Sintaxis
Libro IV
1. Después de las construcciones de los verbos, a las que dimos 303 cumplimiento en el libro anterior, el tercero de la obra, vamos a continuar con las de las preposiciones, faltas de un tratamiento en profundidad, en razón de que con unas partes de la oración se presentan en composición y
con otras en aposición[542], sin que a menudo la acentuación distinta pueda ayudar a su discernimiento, al revés de lo que sucede con la mayoría de las partes de la oración en las que el acento único es indicio de la individualidad de la palabra, esto es, de que se trata de una sola parte de la oración; por el contrario, cuando se encuentra en cada una por separado es muestra de la separación de las mismas.
2. Por ejemplo, Διὸς κόρος acentuado con agudo en la penúltima hace que el genitivo sea sentido independiente, igual que si fuese Διὸς υἱός (hijo de Zeus); pero, acentuado en la antepenúltima, Διόσκορος (Dióscuro), se hace semejante a Diógneto, Diódoto; y εὖ νοῶ (bien 304 pensar), con los dos acentos circunflejos permite suponer que nombre y verbo están separados; lo mismo que Ἕλλης πόντος (Mar de Heles, Helesponto), con el acento agudo en su sílaba inicial; e, igualmente, ἐμοῦ αὐτοῦ (de mí mismo), con el doble circunflejo. Estos ejemplos y otros mil semejantes que hay cuando están unidos, adoptan una acentuación conjunta en conformidad con el principio de la composición; si no es así, el acento permanece también independiente, y, como dijimos, la permanencia del acento en cada palabra por separado permite suponer que están en aposición.
3. Ahora bien, καταγραφω no muestra por la acentuación si se trata de dos palabras o de una sola, lo mismo que otras semejantes a ella: ἀποίκου, καταφέροντος; todas las parecidas presentan idéntica ambigüedad: ἀποψέ, ἀποδίς, y entre las conjunciones, καθότι, διότι
(como ya mostraremos después[543], las preposiciones están presentes en ellas) y otras muchas. Sobre todos estos casos nos hemos propuesto hacer una exposición en profundidad. Por otro lado, en algunas palabras no es posible considerar tales relaciones, pues no pueden llevar las preposiciones antepuestas ni en aposición ni en composición, como sucede con la totalidad de los pronombres en nominativo; de cuál sea la causa de la imposibilidad de dicha construcción daremos razón cumplida.
4. Sin embargo, antes de entrar en los detalles de la sintaxis preposicional, no me parece inoportuno exponer algunas dificultades que 305 se presentan en dichas palabras. Por ejemplo, hay quien dice: «que no había necesidad de que cambiasen su acento a la penúltima cuando
aparecen traspuestas en la frase[544], esto es, cuando a pesar de ser “preposiciones” no se construyen antepuestas; pues con ninguna otra parte de la oración sucede que, cambiada de orden, cambie también su acento además; el fenómeno de la anástrofe no es de validez general ya que no todas las preposiciones que invierten el orden modifican también el acento. Y lo que es más, ¿por qué iban a ser las preposiciones las traspuestas y no las palabras que dependen de ellas? Así, en
ἔπτυσε πουλὺ κάτα
(mucho despreció)[545],
donde la coherencia exige κατέπτυσεν, con lo cual la preposición no está más traspuesta que el verbo. O en
Ἰθάκην κάτα κοιρανέουσιν (α 247) (gobiernan en Ítaca),
y tantos ejemplos semejantes a éstos».
5. La réplica a tales afirmaciones es sencilla: como se ha reconocido,
según demostramos antes[546] las mencionadas palabras recibieron su denominación de su posición por excelencia, o sea, antepuesta. Por eso, los de la Estoa llamaban a las preposiciones «conjunciones antepuestas», por considerar más propio hacer la denominación en virtud de su construcción más conspicua que por el significado, como el de «condicionales», «copulativas», y demás. Y el resto de las partes de la 306 oración no presenta una ordenación fija como para que, aunque aparezcan traspuestas, se acuse dicha trasposición.
6. Así que las [palabras] que tienen una posición única no pueden alterar su ordenación y adoptar posiciones cambiantes, por ejemplo, entre las conjunciones, ἤτοι va siempre en cabeza, nunca pospuesta; entre los verbos, los llamados subjuntivos jamás aparecen en otro lugar que pospuestos a las llamadas conjunciones subordinantes; tampoco los llamados pronombres enclíticos aparecen nunca separados de las palabras con relación a las cuales son enclíticos τίμησόν με (hónrame), δός μοι (dame). Por eso, no puede admitirse aquella afirmación hecha en el Sobre los artículos de Trifón, de que los pospositivos [relativos] a veces resultan antepuestos [artículo determinado], por ejemplo, en ὃς ἂν ἔλθῃ μεινάτω με (el que llegue que me espere), pues ¿de qué palabra declinable iba a ser el artículo?, ¿y cómo puede ser artículo pospositivo [relativo] sin un nombre antecedente a que referirse, sino que, por el contrario, aparece como indefinido al comienzo de la frase? Por lo tanto, no es artículo el ὅς ni aun cuando fuera inserto en el declinable ὅστις (cualquiera que), pues tendría que ir acompañado de otras palabras declinables [para ser artículo] y no de indefinidos, ya que en ὅστις él mismo es también indefinido, e incluso más que el τίς (quién, alguien), lo cual es del todo contrario a la naturaleza del artículo determinado. En efecto, en expresiones de significado indefinido, mediante el añadido del artículo la persona queda determinada: «llegó el hombre», «admiré al poeta».
7. Entonces, cuando las preposiciones no preceden a su régimen, todos estamos de acuerdo en que se ha producido la trasposición, aunque sea que lo que debía ir en segundo lugar ha sido traspuesto al comienzo, 307 pues, dicho una vez más, es cuando están pospuestas y ajenas a la ordenación conveniente cuando se reconoce que se hallan traspuestas. Por tanto, me parece ridículo andar investigando si son las preposiciones mismas las traspuestas o las palabras regidas por ellas.
8. Con relación al cambio de acento en las preposiciones, puede decirse, en primer lugar, que también el resto de las partes de la oración presenta ciertas particularidades que, al no producirse en otras, las hace aparecer como problemáticas, según puede observarse de las enclíticas, de
los interrogativos no agudos y de los indefinidos agudos[547]. Por tanto, no está fuera de tono que las preposiciones presenten doble acentuación, cosa que tienen en común con los pronombres personales, que poseen formas tónicas y enclíticas; con ως, según vaya al comienzo de frase o en interior, en cuyo caso lleva circunflejo; con la partícula expletiva η, con circunflejo al comienzo de frase, pero sin él cuando va pospuesta, por ejemplo, en
τί ἢ δέ σὺ νόσφιν ἀπ᾿ ἄλλων (Ο 244) (¿cómo es que tú estás lejos de los otros?),
ὅτι ἢ κάλλιστον ἢ κατὰ Ξάνθιππον (?) (porque era muy bello, según Jantipo…),
y en muchísimos otros podríamos pensar.
9. Quizá la doble acentuación sea algo que les sucede por necesidad. Porque el resto de las partes de la oración presentan una única forma de construcción a la que se someten, como los adverbios, que se apoyan en el verbo, aunque incidan entre ambos muchas otras palabras; los artículos en 308 los nombres; los nombres acompañando a los verbos, y los propios verbos revierten en los nombres o en los pronombres, que se emplean, a su vez, en lugar de los nombres. Las preposiciones, sin embargo, al admitir dos tipos de construcción, una con los nombres y otra con los verbos, necesariamente han de adoptar una acentuación cambiante cuyo trastrueque significa, al mismo tiempo, la anástrofe de la preposición, mientras que si se mantiene con su acentuación propia, indica que la preposición está en la construcción debida.
