Aire

Geoff Ryman · Capítulo 21 de 27

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Aire

Capítulo 20

20

 

EL PROFESOR SHEN VINO DE VISITA.

 

Mae abrió la puerta y vio su figura recortada contra un cielo de color blanco grisáceo.

Su corazón empezó a latir con fuerza.

—Profesor —dijo, saludándolo de manera formal, con una inclinación respetuosa.

Shen tenía un aspecto horrible. Tenía una sombra de pelo gris en la barbilla, como

el bigote de una vieja, algunas canas y unas ojeras marcadas.

La miró.

—Hace frío; por favor, entre, profesor —lo invitó.

Parecía un pobre, olía a pobre. Llevaba un abrigo viejo, negro, que mantenía

abrochado. Algo se había derramado en él. Tenía unos mitones eloi muy bonitos que

su mujer le había bordado.

Mae siguió hablando.

—Vaya tiempo para ir de visita; deje que le haga un té.

—No hace frío —dijo él—. Está bastante templado para la estación.

—Por favor, por favor, siéntese a la mesa.

Mae quitó las cosas del desayuno de Siao.

—Sé lo que quiere decir. Toda esa nieve en las montañas, en un tiempo tan

templado. Me preocupa que haya una inundación.

Shen torció el labio.

Mae sonreía, mientras retiraba las tazas.

—Hubo una, sabe, en 1959, y anegó todo el pueblo de Aynalar. Debemos estar

preparados en caso de que eso ocurra de nuevo.

Para ya, se dijo a sí misma, se lo cuentas a todo el que pasa. Cotorra. No ha

venido a eso.

Mae se apresuró a poner la tetera en el fogón y sacó tazas para los dos. Olía su

aliento. Vino amargo añejo. Los chinos no sabían beber; llamaban a la borrachera

Kizul, «rojo», por el color de las mejillas y de la furia. Debería llamarse también

«blanco», por la palidez y el temblor que la seguían, que los hacía parecer hielo a

punto de romperse.

Él suspiró y metió los dedos entre su espesa mata de pelo oscuro.

Eras tan guapo, pensó. La amistad fluía por caminos familiares.

—Anoche no pude dormir —dijo.

—No me extraña. Te han quitado de una posición honorable de la forma más

injusta.

—Bah —dijo, mirándola como a una imagen en un libro. Su mirada decía: «has

sido tú».

—Yo no he hecho nada, ¿sabes? —dijo Mae, sentándose lejos de él. Había

calculado la distancia en caso de que quisiera pegarla.

Profesor Shen, yo me subía a tu carro lleno de lúpulo para la fábrica de cerveza.

Era mi forma favorita de ir a la ciudad. Tú, yo y Suloi, nos levantábamos bien

temprano, cuando los pajarillos de las cuatro de la mañana cantaban a nuestro

alrededor. El alba caía sobre vuestras amigables caras, comíamos bollos y nos

contabas viejas historias del pueblo.

—Mi mujer me ha dicho que has escrito unas cartas. Estás intentando que me

devuelvan el trabajo.

El rostro de Shen tembló, el hielo se rompió, y comenzó a llorar.

—¡No me lo van a devolver! —Sonaba igual que un niño pequeño, arrugando su

cara como una bayeta vieja. Miraba la mesa, tratando de recuperar el aliento y tragar

—. No soy un granjero, tengo muy poca tierra, ¿cómo voy a ganar dinero?

Buscó un cigarrillo por los bolsillos. Entonces recordó que no tenía, no podía

pagarlos.

Mae se inclinó hacia delante.

—Estudió con tanto ahínco para ser profesor. No tienen derecho a echarlo.

—Pues me han echado —dijo.

—Kwan está haciendo una colecta. Está intentando conseguir suficiente dinero en

el pueblo para pagarle…

Él movió la cabeza una y otra vez. ¿Quién iba a tener dinero para eso en

invierno? ¿Quién iba a pensar que siendo profesor acabaría viviendo de la caridad

del pueblo?

Mae intentó explicárselo.

—Yo le ayudaría a reunirlo, pero…

Shen suspiró y asintió.

—Pero nadie te habla. Es duro perder un empleo, ¿verdad? —La miró—. Tú lo

perdiste por mi culpa.

Ella se encogió de hombros.

