Stella

Takis Würger · Capítulo 16 de 17

Páginas del PDF

Stella

Epílogo

 

Poco después de la Navidad de 1942, agentes de la policía secreta

detuvieron a Tristan von Appen en su domicilio, en Savignyplatz. Lo

encontraron sentado a una mesa bien dispuesta, con roquefort y mantequilla

dulce. Durante la detención, sonaba en un gramófono el clásico de jazz

Moonglow, de Benny Goodman. Von Appen fue detenido gracias a una

llamada anónima realizada desde el extranjero que puso a la policía secreta

sobre la pista.

El fiscal inició un procedimiento de urgencia en el que se acusaba a Von

Appen de sabotaje, contrabando y traición a la patria por haber infringido el

decreto de economía de guerra, la ley de alimentación y el decreto contra

los parásitos. En el juicio, el magistrado habló de que el caso sentaba un

precedente, por ser Von Appen Obersturmbannführer de las SS, y lo

condenó a morir en la horca. Fue ahorcado en BerlínSchöneberg. Y los

trabajos del llamado «Plan Madagascar» se suspendieron.

 

Walter Dobberke trabajó hasta el final de la guerra en el centro de detención

de Große Hamburger Straße. En 1945 falleció de difteria en un campo

soviético de prisioneros de guerra, en Posen. Se le hincharon las mucosas

de la faringe y la laringe, se le estrecharon las vías respiratorias y se asfixió.

 

Noah K. fue deportado y sobrevivió porque se presentó voluntario para el

equipo de boxeo de Auschwitz. En la actualidad vive en Israel, al final de

un paseo con palmeras. Su historia continúa.

 

Cioma Schönhaus huyó de Berlín en bicicleta en 1943 y llegó hasta Suiza.

Utilizó su mejor falsificación, una cartilla militar, y pasó con ella todos los

controles. Con la ayuda de una beca, terminó una formación de grafista en

la Escuela de Artes y Oficios de Basilea y más tarde trabajó en la profesión.

Tuvo cuatro hijos y vivió hasta los noventa y dos años.

Toni y Gerhard Goldschlag fueron obligados en 1943 a subir a un tren con

destino a Auschwitz y murieron allí.

 

Joseph Goebbels declaró el 19 de junio de 1943 que Berlín estaba libre de

judíos.

 

Stella Goldschlag dio a luz en septiembre de 1943 a una hija y la llamó

Yvonne. Nunca pudo explicar quién era el padre.

Goldschlag trabajó hasta el final de la guerra al servicio de la policía

secreta, también tras la muerte de sus padres. Jamás aclaró por qué siguió

cazando judíos después de que sus padres murieran asesinados en la cámara

de gas.

Se casó cinco veces. Ninguno de los matrimonios duró.

Tras el conflicto, intentó registrarse en Berlín como víctima del

fascismo. Pero los judíos berlineses la reconocieron y la delataron. El 31 de

mayo de 1946, un tribunal militar soviético la condenó a diez años de

reclusión como cómplice de asesinato.

La hija de Goldschlag pasó a una familia de acogida.

Nunca se pudo determinar a cuántos judíos delató Stella Goldschlag ante

la policía secreta del Estado. La mayoría de sus víctimas habían muerto

cuando el fiscal presentó los cargos. Pero se parte de varios centenares de

personas.

Después de cumplir su pena de prisión, Goldschlag fue acusada de

nuevo en 1957, esta vez ante el tribunal de Moabit, y condenada a otros

diez años de cárcel. Dado que ya había cumplido una condena por sus

delitos, pudo seguir en libertad. En 1994, Stella Goldschlag saltó por una

ventana de su piso en Friburgo, Baden, chocó contra el asfalto y murió.

El entierro tuvo lugar en el cementerio evangélico situado detrás la

iglesia del Redentor. Tras la guerra, Goldschlag se había convertido al

cristianismo. Ninguno de sus exmaridos acudió al funeral. Yvonne, su hija,

que vive en Israel, tampoco. Hacía años que había dejado de tener contacto

con su madre.

Al entierro acudieron dos personas. La pastora y un hombre mayor que

depositó unos girasoles sobre el ataúd.

La pastora pronunció un breve responso. Los costes de la sepultura se

pagaron a través de una sociedad fiduciaria.

Cuando, una vez acabado el entierro, la pastora estuvo paseando por el

cementerio, algo junto a la tumba de Stella Goldschlag le llamó la atención.

Arriba, en el canto de la cruz de madera, había un reloj de pulsera.

 

OceanofPDF.com