La revancha de Dios
Capítulo 3
Salvar a América
En septiembre de 1989 el ciclón Hugo, después de haber devastado Guadalupe, concluyó su recorrido en la ciudad estadounidense de Charlotte. Por entonces se llevaba a cabo allí el proceso al televangelista Jim Bakker, acusado de múltiples malversaciones financieras y de atentado a las costumbres. La violencia del huracán obligó a suspender la audiencia por un día, hecho en el cual los fieles del pastor católico vieron un signo de la cólera de Dios contra los habitantes de Charlotte. Pero, incluso en un país donde la meteorología es casi objeto de culto, habría hecho falta mucho más para impedir la condena de un hombre que, sobre la credulidad pública y un sinfín de estafas, había edificado un verdadero imperio. El detonante fue una suerte de «Disneylandia cristiana» llamada Heritage USA, que pese al gran número de visitantes cosechó un fracaso demoledor, y donde el predicador, que en la pequeña pantalla solía denostar la homosexualidad, revivía las orgías de Sodoma con sus colaboradores más íntimos.
Durante varios años esta historia había hecho las delicias de la prensa norteamericana: la actualidad parecía confundirse con los enredos y el suspenso almibarado de un serial, cuyas estrellas hubieran abandonado la franja horaria habitual para invadir noticieros y magazines informativos. Ni un detalle se ocultó de las ridiculeces de Tammy Bakker, esposa de Jim y compañera suya en la pantalla, cuya voz de falsete, sus increíbles pestañas postizas y el Rimmel corriéndose en cada lloriqueo televisado, despertaban con pareja intensidad la conmiseración de los fieles y el sarcasmo de los espíritus fuertes. En cuanto a Jim, se había permitido encerrarse con una despampanante secretaria en la habitación de un motel de Florida. A cambio de su silencio y su pecado, la bella se había hecho destinataria de parte del dinero que los fieles enviaban a los Bakker ad majorem Del gloriam. Una vez seca la fuente, no obstante, los periodistas tuvieron acceso a la historia y la pecadora arrepentida descubrió a la prensa masculina las carnes que despertaran la concupiscencia del televangelista. Jim Bakker perdió la poca credibilidad que le quedaba, y el proceso de Charlotte se convirtió en el último episodio del folletín: la palabra FIN se incrustó en la pantalla mientras el predicador, esposado, era conducido al penal donde deberá cumplir 45 años de prisión.
Pero, a diferencia de un folletín televisivo, la historia de los Bakker no era ficticia: si Jim y Tammy habían podido construir su imperio financiero se debió a que millones de americanos de carne y hueso habían sido seducidos, consolados, tranquilizados o curados por su prédica y su presencia familiar, al punto de enviarle regularmente suficiente dinero para que esta empresa religiosa prosperase en el país de los negocios. Desde 1976 el Charlotte Observer, principal cotidiano de Carolina del Norte, venía consagrando a la cadena por cable de los Bakker, PTL (Pray The Lord, Alabemos al Señor), reportajes que denunciaban diversas estafas y los abusos de con fianza en que se basaban; las iniciales PTL pasaron a significar Pass The Loot (Pasad el botín) y luego, tras el episodio del motel de Florida, Pay The Lady (Pagadle a la dama). Pero las extendidas sospechas sobre la integridad y honradez del pastor no tenían el menor efecto en la generosidad de fieles y donantes; para quienes creían, ésa no era la cuestión.