¡Vivir!

Hua Yu · Capítulo 5 de 10

Páginas del PDF

¡Vivir!

Parte 5

* * *

En este punto de su historia, Fugui se interrumpió. Me di cuenta de que estábamos sentados a pleno sol, cuya trayectoria había ido apartando de nosotros la sombra del árbol y dirigiéndola hacia otro sitio. Fugui se levantó tras varios intentos.

—Tengo el cuerpo cada vez más duro —dijo mientras se sacudía las rodillas—. Sólo hay una cosa que tengo cada vez más blanda.

Al oírlo, no pude por menos que reírme a carcajadas, mirando la entrepierna colgante de sus pantalones, con briznas de hierba pegadas. Él también se rió, muy contento de que hubiera entendido a qué se refería, luego se giró para llamar al buey.

—¡Fugui!

El buey ya había salido del agua, y estaba pastando en la orilla de la laguna, entre dos sauces llorones. Las ramas que le caían sobre el lomo habían perdido su aplomo habitual y se mostraban retorcidas y enmarañadas. Al rozarlas el animal, algunas hojas cayeron lentamente al suelo.

—¡Fugui! —volvió a llamar el viejo.

La grupa del buey retrocedió como una roca metiéndose de nuevo en el agua, y su testuz emergió de entre los sauces y sus ojos redondos se dirigieron lentamente hacia nosotros.

—Jiazhen y los demás llevan tiempo trabajando —le dijo el viejo—. Ya está bien de descansar. Sí, ya sé que no has comido bastante, pero ¿quién te mandaba estar en el agua tanto rato?

Mientras Fugui llevaba el buey hasta el arrozal y le enganchaba el arado, siguió hablándome.

—El buey viejo es como el hombre viejo: cuando tiene hambre, necesita descansar antes de poder comer nada.

Volví a sentarme a la sombra del árbol, con la mochila en los riñones a modo de cojín, contra el tronco, dándome aire con el sombrero de paja. Al buey, el pellejo del vientre le colgaba en una larga tira que se bamboleaba como un gran odre. Me fijé en la entrepierna colgante del pantalón de Fugui: también iba balanceándose, como la piel del vientre del buey.