Prosas principales

Arthur Rimbaud · Capítulo 33 de 53

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Prosas principales

Alba

 

He abrazado el alba de verano.

Nada se movía todavía frente a los palacios. El agua estaba muerta. Los campos de sombra no abandonaban el camino del bosque. He caminado despertando los hálitos vivos y tibios, y las pedrerías miraron y las alas se levantaron sin ruido.

La primera aventura fue en el sendero ya lleno de frescos y pálidos resplandores; una flor que me dijo su nombre.

Reí ante el [5] Wasserfall rubio que se desmelenaba a través de los pinos: en la cima plateada reconocí a la diosa.

Entonces levanté uno a uno los velos. En la avenida, agitando los brazos. Por la llanura, donde la he denunciado al gallo. En la gran ciudad huía entre campanarios y cúpulas, corriendo como un mendigo por los muelles de mármol, yo la alcanzaba.

En lo alto del camino, junto a un bosque de laureles, la he rodeado con sus velos recogidos y he sentido un poco su inmenso cuerpo. El alba y el niño cayeron en la linde del bosque.

Al despertar era mediodía.