Siempre fuiste tú
Capítulo 7
7
ABBEY
Sin darle muchas vueltas a lo que acababa de pasar con Will, me fui enfilada a mi habitación. Una vez allí, cerré la puerta y apreté los dientes hasta casi partírmelos. ¿Qué demonios me estaba pasando? O, mejor dicho, ¿qué le estaba sucediendo a mi cuerpo? Nunca antes había reaccionado de esa forma a él, solo a Garret.
Sí, estaba buenísimo. Y tenía una sonrisa digna de aparecer en las revistas de moda. Pero hasta ahí llegaba todo. Will era el mejor amigo de mi hermano, quizá incluso más que Garret. Yo nunca me había sentido atraída hacia él, por lo que mi cabeza no terminaba de procesar que yo hubiera sentido su pene contra mí.
Dios, y qué pene.
Lo había notado grande, duro y grueso. ¿Se podían notar tantas cosas en unos segundos? Porque habría jurado que yo lo había hecho.
—Deja de pensar en él —murmuré antes de tirarme a la cama con los brazos extendidos.
Sin embargo, y para que me quedase claro lo torpe que podía llegar a ser, uno de mis brazos golpeó la mesita de noche. Un ramalazo de dolor me recorrió todo el cuerpo antes de encogerme y maldecir en voz baja. Mientras me quejaba como una niña a la que le habían negado la invitación a un cumpleaños, escuché el sonido de algo metálico caer al suelo.
Mi curiosidad provocó que me olvidase del dolor y asomara el rostro por el colchón.
Oh, ahí estaba.
Aquel collar que me había regalado Will cuando tenía dieciséis años. Se trataba de un sol plateado unido a una tira de cuero.
Estiré la mano y lo cogí. Luego me giré para estar boca arriba y acariciar los rayos del sol con el pulgar.
Una sonrisa involuntaria surcó mi rostro.
Will siempre había estado ahí para mí. ¿Suspendía un examen? Me compraba un helado. ¿Un chico se metía conmigo por mis granos? Él se encargaba de darle una buena tunda. ¿Las niñas del patio no querían jugar conmigo? Will hablaba con ellas. Me resultaba curioso, y hasta cierto punto fascinante, lo presente que había estado en mi vida.
Incluso más que mi hermano.
Garret… Bueno, Garret no. Él pasaba más tiempo hablando de faldas y universitarias sexys. No tenía tiempo ni de mirarme dos veces. A veces, cuando el amor ciego que sentía por él bajaba las defensas, me cuestionaba que me hubiese fijado en alguien tan superficial y que me prestaba tan poco caso. Luego se me pasaba y volvía a mi mundo de fantasía donde acallaba aquella voz que me suplicaba que tuviera algo más de amor propio.
Acaricié una última vez el sol antes de dejarlo sobre la mesa. Alcancé el móvil, que estaba al lado de la lámpara, y miré los mensajes.
Tenía uno de Ava, aunque solo me había mandado una foto de lo que almorzaría y los tacones que se pondría.
Joder, si no hubiera sido tan alta y torpe, yo también me habría puesto unos buenos tacones. De esos que te suben el culo y te estilizan las piernas.
Contuve un suspiro y me metí en Instagram. Sin casi pensarlo, estaba en el perfil de Garret, viendo sus fotos. Pff, sin camiseta, en el gimnasio, con una tabla de surf, foto en blanco y negro donde sus ojos penetrantes te prometían una noche loca… y fotos en discotecas. En una de sus publicitaciones vi a mi hermano y a Will. Estaban los tres juntos, sonrientes, como mejores amigos que eran.
Mis dedos tocaron el rostro de Will y salió su etiqueta.
Sin pensármelo dos veces, entré en su perfil. A diferencia de Garret, sus fotos eran diferentes: paisajes, familiares, comidas… Era como ver un poco de su vida y de todo aquello que le apasionaba. Seguí bajando para ver las fotos más antiguas, hasta que una de ellas captó mi atención: salía yo. Debía de tener unos diez años y abrazaba a Will con fuerza. Él tenía una de sus manos sobre mi cabeza y sonreía con picardía.
No pude evitar sentir cierta alegría mezclada con nostalgia.
Acaricié el rostro de Will con el pulgar y pensé en lo mucho que había cambiado. Sus rasgos se habían tornado masculinos y serios, cargados de una sensualidad que rara vez se veía en los hombres. Ni siquiera Garret tenía ese aire arrebatador que lo seguía como una segunda sombra. Pasé el dedo por sus pómulos, que ya eran más marcados y…
Mierda.
Mierda, mierda… Acababa de darle like a la foto.
Sentí cómo mis mejillas se calentaban y bloqueé el teléfono, como si de esa forma pudiese detener el tiempo y evitar que Will se enterase de que lo había estado espiando a través de su red social. Me mordí el labio inferior con fuerza y di un respingo cuando mi móvil vibró.
Cerré los ojos y conté hasta tres antes de desbloquear el móvil.
Mi corazón dio un vuelco.
Un mensaje de Will.
Joder. Maldita sea… Ya me lo estaba imaginando, con esa sonrisa socarrona que me dirigiría antes de decir «Me has estado espiando y lo sabes».
Aguanté la respiración y lo leí.
Deja de mirar mis fotos, pequeña pervertida.
¿Te estás tocando mientras las ves? Al menos
que sea una de cuando no era un
adolescente. Si necesitas una más actualizada…, sigo en la cocina.
Genial. Habría jurado que pude oír su risa en el interior de mi cabeza.
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