—Me las arreglé para hacer otra cosa, como tendremos que hacer todos, profesor.

El mundo no nos dejará seguir siendo como hasta ahora.

Shen resopló; se sentó más recto.

—He estado pensando —dijo— que hay algo que puedo hacer por mí mismo. —

Suspiró, respiró y reparó el daño hecho a su hombría limpiándose las mejillas—.

Puedo aprender a usar ese monstruo.

Dio una calada a un imaginario cigarrillo de autoestima.

—Si la uso, dirán: «Ah, ya no se opone al progreso».

Mae se detuvo. La respuesta debía ser amable.

—Es una buena idea, profesor Shen —replicó.

—¿Cómo lo hago? —preguntó con un chasquido.

Le respondió con cautela.

—Eso lleva tiempo, profesor Shen, y el pueblo lo necesita como profesor ya. —

Mae estudió cómo desenrollar la estera ante Shen—. Debemos dar la impresión de que ya sabe mucho acerca de Info y de que está deseando enseñarlo.

Shen se movía en la silla, atrapado. Se giró deseando desesperadamente darle una

calada profunda a un cigarrillo para exhalarla.

—De acuerdo —dijo.

—Puedo contarle lo que debe decirle al aparato para abrir una cuenta de correo.

Si lo hace verbalmente, el aparato grabará las órdenes que procedan de usted en

persona. Será lo más conveniente, ¿vale? La Oficina de Disciplina y Educación verá

que viene de su parte. Luego les mandamos un correo de vídeo. Así verán que no solo

sabe usar el correo electrónico, sino que es un conocedor de la Red en Televisión.

Tenemos que acicalarlo un poco.

Él estuvo a punto de reír.

—Consultora de belleza.

—Ya no —replicó—, pero soy buena vendiendo cosas. No se confunda, profesor,

ahora lo estamos vendiendo a usted, ¿eh? Lo siento, pero debemos ser claros respecto

a lo que estamos haciendo.

Se sentía desalentado e impotente; su idea del mundo ya no servía para nada.

Asintió dócilmente.

—Aún tengo algunas cosas de Joe —dijo, y se puso en pie—. ¡Ah! ¡El té! —Puso

agua en la tetera con rapidez y salió. Él se sentó acariciando la taza. Quería sentirse

reconfortado y eliminar del todo la bebida.

Las cosas de Joe estaban en la pila. Eran todas cosas de hombres: la navaja de

afeitar, el peine. Cuando Joe se fue, lo dejó todo tirado por toda la casa. Él y Tsang

habían tirado las cosas de cualquier manera. Debían de estar borrachos. O muy

felices.

—Tenga. Tiene que afeitarse y lavarse el pelo.

Shen parecía congelado. Por supuesto, tendría que quitarse la camisa. Imagina el

escándalo si una de las damas del Círculo se lo encontrara en casa de Madame Búho

descamisado.

—Voy a echarle un vistazo al aparato y vuelvo —dijo Mae. Se estaba aficionando

a subir y bajar esas escaleras.

Desenganchó la tele de la viga. No costaba nada girar la rueda que movía la

televisión y la bajaba a la cocina.

—¡Dígame cuándo está listo, profesor Shen! —le gritó. Mae miró por la

claraboya. Toda la casa chasqueaba como las agujas de tricotar mientras el agua

goteaba sin cesar desde los aleros. Los aljibes habían rebosado. Hacía fresco, el

aliento era vaho, pero solo porque el aire era tan húmedo que no podía contener más

humedad; era vaho de niebla, no de helada.

Demasiado templado, demasiado templado, demasiado templado.

Mae interrumpió el pensamiento. Mandó callar a la señora Tung. Vamos a la

televisión para devolverle el trabajo al profesor Shen. La tejedora hace todo tipo de

cosas; algunas no se han visto nunca antes. Las señoras de California piden bolsos; las japonesas, gorros bordados. ¿No es genial Info? ¿No es divertido este negocio?

—Estoy listo —la avisó el profesor Shen.

Mae bajó la escalera y se quedó impresionada. Estaba recto, con la cabeza hacia

atrás, desafiando cualquier posible crítica. El pelo volvía a ser negro, al estar húmedo.

Tenía restos de espuma de afeitar en las orejas y la navaja de Joe le había provocado

un sarpullido, pero estaba radiante y se sentó muy derecho.

