Los enanos
Siete
Los enanos han vuelto al trabajo. Están vigilando las transacciones. Fichan la entrada muy temprano, olfateando el acontecimiento. Como milanos con disfraz urbano; solo trabajan en las ciudades. Sin embargo, son obreros cualificados, ciertamente, y su oficio no está exento de riesgos. Esperan una señal de humo y desempaquetan sus equipos. Están allí mismo sin perder un minuto y dan vueltas al lugar del peligro. Allí toman sus posiciones, que pueden cambiar de inmediato, en caso de necesidad. Pero no dejan de trabajar hasta que, de una manera u otra, ha concluido el trabajo que tienen entre manos.
No he podido pagar una suscripción, pero han consentido en aceptarme en su pandilla, a corto plazo. Mi permanencia entre ellos no puede durar mucho. No veo que esta tarea en particular vaya a continuar hasta entrado el invierno. Para entonces todo se habrá acabado. Por el momento, sin embargo, es la única manera en que yo mismo puedo vigilar las transacciones. Y es esencial que vigile con sumo cuidado el tipo de cambio, las subidas y bajadas en el mercado. Es probable que ni Pete ni Mark se percaten del efecto que el estado de su cambio pueda ejercer sobre mi mercado. Pero así es.
Por eso acompañaré a los enanos y vigilaré con ellos.
Casi nada se les escapa. Si me avisan con suficiente antelación, podré deshacerme de mis valores, en caso de que haya una caída alarmante.