10. Así, en
Ἰθάκην κάτα κοιρανέουσιν (α 247, supra),
a causa de la acentuación en la sílaba inicial, o sea, por la anástrofe, se da a entender que la preposición pertenece a la palabra anterior; porque, si no fuera así, indicaría que iba con el verbo siguiente. Por esta causa es perfectamente admisible la doble acentuación de las preposiciones. Otro tanto puede decirse de
εὗρε δὲ Πατρόκλῳ πέρι κείμενον ὃν φίλον υἱόν (Τ 4) (encontró a su hijo en tierra abrazado al cadáver de Patroclo), καὶ γὰρ ὅτε πρώτιστον ἐμοῖς ἔπι δέλτον ἔθηκα
γούνασιν (atribuido a CALÍMACO) (tan pronto como puse las tablillas de escribir en mis rodillas);
y, también, entre dos elementos nominales:
μάχῃ ἔνι κυδιανείρῃ (Ζ 124, etc.) (en el honroso combate),
ποτάμῳ ἔπι δινήεντι (Θ 409) (junto al turbulento río),
ποταμοῦ ἄπο Σελλήεντος (Β 659, etc.) (del río Seléis),
sobre cuyas diferencias hemos de volver en el lugar oportuno[548] 309 , cuando
tratemos de las distintas formas de la anástrofe preposicional y de las que no la admiten, pues ahora nos hemos propuesto mostrar cómo los creadores del lenguaje tuvieron que idear, por necesidad, la doble acentuación de las preposiciones, y hemos de reconocer que sus propias formas predisponían al referido fenómeno, dado que a todas ellas les acontece el ser agudas, cuando el resto de las partes de la oración son más variadas en cuanto al acento, pero no gozan de tan buena disposición para la alteración del mismo como las preposiciones.
11. Por esta razón las preposiciones con incremento arrastran con éste el acento agudo hacia el final, por ejemplo, ἐνί, προτί. Debido a esto,
Aristófanes de Bizancio[549] no juzgó conveniente acentuar en la
penúltima las preposiciones en el dialecto eolio[550], para que no perdieran con ello este carácter propio de la preposición, o sea, la retracción acentual, pues si todas ellas fuesen acentuadas en la penúltima, al invertir el orden en construcción con un verbo o con un nombre, se verían imposibilitadas para cambiar el acento por los motivos expuestos. Y, por lo mismo, tienen breves el comienzo y el final, ya que la cantidad breve puede cambiar más fácilmente el acento; de ahí, también, que cuando el eolio cambia los acentos del final, lo hace por lo general de sílabas breves. En consecuencia, cuando la cantidad silábica es larga, eluden la anástrofe καταί, ὑπαί, y similares. Luego, no todas pueden sufrir 310 anástrofe, como tampoco todos los pronombres pueden ser enclíticos y tónicos, pero es algo que les sucede a la mayoría; ni tampoco todos los interrogativos admiten la retracción acentual; ni todo lo demás se somete a una norma única.
12. Antepuestas a las partes de la oración, las preposiciones pueden estar en composición o en aposición. Con los nominativos de las partes nominales no cabe la aposición de las preposiciones. Es claro, por tanto, que σύνοικος (convecino), ἐπίκουρος (protector), σύνδουλος (coesclavo), ὑπέρδουλος (superesclavo), πάροικος (extranjero), μέτοικος (emigrante), ἔκδηλος (manifiesto), ἀνάδρομος (remontante), περίοπτος (circunspecto), περιφόρητος (portátil), presentan composición de elementos, no sólo por la retracción acentual propia de la composición (puesto que, a veces, algunos compuestos conservan la misma acentuación y sin embargo, la composición no queda anulada por la permanencia del acento, como sucede con περικλυτός [perínclito], ἀναδρομή [retirada], συνοχή [cohesión], καταμονή [permanencia], y tantísimos otros), sino también porque la preposición acompaña al nombre a lo largo de toda la declinación, lo que no podría suceder si de aposición se tratase, por ejemplo: κατά Κτησιφῶντος (contra Ctesifonte), ὑπέρ Ἀριστάρχου (por Aristarco), por no poder adaptarse la misma preposición a todos los casos; mientras que las composiciones en nominativo arriba mencionadas se mantienen en todos los casos.
13. Pero también se hace evidente por el acompañamiento del artículo. En efecto, en aposición el artículo cede el primer puesto a la 311 preposición, siguiendo a aquello de que depende; no así en la composición, puesto que, al ser la preposición una parte de la palabra, ha
de llevar delante de sí el llamado artículo antepuesto a los nombres[551]. Ejemplos de lo primero son: περὶ Ἀριστάρχου - περὶ τοῦ Ἀριστάρχου, κατὰ Κτησιφῶντος - κατὰ τοῦ Κτησιφῶντος, περὶ στεφάνου - περὶ τοῦ στεφάνου; de lo segundo: ὁ περικλυτός, ὁ σύνδουλος, ὁ μέτοικος. Gracias a esto, los casos de ambigüedad se resuelven mediante el añadido del artículo; así, se distinguirán: παρὰ τοῦ νόμου , παρὰ τοῦ φέροντος, de los siguientes: τοῦ παραφέροντος, τοῦ παρανόμου, sobre los que hemos tratado con toda precisión en otro lugar.
14. En consecuencia, προπροκυλινδόμενος ([X 221:] arrastrándose), ὑποπεπτηῶτες ([B 312:] acurrucados) constituyen una sola palabra, y κατά formaría mejor parte del compuesto:
λέων κατά ταῦρον ἐδηδώς (Ρ 542) (como un león después de devorar a un toro),
que no una palabra aparte, dado que las partes de la oración se conciben independientes, pero en composición no pueden separarse, como se mostrará en otro momento. Y tampoco, en
γέλασσε δὲ πᾶσα περὶ χθών (Τ 362) (la tierra entera sonreía en torno),
puede acompañar al nominativo conforme a la teoría de la preposición, sino que o bien tiene el valor del adverbio πέριξ, (en derredor), o bien, por hipérbaton, se integra con el verbo, de manera que resulte περιεγέλασε, esto es, «se iluminó sobre manera», pues el que formara un compuesto con χθών queda excluido por el acento, dado que no está 312 retraído, como sucede con αὐτόχθων (autóctono), ἐνοσίχθων (que sacude la tierra), y, además, por la consideración del significado, pues la palabra continúa siendo femenina, y, al entrar en composición, cambian el género, así, en αὐτόχθων y ἐνοσίχθων, no se entiende la tierra, sino «el nacido de la tierra», en el primero, y «el que domina», en el otro.
15. Tales ejemplos se atienen, ciertamente, al uso común, pero la investigación de sus causas nos mostrará la justificación de tal uso. Los nominativos y los vocativos, junto con los verbos que acompañan, hacen referencia a una única persona: «Trifón lee - Trifón, lee», «Trifón aprende- Trifón, aprende», mientras que en los otros casos han de entenderse dos personas: «lee para Trifón», «ama a Trifón», «escucha a Trifón», por supuesto sobreentendiéndose nominativos-sujeto. Esto sentado, una preposición jamás podrá, en buena sintaxis, ir en aposición con un nominativo, ante todo porque es la relación expresada por el verbo la que
puede asimilar el significado de las preposiciones[552]. Sean, por ejemplo, «Platón» y «va», y una preposición: «en», «con», «bajo», «sobre», o cualquier otra. La preposición no se inclinará hacia ninguna palabra que no pueda admitir la relación que nace de ella. Y, desde luego, no podrá ser «en Platón», sino «va en»; ni «con Platón», sino «va con», «va a través de», «va alrededor de». Por esto, al incluir la frase completa una 313 sola persona, o sea, «Platón va» el añadido preposicional externo se inclinará hacia el verbo en cuanto elemento prepositivo que se acomoda a un pospositivo.
16. [553] (Decíamos al comienzo de este tratado que los elementos constitutivos de la oración se comportan del mismo modo que los elementos de la palabra; y, así como hay letras que van antepuestas a otras letras, y no todas pueden ir ante todas, de la misma manera las palabras que van antepuestas no podrán anteponerse a todas las demás, sino sólo a aquellas con las que pueden entrar en relación sintáctica. Pongamos, por ejemplo, las sílabas τρα o κλα y que se les añade una σ: evidentemente, no cabe ante la ρ o ante la λ pues la σ no puede precederlas, pero sí ante κ y τ, y, de este modo, habrá ordenación correcta en σκλα y στρα. Pongamos también, por ejemplo, una palabra como Τῖρυς y que le añadimos una ν, al final quiero decir; desde luego que no podrá unirse una ν después de la σ, aunque en ν acaban muchas palabras, dado que la σ jamás precede a la ν, pero sí al revés, sucesión que es muy frecuente en
argivo[554]).
