Van Morrison
ocho. Latido irlandés (Irish Heartbeat)
Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.
ocho:
Latido irlandés (Irish Heartbeat)
Morrison en un restaurante del West End de Londres, hacia 1983.
Van tenía una nueva novia, Ulla Munch, de Vanlose, en Copenhague. «Listen To The Lion» hecha carne. La influencia de Ulla en el sentido renacido de los misterios celtas infundió a Beautiful Vision, completado en California hacia finales de 1981. Compuso tres piezas con Hugh Murphy, un viejo conocido de Decca y productor de «Baker Street», de Gerry Rafferty.
Los músicos nuevos incluían a Chris Michie a la guitarra, Tom Donlinger a la batería y al propio Sr. Dire Straits, Mark Knopfler. La grabación se efectuó en el Record Plant de Sausalito. El álbum se editó en febrero de 1982, y en Gran Bretaña alcanzó el número treinta y uno, y el cuarenta y cuatro en los Estados Unidos. La vanguardista portada tiene como fondo un cielo con una noche estrellada, al estilo de Van Gogh. En el centro hay una luna de luz en cuarto creciente —de la que sale una mano anciana— que hace de prisma a través del cual surge un arco iris de luz. Esta «Visión Maravillosa» es más hábil que hermosa, más inepta que visionaria. Hubiera sido mucho mejor usar la fotografía del mismo título de Julia Margaret Cameron, en la que Julia Stephen —la madre de Virginia Woolf— mira hacia la cámara, con los ojos relucientes, una imagen de feminidad mística.
Algunas de las letras salen de Glamour-A World Problem, de la escritora mística Alice Bayley, ayudada por un tibetano misterioso. Más cercano a la tierra, el álbum está fuertemente basado en los recuerdos de Belfast, y Sean Fulsom toca la gaita en dos canciones. En declaraciones a Johnny Rogan, Phil Coulter confirmó ese sentido nuevo de las raíces irlandesas: «Me parece que él es mucho más feliz». Van había encontrado en San Francisco un bar en el que se tocaba música tradicional. «Él tenía esa cosa sobre la evolución de la tradición y la cultura celta.» Una noche le puso a Coulter un álbum de cantos gaélicos de las Shetlands. «Era muy primitivo y me quedé fascinado.»
La primera canción, «Celtic Ray», trata de esta vieja cultura, aunque debido a la ausencia de la hoja de las letras no siempre es posible decir exactamente qué palabras pronuncia Van. Las dificultades de producción que hicieron que muchos de los prensajes originales en vinilo salieran descentrados, además del envoltorio de pacotilla implicaban una falta de control de calidad, aunque ello no se extendió a la música. El concepto en la primera canción es el de «Wavelength», con mensajes que atraviesan el éter desde la Madre Irlanda. El rayo celta, como algo de un tebeo infantil, o de las películas del sábado por la mañana, es una especie de filón materno para un hombre que ha estado «fuera demasiado tiempo», un antídoto para la locura y «el hombre corporativo». En forma de esquizofrenia controlada, Van puede oír «las voces que llaman». El remeda esta mundanidad otra de la manera en que canta «children», que hace que se te erice el vello de la nuca. El acompañamiento irrumpe en una giga, y Van se desvanece, y gime sin palabras.
«Northern Muse (Solid Ground)» combina el estado de Irlanda con una mujer joven, en County Down (que es protagonista en el primer tema de Irish Heartbeat). De nuevo, nos encontramos con un ritmo como de balada en acción. Según declaró Van a la revista irlandesa Hot Press: «Al principio, parte del material, era más tradicional. “Solid Ground” y “Celtic Ray” empezaron básicamente como material de orientación folk».
«Dweller On The Threshold» está sacado de H. R Lovecraft, pero con desenvoltura. Van todavía permanece en la oscuridad, como Jesucristo en el cuadro La luz del mundo, de Holman Hunt, a la espera de entrar. Aquí el ángel es corpóreo, femenino. Y se produce la primera referencia de Van a una «tierra ardiente», y a la música de las esferas, cuya armonía perfecta la remedan los músicos del grupo. Mark Isham suena a lo Beade, rebosante de alegría.
«Beautiful Vision» tiene una letra sencilla, que se repite, y la visión puede ser algo celestial o su nueva novia, o ambas, aunque la música se hace interminable. «She Gives Me Religión» es la contrapartida a «Covenant Woman», una de las mejores canciones de Dylan, y da gracias a una mujer en vez de ponerla como un trapo. Van sigue avanzando por la avenida mística —tal vez bordeada de cipreses— con la ternura en la voz provocada por el «sonido hierático» de Isham. Robert Redford, para el que iba a hacer la banda sonora de El río de la vida, habló de «la profundidad emocional de su obra, muy sencilla, a veces casi minimalista, pero que todavía tiene energía». Antes de estar con Morrison, Mark había experimentado con música de sintetizador, y tocado la trompeta con intérpretes tan diversos como The Sons Of Champlin, Pharoah Sanders y la Oakland Symphony Orchestra. Posteriormente, él grabó Vapor Diawings, el primer álbum electrónico para Windham Hill, y trabajó con artistas renovadores como XTC, Was (Not Was) y David Sylvian.
