Siempre fuiste tú
Capítulo 11
11
ABBEY
Sentada en un banco, devoré los tacos que me había pedido en el food truck. El olor de las especias y la carne consiguieron aliviar el dolor que me había provocado ver a Will bailar con esa mujer. Era curioso cómo, a pesar de haberlo tenido a mi lado desde el primer momento, apenas había reparado en él. Lo había dado por hecho, como si no fuera más que una nube que me seguía a todos lados.
Y no había sido hasta que, en esa «clase» exprés impartida por Garret, me había fijado en él de otra forma. Recordé cómo corrió hacia mí para levantarme mientras fulminaba a mi pareja del ejercicio con la mirada. Había visto preocupación y cariño en sus brillantes ojos oscuros, pero mi obsesión por Garret y mis ganas de conseguirlo me habían cegado. Lo habían anhelado como si de un premio se tratara. Había ignorado sus desplantes y su poco interés en mí.
No es que nunca hubiese sido consciente de lo bueno que estaba Will.
Ni mucho menos.
Pero mi amor enfermizo por Garret me había impedido ver más allá.
Con un suspiro, me terminé la comida y tiré a la papelera más cercana el envoltorio.
Vale, ¿y ahora qué? No pude por menos que encogerme de hombros ante tal pensamiento.
Volví a sentarme en el banco y cogí aire. Lo expulsé con lentitud y sentí que mis músculos se relajaban.
—No entiendo qué me está pasando…
—Yo diría que tienes la barriga llena y que ahora te va a entrar sueño.
Di un respingo cuando una voz masculina me sorprendió. Era grave, ronca y aterciopelada.
Se trataba de Will.
Mi corazón comenzó a latir con alegría.
Sus ojos oscuros miraban hacia delante, y vi que tenía una cerveza en una de sus manos.
¿Qué hacía allí? ¿Cómo sabía que me encontraba en la zona de los food truck? Tenía tantas preguntas en la cabeza que temía que me explotara.
—¿Qué haces aquí, Will?
—¿Acaso no es obvio? —preguntó en voz baja, sin mirarme.
Oh, claro. Lo es. Viene a hacer de niñera.
Decepcionada, desvié la vista hasta el bosque que se extendía justo enfrente. ¿Qué me esperaba? ¿Que había venido para decirme que él también estaba confundido, que sentía algo pero que no sabía qué? Desde luego, tenía muy mal gusto a la hora de fijarme en los hombres.
—Vienes para asegurarte de que estoy bien —musité. Luego me aclaré la garganta y esbocé una sonrisa—. No te preocupes. No tiene nada que ver con Garret.
—¿No?
—No. Para nada. Solo necesitaba desconectar.
—Me podrías haber avisado —dijo él, que suspiró y apoyó los codos en sus rodillas.
—¿Habrías venido?
—Por supuesto —respondió con rapidez.
—¿Habrías dejado escapar a esa atractiva desconocida con la que estabas?
Mucho me tenía que querer para posponer la diversión solo por mí.
—Es lo que he hecho. Estoy aquí.
Sus ojos se clavaron en mí, y no pude menos que sonrojarme. Vi en ellos algo más profundo, maduro y cálido. No era el cariño fraternal que acostumbraba a reflejar. Y, por algún motivo, me ponía muchísimo. Pensar en la remota posibilidad de que un hombre como Will se fijase en mí me volvía loca.
Me humedecí los labios.
—¿Le has dado tu número de teléfono?
—No. —Fue su escueta respuesta.
—Oh, vaya.
—¿Querrías que se lo hubiese dado?
—No —dije contundente—. Definitivamente no.
El rostro de Will se fue relajando hasta que una sonrisa sexy y asquerosamente preciosa adornó su rostro.
Joder, odiaba que fuera tan guapo. No era justo.
—Bien. Si hubieses respondido otra cosa, me habrías decepcionado.