17. Por tanto, si en una frase como Πλάτων διαλέγεται (Platón conversa) con los dos elementos en la misma persona se inserta una preposición, no podrá sino construirse antepuesta al verbo formando un compuesto, es decir προσδιαλέγεται. Ahora bien, si el carácter del nombre 314 es tal que pudiera admitir una relación preposicional, entonces es factible que la preposición vaya unida al nombre. Así, περίεργος no está muy lejos de περιεργάζεσθαι, ni ἐπίκουρος de ἐπικουρεῖν. (Nada impide, pues, que se unan como nombre propio convencional, pues la primitiva formación del compuesto es la de tipo adjetival, convertida después convencionalmente al uso como propio. Pero, por otro lado, Ἀντίθεος , Ἀντίπατρος, y similares, pueden ser considerados virtualmente como un grupo de preposición más genitivo, ya que significan «en lugar de [igual a] Dios, el padre». Está claro, por tanto, que los compuestos mantienen su valor originario). En consecuencia, si, conforme al razonamiento anterior, cuando va una preposición con un verbo, va en composición y no en
aposición, es del todo punto necesario, como se mostrará luego[555], que los nombres verbales en nominativo se comporten igual que los
verbos[556].
18. Por otra parte, los casos oblicuos, al estar más desligados del verbo, esto es, al no referirse a la misma persona verbal, son también diferentes en cuanto a su configuración, pues adoptan, por el contrario, la aposición en lugar de la composición. Cuando, como decíamos, se trata de
una frase de una única persona[557], entonces la composición es obligada al mismo tiempo; pero la ausencia de esa relación que se produce entre verbos y casos oblicuos, excluye también la composición, siendo, por otro lado, más restringido el uso de palabras con aposición preposicional, que 315 en composición; así, περὶ Ἀπολλωνίου , ἐν Ἀπολλωνίῳ y otros semejantes.
19. Es probable que alguno diga que también cabe la composición en los casos oblicuos βόλου περιβόλου, δρόμου καταδρόμου, y similares. Ese tal olvida que no se trata de una composición originaria en caso oblicuo, sino de una variante flexional a partir de un nominativo compuesto, como se mostrará en lo sucesivo.
20. Es también probable que suponga que las preposiciones, en realidad, no van en aposición con los casos oblicuos, sino que, pertenecientes al verbo, han sufrido una trasposición, por ejemplo: κατὰ Ἀπολλωνίου ἐλάλησα - κατελάλησα Ἀπολλωνίου (dije contra Apolonio -contradije a Apolonio), σὺν Ἀπολλωνίῳ ἤμην - συνήμην Ἀπολλωνίῳ, περὶ τὸν καμπτῆρα ἔδραμον - περιέδραμον τὸν καμπτῆρα, πρὸς Τρὺφωνα εἶπον - προσεῖπον Τρὺφωνα, Ἀλεξανδρείας ἔδραμον - ἀπέδραμον Ἀλεξανδρείας; y que, si se producen diferencias de significado entre ambas formas de construcción, la trasposición es la causante de la diferencia: ὁ νῦν ἄνθρωπος - νῦν ὁ ἄνθρωπος (el hombre de ahora -ahora el hombre), τότε ὁ Πτολεμαῖος - ὁ τότε Πτολεμαῖος (entonces Tolemeo - el Tolemeo de entonces), ἐμὸς ὁ δοῦλος - ὁ ἐμὸς δοῦλος (el esclavo mío - mi esclavo).
21. Contra esto puede decirse que, en los casos de trasposición, la coherencia sintáctica se mantiene, aunque pueda existir una cierta diferencia de significado; mientras que, en las preposiciones, la trasposición arrastra a un cambio de caso y, además, la mayor parte de las veces, dicha trasposición no es posible; πρὸς Ἀπολλώνιον ἔρχομαι, pero 316 προσέρχομαι Ἀπολλωνίῳ, πρὸς Τρύφωνα λαλῶ y προσλαλῶ Τρύφωνι; y, por otro lado, es posible decir καταφέρω οἶνον, pero no κατ᾿ οἶνον φέρω, y περὶ τοῦ φίλου λέγω, pero no περιλέγω τοῦ φίλου. Muchos ejemplos podríamos poner de lo mismo. Con lo dicho ha quedado perfectamente demostrado que las preposiciones se construyen con los casos oblicuos, no pudiendo componerse con ninguna otra parte de la oración, si
previamente no ha podido regir un caso oblicuo[558]. Sobre dichas
diferencias hablaremos en lo sucesivo[559].
22. Más aún, habrá quien crea que contra el anterior principio sintáctico van ejemplos como παρ᾿ ὀλίγον Τρύφων ὤλισθεν (por poco no cayó Trifón), μετ᾿ ὀλίγον Δίων παρέσται (dentro de poco estará aquí Dión), παρὰ τί ἥμαρτεν Θέων; (¿por qué se equivocó Trifón?), pues el τί y el ὀλίγον, u otras palabras semejantes que haya, podría parecer que llevan las preposiciones en aposición estando en nominativo, sobre todo si
la construcción tuviese lugar con caso oblicuo[560]: παρ᾿ ὀλίγον Τρύφωνι συνέβη τιμηθῆναι (casi sucedió a Trifón el ser honrado), κατὰ τί Θέωνα ὑβρίζεις; (¿por qué ofendes a Teón?).
23. Lo cual puede ser refutado si la frase llevase explícito el acusativo sobreentendido. Así, en παρὰ τί Τρύφων ἥμαρτεν (¿por qué se equivocó Trifón?), hay que sobreentender un acusativo: «causa», como si dijéramos: παρὰ ποίαν αἰτίαν ἥμαρτεν Τρύφων; (¿por qué causa se
equivocó Trifón?)[561] 317 . Otro tanto sucede con μετὰ μικρόν y μετ᾿ ὀλίγον
ἐλεύσεται Τρύφων (dentro de poco llegará Trifón), pues ha de entenderse μετὰ μικρὸν διάστημα τοῦ χρόνου (dentro de una pequeña duración de tiempo). Lo mismo puede decirse de todos los ejemplos semejantes, de suerte que las preposiciones han de ser interpretadas en aposición a los acusativos. El ejemplo παρὰ τί λείπει ὁ λόγος; (¿en qué es elíptica la oración?) es igual que si dijéramos: παρὰ τίνα λέξιν λείπει ὁ λόγος; (¿en qué palabra es elíptica la oración?), y, de la misma manera que no cabe que pueda entenderse παρὰ τίς en nominativo, sino en acusativo παρὰ τίνα, así también hay que pensar que el τί si se pone en nominativo no podrá adoptar la aposición preposicional, pero sí estando en acusativo, como cuando decimos παρὰ τί (por qué).
24. Pero, a su vez, a esto puede oponérsele lo siguiente: decíamos
antes[562] que, en las construcciones preposicionales en aposición, el artículo iba detrás de la preposición, pero que, en compuesto, el artículo iba delante de ella; sin embargo, decimos τὸ παρὰ τί (el porqué), lo cual no podría tener lugar, si previamente la preposición no se hubiese unido en una única palabra.
25. A lo cual, por su parte, se puede replicar lo siguiente: primero, el τί no precisa en absoluto artículo, pues los interrogativos los rechazan,
según ya demostramos[563]. Segundo, en la referida expresión, la construcción con el artículo no se hizo en virtud del interrogativo sólo, me estoy refiriendo a «el porqué», sino que el artículo se refiere a la expresión como un todo y al hecho externo significado, igual que se puede observar en su construcción con el infinitivo, como cuando 318 decimos «el escribir», «el pasear», pues el artículo no afecta a las voces o a los tiempos, sino a la propia acción significada por el verbo. Lo dicho puede, asimismo, demostrarse mediante un giro oracional. Pongamos, por ejemplo, μὴ παρὰ τοῦτο ποιησόμεθα (no actuemos contra eso), expresión que significa, por su parte, un hecho global del cual es propio el artículo: τὸ μὴ παρὰ τοῦτο ποιησόμεθα (el no actuemos contra eso). Por tanto, en el caso del τὸ παρὰ τί, la preposición no va en composición por el hecho de llevar el artículo antepuesto.