«Cleaning Windows» es una bocanada de aire fresco, adornada por una guitarra bailarina como la del Jerry García más alegre. La canción se estructura sobre el concurso «What’s My Line». ¿Os acordáis que Van en tiempos citó como su intérprete favorita a su presumida presentadora, Lady Isobel Bamett (¡una mujer que no tenía que trabajar!)? Van cree que él podía haber sido más feliz en el primer oficio que escogió, en medio de un ritmo traqueteante. Este es un ejercicio de nostalgia a la manera de Keats, con gusto, olfato y sonido. Incluso aquí, Van está al pie de la escalera, preocupado por hacer un buen trabajo. Él grita los números de las casas que limpiar, como un locutor del bingo.
Entretejida está la historia de sus primeros entusiasmos, en la calle en que nació: Jimmie Rodgers, Muddy Waters y Christmas Humphreys, country y blues, el budismo, y su amor por Jack Kerouac. A pesar de la referencia bromista del final de acabar en el paro, Van pronto iba a abandonar esas calles de la infancia, para ir de gira. Los cinco Woodbines, además de ser un trozo de historia social, nos hacen recordar a un Morrison aún más joven, que compra cigarrillos y cerillas en las tiendas.
«Vanlose Stairway» es una canción de amor nuevo, en el que él le pide a Ulla que le mande de golpe la foto, la almohada —seguramente empapada de perfume—, la guitarra y una Biblia. Queda claro que es la misma a quien se dirige en «She Gives Me Religión». Como la primera canción, ésta es sobre maneras de comunicarse que Correos o British Airways desconocen. Van dice: «Hold it», y toca la armónica no acreditada, rugiendo en ella como un toro.
«Aryan Mist» sopla y resopla como un tren, aunque la primera palabra del título todavía está empañada por las asociaciones de ideas con los nazis para que se sienta con comodidad. Es como el antiguo símbolo de la curación, la esvástica, que ellos primero se apropiaron, y luego cambiaron por completo. Hider también era un místico natural, un visionario. «Los gurús del este y el oeste te elevan»: Van está a punto de desprenderse de ellos. La niebla es mitad aire, mitad agua, y los dos elementos se cruzan en la siguiente canción: «Across The Bridge Where Angels Dwell». Lo mejor es explicarlo de forma literal; Shana y su madre vivían entonces en San Mateo, literalmente al otro lado del puente desde la casa de Van en Mili Valley. Finalmente se han gastado todas las palabras, y el álbum finaliza con un instrumental, «Scandinavia». Van toca un piano poco instruido, en lo que parece una variación de «Chopsticks», por encima del sintetizador de Mark Isham, con un golpeteo de batería como un latido del corazón. Para Lester Bangs, esto «dirige a Van hacia las cumbres nevadas que mezcla en esas piscinas sin sol que Brian Eno cultiva tan asiduamente.» Para mí, los acordes recuerdan a los de «El pequeño tamborilero» interpretado por David Bowie y Bing Crosby.
El poeta de Dorset David Caddy ha escrito sobre «auras» como energías que en la época medieval se creía que emanaban de la gente, las piedras, los árboles, y de hecho en todo el mundo de la materia, como un fuego interior. Esta sensación de un oculto universo de energías es justo la que Van Morrison revela en Beautiful Vision: reside en el corazón de su misterio. Caddy ha comparado la antigua creencia en las auras —todavía utilizadas en curación psíquica— con experimentos más recientes de poetas estadounidenses modernos como William Carlos Williams, George Oppen y Charles Bukowski. Ellos intentan parecidamente delinear en palabras la textura inflexible de lo cotidiano. «Sin ideas, si no en las cosas». Esta es la cualidad auténtica que les falta a estas canciones, y que era tan omnipresente en Astral Weeks o incluso en Common One. Las particularidades minuciosas. Después de todo, incluso William Blake necesitaba un grano de arena para ver el cielo a su través.
Maxim Jakubowski habla de «una tranquila, gracia espiritual» tras la nueva música de Van. Los críticos de rock británicos de la época, todos cínicos, se mostraron sorprendentemente entusiastas. Para Sounds: «Morrison arregla su mente en una especie de gloria semi tranquila, como si preparara su música enorme, biográfica, a la manera de Yeats, para el arreglo final». NME halló que «el sentimiento religioso se mueve por el álbum, y proporciona una fuerza tranquila», mientras que Melody Maker alababa «una sensación, una mezcla que abraza el folk, el gospel, el rock y su propio blues apasionado». Los críticos estadounidenses no estaban tan convencidos, y Creem consideraba que demasiadas canciones «celebraban esos vagos bromuros que Dylan ha frecuentado en los últimos años», y Trouser Press en cambio pedía un nuevo Wavelength. El viraje más extraordinario lo efectuó Lester Bangs en el Village Voice.
