Los enanos
Veintidós
Mira. La luna y las hojas negras. La estoy olfateando. El día de sol se acabó. Mis muertos en muerte pausada, en pausada muerte mis muertos, de tan viejos ya. Es su carácter, señores. Estoy en un convento. Él ha logrado desterrarme. Lo que él esperaba y lo que temía. Oh tan cerca al blanco. ¿Él quién? Eso no viene al caso. Eso es una cosa distinta por completo, podríamos decir, de la cuestión principal, del único y deplorable problema. Un tren de provincias los llevará allí. He captado la indirecta. Qué vergüenza todas las cosas. Soy murciélago. Él no era libre con su bebida. Eso fue el acabose. Voy a arrojar mis cartas. Dejarlo todo. Borrón y cuenta nueva. A hurtadillas vivía, a hurtadillas me marcharé. Una nueva orden. Los fuegos. La tierra está negra. Hay una negritud en mis párpados. Estoy ciego.
Y ahora que habéis llegado, ahora que en este momento habéis encontrado que es el momento, ya no lo es. Tengo frío de vuestros años. Os presentasteis a mí en aquel jardín. Os dije que sentía frío. Sabíais lo que estaba diciendo. Soy murciélago. No debo ser murciélago. Os voy a dejar.