La revancha de Dios

Gilles Kepel · Capítulo 7 de 67

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La revancha de Dios

La islamización y la rebeldía

Como consecuencia, una línea de ruptura —sobre bases seculares en una primera etapa— atraviesa las diferentes sociedades implicadas en el proceso, liquidando un consenso político que, desde las independencias, nunca había sufrido tal deterioro. Pues, más allá de la lucha armada contra Israel —que por el momento sólo arroja magros resultados—, la resistencia palestina encarna la alternativa revolucionaria al combatir a los estados árabes en cuyos territorios se ha establecido. Los efectos son visibles en Jordania, donde el enfrentamiento con el rey Hussein, en septiembre de 1970, pone en peligro la monarquía antes de culminar en un baño de sangre para la

OLP [8] , que hará de este suceso su «septiembre negro». En Líbano, el apoyo de los palestinos al campo «islamo-progresista» permite a este último desafiar la autoridad del Estado y agudizar los antagonismos que en 1975 conducirán a la guerra civil. En Egipto, el ejemplo palestino galvaniza los movimientos estudiantiles y obreros que

cuestionan el poder de Sadat y lo empujan a lanzarse contra Israel[9]. Bajo diversas formas, la rebeldía afecta a la mayoría de los países de la región.

 

La islamización y la rebeldía

 

Hasta el estallido de la guerra árabe-israelí de octubre de 1973, los portavoces privilegiados de esta línea de ruptura sociopolítica son los grupos de inspiración marxista. Pero no se trata aún de la «ruptura islámica» teorizada por Sayid Qutb. No será sino después de ese conflicto cuando los movimientos de reafirmación de la identidad islámica, cuyas bases él había sentado, comenzarán a invadir gradualmente el campo de la revuelta en detrimento de la izquierda marxistizante.

Las consecuencias de la guerra de 1973 difieren mucho de las de 1967. Por más que Israel haya vencido militarmente —al rechazar las ofensivas de los ejércitos árabes y penetrar profundamente en territorios del enemigo— ha sufrido una primera derrota política con la caída del mito de su invencibilidad. Además, el empleo del arma del petróleo por parte de los países árabes productores se revela como un invalorable medio de presión sobre los aliados occidentales del Estado hebreo y, de rebote, sobre éste mismo.

La guerra, asimismo, influye directamente en el desarrollo de los movimientos religiosos de los setenta, tanto en el Islam como fuera de él. Al comprometer el equilibrio de la economía internacional desata las espirales de la inflación y el desempleo, que desestabilizan los sistemas sociopolíticos, sobre todo en Occidente, y fomentan el desmembramiento, el deterioro de los vínculos de solidaridad y de protección social. Todo esto proporciona, a escala mundial, un óptimo terreno de intervención y un tema de prédica privilegiado a los movimientos religiosos