Tierra de Dragones

James A. Owen · Capítulo 27 de 28

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Tierra de Dragones

Nota del autor

Samaranth.

Se preguntó qué habría sucedido si los dragones no hubiesen acudido en aquel preciso momento en que él parecía invocarlos, o lo que era peor, no hubiesen acudido en absoluto.

Se preguntó qué sucedería si alguna vez necesitaba volver a llamarlos.

En los días transcurridos desde el conflicto, ver dragones surcando el cielo sobre sus cabezas no resultaba algo extraordinario… pero tampoco se veían en tan gran número como habían aparecido en aquel momento crucial de la batalla.

Se preguntó qué había realmente allá fuera en el vacío; y qué podía hallarse abajo. Se preguntó si, cuando alguien caía por la cascada, existía finalmente un punto en el que ésta terminaba o si uno sencillamente seguía cayendo durante toda la eternidad.

Y a veces…

En ocasiones, simplemente se hacía preguntas.

Nota del autor

La historia está compuesta menos de certezas que de suposiciones. Retrocedamos lo suficiente, y los hechos empiezan a mezclarse con la ficción… o al menos con cuentos populares, que llevan su propia verdad.

Para mí, los relatos más interesantes son los que tienen un pie bien plantado en la fantasía y el otro en el mundo real; y el mejor modo de efectuar un maridaje de ambos es hallar aquellas brechas en la historia donde no existe certeza, y crear una suposición.

Supongamos que los mundos imaginarios tuvieran una base en la realidad. Supongamos que pudiéramos, dadas las circunstancias apropiadas, visitarlos. Y supongamos que la prueba de su solidez estuviera desperdigada tanto por la historia como por la ficción, si solamente supiéramos dónde mirar…

A primera vista, parece que la historia de Ordo Maas es la de Noé; pero de hecho, el origen es más profundo y antiguo. Ordo Maas dice que tiene muchos nombres; y más adelante, Mordred se refiere a él como «Deucalión». En la mitología griega, Deucalión era el hijo de Prometeo (que le entregó el fuego en el extremo de su bastón) y se casó con Pirra…, que era hija de Pandora. Cuando los dioses castigaron a la humanidad inundando la tierra, Prometeo los salvó al darles el fuego y decirles que construyeran un arca. Tras el diluvio, ellos se encargaron de repoblar la Tierra. Del mismo modo en que el padre de Deucalión dio a éste un regalo, la madre de Pirra entregó otro a ésta: la Caja de Pandora. Mi suposición aquí es que fue Pirra, no su madre, quien abrió la caja, tras la inundación.

El equivalente egipcio de Deucalión era Thot, cuya hija, Bast, era la diosa de los felinos.

Ligar a Pandora con el mito de las Parcas (Las Tres que son Una) y llamar a éstas las Morganas une la mitología griega con las tradiciones populares galesas y celtas, como lo hace la afirmación de Ordo Maas de que el primer barco dragón fue el reconstruido Argo , que el héroe griego Jasón utilizó para ir en busca del Vellocino de Oro.

El Caballero Verde vincula el mito artúrico a la ficción contemporánea a través de la obra de Dickens, Historia de dos ciudades , igual que, desde luego, lo hace el personaje de Magwich (que aparece en Grandes esperanzas).