Respira

Pam Withers · Capítulo 5 de 17

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Respira

Capítulo cuatro

Tanques, máscaras, aletas, manómetros, chalecos, lastre, trajes y botines de buzo. Yo iba marcando todo en un papel mientras el tío Tom lo enlistaba en voz alta. Weniki y Garth ayudaron a los estudiantes a cargar las cosas en la camioneta. Sí, Garth. Él era el divemaster que el tío Tom había contratado para que ayudara a controlar a los seis chicos de quince años.

— ¿Eres instructora? —me preguntó un muchacho rubio y delgado, entrecerrando los ojos con suspicacia. O tal vez no era por desconfianza. Tal vez de verdad quería que lo impresionara. Deseé saber lo que estaba pensando.

—Bev es la sobrina del dueño de la tienda de buceo —le dijo Garth a mi entrevistador, como si eso me convirtiera en alguien de la realeza o algo así.

—Ah, pues bien, yo me llamo Bryan —dijo el chico, ignorando a Garth y extendiendo la mano hacia mí con, diría yo, una coqueta sonrisa—. ¿Tú nos vas a decir cómo se hace, Bev?

Le estreché la mano. Seguro que se dio cuenta de que la mía estaba húmeda.

—Es Beverly —lo corregí, tirando del dobladillo de mi playera y tratando de mirarlo a los ojos—. Sólo voy para divertirme.

—Mentira, Bev—dijo Garth, levantando la voz y poniendo una mano en mi espalda—. Creo que voy a dejar que les enseñes a estos niños cómo se hace.

¿Niños? ¿Se había olvidado de que yo tenía la misma edad que ellos? Me puse roja y vi cómo la mirada de Bryan iba de Garth hacia mí.

—Tengo que ayudar a Weniki —dije entre dientes y escapé de los dos. Ya me imagino cómo se portaría Garth si el grupo fuera de puras chicas, me dije. Qué fanfarrón.

De algún modo todos logramos apretujarnos en la camioneta, que tenía tres filas de asientos. El tío Tom manejaba, con Garth en el asiento del copiloto. Yo terminé al fondo, aplastada entre Bryan y otro chico.

— ¿Hace mucho que buceas? —me preguntó Bryan.

—Un año —contesté, aún luchando por mirarlo a los ojos. Era bastante guapo—. Pero sólo en lagos. ¿Y tú?

—Unos meses. Estoy completamente enganchado —dijo.

Asentí y empezamos a hablar sobre vida acuática y sobre los mejores viajes de buceo que habíamos hecho. Garth se volteó una o dos veces para verme.

— ¿El divemaster y tú tienen algo? —me preguntó Bryan al fin, acercándose un poco para decirlo en voz baja. Con eso me dejó muda por un minuto entero.

—Claro que no —Mi voz sonó tan ronca que cualquiera hubiera dicho que estaba resfriada o algo así.

—Eso pensé —dijo con una sonrisa, lo suficientemente bajo como para que Garth no lo oyera—. Podría ser tu padre.

— Nooooo —dije y me reí.

—Así que sí sabes sonreír —comentó.

Nota para mí misma: Trata de no parecer asustada o de mal humor cuando te habla un chico.

Media hora después, llegamos a una hermosa bahía de color turquesa.

Los veleros brillaban al sol y las gaviotas se elevaban en el cielo mientras descargábamos el equipo y nos organizábamos. Disfruté del sabor salado del aire de mar.

—Bueno, todos ustedes son buzos calificados —dijo mi tío—. Garth y yo sólo estamos aquí para mostrarles las mejores vistas y asegurarnos de que estén a salvo. Elijan todos un compañero. Garth y yo haremos nuestra revisión en pareja frente a ustedes para refrescarles la memoria.

Garth se paró muy erguido e hizo todo el ejercicio como un profesional.

Yo miraba las ondas del agua en la playa y me repetía que no había ningún motivo para estar nerviosa. Si tan sólo mi estómago me escuchara. No me ayudó, por supuesto, el hecho de no haber desayunado. Sí había almorzado,

si es que media papaya cuenta como almuerzo. Esa mañana me había pesado y, según la balanza del baño, ya había bajado dos libras. ¡Sólo faltaban ocho! Sabía que no se supone que bajes más de una o dos libras por semana, pero ni hablar, yo no tenía tanto tiempo. Diez libras, diez días: ¡iba a conseguirlo!

En el instante en que Garth y el tío Tom terminaron, Garth apareció junto a mí.

—Bev, estuviste bien en la piscina, así que sé que no vas a tener ningún problema, pero voy a estar contigo todo el tiempo, ¿de acuerdo? Órdenes de tu tío.

¿Órdenes de mi tío? Me pregunté si era cierto, pero, para ser franca, me sentí aliviada. Sí estaba un poco nerviosa. Siempre lo estoy. Saber que Garth iba a cuidarme relajó un poco mi anudado estómago.

—Gracias —le dije. Él me guiñó un ojo, asintió y me dio un ligero apretón en el brazo. Al darme la vuelta, vi que Bryan volteaba hacia otro lado. No tenía sentido elegir como compañero a alguien que tenía la mitad de la experiencia que yo. Después de hoy lo haré mejor, me dije. Al entrar al agua me sorprendió lo tibia que era. Los lagos de Winnipeg pueden ser cálidos, pero no en la primavera y el otoño. El próximo año tal vez me sienta aventurera y vaya a bucear en el hielo. Eso sí que impresionaría a Garth. Oye, ¿por qué debería importarme impresionar a Garth?

Podría ser tu padre.

Además, me recordé, sólo me está cuidando porque quiere que mi tío le dé más trabajo.

Pero de verdad necesitaba que me cuidara.

— ¿Lista, compañera? —me preguntó Garth. Ya habíamos llegado a la boya. Los otros buzos desinflaban sus chalecos y desaparecían bajo la superficie, como perritos de las praderas en sus agujeros.

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