26. La misma consideración merecen διότι (porque) y καθότι (según que) acerca de si están construidos en aposición o en composición y si se trata del ὅτι indeclinable conjunción o del declinable pronominal, el cual constituye el neutro de ὅτις, formando así una sola palabra, al igual que ὁποῖος ὁπόσος, o bien han de ser considerados como dos palabras, en cuya composición entran desde el masculino dos elementos equiparables, es decir, ὅς τις, en correspondencia con un femenino igualmente formado por dos palabras: ἥ τις, de lo que sigue por necesidad un neutro también de dos palabras: ὅ τι, y no ignoro que, en la conjunción ὅτι, se encierra una segunda significación, cuando la entendemos afirmativamente, por ejemplo, cuando decimos: ὅτι νικῶ σε (que te venzo), ὅτι πλείονά σου 319 ἀναγινώσκω (que leo más que tú), construcción que se diferencia de la de valor causal: ὅτι πλείονά σου ἀναγινώσκω συνετώτερός σου καθέστηκα (porque leo más que tú soy más listo que tú). Sobre tal distinción hemos tratado con más detenimiento en el tratado De las conjunciones, pero aquí, como de lo que se trata es de la sintaxis de las preposiciones, expondremos sólo lo que atañe a la cuestión de las preposiciones.
27. Ya nos referimos a que, en algunas formas de aposición, las preposiciones presentan una construcción como si de conjunciones se tratara, lo que, se dice, es el motivo de que los estoicos las llamen
«conjunciones prepositivas»[564], pues ἕνεκα τίνος λυπῇ; (¿a causa de qué estás triste?) y διὰ τί λυπῇ; (¿por qué estás triste?) son semejantes, lo mismo que ἐκ τῆς ῥᾳθυμίας (de la indolencia) y ἕνεκα τῆς ῥᾳθυμίας (a causa de la indolencia). Por tanto, no es absurdo el que las palabras mencionadas, me refiero a διότι y καθότι, a pesar de incluir preposiciones admitan construcción de conjunciones.
28. [565] En efecto, a partir de la aspiración que se da en su interior, se hace evidente que el διότι no es una palabra simple, dado que la aspiración de las vocales no se produce en interior de palabra, por lo cual se ha conjeturado que o bien se trata de alguna excepción, o bien que se ha filtrado del laconio al resto de los dialectos, de lo que hemos tratado con detalle en el tratado De los espíritus. Ahora bien, para mí, esto no es una explicación suficiente del porqué el διότι está formado de dos palabras distintas, puesto que nada impide que también ellas estén 320
formadas igual que las supuestas excepciones, a saber, [566] εὐοἵ, εἶἑν (sea, bien), y un ático ταὧς (pavo real).
29. Por el contrario, son sus circunstancias propias las que permiten determinarlo, ante todo, los propios elementos διά y ὅτι. El διά, por un
lado, jamás aparece en composición con sentido causal[567], por ejemplo, διάδρομος (pasaje), διατρέχω (correr a través); sólo si va en aposición con un acusativo: διά Τρύφωνα (a causa de Trifón), διά τὴν ἡμέραν (a causa del día), de donde resulta que el ὅτι tampoco es conjunción, sino
una palabra declinable en acusativo, ya que se demostró[568] que un nominativo jamás puede ir apuesto a una preposición y que, en composición con un nominativo, el διά nunca tiene valor de conjunción [causal].
30. Queda, pues, por aclarar si el ὅτι es una palabra simple a la que precede διά, o son dos por aposición de ὅ y τί resultado de la flexión del ὅς τις masculino en la forma neutra. Esto es lo que tiene mayores indicios de racionalidad, pues si se consideran los otros géneros, el masculino y el femenino me refiero, en los que no hay coincidencia entre el acusativo y el nominativo, resulta evidente que hay que distinguir dos elementos en ὅτι. Porque es el acusativo el caso de δι᾿ ὅν τινα λόγον (por cualquier razón) y de δι᾿ ἥν τινα αἰτίαν (por cualquier causa), y lo mismo en plural: δι᾿ οὕς τινας y δι᾿ ἅς τινας, y otro tanto δι᾿ ὅ τι. Quedará claro, entonces, que el διότι consta de tres palabras: de la preposición διά en función de 321 conjunción [causal] rigiendo un acusativo, y de dos palabras flexivas equiparables, el ὅ y el τί, que no pueden estar en otro caso que en acusativo. La misma explicación vale para καθότι.
31. Es preciso reconocer, igualmente, que en construcciones tales como διά τὸ ἡμέραν εἶναι (por ser de día), διά τὸ φῶς εἶναι (por haber luz), no es posible que el τὸ sea otro caso que el mencionado acusativo. Es posible también probarlo por la correlación de las expresiones, pues téngase en cuenta que hay correspondencia entre δι᾿ ὅν τινα λόγον ταῦτα ἐγένετο (por cualquier razón que haya sucedido esto), διά τοῦτον καὶ ταῦτα συμβήσεται (por eso mismo sucederá también esto), y entre δι᾿ ἥν τινα αἰτίαν (por cualquier causa) y διά ταύτην (por esta causa); de donde se seguirá como consecuencia que también hay correspondencia en el neutro: διότι ἡμέρα ἐστίν, διὰ τοῦτο φῶς ἐστιν (por ser de día, por eso hay luz), donde, una vez más, la correlativa ha de entenderse en acusativo.
32. Hasta aquí por lo que se refiere a la construcción de las preposiciones con nombres, tanto en aposición como en composición. Con los verbos las preposiciones van siempre en composición; así, en καταγράφω, ἐξυπανέστη, παρακατατιθέμεθα, y todos los demás de este tenor. Tal vez pudiera parecer que esto no es verdad y que sea precisa una prueba que demuestre que se trata realmente de una composición. Pues se dice que, en tales ejemplos, las preposiciones están más bien puestas al lado de los verbos que unidas a ellos, y lo defienden del siguiente modo:
33. «Las palabras compuestas, del tipo que sea, no admiten flexión en el punto de juntura de la nueva palabra: por el contrario cuando están puestas una al lado de otra, hace que a menudo el primer elemento adopte 322 formas diferentes. Ello se hace evidente, sobre todo, cuando la primera parte del compuesto está apocopada, como sucede en λεοντόφωνος, Μηνόδωρος , κυνόδηκτος, χειρογραφῶ, παιδαγωγῶ. En tales palabras no se produce variación en el punto de juntura a lo largo de los distintos cambios flexionales. E, incluso, cuando la composición está hecha con palabras completas, está claro que la composición se mantiene fija tanto por la acentuación como por la ausencia de flexión del primer elemento, como sucede en κερασφόρος, ἑωσφόρος, Ἀστυάναξ, τερασκόπος, Διόσκορος.
34. »Sin embargo, cuando están en aposición, el primer elemento puede flexionarse, como - Νέα πόλις - Νέας πόλεως, ἀγαθοῦ δαίμονος, Ἀρείου πάγου, a lo que contribuye, además, la acentuación por separado.
Otro tanto sucede con las preposiciones mismas; así, sabemos ya[569] que, en casos como παρανόμου, περικλυτοῦ, el añadido del artículo permite reconocer si se trataba de una aposición, al quedar separada la preposición por la inserción del artículo, esto es, παρὰ τοῦ νόμου, o bien de una composición, al ir la preposición unida y quedando el artículo exterior al grupo, en cuyo caso la construcción es τοῦ παρανόμου , τοῦ περικλυτοῦ.
35. »Luego, también en καταγράφω, si la preposición fuese en composición, según el anterior razonamiento no podría sufrir ningún tipo de modificación; pero si esto no es así, sino que permite adoptar los distintos cambios flexionales como si se tratara de un verbo simple, es obvio que la preposición está más en aposición que en composición. Y de 323 la misma manera que la aceptación del artículo inserto revelaba la aposición en las expresiones nominales, así también la adopción de cambios flexionales en el interior del compuesto nos mostrará otro tanto [en los compuestos verbales], puesto que, por ejemplo, admiten reduplicaciones: καταγράφω - καταγέγραφα, καταλαλῶ -καταλελάληκα».
36. «Tampoco parece verosímil, según dice Trifón en su obra Sobre las preposiciones, que las preposiciones se hallan en composición con los
verbos, y que no admiten los elementos flexionales delante[570], porque, siendo preposiciones, no tienen que llevar nada delante de sí. En primer lugar, porque es imposible que compuestos del tipo que sea sufran
cambios ulteriores, según quedó demostrado[571]. ¿Por qué, entonces,
como decíamos[572], no se consideran dichos cambios más propios de la aposición que de la composición? En segundo lugar, si es por el hecho de ser preposiciones el que no pueda añadírseles nada delante, ¿por qué en
algunos verbos sí se les añade[573]: ἤνεπε, παρηνόχλησθε, ἠναντιούμην? Y no digamos en el lenguaje ordinario: κεκάμμυκα, κεκάθικα.