Permanecí callada, pues temía estropear el momento. ¿Que Will comenzaba a parecerme un tío con el que podría salir? Sí. ¿Que podría olvidarme de Garret y sustituirlo para utilizarlo en mis más oscuras fantasías? También. Pero no había parado de pensar en Garret por completo. No del todo.
Cansada, me quité el moño. Sentí un alivio repentino cuando los mechones dejaron de estar tirantes.
—Estoy… confundida —dije con miedo—. No sé si hay algún motivo detrás por el que estés aquí.
Will acortó un par de centímetros la distancia que nos separaba. Sus labios atrajeron mi atención, y me los imaginé sobre los míos. Cómo serían, a qué sabrían y si crearían en mí la necesidad de volver a probarlos.
Llevó una de sus manos hasta mi rostro y lo acunó. Pasó el pulgar por mi labio inferior, presionando con suavidad. Cuando desplazó la mano hasta mi cuello y me llevó hacia él, y algo caliente y húmedo se desató dentro de mí. Mi corazón empezó a latir desbocado y mi respiración se volvió irregular.
Quería que me besara.
Me moría de ganas.
—Si estás confundida, déjame que te aclare las ideas.
El primer contacto de nuestras bocas me arrancó un gemido. Me olvidé de dónde estaba, del lío que tenía montado en la cabeza y de la imagen de Will bailando con la desconocida.
Solo podía pensar en él.
Y en las emociones que me embriagaban.
Cuando su lengua me rozó, abrí los labios para profundizar el beso. Nuestras lenguas se acariciaron en un beso ardiente que me erizó el vello de la nuca. Llevé mis manos hasta su nuca y enredé los dedos en los cortos mechones de su pelo. Su olor, masculino y fresco, me rodeó en un abrazo.
Joder. Aquello sí que era un beso.
En mi vida me había sentido de esa forma. Tenía los pezones duros contra el sujetador y ansiaba frotarme contra él. Me pregunté si estaría duro, si a él también le afectaba tanto como a mí.
El beso cambió de tierno a dominante en apenas unos segundos. Me mordió el labio inferior y luego lo alivió con una suave lamida. Sus manos no bajaron por mi cuerpo; de hecho, fue en todo lo que estaba pensando mientras me perdía en él. Quería que me tocara, que me arrancara la ropa y me diera más.
Sin embargo, fiel a sus principios se separó de mí.
Yo gemí en protesta.
—Espero que esto te lo haya aclarado un poco —susurró.
Y se fue.
Pasó una semana y no supe nada de Will. Para sorpresa de todos nosotros, se había tenido que marchar a Nueva York a atender un caso de extrema importancia. Quise creerlo, y tanto era así que me lo repetí varias veces, pero no pude evitar pensar que su ausencia estaba relacionada con el beso que nos habíamos dado.
¿Se arrepentía? ¿No sabía cómo afrontar la situación?
Veía probable la primera opción, pero no la segunda. Él no era así.
Sin embargo, hasta ahí no acababa mi tormento.
Luego estaba su beso.
Oh, joder…
Recordarlo hacía que se me pusiera el vello de punta.
Me había besado con suficientes hombres como para poder distinguir un buen beso. Y el de Will era el mejor, de lejos. De hecho, desde que habíamos estado solos aquella noche, no podía dejar de pensar en él. A mi cabeza venían todos esos recuerdos que habíamos compartido juntos, y me arrancaba una sonrisa que terminaba por humedecerme los ojos.
Estoy jodida, pensé.
Ansiaba con toda mi alma volver a verlo, sentir sus oscuros ojos sobre mí. Quería oír su voz, su risa, ver la sonrisa pícara que surcaba su atractivo rostro cada vez que yo decía una chorrada.
¿Tenía algo de sentido todo esto?
Mi madre, que miraba ropa en una aplicación online, puso el móvil a un lado y me rodeó con sus brazos.
—¿Va todo bien?