Al principio, Bangs había despachado el álbum anterior a través de la mirada de su amigo Greil Marcus: «Van se hace el poeta místico», pero había vuelto al álbum para encontrar música sagrada, «un cuarto de hora extasiante que pasa como momentos dilatados», como la obra de Miles Davis en In A Silent Way. Geofif Wall ha señalado con sensibilidad que todos los últimos álbumes de Van necesitaban tiempo para madurar, y que descubrían sus misterios lentamente. Beautiful Vision es «auténtica música del alma», aunque las letras son de material de postal, «seguras y cohibidas de una manera que finalmente desangra la pasión y aburre simplemente».
La pasión se evidenciaba totalmente en un especial de Rockpalast, grabado en Essen (Alemania) en abril de 1982, y posteriormente redifundido en la BBC. Figuran dieciocho canciones inmaculadamente interpretadas y grabadas. Alguna de las canciones más sosas del álbum nuevo florecen en la actuación en directo, con Van inclinado ante un piano eléctrico, un jovial gigante barbado al bajo, Chris Michie a la guitarra y la sección de viento de Filis e Isham. Ahora hay tres cantantes femeninas, como el coro de gospel que ahogó gradualmente a Dylan a principios de los ochenta. Los momentos álgidos incluyen un «Summertime In England» de diez minutos y «She Gives Me Religión», con un solo de trompeta de Mark Isham, tan claro y penetrante como una campana.
Van parece mucho más contento y seguro. Como declaró Phil Coulter a Rogan: «Ya no está enfadado; está muy suave. Se ha enderezado a sí mismo. Ahora su problema es el café». Ni drogas ni alcohol. «Van lleva una vida muy sencilla y formal. Vive con una mujer y en septiembre pasado tuvo a su hija de vacaciones de verano con él». Él estaba lo suficientemente seguro como para dejar pasar la oportunidad de componer la banda sonora para One From The Heart, de Francis Ford Coppola, una película desastrosa rodada enteramente en estudio, y que intentaba recrear la extraña magia de Powell y Pressburger, aunque errando el blanco completamente. «Yo tan sólo pensé que no era lo mío, ya sabes. No le tengo ningún cariño especial a Las Vegas. Yo no tenía la sensación de que podía resultar verdadero haciendo ese tipo de música, aunque Coppola me gusta mucho. Creo que es un gran director.»
A finales de marzo, Van había emprendido un compromiso de cuatro noches, con las entradas agotadas, en el Dominion Theatre, de Tottenham Court Road. Se podía haber titulado Apocalypse Now, con Van que rebuscaba en lo más profundo del alma y lo traía de vuelta a casa. Un crítico incluso vio a un cliente con un «Van es Dios» escrito en la espalda de su chaqueta de cuero. Después de un pase acústico de Herbie Armstrong —que actualizó descaradamente una emotiva versión de «Friday’s Child» con el mandato de «es demasiado tarde para detenerse ahora»— Van estuvo fascinante, y realizó una completa actuación de una hora y media. Gavin Martin, del NME, le describió como «cantando con más pasión que cualquier otro ser vivo», todavía hambriento y de regreso con una venganza. Él había aprendido el truco de Dylan de dar nueva vida a canciones antiguas: «Las canciones se recolorean, revibran y reinterpretan. Es como si hubiera subsumido todos sus viejos ámbitos y poderes y los hubiera cristalizado». Los diamantes del carbón. Martin destaca como momentos cumbre el dúo con Pee Wee Ellis en «It’s All In The Game», el «funk astillado» de «I’m Satisfied» y «Cyprus Avenue» casi como una nueva canción, «con ritmo disperso y una nueva letra viva».
En junio, Van tocó en el anual festival de Glastonbury, en Avalon. El NME retrató el baño de barro resultante, con un titular bajo la foto de Van: «Amor cálido en un clima frío». Canciones recientes y aún no grabadas como «Real Real Gone» engrosaron la actuación, y la gira siguió por Europa e Irlanda. En el agradable e íntimo Gaiety Theatre de Dublín, Martin informaba de nuevo en el NME sobre un grupo que era «bueno y rico, caliente y apretado, descarado y jazzístico», como una antigua y más sabia versión de los Famous Flames de James Brown. Un momento álgido fue «la chillona exposición emotiva de “It’s All In The Game”», «una interpretación clásica que hacía que te mezclaras con sus deliciosos estremecimientos dolorosos y que te dejaba agotado y exultante después de su crescendo climático». ¿Mejor que el sexo? La actuación terminó como una fiesta, y todo el viejo malhumor se había ido. Para Barry McIlheney, aquí había un viejo maestro redescubierto, gracias en gran parte a los Dexy’s Midnight Runners, «más que nunca con aspecto de rey de salón de billar de East Belfast», un trabajador en su mejor momento. Cuando la gira se fue a Norteamérica, el espectáculo empezó a incluir una buena porción de versiones de originales de rhythm and blues.
