El desastre de Annual

Gerardo Muñoz Lorente · Capítulo 76 de 115

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El desastre de Annual

En Monte Arruit

quitarle las alpargatas. Cuando se alejaron los rifeños, huyó hacia Nador y

luego a Melilla. En los días siguientes el juzgado melillense tomó declaración

a otros aguadores de Monte Arruit y a varios supervivientes de Zeluán.

Este 4 de agosto el general Berenguer se hallaba a bordo del Giralda. A

primera hora de la tarde le llegó un mensaje desde el Atalayón, en el que se

decía que el general Navarro había enviado desde el heliógrafo de Monte

Arruit una señal preguntando si se le iba a mandar una columna de socorro.

Berenguer estaba realizando gestiones para conseguir que Monte Arruit se

rindiera en condiciones favorables, a través de un amigo de Mohamed ben

Abd-el-Krim, al que se referían como Jatabi. Esa misma mañana, Berenguer

había recibido un telegrama cifrado del comandante militar de Alhucemas, en

el que le informaba de que «escribe Idris desde el campo manifestando que,

ayudado por Jatabbi, piensa llegar inmediaciones Arruit objeto ayudar

repliegue columna general Navarro a Melilla; operación que cree hacer con

éxito si columna Sanjurjo no prosigue avance durante esta negociación. Me

dice irá de día y con bandera blanca, y me encarga diga a V. E. por si tiene

medio de avisar. Ha visto a los prisioneros, dando buenas impresiones de su

estado».

A las 15:55 del mismo día 4, Berenguer envió un mensaje a Navarro, que

no le llegó hasta el anochecer: «Ante la imposibilidad de enviar a V. E.

columna de socorro con toda la premura que desearía, he gestionado del

Jatabi envíe allí emisarios, con los que va nuestro amigo Idris ben Said, a

quien V. E. conoce, para que faciliten evacuación de la columna. Con Idris irá

de guía con bandera blanca. Le participo haber ocupado por nosotros La

Restinga, adonde podrá dirigirse de acuerdo con emisarios, teniendo en

cuenta que Zeluán y Nador están en poder del enemigo».

Como las negociaciones del general Navarro con los emisarios rifeños no

daban los resultados esperados, un grupo de jefes se entrevistaron con

Berenguer el día 6, para proponerle una incursión con tropas de caballería

desde Mar Chica hasta Monte Arruit, para liberar a las tropas allí sitiadas.

Pero la operación no fue autorizada, después de una agria discusión entre el

coronel Riquelme, favorable a esta acción, y el general Sanjurjo, partidario

como el alto comisario de no enviar una columna de rescate a Monte Arruit,

ante el riesgo de debilitar la defensa de Melilla[188].

 

En Monte Arruit

4 de agosto

 

Al amanecer, el heliógrafo de La Restinga respondió a las señales del de

Monte Arruit, avisando: «Estamos aquí; vamos a por vosotros». El júbilo hizo

que muchos de los defensores de Monte Arruit se abrazaran emocionados.

Pero el día continuó como el anterior: el cañoneo enemigo siguió

causando bajas entre hombres y animales. Los primeros fueron enterrados en

la Plazoleta de la Muerte, mientras que las acémilas sirvieron de comida. El

número de bajas se incrementó cuando el convoy salió a hacer la aguada.

Uno de los heridos fue el alférez alicantino José Díaz Sanchis, de la

compañía de ametralladoras del primer batallón del regimiento África. En la

enfermería solo pudieron lavarle la herida en el muslo. Apoyado en un

garrote, volvió al parapeto con sus hombres.

Anochecía cuando el general Navarro recibió el mensaje del alto

comisario Berenguer en el que le confirmaba que no podía enviar una

columna de socorro, por lo que había negociado con Abd-el-Krim la

rendición de Monte Arruit, a través de Idris ben Said, quien iría a la posición

con bandera blanca para hablar con él. Navarro ordenó a sus ayudantes que se

impidiera la propagación de esta novedad entre la oficialidad y la tropa[189].

 

5 de agosto

 

En la madrugada y la mañana del 5 de agosto no hubo cañoneo contra Monte

Arruit. Era viernes, día sagrado de los musulmanes.

Pero fue un día especialmente caluroso, lo que propició que se

intensificara el hedor producido por los cadáveres que se acumulaban más allá

del parapeto. Algunos de ellos eran de soldados que no habían podido ser

rescatados. También el calor avivó la sed de los defensores de Monte Arruit,

que se reunieron alrededor de las carricubas, discutiendo y empujándose por

un corto trago de agua. Para evitar más bajas, Navarro decidió que ese día no

se hiciera la aguada. A pesar de ello, al día siguiente apareció en la prensa de

la Península una noticia oficial en la que se daba cuenta:

 

De un hecho heroico llevado a cabo por las fuerzas que manda el general Navarro en la

posición de Monte Arruit.

