Invasión
Destino (Un desenlace)
El cartelito «Ascensor averiado» me obliga a bajar por la escalera los quince pisos que me separan de la cafetería de la planta baja.
En realidad son catorce, me digo para animarme, pues en este hotel no existe el piso 13. Descubrí su ausencia al fijarme en que el botoncito correspondiente a ese número faltaba en el panel del ascensor.
Cuando llego a la que debería ser la planta 12, me encuentro con un inesperado rótulo que anuncia «Piso 13». Sin poderlo evitar, abro la puerta y entro en el pasillo. Ante mis ojos se muestra un espacio desierto, completamente normal, un calco del piso en el que se encuentra mi habitación: el mismo extintor rojo colgado en la pared, los cuadros horteras, la triste alfombra marrón.
La primera puerta que aparece ante mis ojos, la que debería corresponder a la habitación 1301, luce un incoherente 201. El mismo que aparece en la de al lado. Y también en la siguiente.
Avanzo unos metros más y compruebo alarmado que sobre cada una de las puertas aparece esa absurda cifra.
De pronto, todas se abren a la vez.