37. »Pero si se rechazasen estas formas como irregularmente flexionadas, formas que, por otra parte, siguen la analogía natural, como se mostró en otro lugar, queda todavía por decir que a la preposición le corresponde el nombre de tal cuando desempeña su función propia, pero, 324 estando compuesta con cualquiera otra palabra, ya no puede llamársele preposición, al ser un elemento de la palabra global, en cuyo caso ya no presenta las características propias de la preposición.
38. »Esto es posible probarlo basándonos en lo anteriormente
dicho[574]. Por ejemplo, la preposición ἀνά en ἀνοίκτης (abridor) forma parte de la palabra, y, así, al formar un nuevo compuesto, pasa a ocupar
una segunda posición[575] en θυρανοίκτης (abridor de puertas), aunque al entrar en composición vaya siempre al comienzo. Y tan pronto como κατά en κατάδρομος ha pasado a formar parte del compuesto, lleva el artículo delante y no va ella al comienzo conforme al concepto de “preposición”, sino detrás del artículo. Por el contrario, en la aposición preposicional se
mostró ya[576] que no cede su posición al artículo: κατὰ Κτησιφῶντος y ατὰ τοῦ Κτησιφῶντος, ἐκ Λέσβου y ἐκ τῆς Λέσβου.
39. »De modo que, si se encuentra unida en καταγράφω, es indiferente que lleve delante los elementos flexionales [aumento y reduplicación], puesto que, como acabamos de decir, ya no es propiamente una preposición, sino una parte del verbo. Pero, si dichos elementos no pueden añadirse al principio, hay que reconocer que tal peculiaridad no significa otra cosa que la aposición preposicional; sin que la acentuación contradiga lo anterior, pues lo característico de la aposición es que se conserven los acentos en su lugar: κατεῖχον , καθῆψα, προῆλθον.
Otro tanto puede decirse de casos semejantes»[577].
40. A quienes hayan atendido estas razones les parecerá que ha sido probado con todo rigor que las preposiciones están con los verbos más en 325 aposición que en composición. Sin embargo, es posible refutar todos y cada uno de tales argumentos del siguiente modo: no debe pensarse que los verbos compuestos de preposición se flexionan en los tiempos de pasado a partir de la forma base, sino que la composición se produce independientemente en cada tiempo. De la misma manera que de γράφω resulta καταγράφω, así también de ἔγραψα sale κατέγραψα. Así pues, cada una de las formas verbales mencionadas, que, además del tiempo, significan la voz, van adoptando la misma composición preposicional en cada forma de la flexión independientemente, puesto que la acción significada sigue siendo la misma.
41. La prueba más convincente de esto es que, a veces, hay
compuestos sólo en los tiempos de pasado[578] y que no los hay en presente, y también presentes y futuros sin los correspondientes pasados. Pues si lo cierto fuera que los compuestos se formaban a partir del presente como base, y de él se hicieran los cambios flexionales de pasado, la consecuencia necesaria sería que no podría haber formas compuestas de pasado aisladamente, sin que hubiese composición en el presente. Decimos κατέφαγον, sin que pueda mencionarse el presente que le
correspondería[579], y también κατοίσω, sin que se use el presente, pero tampoco el pasado. Más aún, decimos ἄπειμι en presente, sin que haya una forma de pasado manifiesta. Hay que pensar, entonces, que cada tiempo adopta la composición por separado, en tanto en cuanto existiendo cada uno de ellos independientemente no presentan, sin embargo, la 326 forma compuesta en los distintos tiempos ni se mantiene la composición correspondiente al presente. Muchísimos otros ejemplos semejantes podrían aducirse.
42. Sin embargo, yo daría por válidas aquellas formas, me refiero a las que llevan los elementos flexionales delante de las preposiciones; dichas preposiciones toman sobre sí la diferenciación del presente con respecto a los tiempos de pasado, como sucede con ἤνεπον frente a ἐνέπω; efectivamente, es analógico con ἤλαυνον, y καμμύω - ἐκάμμυον lo es de ἔκαμπτον. Hay que tener también en cuenta que de ἐνοχλῶ sale ἠνόχλουν, y que sólo después que se ha formado éste ha seguido la formación del compuesto παρηνόχλουν.
43. Está claro que como el número de verbos así flexionados no es muy grande y que predominan los que componen las preposiciones en cada tiempo por separado, podría pensarse que los primeros no se sujetan a la norma. Contra esto puede objetarse que la norma no rige igualmente para las preposiciones así compuestas. Por qué, si rechazan el aumento delante de la preposición, no permiten que pueda decirse καθιζόμην καθῖσα, esto es, con la ι larga, igual que sucede cuando se introduce una partícula en medio de ambas, por ejemplo:
κάδ δ᾿ ἑισ᾿ ἐν θαλάμῳ (Γ 382) (y le aposentó en su cámara);
por tanto, si concedemos que el aumento se haga en el interior, ¿por qué no va a tener lugar en el exterior [delante de la preposición]? Pues es imposible que el tiempo de pasado del ejemplo careciese de aumento 327
interior. Por tanto, como ya dijimos[580], en dichos verbos la composición hecha en el presente la trasladan también a los tiempos de pasado sin adoptar la composición cada tiempo por separado, sino asumiéndola ya
desde el presente[581].
44. Yo entiendo que es porque dichas preposiciones son mayormente superfluas y sólo representan un añadido silábico a tales verbos, por lo cual llevan sobre sí el aumento de los mismos. Desde luego no es igual la diferencia que existe entre γράφω (escribir) y καταγράφω (registrar), que entre ἵζω y καθίζω (sentarse), εὕδω y καθεύδω (dormir), ἔπω y ἐνέπω (decir), por lo cual éstos pueden tomarse como simples. Sobre esto hemos
hablado suficientemente en otro lugar[582].
45. El razonamiento se aclara del todo, si consideramos los participios. Si se admite que καταγράφων es una sola palabra, puesto que se trata de un nominativo y puede llevar el artículo delante de la preposición, ha de admitirse también que καταγράφω es una única palabra, dado qué el participio tiene que presentar el mismo tipo de formación que el verbo. (Por eso, ἀνατλάς es participio, pues es asimilable a ἀνέτλην, pero no lo es πολύτλας. Pues, cuando una forma participial adopta una forma específica y no participa del tipo de formación verbal, deja de ser participio. De esta teoría hicimos una exposición completa en el tratado Sobre los participios).
46. Y se puede añadir lo siguiente: si los nominativos-sujeto por concordar con los verbos en su misma persona no toleran la compañía de una preposición, pero sí la composición debido a su relación con el verbo, ¿cómo no va a ser contraproducente que lo que es causa de que no pueda acompañarse de la preposición, ello mismo admita la aposición 328
preposicional? Por eso, tampoco el vocativo[583] admite la compañía de la preposición, por su concordancia con la persona del verbo, pero sí los tres casos restantes, dado que son ajenos a esa concordancia de personas. Más arriba mostramos que, cuando decimos «habla contra Aristarco», el verbo
se concibe en distinta persona[584].
47. La acentuación es un ejemplo más para probar que se trata de composición. Mantener los mismos acentos es propio tanto de la aposición como de la composición: παρὰ τοῦ σοφοῦ ἦλθεν, παρὰ τὸν σοφὸν ἐγένετο, y también en la composición se produce la permanencia del acento: περικλυτός, Παναχαιός, ἀντεραστής. Ahora bien, la retracción del acento es propia sólo de la composición. Por tanto, en καθῆψα, en προεῖχον no puede decirse que sea más composición que aposición, puesto que una u otra pueden ser: por el contrario, cuando se encuentran retraídos, sólo es propio de la composición. Retraído está el acento en κάθηται, κατάκειται, σύνειμι, σύμφημι, σύνοιδα,
κάτεχ᾿ οὐρανόν (ν 269)
(recubría el cielo),
Νέστωρ δ᾿ αὖ τότ᾿ ἔφιζε (γ 411) (entonces era Néstor el que ocupaba el sitio),
ἔνεσαν στονόεντες ὀϊστοί (φ 12) (dentro estaban las dolorosos flechas),
ξύνισαν μεγάλῳ ἀλαλητῷ (Ξ 393) (se atacan con gran griterío),
y mil más, la causa de lo cual ya la explicaremos. Igual que en el caso de 329 las palabras compuestas, hemos dicho que unas retraen el acento y que otras lo conservan en el mismo sitio.
