se
impidiera la propagación de esta novedad entre la oficialidad y la tropa[189].
5 de agosto
En la madrugada y la mañana del 5 de agosto no hubo cañoneo contra Monte
Arruit. Era viernes, día sagrado de los musulmanes.
Pero fue un día especialmente caluroso, lo que propició que se
intensificara el hedor producido por los cadáveres que se acumulaban más allá
del parapeto. Algunos de ellos eran de soldados que no habían podido ser
rescatados. También el calor avivó la sed de los defensores de Monte Arruit,
que se reunieron alrededor de las carricubas, discutiendo y empujándose por
un corto trago de agua. Para evitar más bajas, Navarro decidió que ese día no
se hiciera la aguada. A pesar de ello, al día siguiente apareció en la prensa de
la Península una noticia oficial en la que se daba cuenta:
De un hecho heroico llevado a cabo por las fuerzas que manda el general Navarro en la
posición de Monte Arruit.
No obstante el gran número de cabileños que cercan dicha posición, el barón de
Casa Davalillos dispuso una salida con todas las tropas útiles para el combate.
El enemigo abrió un nutrido fuego sobre la columna y envalentonados por su
superioridad numérica muy pronto llegaron a corta distancia de los españoles.
Vista la actitud de los de la jarca, el general Navarro dispuso se formase el
cuadro y al llegar las masas de asaltantes, fueron barridas por el certero fuego de los nuestros.
Como no cejara el enemigo a pesar de las horrorosas pérdidas que sufría, el
heroico general ordenó el repliegue a la posición, lo que se consiguió sin grandes bajas.
Parece ser que los moros creyeron que nuestras fuerzas iban a rendirse, al verlas
en formación para ellos desconocida, y esto les hizo acercarse confiados hasta muy corta distancia desde donde se le hizo un fuego muy certero (…).
Lejos de poner en riesgo las vidas de más hombres, Navarro había
decidido acatar la orden de su superior y rendir la posición, pero exigiendo
garantías de que se respetaría la retirada pacífica de su columna hasta La
Restinga.
Aprovechando la pasividad de los rifeños, aquella mañana del viernes 5
de agosto el capellán José María Campoy, del regimiento Alcántara, ofició en
el patio una misa de campaña a la que asistieron muchos de los defensores de
Monte Arruit [190].
6 de agosto
Se escribió «¡socorro!» con polvo de cal en el techo de la casa de intendencia
para los aviadores, pero los pilotos que sobrevolaron la posición no hicieron
señal alguna, iban muy alto para evitar el tiroteo harqueño.
Esa mañana del sábado 6 de agosto murió el teniente coronel Primo de
Rivera, consumido por la gangrena. Había sido cuidado durante su larga
agonía por el capitán médico Peña y las cantineras Juana Martínez y María
Gómez. Le sepultaron en una fosa de unos 60 centímetros de profundidad que
cavaron en el patio de intendencia. A la ceremonia oficiada por Campoy
asistieron muchos defensores de Monte Arruit, encabezados por el general
Navarro.
Un emisario rifeño que entró en la posición con bandera blanca para
ofrecer garantías si había rendición, fue despedido con recelo por Navarro
porque, en su opinión, solo Idris ben Said podría brindarle verdaderas
garantías. El cañón, que llevaba inactivo desde el jueves por la tarde, volvió a
bombardear la posición veinte minutos después de que se marchara el
emisario.
Horas más tarde el cañón volvió a callar y se presentó un grupo de rifeños
con banderas blancas delante de la Puerta del Arco. Navarro mandó al teniente Nicolás Suárez Cantón que saliera a parlamentar, pero aún no había
franqueado el parapeto de la puerta cuando recibió un disparo que le causó la
muerte[191].
7 de agosto
La casa que aseguraba la aguada de Monte Arruit también era bombardeada
por el cañón de los rifeños, causando bajas entre los miembros de la sección
allí destacada.
A las víctimas del cañoneo se añadieron el domingo 7 de agosto las que
cayeron por el fuego de fusil enemigo. Grupos muy numerosos de harqueños
se acercaron lo suficiente al parapeto como para poder arrojar dentro del
recinto granadas de mano y piedras lanzadas con hondas.
De madrugada dos aviones acertaron al dejar caer dentro del fuerte varios
sacos terreros con suministros.
A las 7:30 horas uno de los proyectiles de artillería cayó en los
barracones. Entre las 35 bajas estaba el general Navarro, herido en un muslo.
Iba acompañado por dos de sus ayudantes y el cornetín que transmitía sus
órdenes. Este resultó muerto, mientras que Sánchez Monje sufrió la sección
parcial de una pierna y Sainz Gutiérrez tuvo heridas menos graves en la
cabeza, mano izquierda y tobillo derecho. Gracias al cloroformo que había
caído un rato antes del cielo, Enrique Sánchez Monje pudo ser anestesiado
antes de que los médicos le amputaran la pierna, pasando luego a ocupar la
cama en la que había estado el teniente coronel Primo de Rivera.
Después de ser curado, Navarro fue apoyándose en un bastón a los
hornos, donde otros heridos estaban siendo atendidos por el personal
sanitario.
Por la tarde los proyectiles del cañón volvieron a caer dentro del fuerte.
Varios lo hicieron en las proximidades de la enfermería. En total, 98 fueron
los disparos de artillería que cayeron en Monte Arruit este domingo 7 de
agosto. Ya no había sitio donde enterrar a los cadáveres; la plazoleta de la
Muerte estaba llena. Además de los que murieron directamente por fuego
enemigo estaban los que eran víctimas de la falta de medicamentos y material
sanitario. Casi 200 hombres murieron durante el asedio de Monte Arruit por
culpa de las infecciones[192].
8 de agosto El general Navarro comunicó al alto comisario Berenguer mediante