
El préstamo de la difunta
Rosalindo Ovejero, arriero, huye de Salta tras un mal asunto y cruza la Puna de Atacama con tres pesos en el cinto. En la tumba de la difunta Correa están las limosnas de los que cruzan hacia Chile, ocho pesos y cuarenta centavos que ni los viajeros de peor historia se atreven a tocar. Se los lleva, pero antes firma en el margen de un diario un recibo: no es un robo sino un préstamo, y lo devolverá quintuplicado antes de un año. El resto es la deuda que lo persigue por las salitreras chilenas. Con él, Blasco Ibáñez reunió en 1921 otras trece narraciones: el París a oscuras de los zepelines, la revolución mexicana, una estancia argentina en plena siega, la siesta de un pueblo valenciano. Lo publicó Prometeo, su propia editorial, con treinta y seis mil ejemplares anunciados en portada.