Cuando el señuelo de Albión fue demasiado fuerte, y Van se trasladó a Holland Park, él encontró el duro rhythm and blues de su juventud todavía vibrante y otra vez de moda. Los Pretty Things, con Phil May y Dick Taylor en sus filas, tocaban en el Bridge House de Little Venice. A Morrison se le vio a menudo entre el público, aquí y allá, de compras en Notting Hill, en los pubs de Ladbroke Grove, o tranquilamente sentado en Holland Park. Él también se apuntó en la sede de Tottenham Court Road del movimiento de la cienciología, al que le había introducido Robin Williamson. No se han podido confirmar las informaciones que le señalaban abordando a transeúntes incautos. El líder de este controvertido culto, el antiguo escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard recibió un «agradecimiento especial» en la carpeta del siguiente álbum de Van, Inarticulate Speech Of The Heart.
Editado en marzo de 1983, el álbum se grabó en Sausalito, Dublín y Londres. La formación del grupo es casi la misma de antes, con el añadido de dos músicos irlandeses del firmamento de la música tradicional, Arty McGlynn a la guitarra acústica, y Davey Spillane de los Moving Hearts en la gaita irlandesa y la flauta. Como en Common One, la portada se secciona en dos en diagonal por el horizonte, aunque aquí se trata de un diseño de alta tecnología, como conviene al brillo refinado de la música del interior. En este caso la división es entre el espacio profundo y un planeta rojo sin rasgos. Desplazándose por el infinito, como una «faja alrededor de la tierra», figura un pentagrama musical, con corazones en vez de notas. Para contrarrestar esta imagen etérea, Morrison cita a su nuevo manager financiero Paul Charles y a su contable. El álbum alcanzó el número más alto en las listas, al colocarse en el catorce de Gran Bretaña, mientras que en Estados Unidos conseguía la posición más baja —la ciento dieciséis— desde Blowin’ Your Mind.
Aquí tampoco hay hoja con las letras, y esta vez parece intencionado: con una excepción importante —un poema recitado— las palabras a menudo se usan para dar un colorido suplementario a la música. Isham ha sustituido en gran medida la trompeta por un sintetizador y aquí lo que hay es música New Age en toda su gloria sin emoción. El álbum fluye como un experimento de escucha fácil, con colorido celta. Casi la mitad del disco es instrumental, «Conswater», titulada como un canal de Belfast, es un baile irlandés lento, «Celtic Swing» empieza lentamente, y luego se lanza a un estilo de orquesta de baile, con Van que toca el saxo y lo hace sonar como el mar que se escucha desde dentro de una concha. El tema del título se basa en acordes sencillos que se repiten lentamente, con una percusión de caja china directamente extraída de Pet Sounds: regresa con un verso cantado, las mismas frases una y otra vez, como un mantra. «September Night» recuerda a trozos de Dark Side Of The Moon, quejidos sin palabras encima de un ritmo lento.
Las letras parecen inspiradas por la cienciología, una fe optimista que predica la superación de los bloqueos mentales internos, y la supresión de los «engrams», los nudos de la psique. El problema es que al suprimir los controles personales también puedes amputar la creatividad. Tal cosa se demostró por el descenso de la Incredible String Band de una mezcla ingeniosa de relatos mitológicos colocados, y sabidurías extrañas, hacia un capricho soso sin encanto. Por cierto, ¿quién quiere ser totalmente feliz?
«Higher Than The World» pone en música la foto de portada, pero cómo se puede ser más alto que una flor, o vivir en un sonido. De todas formas, Van suena convencido. En «River Of Time» se encuentran el alma y el corazón, como en la placa de un carnicero, pero la música emociona y la voz de Morrison se mezcla perfectamente con el sintetizador y los coros femeninos. «Irish Heartbeat» es lenta y sentimental, uno de esos himnos que Van parece capaz de coger en el aire. «¿No te quedarás, con los tuyos?» no parece gran cosa impreso, pero el canto de Van lo transforma en un lamento doloroso por la tierra natal de uno. Billy Connolly regresó a Caledonia cuando él lo usó como tema principal para Billy’s World Tour Of Scotland. «Cry For Home» es una llamada a casa más alegre. Sería un buen himno para el equipo de fútbol preferido de Van, cualquiera que pueda ser. «The Street Only Knew Your Ñame» sucede en el Belfast de su juventud, con un riff de sintetizador, y los adolescentes que dan vueltas de noche.
En una rápida acción, Van hizo su primer vídeo comercial para «Celtic Swing». Hacer un vídeo para un instrumental era típicamente perverso, y el resultado es encantador, con escenario en Irlanda donde un malhumorado Van con el saxo se convierte en un reacio flautista de Hamelín, al que sigue un muchacho por dondequiera que va, que presumiblemente es su yo joven. Todo parece como algo de la nouvelle vague francesa.