 

No obstante el gran número de cabileños que cercan dicha posición, el barón de

Casa Davalillos dispuso una salida con todas las tropas útiles para el combate.

El enemigo abrió un nutrido fuego sobre la columna y envalentonados por su

superioridad numérica muy pronto llegaron a corta distancia de los españoles.

Vista la actitud de los de la jarca, el general Navarro dispuso se formase el

cuadro y al llegar las masas de asaltantes, fueron barridas por el certero fuego de los nuestros.

Como no cejara el enemigo a pesar de las horrorosas pérdidas que sufría, el

heroico general ordenó el repliegue a la posición, lo que se consiguió sin grandes bajas.

Parece ser que los moros creyeron que nuestras fuerzas iban a rendirse, al verlas

en formación para ellos desconocida, y esto les hizo acercarse confiados hasta muy corta distancia desde donde se le hizo un fuego muy certero (…).

 

Lejos de poner en riesgo las vidas de más hombres, Navarro había

decidido acatar la orden de su superior y rendir la posición, pero exigiendo

garantías de que se respetaría la retirada pacífica de su columna hasta La

Restinga.

Aprovechando la pasividad de los rifeños, aquella mañana del viernes 5

de agosto el capellán José María Campoy, del regimiento Alcántara, ofició en

el patio una misa de campaña a la que asistieron muchos de los defensores de

Monte Arruit [190].

 

6 de agosto

 

Se escribió «¡socorro!» con polvo de cal en el techo de la casa de intendencia

para los aviadores, pero los pilotos que sobrevolaron la posición no hicieron

señal alguna, iban muy alto para evitar el tiroteo harqueño.

Esa mañana del sábado 6 de agosto murió el teniente coronel Primo de

Rivera, consumido por la gangrena. Había sido cuidado durante su larga

agonía por el capitán médico Peña y las cantineras Juana Martínez y María

Gómez. Le sepultaron en una fosa de unos 60 centímetros de profundidad que

cavaron en el patio de intendencia. A la ceremonia oficiada por Campoy

asistieron muchos defensores de Monte Arruit, encabezados por el general

Navarro.

Un emisario rifeño que entró en la posición con bandera blanca para

ofrecer garantías si había rendición, fue despedido con recelo por Navarro

porque, en su opinión, solo Idris ben Said podría brindarle verdaderas

garantías. El cañón, que llevaba inactivo desde el jueves por la tarde, volvió a

bombardear la posición veinte minutos después de que se marchara el

emisario.

Horas más tarde el cañón volvió a callar y se presentó un grupo de rifeños

con banderas blancas delante de la Puerta del Arco. Navarro mandó al teniente Nicolás Suárez Cantón que saliera a parlamentar, pero aún no había

franqueado el parapeto de la puerta cuando recibió un disparo que le causó la

muerte[191].

 

7 de agosto

 

La casa que aseguraba la aguada de Monte Arruit también era bombardeada

por el cañón de los rifeños, causando bajas entre los miembros de la sección

allí destacada.

A las víctimas del cañoneo se añadieron el domingo 7 de agosto las que

cayeron por el fuego de fusil enemigo. Grupos muy numerosos de harqueños

se acercaron lo suficiente al parapeto como para poder arrojar dentro del

recinto granadas de mano y piedras lanzadas con hondas.

De madrugada dos aviones acertaron al dejar caer dentro del fuerte varios

sacos terreros con suministros.

A las 7:30 horas uno de los proyectiles de artillería cayó en los

barracones. Entre las 35 bajas estaba el general Navarro, herido en un muslo.

Iba acompañado por dos de sus ayudantes y el cornetín que transmitía sus

órdenes. Este resultó muerto, mientras que Sánchez Monje sufrió la sección

parcial de una pierna y Sainz Gutiérrez tuvo heridas menos graves en la

cabeza, mano izquierda y tobillo derecho. Gracias al cloroformo que había

caído un rato antes del cielo, Enrique Sánchez Monje pudo ser anestesiado

antes de que los médicos le amputaran la pierna, pasando luego a ocupar la

cama en la que había estado el teniente coronel Primo de Rivera.

Después de ser curado, Navarro fue apoyándose en un bastón a los

hornos, donde otros heridos estaban siendo atendidos por el personal

sanitario.

Por la tarde los proyectiles del cañón volvieron a caer dentro del fuerte.

Varios lo hicieron en las proximidades de la enfermería. En total, 98 fueron

los disparos de artillería que cayeron en Monte Arruit este domingo 7 de

agosto. Ya no había sitio donde enterrar a los cadáveres; la plazoleta de la

Muerte estaba llena. Además de los que murieron directamente por fuego

enemigo estaban los que eran víctimas de la falta de medicamentos y material

sanitario. Casi 200 hombres murieron durante el asedio de Monte Arruit por

culpa de las infecciones[192].

 

8 de agosto El general Navarro comunicó al alto comisario Berenguer mediante