Roma Invicta Est
Roma Invicta Est
Alfonso Solís
Roma Invicta Est
ePub r1.0
Titivillus 04-02-2022
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Título original: Roma Invicta Est
Alfonso Solís, 2012
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
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A mi padre, Adrián, y a mi sobrino, Ángel.
Desde el cielo están moviendo los hilos para que este sueño se haga realidad.
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En el siglo VII a. C. Rómulo y Remo, los nietos de Numitor, el rey de Alba Longa, después de una vida azarosa y aventurera, decidieron fundar una ciudad y asentar su reino sobre sus sólidos cimientos. Rómulo propuso erigirla junto al río Tiberis, en la colina Palatina, mientras que Remo sugirió hacerlo en la colina Aventina. Jóvenes impulsivos y obcecados, no llegaron a un acuerdo y recurrieron a un augur para que les orientara en su decisión. El adivino les recomendó que ascendieran a la colina que cada uno había elegido y esperasen allí una señal de los dioses.
Después de varias semanas de espera, Remo vio volar sobre su cabeza seis águilas. Confuso por tan extraño acontecimiento, acudió en busca de su hermano Rómulo, quien le dijo que, ese mismo día, él había visto doce águilas surcar los cielos de la colina Palatina.
Convencidos de que los dioses les habían enviado una señal, visitaron de nuevo al adivino para que interpretara el significado del mensaje. El augur, después de meditarlo durante unos minutos, les dijo:
—Tenéis razón, jóvenes hermanos, el vuelo de las águilas ha sido un presagio enviado por los dioses. Y este es su mensaje: si vuestra ciudad se funda en la colina Aventina, será bendecida por seis siglos de gloria y esplendor, pero, si se alza en la colina Palatina, serán doce los siglos que sobrevivirá y su recuerdo jamás será olvidado. Esta ha sido su palabra.
Rómulo, persuadido de ser el elegido de los dioses, comenzó a trazar con un arado el contorno de Roma, pues así decidió llamar a la ciudad, y amenazó con matar a todo aquel que osara traspasarlo. Remo no aceptó los designios del adivino y cruzó la imaginaria frontera con el propósito de desafiarle, convencido de que no tendría el valor suficiente para cumplir su amenaza.
Pero Rómulo, esclavo de sus palabras, mató a su hermano, quedando como único soberano. La sangre de Remo regó la tierra donde se erigió la
ciudad más poderosa del mundo.
En el siglo V d. C., doce siglos después de su fundación, Roma se encuentra rodeada por decenas de tribus bárbaras y amenazada por las huestes de Atila, el azote de Dios. Oscuros presagios se ciernen sobre el Imperio. ¿Se cumplirá la profecía del augur?
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