48. Y lo que es más importante, todo imperativo bisílabo retrae el acento en la activa: κάτελθε, κατάλαβε, περίγραφε, y no cabe la menor duda de que son compuestos. Y si se reconoce que éstos son compuestos, ¿cómo no reconocer que los indicativos también son compuestos? Pues, en efecto, una misma es la voz, uno mismo el modo de combinarse y uno mismo es el tipo de formación verbal.
49. Asimismo, el modo subjuntivo lleva las conjunciones subordinadas delante de la preposición: ἐὰν καταλάβω, ἐὰν καταγράφω; lo que no podría tener lugar, si las preposiciones ocupasen siempre el primer lugar. Ello resulta igualmente obvio a partir de los restantes modos, a los que se añaden los adverbios acompañantes delante de las preposiciones: εἴθε καταλάβοιμι, ἄγε κατάλαβε. Hasta aquí por lo que respecta a la unión de las preposiciones con los verbos.
50. Es algo evidente que los participios correspondientes a los verbos y que son el resultado de su flexión, presenten el mismo tipo de formación, por ejemplo, παραστάς respecto a παρέστη, περιφύς -περιέφυν. Así, también, παραφέροντος, por existir a su vez su correspondiente παραφέρω, constituirá una sola palabra. Porque, si saliera de φέρω del que se forman φέρων y φέροντος, según ya hemos dicho, 330 resultaría que eran dos palabras: παρὰ φέροντος, en cuyo caso el artículo debería interponerse entre el participio y la preposición.
51. En el tratado Sobre los participios dijimos que es más acertado llamar a estas formaciones parasintéticas que compuestas, puesto que, de toda palabra que es compuesta y se transforma en otra, esta segunda forma derivada ya no es compuesta sino parasintética. (De ahí que la acentuación de las palabras simples y de los compuestos aparentes sea la misma, debido a que, tanto las simples como las parasintéticas, están sujetas a la misma norma analógica, como está demostrado en el libro Sobre las formas de las palabras. Por tanto, llamamos compuesto al que cambia el acento, de agudo en la última, a una sílaba anterior, por ejemplo, de los en -ος: πάνσοφος, νεάοιδος; y parasintético, al que no retrae el acento, puesto que él mismo no es compuesto, sino derivado de un verbo compuesto, por ejemplo de ἐπακούω el
ἀγορῆς ἐπακουὸν ἐόντα [HESÍODO, Trab. 29] [atendiendo a la asamblea],
de λυραοιδῶ, λυραοιδός, de μεσῳδῶ - μεσῳδός, haciendo ahora caso omiso de las excepciones, pues no es nuestro principal propósito tratar aquí de la norma acentual de aquéllos).
52. Es, asimismo, cosa reconocida que ἐξόν y παρόν (siendo posible) presentan la forma de los mencionados participios, por ser derivados de ἔξεστι y πάρεστιν; y tienen, con razón, desinencia neutra, puesto que se construyen con infinitivos dependiendo de ellos, en conformidad con la construcción de los verbos con los infinitivos: πάρεστι φιλολογεῖν - παρὸν φιλολογεῖν (es / siendo posible ser filólogo), ἔξεστι καθεύδειν - ἐξὸν 331 καθεύδειν (es / siendo posible dormir).
53. Con los pronombres, las preposiciones jamás van en composición, sólo [en aposición] con los ortotónicos en los casos oblicuos: κατὰ σοῦ, περὶ σοῦ. Por qué con los ortotónicos ya se ha dicho
en los libros anteriores[585]. Es obvio, por tanto, que los pronombres en nominativo no llevan preposición en aposición ni en composición por la imposibilidad de dicha formación. Ahora bien, aunque en construcción
pronominal, se dice un tanto descuidadamente [586] ἐπέκεινα. (Al igual que la expresión adverbial ἔπειτα [después, entonces], está con sentido temporal y puede ser transformada en un giro pronominal μετὰ ταῦτα [después de esto]).
54. Con los artículos, al no poder aparecer por sí solos ni en composición, sino que siempre están en aposición con los elementos nominales siguiendo su misma sintaxis, con ellos la preposiciones van al
lado, lo que ya ha sido explicado con detalle más arriba[587].
55. Consigo mismas las preposiciones van tanto en composición como en aposición. Reconocido ya que con los nominativos las preposiciones sólo pueden ir en composición, se reconocerá también que παρακαταθήκη (depósito) es una sola palabra; y concedido que con los verbos las preposiciones van siempre en composición, se concederá también que ἐξυπανέστη se somete al principio de la composición, y que si ἀναγινώσκειν es una sola palabra también lo es ἀναγινώσκοντα. Es 332 claro también que, si a dicha forma de participio se le añade otra preposición que no estaba compuesta con el verbo del que aquél se
formó[588], la preposición añadida estará en aposición, pero, si ya pertenecía al verbo, estará en composición: ἀναγινώσκω - ἀναγινώσκοντα- παρὰ ἀναγινώσκοντα, y con artículo: παρὰ τὸν ἀναγινώσκοντα. Pero, si se dijera παραναγινώσκοντα, también tiene que añadírsele el artículo desde fuera: τὸν παραναγινώσκοντα.
56. A continuación vamos a hablar de la construcción de los adverbios, empezando por aquellos que están formados de una expresión preposicional y funcionan adverbialmente. Por cierto, Heraclides Milesio, al enumerar en su Prosodia general las palabras que no pueden llevar acento agudo en la última, dice que es inadmisible que εἰσό (hasta que) se pronuncie con dicha acentuación oxítona, puesto que las palabras acabadas en ο retraen el acento agudo de la última sílaba, excepción hecha de las preposiciones ἀπό y ὑπό, ya que es característica exclusiva de las preposiciones el agudo en la última. Está claro que también αὐτό, el neutro de αὐτός, acaba en ο, pero tiene su justificación para tal acento en que tenía que acentuarse igual que el masculino. Por tanto, no hay base para la acentuación oxítona de εἰσό. Tampoco puede considerarse 333 convincente que se haya formado del adverbio ἕως (hasta que, mientras) por tener que trastocar para ello todos sus elementos constitutivos: la cantidad silábica final se cambia para el principio, la sigma última para el medio y el acento agudo de la primera sílaba, junto con la aspiración que lo acompaña, para el final.
57. Mejor es explicarlo como una expresión con valor temporal constituida por la aposición de preposición y pronombre relativo, cuyos elementos han adoptado los caracteres pertinentes de la construcción apositiva que les es propia, pues la preposición εἰς pierde su acento
agudo[589] cuando entra en aposición, como les acontece a todas las preposiciones. Luego, el relativo ὅ es acentuado agudo con un espíritu correspondiente, lo que es propio de toda palabra aguda que no tiene otra palabra detrás. Y digo esto, porque todas las formas oxítonas construidas junto a otras palabras que las siguen, cambian su acento agudo en grave, por ejemplo:
εἲ μὴ μητρυιὴ (Ε 389)
(si su madrastra no…),
y otros similares.
58. Así sucede también con ἐξ οὗ, ἐν ᾧ, ἀφ᾿ οὗ, pudiendo observarse que otro tanto es lo que pasa con los nombres: ἐν οἴκῳ , ἐκ Δέσβου, εἰς οἶκον. El sentido local de todos ellos es uno mismo, equivalente a sus derivaciones adverbiales, me refiero a Δεσβόθεν ,
οἴκαδε [590] , οἴκοθι . (En otro lugar explicamos cómo οἶκον δέ, Οὔλυμπον δέ y similares, aun estando constituidos por dos partes de la oración distintas, funcionan como una construcción adverbial única, y añadíamos que, si algunas preposiciones podían usarse en lugar de conjunciones, 334 nada impedía tampoco que una conjunción pudiera reemplazar a preposiciones).
