Respira
Capítulo dos
Desde el apartamento del tío Tom, ubicado sobre la tienda de buceo, se puede caminar hasta la piscina. Al tío Tom no pareció molestarle que siguiera “dormida” a la hora del desayuno. La verdad, claro, es que estaba leyendo en mi cuarto. Fingí que dormía para que no se diera cuenta de que me saltaba el desayuno antes de salir.
Golpeó suavemente a mi puerta.
—Buenos días, Beverly.
Me encanta que siempre use mi nombre completo, en lugar de sólo
“Bev”.
—Hola, tío Tom. Ya me estoy levantando —dije del otro lado de la puerta.
—Muy bien. Te dejé algunos panqueques y unas salchichas. Abe te espera a las nueve. Vas a ver que es un buen instructor. Nos vemos abajo a mediodía.
—Seguro.
Me sentí un poco culpable por no haber desayunado con él, pero estaba comiendo lo menos posible. Calculaba que a ese ritmo me pondría un bikini en un suspiro.
Me levanté, me vestí y fui a la cocina. Me incliné sobre el plato de salchichas y panqueques tibios y dejé que el increblemente delicioso aroma inundara mi nariz. ¿Qué?, oler es gratis. Las calorías no te hacen engordar a través del olfato. Después llevé el plato al fregadero y lo tiré todo al triturador de basura.
Quince minutos más tarde ya estaba frente a la piscina cubierta local.
Como había llegado cinco minutos antes de la hora, me senté en una pequeña tapia del otro lado de la calle y disfruté del perfume de unas flores
tropicales que colgaban sobre mi hombro. Beverly, me dije, de verdad que esto no es Winnipeg en diciembre. Un chico guapísimo, tal vez de unos dieciocho, estaba apoyado contra la pared del edificio de la piscina, mirando pasar a la gente. No había mujer que no siguiera con los ojos hasta que la perdía de vista.
De repente saltó para abrirles la puerta a dos chicas que salían del edificio.
—Permítanme —lo oí decir—. Por cierto, soy buscatalentos para Baywatch. ¿No me quieren dejar sus números de teléfono?
Las chicas lanzaron una carcajada y bajaron rápidamente los escalones, dejando a Sir Galante con una sonrisa en los labios. Crucé la calle. Ni me miró hasta que me tropecé en los escalones.
—Oye, niña, ¿estás bien? —me preguntó.
—Sí, estoy bien —respondí, con la cara ardiendo de vergüenza.
— ¿Segura? —Sus ojos ya estaban fijos en alguien más que había aparecido en la esquina.
Al abrir la pesada puerta, un fuerte olor a cloro y una humedad sofocante me dieron la bienvenida. Un hombre en traje de baño estaba llevando unos tanques de buceo al borde de la piscina. Alzó los ojos.
— ¿Beverly McLeod?
Asentí. Era de la edad del tío Tom, como de unos treinta.
—Yo soy Abe. ¿Lista para tu clase privada?
—Sí.
Al menos no dijo “curso de repaso para reprobados”.
Sonrió y señaló con un gesto el vestuario de mujeres.
—Ve a cambiarte. Ya tengo tus tanques listos. El divemaster vendrá enseguida.
Yo sabía que el divemaster era un ayudante experimentado. Cuando salí, alguien estaba organizando los tanques y las máscaras junto a Abe. Noté una musculosa espalda y un abundante cabello oscuro y rizado. Se dio la vuelta y me sonrojé. Era Sir Galante.
—Beverly, te presento a Garth Olsen, el divemaster. Garth, ésta es Beverly McLeod.
—Encantado —dijo Garth con una sonrisa.
—Oh... hola.
—Beverly es la sobrina de Tom McLeod —le dijo Abe a Garth.
— ¿En serio? —preguntó Garth, abriendo mucho los ojos y mirándome con atención—. Me encanta la tienda de tu tío. ¿Por qué no te habíamos visto por aquí antes?
—Sólo está de visita. Vive en Canadá, en Winnipeg —dijo Abe tomando su cinturón de lastre. ¿Creía que no era capaz de contestar sola?
—¡Winnipeg! —exclamó Garth—. Le dicen Friolandia, ¿no? La estación de buceo debe ser corta ahí arriba.
—De hecho se bucea todo el año —dije, y odié el tono defensivo que me salió en la voz—. Hay gente que hace hoyos en el hielo y bucea en pleno invierno.
La verdad es que yo no era uno de ellos.
—¡No me digas! —dijo Garth, con las manos en la cadera. Me estaba mirando de arriba abajo, muy lentamente y con los ojos brillantes—. Eso suena de verdad extremo.
—Pues bien, Beverly —interrumpió Abe—, cuando te hayas puesto el equipo, los veré a los dos hacerse una revisión en pareja—. En otras palabras, debíamos inspeccionarnos el uno al otro para confirmar que tuviéramos todo lo necesario, bien abrochado y conectado. —Después harán una entrada en agua profunda, un intercambio de snorkel/regulador bajo la superficie y el descenso en cinco pasos.
Pan comido. Buceo de jardín de niños.
—Bueno —dije.
—Después vamos a practicar señales bajo el agua, respiración con fuente de aire alternativa y llenar de agua y despejar la máscara bajo la superficie
—. Miré a Garth. Rezumaba confianza. Eso me relajó. —Y también van a sacarse el cinturón de lastre en el agua.
Una a una, demostré que tenía todas las habilidades que exigía Abe. Sólo una vez tuve que salir a la superficie por un ataque de nervios. Abe lo repasaba todo con paciencia, y el contacto visual y los gestos aprobatorios de Garth me ayudaron a hacer todos los ejercicios.
—Eres un buen divemaster —le dije a Garth en un momento en que los dos salimos a la superficie antes que Abe.
—El mejor —me dijo con un guiño—. Y totalmente disponible para trabajar con tu tío, cuando sea.
Parpadeé. ¡Ah!, yo era la sobrina que le podía conseguir un empleo,
¿verdad, Sr. Pedante?
—Muy buena sesión, Beverly —me dijo Abe mientras enjuagábamos el equipo—. Estás lista para cualquier viaje de buceo al que te quiera llevar Tom. Seguro que vas a disfrutar de nuestras aguas tropicales—. Su sonrisa era muy amable. —Bienvenida a Hawái.
—Gracias —le dije mientras extendía la mano para tomar mi tanque, pero el musculoso brazo de Garth me lo arrebató.
—Relájate. Tú eres la cliente —me dijo—. Bien hecho, Miss Winnipeg.
Nos vemos—. Entonces apuró el paso porque una chica en bikini salió del vestuario y flotó con gracia por el borde de la piscina.
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