La canción más importante del álbum, de hecho, es un poema, sí, uno auténtico, recitado, aunque Morrison no puede pararse y rompe a cantar, y un saxo lento finaliza la acción. «Rave On, John Donne» suena como una alegre declamación de Ginsberg, con el metafísico isabelino y otros poetas muertos llevados a la actualidad, como rayos de luz. Walt Whitman, Ornar Khayam, y también W. B. Yeats: una guía de lectura de visionarios para una universidad a distancia. David Hayes confirma que en el estudio se grabó en vivo una versión de cuarenta y cinco minutos: «Se llenaron dos bobinas de cinta de veinticuatro pistas. A la mitad se produjo un vacío cuando el ingeniero cambió frenéticamente la cinta. Fue una sesión especial, como estar en la iglesia».
Las críticas de Inarticulate Speech Of The Heart fueron diversas. La más entusiasta fue la de Niall Stokes en el Hot Press —«una profundidad oceánica»— contrariamente al desarrollo parecidamente sentido de Magical Ring de Clannad, otra obra que combinaba las raíces celtas y los sintetizadores. Van «ha igualado su lenguaje de regreso a la nada, con la esperanza de, incluso una sola vez, expresar ese todo, esa globalidad, esa unidad que, al final de todo, desafía el significado y lo llena». Sí, bien…, como escribía Adam Sweeting en Melody Maker: «no hables de él, escúchalo». En Sounds no se mostraban tan animados —«su tercer álbum seguido horroroso»— y Record Mirror. «A cada álbum nuevo se vuelve más soso. Y éste es el peor de lejos», Maxim Jakubowski invoca a Erik Satie y a John Coltrane, y a «un ligero groove jazzístico, tan agudo como un rayo de sol». Music World cree que el álbum suena genial si el sol brilla, pero no tanto si llueve. Gavin Martin opina que «no es lo que él canta, sino cómo lo canta». En un escrito para el NME, señala también la singularidad absoluta de los instrumentales del álbum, con Van que toca el saxo como «una flauta aborigen o africana». Como indica: «Es un estado de cosas triste el que el nuevo poder absoluto y la visión de la última encarnación de la Van Morrison Band deba ser disfrutada por un público que predominantemente es de clase media y de mediana edad».
Irónicamente, con esta banda a remolque, Van declaró en febrero a Radio Ulster que suprimiría las actuaciones en directo hasta el mínimo: «Es un asunto de ir hacia otras zonas creativas. Parte del problema con las actuaciones es esa expectación por cosas que hiciste cinco años antes. Ya no estás allí. Y vas hacia atrás». Él hablaba de un interés renovado por la literatura irlandesa, y de que había «estado oyendo música folk celta. Variada, música de Bretaña, Inglaterra, Escocia, País de Gales, Irlanda. El blues es “su” música. Tú puedes tocarla pero no te pertenece». El arpista bretón Alan Stivell era un preferido especial: él también llevaba la música tradicional hasta la época de la electrónica. Van había encontrado una nueva salida para su creatividad: «Ahora estoy escribiendo un libro. No es una autobiografía en realidad. Hechos reales, ficción, filosofía, misticismo. Mi experiencia». Mientras tanto, Howard DeWitt, un profesor de cultura popular, publicó The Mystic’s Music, una biografía corta llena de anécdotas minúsculas, como la de Van, que alquiló un coche Mercedes con matrícula personalizada con las letras «R’N’B».
La gira promocional de la primavera de 1983 para el nuevo álbum fue la del regreso a casa definitivo de Van. El estudio móvil de grabación Manor se trasladó para grabar lo mejor de cuatro noches de primeros de marzo en la Grand Opera House de Belfast, aunque el álbum resultante se limitó a material sacado de sus últimos cuatro álbumes.
Con casi el mismo grupo de los últimos tiempos, salvo que Tom Donlinger había sustituido a Peter Van Hooke en la batería, Van ofreció un despliegue abrasador. Los momentos cumbre incluían «It’s All In The Game», con el público ensimismado, y nada menos que «Danny Boy». Barry McIlheney en Melody Maker informaba de una versión de «Summertime In England» que citaba a Seamus Heaney, Dylan Thomas y D. H. Lawrence, una «Full Force Gale» que animaba el corazón, y al final «Gloria». «Morrison, con un aspecto maduro, permaneció impertérrito cantando a voz en grito este estándar de todos los tiempos para las orquestas de baile, los grupos de rock y los de punk, y el círculo se cerró limpia y finalmente.» Al igual que en sus anteriores conciertos en su ciudad en 1979, Van fue capaz de elevar el espíritu colectivo de una nación dividida, testimoniando su música como Billy Graham a Dios.