59. Ahora bien, quizá alguien se pregunte cómo es posible que dichas expresiones signifiquen nociones locales, mientras que en construcción con un relativo su sentido sea temporal. La explicación de esto es que ἐν οἴκῳ (en casa) y ἐξ οἴκου (de casa) tienen que expresar necesariamente una relación local, puesto que dichos nombres por sí mismos ya significan de antemano lugar; los relativos, sin embargo, no significan sino anafóricamente, lo cual implica ya una noción temporal, puesto que la anáfora es una reminiscencia del tiempo en que acaeció lo referido, y en consecuencia las antedichas construcciones con relativo han
de expresar una noción temporal[591].
60. No porque hayamos dicho que tales partes de la oración están constituidas por la aposición de otras dos quiere decir que deban ser excluidas de su tratamiento propio [adverbial] y remitidas al de la construcción de las partes por separado, igual que otras partes de la
oración no son excluidas por la falta de analogía de dichas palabras[592]. Se trata, desde luego, de dos partes de la oración; sin embargo, debido a la conexión de ambas, constituidas en una solamente, por lo cual se han de considerar conjuntamente, me refiero a εἰς ὅ, ἐν ᾧ y ἐξ οὗ, al igual que en los susodichos adverbios οἶκον δέ, ἀγρὸν δέ.
61. Tengo que añadir algo a lo dicho por Heraclides de que el adverbio temporal ἐπεί (cuando) es el resultado de la misma construcción 335 anterior, pues, dice él, a partir del adverbio de lugar οὗ tiene lugar la transformación dórica εἷ, de manera análoga a ποῦ en πεῖ, αὐτοῦ - ἀυτεῖ, a la cual se acompaña la preposición ἐπί que aquí equivale a ἀπό, igual que otras veces aparece ἀπό en lugar de ἐπί; por ejemplo, ἀπομηνίσας ([H 230:] enojado) es equivalente a ἐπιμηνίσας. Para estar de acuerdo con
dicho hombre, tampoco será obstáculo la forma de la sinalefa[593], pues muy a menudo hacen la sinalefa los dialectos dóricos con las sordas correspondientes [a las aspiradas]:
κὠ τοξότας Ἡρακλέης
(y el arquero Heracles),
κάλλιστ᾿ ὑπαυλέν
(acompañar muy bellamente con la flauta),
κἀ μεγασθενὴς Ἀσαναία
(y la muy poderosa Atenea),
Μελάμποδά τ᾿ Ἁρπόλυκόν τε
(a Melampo y a Arpólico),
ἄρχοιμεν γὰρ κὠθρασίων [594] (A LCMÁN ) (mandaríamos sobre los otrasios),
62. Parece, sin embargo, que, aunque se admita el cambio de
preposición y la sinalefa, en lo que estuvimos de acuerdo, a ello se opone la acentuación, pues en la forma común, igual que en dórico, los adverbios en -ει, se acentúan con circunflejo en la última, πεῖ y ποῦ, αὐτεῖ y αὐτοῦ, regla que no sigue ἐπεί; pero, además, se opone el significado, ya que las variantes dialectales suponen cambio de forma, no de significado. Ahora bien, ἐπεί no significa lugar, como sucede con εἷ en εἷ τὰ τῶν χοιραγχᾶν (donde lo de las anginas de cerdo) (Sofrón cómico, 98). Por eso, aceptaríamos mejor lo que es propio de otras conjunciones, esto es, la coincidencia formal de conjunciones y adverbios, también para la forma presente. Así, ὄφρα es conjunción en 336
ὄφρα πεποίθῃς (Α 524)
(para que te convenzas),
pero también es adverbio de tiempo:
ὄφρα μὲν ἠὼς ἧν (Θ 66)
(en tanto que era la aurora).
Lo mismo puede decirse de ὅπως e ἵνα con respecto al adverbio de lugar.
63. Tampoco ha de pasarse por alto que las referidas palabras [εἰσό, etc.] pueden expresar también relaciones locales, si bien su sentido es sobre todo relativo, de ahí que exijan, la mayoría de las veces, el añadido del nombre de lugar: ἐν ᾧ τόπῳ ἔμεινας (en el lugar en que estuviste), ἐξ οὗ τόπου ἀπῆλθον (del lugar de que marché), εἰς ὃ ἐπορευόμην χωρίον (el sitio a donde me dirigí), donde, a su vez, las preposiciones sirven para expresar el sentido local junto con los elementos nominales. Así pues, es evidente que el caso de εἰς ὃ ἐπορευόμην χωρίον no es otro que el acusativo, según mostramos más arriba que las preposiciones no pueden ir con nominativo, cosa que se pone de manifiesto si el nombre es masculino: εἰς ὃν ἐπορευόμεν τόπον. Hasta aquí por lo que se refiere a los adverbios de lugar constituidos por una aposición preposicional.
64. A continuación vamos a hablar de la construcción de preposiciones con adverbios. Así, de ἐπάνω (encima), περικύκλῳ (alrededor), ὑποκάτω (debajo), ἀποδίς (dos veces), ἀποψέ (tarde), y similares, de los que nuestros antecesores gramáticos sólo intuyeron que se trataba de compuestos preposicionales, pero sin dar una explicación 337 precisa que acabase con las dudas al respecto. Pues, ¿por qué ἀποψέ no va a ser con más razón dos palabras que una, y lo mismo las semejantes a ésta? Es necesario, por tanto, suplir dicha falta y demostrar cuándo han de ser entendidas como una sola palabra y cuándo no.
65. Más arriba habíamos mostrado de manera suficiente que las preposiciones se conciben funcionando por separado y en aposición sólo cuando van adjuntas a los casos oblicuos (no todas, desde luego, convienen a todos los casos, como ya dejamos expuesto en la llamada «Introducción»), pero con las indeclinables funcionan sin variaciones formales. De ahí que, por ésta y por otras causas que ya hemos expuesto, no puedan aponerse al nominativo, por ser todavía forma no
flexionada[595]. Por eso, es del todo necesario admitir que otro tanto sucede con los adverbios, al no presentar casos oblicuos a los que se pudiera pensar que acompañaban las preposiciones. Y no se piense que el
δι᾿ ὅτι [596] se opone a lo anterior, pues ya mostramos que estaba formado por un acusativo más la preposición διά, y que el ὅτι no era conjunción, puesto que, si así fuera, constituiría una sola palabra, como sucede con el ἐπεί causal que está formado de la conjunción εἴ y de la preposición ἐπί, según dice también Posidonio.
66. Vale la pena añadir lo siguiente: si los adverbios se relacionan con los verbos, y la construcción de éstos con las preposiciones es siempre una y la misma, parece evidente que lo que depende de ellos ha 338 de adoptar la misma construcción. Luego, si las preposiciones forman un compuesto con los verbos, lo mismo sucederá con los adverbios, dirigiéndose el sentido de la preposición sobre el verbo.
67. Es posible que alguien diga que la inserción, a veces, del artículo entre la preposición y el adverbio pone en entredicho la afirmación anterior, «pues ¿cómo va a admitir el compuesto de preposición y adverbio la inserción del artículo, si era justamente la inserción del artículo lo que servía para resolver los casos de ambigüedad en la composición de preposición y nombre: παρὰ τοῦ νόμου , παρὰ τοῦ φέροντος? Luego, otro tanto sucede con ἀπό τοῦ νῦν (desde el presente), ἀπό τῆς σήμερον (desde hoy), ἀπὸ τῆς αὔριον (desde mañana)».
68. Contra esto puede aducirse que, en algunos adverbios, está implícito un sentido nominal que es el que determina la sintaxis. Así, en σήμερον (hoy) está implícito ἡμέρα (día), pero no al revés (pues un día no quiere decir que sea hoy, ya que día vale también para mañana y para ayer, los cuales, a su vez, tienen implícito «día», de suerte que si algo es mañana o ayer, a eso también le es aplicable «día», pero no, como dije, inversamente). Lo mismo puede decirse de νῦν (ahora), que comprende un tiempo en el sentido más general sin hacer subdivisiones del tiempo 339 comprendido, sino abarcando la totalidad a que se refiere como palabra genérica que es.
