Respira
Capítulo cinco
—Busca el coral dedo. Y el pez mariposa. Esta bahía los tiene a montones.
De verdad que no has vivido hasta que buceas en Kauai, Bev.
No dejaba de llamarme “Bev”. Pero con su voz grave no sonaba mal.
Podía acostumbrarme a oírlo. Nos sumergimos en el agua como turistas en un ascensor de vidrio y él se aseguró de que avanzáramos lentamente.
Yo me apretaba la nariz para equilibrar el aumento de presión, como se supone que hay que hacer. Él me miraba para confirmar que lo hiciera y asentía con la cabeza. Me sentía segura con Garth. Muy pronto ya estábamos a treinta y cinco pies de la superficie y el grupo se reunió como un banco de peces enormes. Con potentes golpes de aleta, el tío Tom dio una vuelta a nuestro alrededor, pidiéndole una señal de “Okey” a cada uno.
También Garth miraba con atención el “banco de peces”. Cuando empezamos a avanzar relajé al fin mi ruidosa respiración. Garth y mi tío señalaban pequeños y coloridos bodiones y peces damisela. Casi me olvidé de respirar cuando una anguila pasó deslizándose muy cerca. La vida marina aumentaba a cada instante y yo temblaba de emoción. ¡Qué ganas tenía de contarles a mis amigos de Winnipeg sobre todo lo que había en Kauai!
No quería perderme nada. Buceaba a uno y otro lado, mareada por la felicidad. Cómo me fastidió cuando alguien arrastró una aleta por error, levantando tanta arena que quedamos de repente sumergidos en una densa nube.
¿Qué es arriba y qué es abajo? ¿Adónde se fueron todos? Mi corazón latió con fuerza mientras buscaba a Garth entre la neblina. Escuché que mi respiración se aceleraba y se convertía en un jadeo. Sentí un nudo en el estómago. Pero entonces apareció frente a mí, su máscara contra la mía, sus manos en mi cintura. A pesar de la arena revuelta y de que nadie más estaba
a la vista, me sentí relajada. Él señaló hacia arriba y yo asentí. Subimos juntos lentamente, tomados de las manos y mirándonos a los ojos. Una parte de mí no quería volver a la superficie.
—No entraste en pánico —dijo Garth al salir y me soltó las manos.
Escuché orgullo en su voz. Parecía sincero.
Le sonreí.
—No me asusté.
Pero alguien más sí se había asustado. Escuchamos un fuerte chapoteo a nuestra derecha y la voz del tío Tom, que estaba tratando de calmar a alguien. ¿A Bryan? Por la preocupada mirada de mi tío, supe que Bryan había subido demasiado rápido, tal vez dejando atrás a su compañero de buceo. Garth fue con ellos, infló el chaleco de Bryan y le habló con suavidad hasta que dejó de patalear. Pobre chico. Una nube de arena como ésa le puede provocar claustrofobia a cualquiera.
Nadamos hacia la playa con los tanques de oxígeno casi vacíos. Estuve tan ocupada ayudando al tío Tom a cargar la camioneta, que no tuve ninguna oportunidad de hablar con Bryan. Él sin duda hizo todo lo posible para no sentarse conmigo en el viaje de regreso. Como desapareció mientras descargábamos en la tienda, ya no pude verlo.
—¡Oye, atrapa la bolsa de máscaras! —me gritó Garth.
Giré y extendí los brazos, pero vi que era una broma y me reí.
— ¿Pensaste que iba a lanzar las máscaras de tu tío así como así? —dijo con una sonrisa y después se acercó y me puso una mano en la cabeza.
Volteé a ver a mi tío, que ni siquiera pareció notar el obvio coqueteo de Garth. Lo que sí vi fue que Weniki frunció el ceño cuando mi tío entró a la tienda.
—Ya descargamos todo —dijo Garth, deslizando los dedos hacia mi cuello—. Cuídate, Bev. No te vayas a caer en un hoyo de hielo en Manitoba.
—Todavía me queda una semana en Kauai—repliqué.
— ¿En serio? —dijo, ladeando la cabeza—. Entonces tal vez te vea por aquí.
Sus dedos subieron a mi mejilla y descansaron ahí un momento. Después se fue y yo me puse a enjuagar el equipo con Weniki. Por su boca fruncida me di cuenta de que estaba molesta por algo. Enjuagué y colgué cosas hasta que me dolieron los brazos. ¿Cómo podía Weniki hacer esto todo el día?
Cuando al fin subí la escalera del apartamento a duras penas, el tío Tom estaba cocinando en grande. Cuando puso la cena en la mesa yo ya estaba dormida en el sofá. Le dio tristeza despertarme. Una comida más que me perdí con gran alegría.
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