Los enanos

Harold Pinter · Capítulo 12 de 32

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Los enanos

Once

 

 

¿Qué hacen los enanos durante sus viajes hasta las esquinas de las calles? Tambalean en las cunetas y sacan sus relojes de bolsillo. Uno con cara de tiza arroja a un cubo los excrementos del día y se sienta sobre la tapa. Está empezando a masticar, aunque no ha comido. Ahora se reúnen en la escalinata trasera. Uno se friega las venas en el fregadero, ahora es engullido por la espuma. Acicalado y presuntuoso, está listo para las golosinas. El tiempo se observa con toda exactitud.

Pete está en el camarote. No oye las réplicas de hueso en el patio, los ágiles diálogos de piel erizada. Se escucha a sí mismo. Ahora Mark se arregla el pelo delante de los espejos. Sostiene seis espejos de bolsillo en ángulos relacionados. Pete canta la canción de Mark empinando un vaso. No ve el mercado fuera de la ventana. Se ve y sonríe.

El piso se ha fregado a conciencia, trabajo mío.

Es para este fondo que dono y subarriendo el local. Cierro un trato prudente. Soy el promotor, aunque ni Pete ni Mark se dan cuenta del contrato, ni del contratista.

Allí están todavía, los dos. O tal vez se han ido. Tenemos que esperar. Estoy dispuesto a esperar. No quiero dejar de esperar. El final de esta vigilia es el comienzo de nada.