69. Por lo tanto, si la construcción lleva implícito el sentido de «día», es del todo necesario que la preposición sea entendida en aposición, puesto que se aplica a una palabra [sobreentendida] en caso oblicuo, y es también del todo necesario el añadido del artículo para que la palabra implícita pueda ser significada, dado que el añadido del artículo es exclusivo para las palabras declinables, pues, de otro modo, ¿cómo iba a poder unirse σήμερον a un artículo que es femenino, en genitivo y singular, cuando los adverbios no significan tales accidentes? (Desde luego que hay adverbios con los que no cabe sobreentender tal palabra declinable, y que por ello son ajenos a dicha construcción, así ἀποδίς , ἀποτρίς [dos veces, tres veces]).
70. Y, al revés, un adverbio no puede admitir por sí mismo una preposición a su lado, a menos que previamente no se añada el artículo, el cual sólo se refiere a la palabra elíptica, como en los ejemplos siguientes: ἐν τῇ αὔριον (en el mañana), ἐν τῇ χθές (en el ayer); lo que no cabría expresar sin artículo, puesto que las preposiciones sólo se construyen con palabras declinables y no podrían acompañar a adverbios. Así, no es posible decir: *ἐν σήμερον (en hoy) ni *ἐξ αὔριον (de mañana).
71. Lo mismo puede decirse de ἐν τῇ ὑποκάτω (en el abajo), ἐν τῷ ἐπάνω (en el arriba). Aquí el artículo se aplica a la palabra implícita que es «lugar» con la preposición apuesta delante. Por tanto, a la hora de analizar hay que entender que la preposición inicial está en aposición con 340 el dativo implícito y el artículo que lo acompaña, mientras que la segunda preposición (ὑπό , ἐπί) va en composición con el adverbio de lugar.
72. En consecuencia, con lo dicho queda claro por qué ἀπεχθές (anteayer) no puede llevar artículo en el interior, ya que aquí la preposición se une al adverbio temporal formando un compuesto. Sin embargo, ἀπὸ τῆς ἐχθές (desde el ayer) se atiene a la construcción característica, esto es, la preposición rige al nombre [sobreentendido], de la misma manera que en ἐκ τῆς σήμερον se exigía la inserción del artículo, pues ἐκ σήμερον no era posible. Tal explicación era necesaria, según decíamos para la cuestión presente, a saber, para que una
clasificación de los mismos resultase convincente[597].
73. A continuación vamos a considerar también ἐξαίφνης (de repente), si se trata de un compuesto de tipo adverbial o es que presenta un sentido adverbial a partir del giro preposicional más adverbio, como puede observarse en otros incontables ejemplos en los que alternan dichos giros preposicionales con adverbios que significan idéntica relación: εἰς οἶκον ἀπέρχομαι - οἴκαδε ἀπέρχομαι (marcho para casa), ἐξ οἶκου παρεγενόμην - οἴκοθεν παρεγενόμην (vengo de casa), ἐν οἴκῳ σε μένω -οἴκοθί σε μένω (te espero en casa). Esta misma construcción, según
dijimos[598], presenta el
οἶκον δ᾿ ἐσελεύσομαι 341 ( Ζ 365)
(voy a entrar a mi casa)
con relación a οἴκαδε (a casa, adverbio), cuando explicábamos que el οἶκον δέ estaba formado por dos palabras. El adverbio en cuestión, debido a la afección formal que ha sufrido, no permite ver claramente su construcción, mientras que el resto de los de su naturaleza no ofrecen ninguna duda al respecto, como queda dicho.
74. Pues bien, del adjetivo ἀφανής (invisible, incierto) se formaron en derivación paralela femenina ἀφανία y ἀφάνεια (oscuridad). Dobletes de este tipo son también: de εὐσεβής - εὐσεβεια (piedad), de donde, a su vez, el
εὐσεβίη τέθνηκεν (autor desconocido) (la piedad está muerta),
y εὐμάθεια, pero también ἐυμαθία (facilidad de aprendizaje)
εὐμαθίην ᾐτεῖτο διδοὺς ἐμέ (CALÍMACO) (pedía inteligencia para dármela a mí) (?),
y otro tanto sucede con
ἀδρανίη τόδε πολλόν (CALÍMACO) (mucha holganza es esto).
Del susodicho nombre ἀφανία resultó una expresión en genitivo ἐξ ἀφανίας, igual que, por otro lado, de αὐτός salió, en femenino, el giro adverbial ἐξ αὐτῆς (inmediatamente, desde ahora mismo), así, el ἐξ αὐτῆς ἴωμεν πρὸς Διονύσιον (vayamos ahora mismo a Dionisio). En el giro anterior se produjo la síncopa de la α de la sílaba del medio seguida de la transposición al comienzo de la ι de la penúltima sílaba, lo que fue causa de que la palabra acabase en -α, y está claro que la alfa larga final se había
342
de convertir en -η al desaparecer la causa de que la sílaba final fuese
así[599]. De esta manera resulta ἐξαίφνης.
75. Nada hay de extraño en que la α se sincopase, pues eso mismo sucede en σπάργανον [de σπαράσσω ], ἕδνον [de ἕδανον], τέκνον [de τέκανον], δάκνω [de δαγκάνω], Ἐριχθονίδαι [de Ἐριχθονιάδαι], y miles más; ni tampoco en que las letras se traspongan, por ejemplo: ἀπειρέσια ἀπερείσια y, quizá, también de δόρυ el genitivo δόρυος convertido en δουρός, y γόνυος en γουνός. Y dije «quizá» ante la duda de si no serán el resultado de la síncopa de γούνατος y δούρατος.
76. Es posible también explicar las alteraciones formales de ἐξαίφνης a partir del adverbio que alterna con él: ἄφνω Del adjetivo ἀφανής, en efecto, se formó un adverbio acentuado igual que el genitivo de plural ἀφανῶν, esto es ἀφανῶς (lo mismo que de εὐσεβῶν - εὐσεβῶς, de los que dijimos que coincidían en la forma y en el acento con dichos
genitivos)[600]. Y sobre éste actúa, a su vez, la referida afección formal [la síncopa de la α]. Y, como, debido a la afección que padecía, ya no mantenía la similitud con el genitivo, tampoco adoptó la misma acentuación (pues, como decíamos, a coincidencia de forma con el genitivo de plural, coincidencia también de acento). Así pues, la acentuación se convierte en barítona, perdiendo como consecuencia la -ς final. A veces, por el contrario, esta terminación adverbial junto con el acento antedicho toma la -ς final, pero con la pérdida del acento está en lo posible que, al mismo tiempo, se pierda la sigma, en cuyo caso adopta la acentuación de los adverbios acabados en -ω que ya no se corresponden 343 con adjetivos de tres terminaciones, como sucede con ἔσω, κάτω, κύκλῳ.
77. En otro lugar hemos dicho que, muy a menudo, palabras cambian su acento al tiempo que pierden alguna letra. Así, la ξ arrastra consigo el agudo en adverbios como ὀδάξ, ὑποδράξ, ὀκλάξ, pero su ausencia en ὑπόδρα provoca el cambio del acento, haciéndose analógico de ῥίμφα, μάλα, αἶψα, que llevan acentuación barítona. Otro tanto sucede con la sigma en los acabados en -ις con la penúltima larga: χωρίς, ἀμφίς, ἀμοιβηδίς. Pero, como se producía la pérdida de la sigma en los barítonos como en πολλάκι y δεκάκι, también χωρίς por la pérdida de la sigma se convirtió en χῶρι en analogía con αὖθι y similares. Asimismo, hemos mostrado, con respecto a δεσποστής, ἐργαστής, que por la pérdida de la sigma resultaban analógicos de ἐλάτής, ἀρότής y, por eso δεσπότής y ἐργάτής llevaban acentuación barítona.
78. [601] Habíamos dicho más arriba que a expresiones preposicionales que significaban una relación adverbial, se correspondían adverbios. Así, con ἐξ αὐτής se correspondía en cierta manera αὐτόθεν: ἴωμεν αὐτόθεν -áἀπέλθωμεν ἐξ αὐτής (vayamos enseguida). Lo mismo 344 sucede con
αὐτόδιον δ᾿ ἄρα μιν (θ 449) (inmediatamente le…),
por ἐξ αὐτής (desde allí mismo), esto es, sin desviarse a ninguna parte. De la misma manera, entonces, ἄφνω se corresponde con ἐξαίφνης así, ἄφνω παρεγένετο ὀ δεῖνα (fulano se presentó de repente) equivale a ἐξαίφνης
παρεγένετο[602].