En marzo, van interpretó en directo «Cry For Hours» en el Late Late Show de la televisión irlandesa. En declaraciones a Bill Flanagan de Musician él explicó que, aunque el vivir en tantos lugares le había dado «una perspectiva más amplia de la vida en general» todavía había «buena parte de mí que está estrictamente implicada con la isla de Irlanda». Sin embargo, él rechazó el comprometerse políticamente. En una entrevista con el periodista irlandés Dermot Stokes, en vez de ello él decía desear «inducir idealmente a estados de meditación y éxtasis, además de hacer pensar a la gente». Gracias a libros como la obra de 1937 Music: It’s Secret Influence Through The Ages, de Cyril Scott, él exploraba el poder transformador de su arte: «Yo intentaba hacer meditación en el Fillmore East, ¡puedes creerlo!». Así que fue por eso que se largó del escenario.
En un NME de mayo, Gavin Martin encontró un hombre «íntegro, inteligente y sobrio» dando vueltas por el centro de cienciología, y leyendo en voz alta trozos de las obras de L. Ron Hubbard. Reuniéndose en el hotel Tara —¿cuál si no?—, Morrison rehúsa hablar ni de cienciología ni del pasado, lo que deja muchos huecos en la conversación. Van está agudamente nervioso, vestido de negro, con un aspecto del que se ha metido en un funeral equivocado. El mastica un bistec con patatas fritas al tiempo que responde lacónicamente a las educadas preguntas de Martin: «Me metí en el asunto del rhythm and blues pero lo rebasé. Rebasé el folk y cualquier otro medio. Así que ahora sólo soy yo mismo».
Van entró en un periodo de tranquilidad, considerando de nuevo su carrera, y surgió a inicios de 1984 con un grupo nuevo y una creatividad con nuevos objetivos. Él estaba a punto de grabar una trilogía de álbumes de poesía rock abrasadora. En enero, Rockpalast grabó catorce canciones durante la celebración del «Midem» de Cannes. La actuación fue muy parecida a la de Belfast, aunque en el grupo de acompañamiento ahora estaban el guitarrista con cara de niño Arty McGlynn, el teclista con barba Kenny Craddock —un músico de sesión muy respetado que había tocado con Lindisfarne y el grupo de Paul Brady— Martin Drover a la trompeta, Richard Buckley al saxo y los coros, el bajista negro Jerome Rinson y el enérgico batería Terry Popple, con dos coristas femeninas. El propio Van tocaba los teclados.
En febrero se produjo el lanzamiento de Live At The Grand Opera House, Belfast, una estela del viejo grupo, que alcanzó el número cuarenta y cuatro en las listas británicas de álbumes, aunque no figuró entre los cien primeros estadounidenses. Como muy a menudo, un álbum oficial en directo suena debilucho y escatima el tiempo de actuación en comparación con las delicias pirateadas en Europa, que la BPI persigue como si fuera drogas de la clase «A». La mayoría de las canciones suenan mejor retocadas en los álbumes originales, y la política de selección restringe el pasado de Van a unos pocos compases de «Into The Mystic» al inicio. Los estimables añadidos incluyen un llamativo solo en «Haunts Of Peace» y una segunda parte suplementaria a «Rave On, John Donne»: «esta noche entenderéis la unidad».
La reseña de Sandy Robertson en Sounds se titulaba «Morrison Menor». Era más bien grosera; para ella, Van estaba «entrado en carnes…, justo igual que su música», y todo seguía en el mismo tono. La versión de «It’s All In The Game» es «un insulto a la grandeza que él hubiera podido tener en su día». «Rave On, John Donne» suena como una parodia de los Two Ronnies. Para Christopher Hill, Morrison «suelda el rayo nebuloso de la poesía oculta al calor del rhythm and blues», aunque Record Mitror encontró que era «un disco realmente tan pesado como su título». La portada muestra la Opera House iluminada, como un pastel de boda, con sus portillas y sus vidrieras de colores. El diseño es el de un cartel del concierto de la gira de Van. Está colocado sobre un fondo impresionista que podría ser hierba, pizarra, roca o la cara oculta de la luna.
En el NME, David Quantick opina que el álbum es una compilación útil de los años Mercury de Van. Ahora, éste ha cortado por completo los vínculos con WB, que todavía estaba distribuyendo su obra en Estados Unidos. Lo que provocó el rumor, amplificado por Rolling Stone, de que lo habían despedido. En declaraciones a la citada revista, Morrison puso las cosas en claro de manera airada: «Me he enterado por segundas personas. Creo que ellos han despedido a mucha gente, y yo era el nombre más importante. Imagino que alguien pensó que yo estaba en Tombuctú durmiendo bajo un seto. Sy Waronker estaba extremadamente avergonzado. Él me pidió excusas…, me dijo que negociaríamos, y no negociamos. Lo que hice después fue ceder los derechos estadounidenses a Polygram porque ellos me representaban en cualquier otra parte hacía ya seis años. Era tan sólo una decisión normal». ¿Ahora está claro?
