Razas del futuro

Alfred E. Van Vogt · Capítulo 16 de 25

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Razas del futuro

Capítulo XV

lentamente- no me hubiera rehusado en ninguna de las circunstancias. Pero siempre es agradable saber que me gustas… -sonrió- sin reservas.

Capítulo XV

Un sol azul que parecía amarillo. Maltby estaba sentado la mañana siguiente pensando en esto, intrigado. Medio esperaba la visita de los indígenas y por lo tanto estaba decidido a no separarse de la nave aquel día.

Veía los claros del valle, los senderos de la selva, pero…

Recordó que había una ley que gobernaba el paso de la luz a otras bandas de onda, el amarillo, por ejemplo. Muy complicada, desde luego, pero en vista de que todos los instrumentos del puente de mando eran controles de otros instrumentos, no de las máquinas directamente, tenía que basarse en las matemáticas si alguna vez quería contemplar la clase de sol que había allá. La mayor parte de calor venía probablemente de los rayos ultravioleta. Pero esto era imposible de comprobar. De manera que era mejor dejarlo de lado y atenerse al amarillo.

Entró en la nave. No se veía a Gloria por ninguna parte, pero la puerta de su camarote estaba cerrada. Cogió un libro de notas, volvió a su sillón y comenzó a calcular. Una hora después miró el resultado: un billón trescientos mil millones de millas. Aproximadamente un quinto de un año de luz. Se rió brevemente. Ahí estaba. Tenía que encontrar datos más precisos, o…

Se quedó pensativo. En un súbito destello de comprensión, la estupenda verdad apareció ante sus ojos. Lanzando un grito, se puso de pie. Se disponía a echar a correr hacia la puerta cuando una sombra negra y alargada pasó sobre él. La sombra era tan vasta, obscureciendo súbitamente todo el valle, que involuntariamente Maltby se detuvo y levantó la cabeza.

La nave Constelación flotaba muy baja sobre el salvaje planeta pardo y amarillo, destacando ya una lancha auxiliar que relucía con un tono plateado amarillento mientras iba describiendo círculos bajo la luz del sol y perdiendo altura. Maltby sólo estuvo un instante con Gloria Cecily antes de que la lancha aterrizase.

–Y pensar… -dijo- que acababa precisamente de descubrir la verdad…

Se dio cuenta de que ella no lo escuchaba. Su mirada parecía perdida a lo lejos. Maltby prosiguió;

–Por lo demás, lo mejor, imagino, es volverse a meter en la cámara de acondicionamiento y…

Siempre sin mirarlo, ella cortó sus palabras en seco.

–No seas ridículo. No tienes por qué imaginar que me siento molesta porque me besaste. Te recibiré en mis habitaciones más tarde.

Un baño, ropas limpias; por fin Maltby pasó a través de un transmisor y se encontró en el departamento de astrofísica. Su primera comprensión de la tremenda verdad, aun cuando en conjunto aproximada, carecía de hechos detallados.

–¡Ah, Maltby! – exclamó el jefe del departamento avanzando hacia él con la mano tendida-. Has descubierto un sol allí…, lo sospechamos desde tu primera descripción del amarillo y el negro. Pero, naturalmente, no pedíamos dar pábulo a tus esperanzas. Prohibido, ya sabes… La inclinación axial, la aparente duración de un verano en el cual los árboles dé gran tamaño de la selva se desarrollan sin formar anillos concéntricos… todo muy significativo. El espectro sin características con su completa carencia de franjas obscuras… casi conclusivo. La prueba final fue que el film ortosensible tenía un exceso de exposición, mientras los sensibles al azul y rojo eran cortos de exposición. Este tipo estelar es tan inmensamente caliente que prácticamente toda su radiación de energía está en el ultravisible. Una radiación secundaria -una especie de fluorescencia en la misma atmósfera de la estrella- produce el amarillo visible cuando una minúscula partícula de la sorprendente radiación ultravioleta es transformada en ondas de mayor longitud por los átomos de helio. Una especie de lámpara fluorescente, pero en una escala que es más que ordinariamente cósmica en su violencia. La radiación total que alcanza el planeta era naturalmente tremenda; la superficie de radiación, después de pasar a través de millas de ozono absorbente, vapor de agua, bióxido de carbono y otros gases, era muy diferente. No es de extrañar que los indígenas dijesen que hacía siempre calor. El verano dura cuatro mil años, La radiación normal de la estrella tipo -el tipo de radiación, el eon-dentro y eon-fuera- es aproximadamente igual a una Nova a plena saturación en su máximo de catastrófica violencia. Tiene un período de algunas horas, y es equivalente a unos cien millones de soles ordinarios aproximadamente. A la mayor de todas las estrellas la llamamos Nova O; y no hay más que una en toda la Gran Nebulosa de Magallanes, la gran y gloriosa S-Doradus.