Me sonrojé inevitablemente y asentí.
—Por supuesto.
—Te veo… triste —terminó por decir.
—¿Triste? No, no, para nada. —Me aclaré la garganta y me esforcé por aparentar que la ausencia de Will no me había afectado—. Estoy cansada. Eso es todo.
Mi madre alzó una ceja.
—No tendrá nada que ver con la marcha de Will, ¿verdad?
Cada músculo de mi cuerpo se tensó como las cuerdas de un violín. Incluso di un pequeño respingo.
—¡No! Para nada —dije con demasiado ímpetu.
—Desde que tuvo que marcharse a Nueva York, has estado más apagada. ¿Pasó algo la noche antes de su partida?
—Mamá, ¿por qué me estás preguntando sobre esto? —estallé, enfadada por expresar en voz alta mis pensamientos.
—Porque creo que te hace falta un pequeño empujón. Siempre has estado enamorada de Garret… —Suspiró con cierto hastío—. Y, que tu hermano me perdone, será un excelente amigo, pero dudo que llegue a mucho más. Es como un niño en el cuerpo de un adulto. No sé qué le ves.
—Es guapo.
Ella bufó y se apartó un poco de mí para apoyarse en el fregadero.
—Will le da mil vueltas. Lo que os pasa a las mujeres de vuestra edad es que os atrae más un hombre inestable emocionalmente que uno con las ideas claras.
—¡Eso no es verdad! —protesté.
—Claro que sí. Y en verdad os entiendo: no estáis preparadas para asumir las consecuencias de estar con un hombre como Will: sabe lo que quiere, a dónde va. Y eso os asusta.
—¿Por qué me iba a asustar? —pregunté con voz baja, más para mí que para ella.
—No lo sé. No me malinterpretes: Garret es muy guapo, pero hasta ahí llega todo. Es como un cascarón vacío. ¿Se ha preocupado alguna vez de ti?
Me mordí la lengua y negué con la cabeza.
—No.
—¿Te ha felicitado en algún cumpleaños?
Repetí el mismo gesto, para mi propia vergüenza.
—¿Ha reparado en ti cuando ha venido a comer a casa?
—Para ya —le pedí, consciente de que todo lo que decía era cierto.
—Pues ahí tienes la respuesta: quizá tú también seas más inmadura y por eso temes relacionarte con Will.
Sacudí la cabeza.
Espera, ¿acaba de insinuar…?
Miré a mi madre con asombro.
—¿Qué estás diciendo?
—Pues que Will siempre ha estado enamorado de ti. Solo que tú no lo has querido ver. Te amo, cariño. Lo sabes. Eres lo más importante de mi vida, junto con tu hermano —dijo con ternura. Me agarró de los hombros con suavidad—. Pero permite que Will continúe con su vida. No puede estar esperándote siempre. No es justo. Ni para él ni para ti.
Mi madre se marchó de la cocina con paso decidido, y tras salir se quedó una tormenta de emociones que a duras penas me dejaba respirar.
¿Will estaba enamorado de mí?
La preguntaba daba vueltas en mi cabeza como un tiovivo. Solo pensar en esa posibilidad me arrancaba una sonrisa tonta.
Me acerqué a la mesa del comedor y ocupé una de las sillas. Saqué el móvil del bolsillo del pantalón y miré el Instagram de Will. No había subido ni una sola historia. Tampoco ninguna publicación.
Arrastré el dedo para ver todas sus fotos cuando recibí una notificación de que Garret había subido una foto nueva.
Avergonzada, recordé el día que había activado las notificaciones para ver todo lo que Garret subía. Me había comportado como una adolescente, dándole mi tiempo y mi interés a una persona que a duras penas recordaba que existía, si no fuera por mi hermano Stephen.
¿Qué estará haciendo Will?
Una idea alocada cruzó mi mente.
Solo necesité dos minutos para incorporarme y echar a correr a mi habitación.
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