La misma formación se presentó en el Montreux Jazz Festival de julio, realizando una actuación de amplio espectro que incluía un popurrí de tres grandes éxitos de Them, el «If Only You Knew», de Mose Allison, y nuevas versiones de «Jackie Wilson Said», «St. Dominic’s Preview», «Hard Nose The Highway» y «Ballerina», un placer especial. Siguió un instrumental de media hora, titulado «Jazz Session», con los auténticos jazzmen Joe Henderson al saxo, el batería Billy Hart y el trompetista Freddie Hubbard. «Yo he sabido de este chaval desde hace tiempo, y hoy me ha dicho que le gusta el jazz, así que vamos a hacer una jam session, porque quiero ir a Irlanda, porque soy irlandés, viejo Hubbard. Es estupendo que podamos tocar todos juntos.» El concierto terminó con «What Would I Do?», de Ray Charles. Todo ello está registrado en el CD pirata I Can’t Go On… But I’ll Go On.
Otras colaboraciones musicales incluyeron improvisar con los Chieftains en Edimburgo, retomar The Last Waltz —en plan de serie B— con una Band reformada en un concierto al aire libre en la región central de Inglaterra, e interpretar «Moondance» con la Gil Evans Orchestra. Una cinta privada de la actuación del 22 de junio en el Gaumont de Southampton es infinitamente superior al álbum Live In Belfast, con un grupo firme, un repertorio interesante, y un agresivo Van que gruñe con un control total. Esto es una alabanza especial, ya que una voz irlandesa anuncia al inicio del concierto que «el señor Morrison se ha hecho daño en la pierna, y efectuará el concierto sentado en un taburete, dicho sea para que no se pregunten por qué no se mueve él en escena». Antes del intermedio, el grupo realiza un pase de veinte minutos casi de jazz de vanguardia. Después de esto, la misma voz presenta a un hombre que durante veinte años ha compuesto «con un discurso inarticulado del corazón», lo que suena insultante sin querer.
Van inicia la actuación de manera cronológica, con los tres éxitos de Them, «Brown Eyed Girl», y dos piezas de Astral Weeks, «Young Lovers Do» y el tema del título. Éste es especialmente impresionante, con sólo guitarra, batería y órgano. El estático Van todavía goza de buena voz, y actualiza las cosas con «I Will Be There» y «You Win Again», antes de volver a zambullirse en el pasado con «Jackie Wilson Said» y «St Dominic’s Preview», con un buen riff de guitarra nuevo. Otras delicias incluyen una impetuosa «Hard Nose The Highway», «I’m Not Working», durante la que Van gime como un agonizante y que el público sigue furiosamente con palmas, y «Haunts Of Ancient Peace», que hace época. Una diversión ideal para una noche de verano, incluso en Southampton. La siguiente, para sorpresa general, es una «Madame George» a ritmo de cortejo lento. La batería suena como un desfile de Orange, McGlynn toca arpegios en la guitarra, y el acongojado Van lo pone todo en la voz, infinitamente triste y afectuosa. Unos teclados imponentes entran en la ecuación y el bajo (eléctrico) retumba. Van casi escupe el verso de «tened piedad, es la policía», luego hace scat en la estrofa final, y se encalla como una aguja de gramófono en el verso de «loves to love». Van susurra «dice adiós» mientras la música se desvanece, y luego tartamudea consonantes, haciendo añicos las palabras. Un público pasmado, consciente de estar ante la rara presencia del genio, una pausa durante un momento, luego alguien grita, y todo el mundo aplaude a rabiar.
Apenas una pausa —esta cinta no está editada en modo alguno— y ya estamos metidos en «Like A Ballerina», con órgano sacado de Highway 61 Revisited, y guitarra española. Los músicos extraen el baile que se mece en el corazón de la canción, como conviene al tema. Sin llegar a desearle a Van el terrible accidente que le sucedió a Robert Wyatt, él realmente debería estar más sentado en el escenario, si se consigue este resultado. Su canto es borroso y majestuoso, mientras que el grupo va de una acorde a otro de forma imponente, y todo llega a una conclusión agradable. Un breve floreo de batería y ya estamos en una alegre «Summertime In England», que suena de una pieza, con las maravillas que acababa de desplegar, aunque con metal añadido.
El 7 de julio, Morrison se unió a Bob Dylan en el escenario de Wembley, para un bis de «It’s All Over Now, Baby Blue» junto a Eric Clapton, Chrissie Hynde y Carlos Santana. Fue la primera vez que yo veía a Morrison en persona, y tenía un aspecto demasiado cotidiano para estar en escena, hasta que abrió la boca y derramó su miel silvestre. Ellos repitieron la experiencia en Slane Castle, en la huerta del Boyne. Los dos rasgaron la guitarra y compartieron micrófono, al estilo de los Everly Brothers. En el camerino, un joven Bono entrevistó a los dos viejos estadistas del rock. Van alaba el talento periodístico de Bono y ellos hablan de negocios, sobre técnicas de grabación. Van recuerda la época en que «tú estabas en el estudio, y ellos ponían la cinta en marcha. Unas ocho horas después o así, ellos decían: “Vale, la hora del té, se terminó”».