—Tiene un aspecto muy profesional —dijo Mae.

Ella le fue explicando cómo crear una cuenta en el aparato. Él decía las palabras

lentamente, dubitativo, con la cara tan rígida que apenas movía los labios, pero la

pantalla hacía un despliegue de páginas confirmando e informando.

Me encanta todo esto, pensó Mae. Nunca tuvo la mente más clara. Nunca estuvo

la señora Tung tan lejos de ella, tan fuera de su alcance, ni tan débil en su interior. La

alegría reforzaba a la alegría. Su hermosa tele era como una fuente de la que obtenía

algo chispeante, sustancioso y limpio.

El nombre de Shen era dual. Si fuera karzistaní, lo que era dudoso, entonces el

nombre significaba «felicidad». Si era el nombre chino Shen, entonces era demasiado

antiguo para significar nada. Podría ser un nombre eloi, forzándolo un poco,

«Shueng». ¿De qué nación sería?

Alguien llamado Shen debía proceder de gente con mucha historia. Tanta que

podrían morir asfixiados por toda esa carga, lo que les hacía estar asustados todo el

tiempo, al sentirse golpeados por el destino. No eran más que unos campesinos cuyo

único deseo consistía en que los dejasen en paz, sin tener que preocuparse por a qué

continente o a qué tribu pertenecía. Eso era todo lo que Shen quería en la vida: pasar

desapercibido.

—Vale. Ahora tiene que parecer que va a la graduación de su hija. —Le quitó el

abrigo y dio gracias de que llevara una camisa negra. Estaba arrugada y descolorida,

pero en la televisión sería de un negro prístino. Le quitó el jabón de las orejas.

—Disculpe, tiene un sarpullido —dijo—. ¿Le puedo poner maquillaje?

Por fin, él sonrió.

—Soy un talento —dijo juntando los pies al sentarse.

Mae le embadurnó la barbilla con sus colores.

—¿Tengo que hablarle al secretario? —dijo, dejándose invadir por algo parecido

al terror.

—No —dijo ella rápidamente—. No, no, claro que no. Lo que tiene que hacer es

hablarle a la televisión, luego les mandamos el vídeo como si fuera una carta que

ellos abrirán más tarde. Verán que es usted un buen hombre, una persona seria, y que

se siente cómodo al usar Info. Comprenderán que se han equivocado con usted,

¿vale?

Lo miró a los ojos. El pueblo odiaba al Gobierno, desconfiaba de él. Shen podía

cerrarse en banda en cualquier momento.

—Mire, use la pantalla como espejo. Así verá qué aspecto tiene; eso puede ayudarlo.

Shen empezó a desfallecer.

—No debería hacerlo ahora. Debería escribirlo antes. ¿Qué pasa si me equivoco?

—Si sale mal, repetimos la película otra vez, ¿vale? Pero escuche, Shen, no lea

una declaración. Usted es profesor, está acostumbrado a hablar todo el día ante la

gente. Es inteligente, le aseguro que lo va a hacer bien, ¿vale? ¿Vale?

Pobre hombre.

Mae giró la cámara y comenzó a grabar. Movió la pantalla para que él pudiera ver

lo mismo que veía la cámara. Shen se quedó impresionado al ver su cara en la

televisión. Abrió la boca y se quedó mirando fijamente. Las gotas de sudor le

resbalaban por la cara como nieve derretida.

—No sé qué decir —dijo. El pánico se traslucía en su cara.

—Alto. Cancelar —le dijo Mae al aparato.

Mae le secó la cara y le dijo con firmeza:

—Sabe lo que tiene que decir. El secretario sabe que es poderoso, así que no

pierda el tiempo con adulaciones. Él ya sabe que está pidiendo algo, así que hágalo

con rapidez. Pero asegúrese de que dice lo que tiene que decir.

Comenzó de nuevo, y el profesor que había en él salió a la superficie.

—Secretario Goongoormush —dijo, y tragó saliva—. Soy el profesor Shen Yoh

del pueblo de Kizuldah, en Yeshibozkent Villayet. He sido destituido recientemente

como profesor. —Se aclaró la garganta—. Entiendo por qué se ha tomado esa

decisión. Enseñar Info es parte de mi profesión. Es verdad que le he impedido a la

señora Chung enseñar esta materia. Sin embargo, el pueblo no tiene profesor en estos

momentos. En invierno, eso supone que los niños no van a recibir ninguna educación.

