El desastre de Annual
—II— 1920: Avances del ejército español
—II—
1920: Avances del ejército español
En 1920, mientras las tropas españolas luchaban contra los cabileños
rebeldes de El Raisuli en la región de Yebala, ocupando la ciudad santa de
Xauen y estableciendo un paso entre las comandancias de Tetuán y de
Larache, el ejército español apenas si hubo de hacer importantes combates
para penetrar en el territorio del Rif, si bien dicho avance fue bastante menos
ambicioso.
Silvestre, nuevo comandante general de Melilla
Procedente de la Comandancia General de Ceuta, el general de división
Manuel Fernández Silvestre fue nombrado el 30 de enero de 1920
comandante general de Melilla. Tomó posesión el 12 de febrero. El segundo
jefe de la Comandancia era el general de brigada Felipe Navarro y Ceballos-
Escalera, barón de Casa Davalillos.
Silvestre, de 48 años, tenía una brillante carrera militar, con varios
ascensos conseguidos por méritos de guerra. El 11 de enero de 1898, en
Potrero de Caridad (en su Cuba natal), en una carga contra insurrectos, recibió
cinco heridas de arma de fuego y once de arma blanca. Según le gustaba
decir, salvó la vida gracias a [23] su buena estrella. Había sido ayudante de
Alfonso XIII, de quien se decía le distinguía con su amistad. Siempre lucía los
cordones dorados de ayudante real, incluso con uniforme de campaña.
La rivalidad de Silvestre con Dámaso Berenguer Fusté era vox populi.
Ambos eran generales de caballería, pero Silvestre era más antiguo, y sin
embargo Berenguer era su superior desde que fuera nombrado alto comisario
del Protectorado un año antes.
La relación de Silvestre con los rifeños
El coronel Riquelme, en su ya mencionada declaración en 1922 recogida en el
Informe Picasso, dijo:
También ha debido influir grandemente en la actitud hostil
adoptada por las cabilas antes del desastre de Annual la perturbación
que se notaba en algunas cabilas por la implantación, desde el mando
del severo comandante Fernández Silvestre, de un sistema
radicalmente opuesto en algunos extremos al que hasta entonces se
venía empleando; muy especialmente en el pago de pensiones a jefes
indígenas de las cabilas sometidas y de las no ocupadas, que fueron
casi totalmente suprimidas, que produjo el descontento de gran
número de los que, desde años antes, venían disfrutando este
beneficio [24].
Tan valiente como colérico, se decía que Silvestre sentía un fuerte
menosprecio por la sociedad rifeña, que trataba a los cadíes o jefes de las
cabilas con suma altanería, humillándolos. Como ejemplo solía recurrirse al
modo como supuestamente trató un día al moro amigo Mohamed Abd-el-
Krim, luego caudillo de los rifeños rebeldes. Ruiz Albéniz lo cuenta así:
Parece ser que Abd-el-Krim se atrevió a decir al general que los
cadíes estaban molestos por el duro trato de que los hacía objeto
Silvestre, y que entonces el general, en uno de sus frecuentes raptos
de soberbia, dijo a Abd-el-Krim las frases más insultantes, y a
empujones le hizo salir de su despacho (…). Algún periódico que
recogió esta versión, no lejana de la verdad, llegó a decir que Silvestre
había golpeado al influyente Abd-el-Krim, quien, al salir de Capitanía
general echando sangre por la boca y narices, pronunció palabras que
encerraban un emplazamiento y una venganza[25].
Sin embargo, este hecho es falso, tal como reconoció varias veces Abd-el-
Krim, una de ellas al periodista Luis de Oteyza en julio de 1922:
—A Silvestre le conocí en Melilla hace muchos años, cuando no era más que
comandante, y fue muy amigo mío [responde Mohamed Abd-el-Krim a una pregunta de
Oteyza].
—Luego no es verdad —insisto secundando el golpe— eso que cuentan de que
tú abandonaste Melilla porque Silvestre te abofeteó.
Pausadamente mueve Abd-el-Krim la cabeza, y con más calma aún que antes
dice:
—Cuando yo me vine de Melilla, no estaba Silvestre. Estaba Aizpuru [26]… Y
tampoco he tenido nunca queja de Aizpuru[27]…
Objetivo Alhucemas
Berenguer y Silvestre coincidían en que el Protectorado no estaría
verdaderamente bajo la dominación española hasta que fuese ocupada
Alhucemas, el centro neurálgico de la resistencia rifeña y de la cabila de los
Beni Urriaguel, la más indómita de todas. Pero mientras Berenguer quería
esperar a que se acabara la ocupación de Yebala y Gomara, para penetrar en
aquella parte tan peligrosa del Rif desde dos frentes, conectando así las
comandancias de Tetuán y Melilla, Silvestre estaba impaciente por avanzar lo
más rápidamente posible desde Melilla, sin esperar a que acabasen las
operaciones occidentales[28].
Confiando en su buena estrella, Silvestre decidió poner en práctica el
avance de su ejército hacia Alhucemas, para lo cual debía en primer lugar
ocupar la cabila de Beni Said, la más importante entre Melilla y el Rif central,
cruzando el río Kert.
El ímpetu conquistador de Silvestre era conocido y temido por los rifeños,
como lo demuestra el hecho de que, antes incluso de su llegada a Melilla,
cuando solo había rumores sobre su nombramiento como comandante
general, un emisario urriaglí pidió ayuda al Gobierno británico.
En efecto, el 29 de enero de 1920, un día antes del nombramiento oficial
de Silvestre, un emisario de la cabila de Beni Urriaguel se presentó en el
consulado británico en Tánger para pedir la protección del Gobierno de Gran
Bretaña. Dijo que su cabila se oponía a la ocupación española y francesa de
Marruecos y, si los ingleses no aceptaban protegerles, se verían obligados a
luchar por su independencia. El cónsul británico dijo que su Gobierno no iba
a intervenir en asuntos del Rif y aconsejaba a los urriaglíes que evitaran un
baño de sangre negociando con el Gobierno español, a quien se había
confiado la tarea de introducir reformas en la región[29].