Ahora Van se encontraba como en casa en los estudios de televisión, como antaño en los pequeños clubes. En agosto, Morrison interpretó «Northern Muse» en The Mary O’Hara Show, y volvió a traerlo todo a casa para el gran público. En octubre, tocó dos números con los rebeldes folk de Caledonia, The Battlefield Band. También cantó dos canciones como parte de la celebración de los sesenta años de emisiones de la BBC desde el Ulster, presentado por su viejo amigo Phil Coulter. En noviembre se pudo ver a Van en directo desde el atestado estudio de Old Grey Whistle Test, delante de ese hombre ridículo que da patadas a una estrella. Preestreno «A Sense Of Wonder», de su álbum venidero, como si fuera un hombre desesperado por compartir un secreto.
Los Dexy’s Midnight Runners recorrían el pasado de Van, a gran velocidad. El reformado grupo grabó un primer LP titulado The Celtic Soul Brothers y en el segundo álbum Too-Rye-Ay añadieron la sección de cuerda de la Emerald Express. Van y su grupo estaban de gira por Australia, y en esa estancia grabó dos canciones en directo para televisión: «Tore Down A La Rimbaud», y la canción del título de su nuevo álbum, A Sense Of Wonder, editado en febrero de 1985.
Alcanzó el número veinticinco en las listas británicas, y el sesenta y uno en las estadounidenses. Los prensajes originales tuvieron que retirarse cuando los albaceas literarios de W. B. Yeats obligaron a la supresión del álbum de la versión musical de Van del poema de aquel «Crazy Jane On God». Peter Bellamy, inicialmente, sufrió el mismo problema, a la hora de grabar los poemas de Rudyard Kipling, acoplándolos a las melodías folclóricas inglesas que él había analizado que los había inspirado en primer lugar, y suprimiendo la censura al restaurar el lenguaje grosero que Kipling hubiera usado de haberse atrevido. Posteriormente Bellamy fue elegido vicepresidente de la Kipling Society, y la obra pionera de Morrison inspiró más tarde un álbum entero de musicaciones de las letras de Yeats. Mientras tanto, Van admitió la derrota provisional, y sustituyó el poema por «If You Only Knew», de Mose Allison, y declaró a Stephen Davis: «Yo pensé, de acuerdo, está bien. Pensaba que les hada un favor. ¡Mis canciones son mejores que las de Yeats!».
En el álbum nuevo, Bob Doll sustituye a Mark Isham en la trompeta, y desplaza el punto central de la música. Por otra parte, el grupo utilizado es más amplio que el que Van ha dispuesto en los últimos tiempos para las giras. Tanto en portada como en la contraportada hay fotos de Van, que reaparece como gancho comercial, después de todas esas imágenes new age de aerógrafo, aunque aquí la cosa aún va más lejos. Después de tres álbumes en los que trató de esconderse a sí mismo, de convertirse en anónimo, de borrarse de las letras, éste es un esfuerzo maravillosamente egoísta. Es como si la personalidad de Van —y su individualidad poética— hubiera surgido de las nieblas celtas hacia la brusca luz del sol.
La portada es buena parte del mensaje del álbum, como también lo es el cuento sobre Boffyflow y Spike. Van se asoma por un círculo de hojas, como un ornitólogo que mira desde su escondite, del mismo modo que Boffy «ha cubierto con hojas la madriguera entera». Los ojos y la boca de Van sonríen franca e inequívocamente, en vez de su más característico ceño fruncido o aspecto de éxtasis místico. En la contraportada él no sonríe aunque, en cierta forma, tiene un aire travieso: luce el mismo sombrero de estilo español, y una capa —el «sobretodo» de la canción— abotonada con un broche de plata. Todo ello sobre una camisa, con el cuello desabrochado, lo que casi mina el efecto, y que por tanto resulta ligeramente ridículo, aunque esto presumiblemente forme parte de la trama. La carpeta interior de la edición en vinilo intercala las letras y las hojas muertas.
El relato, asimismo impreso en la carpeta, tiene un ingenio de gnomo parecido al de la tentativa de Dylan en la contraportada de John Wesley Harding, al surrealismo embaucador de John Lennon o a alguno de los cuentos de la Isla Secreta de Robyn Hitchcock, con sus juegos de palabras. Los paralelismos literarios más evidentes serían la fantasía loca de Flann O’Brien —aunque sin la vena de terror puro que atraviesa su mejor obra— o la novela de Spike Milligan Puckoon. El «Spike» del título seguramente es Milligan también, uno de los maestros a quien el álbum rinde homenaje. Van ha aprendido a aligerar, y su personaje Boffyflow es un completo «idiota», un tramposo, un bufón de la corte, que congela las hojas mientras espera el cheque del paro. El cita (burlonamente) sus propias letras, e incluso derrama humor sobre el apodo de «Belfast Cowboy».