Le pido que me restituya en mi puesto. Como puede ver, he empezado a aprender

Info con la propia señora Chung.

Se detuvo y añadió:

—Siempre hemos sido excelentes amigos y estoy seguro de que me ayudará a

convertirme en un buen profesor. Gracias por su tiempo.

Se oyó su respiración y entonces dijo:

—Mensaje en cola.

¿Cuándo había aprendido eso?

—¡Eso es! —le dijo para animarlo—. ¡Lo ha conseguido!

—Sí —dijo—. Gracias. —Tenía los ojos cargados, todo él parecía cansado. Con

el esfuerzo de quien levanta una piedra, se puso en pie para irse.

Ya era hora de sincerarse. Mae también se puso en pie.

—Lo que me hizo fue algo muy malo —le dijo.

—Sí —dijo. Aun así, no se disculpó, no pudo. Fue hacia la puerta.

—Yo solo estoy intentando ayudarnos, ayudarnos a todos —dijo, persiguiéndolo

—. ¡Todos debemos aprender, ser parte del futuro!

¿Qué quería de él? ¿Algo a cambio?

Al sentirse perseguido, apresuró el paso hacia la puerta. Cogió el abrigo

manchado y se enrolló la bufanda al cuello. Le dio la espalda. Llegó a la puerta y la

cruzó; se fue. No se dijeron nada más.

¿Ni siquiera gracias? Fue a la ventana. Shen caminaba con los hombros

encorvados. Con una mano se despeinó el pelo. Le temblaban las manos cuando

luchaba por abrir el picaporte antiguo de la puerta del patio. Luego, furioso, abrió con

fuerza la puerta que tembló al chocar contra los adoquines y volvió a cerrarla tras él.

Antes de que se cerrara, Mae vio que Shen se cubría la cara con las manos.

Entonces miró al otro lado del patio. Vio al señor Ken furioso al ver a Shen,

dispuesto a pelear. Vio a Kuei volverse hacia su ventana y se apartó con rapidez,

ocultándose en las sombras.

 

PARTIDO DEL PROGRESO

 

Programa del día.

La honorable señora Sunni pasa revista a la alta costura. Vea cómo Info le permite elegir el

vestido ideal en su tela y color favoritos. Casa de la honorable Sunni. Venga y tome un té a las 9:30, después de haber terminado con las tareas de la mañana.

 

CÍRCULO DEL OJO DEL ESPECTADOR

Comienza todos los días a las 8:00 a.m. Vea trabajar a las mujeres felices, mientras la

tejedora inteligente realiza ropa exclusiva para cada uno de nuestros clientes. Las mujeres cosen a mano los trabajos más personales. Estos se venden muy caros a nuestros amigos de América. Si viene a las 10:30, la señora Chung estará encantada de mostrarle el Info que ha diseñado y creado para las empresas de sus vecinos. También le dirá CÓMO GANAR MUCHO DINERO CON INFO .

 

FAMILIAS FELICES

Las dos casas con televisión de Kizuldah estarán abiertas al público toda la tarde. Pase a

disfrutar de los hospitalarios pasteles de bienvenida, el té y la charla campesina con la honorable Sunni, o con el señor Wing y Kwan en su propia casa, en su televisión.

Lo que nos ha pasado es estupendo: lo dicen el Gobierno y el New York Times.

6:00 p.m. - 9:30 p.m. todas las tardes, excepto cuando la nieve es muy alta

 

REUNIÓN DEL SEGURO

Diez hogares de nuestro Pueblo Feliz son ahora incluso más felices, con la tranquilidad que

da saber que si la desgracia los golpea, están protegidos. El señor Wang Ju-mei, nuestro agente asegurador, celebrará la reunión de mediados de invierno. Venga y entre en calor con el vino templado, la cocina de la anciana señora Wang y un espectáculo televisivo gratis con una diferencia: usted será la estrella… Un espectáculo televisivo sobre usted.

A las 7:30 p.m. Viernes por la noche. Música moderna a cargo de nuestra chica más

moderna: ¡Sezen!

Archivo de sonido de: Señora Chung Mae

 

Fecha: 10 de enero

 

Querida señorita Soo: me he tomado muy en serio su amable consejo

de hace unos meses. He considerado el asunto desde todos los ángulos y me doy cuenta de lo inteligente que es usted. Si Balshang imita mis vestidos nativos, se hará con todo el negocio, porque los americanos no notarán, o no les importará, que los nuestros sean auténticos y los de Balshang no. Así que he pensado que nuestra gente va a ver América por la tele, y querrán parecerse a los americanos. Su casa debe de estar ya preparándose para vender ropa barata y de calidad para los hogares. Las damas de mi Círculo son buenas y baratas. Podemos hacer un buen negocio copiando la ropa de hogar americana. ¿Estaría su casa, o tal vez usted misma, interesada?

Su amiga,

Chung Mae

 

Correo Oficina de Investigación

electrónico de: Meteorológica

 

Fecha: 14 de enero

Estimada señora Chung:

Nos agradó mucho recibir su inesperada oferta de tomar datos para

nosotros en el sector de Kizuldah de Yeshibozkent Villayet. Es verdad que no tenemos registros regulares del tiempo en su localidad. Sin embargo, las pautas que aplicamos a la recogida de datos son muy rigurosas. Estos datos deben interpretarse con ecuaciones de constante n antes de que nuestra base de datos pueda hacer uso de esa información.

Muchas gracias por su ofrecimiento, pero no creemos que sirva de

mucho el aceptarlo, ni para usted ni para nosotros.

Bedri Eyoobogloo

 

Correo electrónico Oficina de Desarrollo

de: Agrícola

 

Fecha: 18 de enero

Estimada señora Chung:

Nos complace poder ofrecerle nuestro sistema de predicción

climatológica local. Junto con el paquete modelo de la Oficina de Prospección de Tierras, entidad colaboradora, ofrece una solución única para aquellos que quieran predecir el tiempo y su impacto en zonas geográficas particulares. La licencia son 100 riels al año. Incluye una actualización anual, ayuda en línea y un ayudante para la instalación. Dado que el suyo es un Centro de Progreso de la iniciativa Dar Alas, podemos ofrecerle un descuento del diez por ciento.

A la espera de su respuesta,

Goksel Kartal

 

Archivo de Señor Goksel Kartal, Oficina de

sonido de: Desarrollo Agrícola

 

Fecha: 20 de enero

Es cierto que el sistema no ofrece interpretación con constante n,

pero no es uy habitual utilizar un sistema de predicción del tiempo tan exacto para la agricultura. ¿Para qué necesitaría la Provincia Feliz relacionar datos desde Balshang a Pekín?

 

Archivo de Señor Bedri Eyoobogloo, Oficina

sonido de: de Uso de la Tierra

 

Fecha: 22 de enero

Señora Chung, tiene mucha razón; el proceso que describe cumpliría

nuestras rigurosas pautas de recogida de datos, pero ¿está segura de que quiere hacerlo? Hablamos de dos horas de trabajo al día, creo. Por favor, Entiéndanos, quizá usted lo haya comprendido mal; el Gobierno no puede pagarle por hacer este trabajo. Ni podemos darle un programa de constante n. Se paga la licencia solo una vez, pero ¡es de mil riels! ¿Por qué quiere hacerlo?

 

Archivo de sonido de: Señora Chung Mae

 

Fecha: 22 de enero

Estimado Eyoobogloo, quiero saber el tiempo. Aquí dependemos de la

tierra, del agua, del Sol y todas esas cosas. La constante n es la teoría del caos, ¿no? Lo que significa que si conozco los patrones de Balshang, sabré cómo nos afectan, ¿verdad? Esto es importante porque este invierno hemos tenido una gran nevada y temperaturas suaves. En 1959, esto supuso una inundación repentina terrible. Ocurrió por el Erjdha Nefsi, el «Aliento del Dragón», un viento cálido del desierto al norte de Balshang, ¿comprende?

 

Archivo de sonido de: Señorita Soo Ling

 

Fecha: 24 de enero

Su mensaje llegó en buen momento, ya que estoy considerando montar

mi propio negocio. Contesto con prisa, y contestaré otra vez con más tiempo. Su amiga,

Ling

Archivo de sonido de: Señora Chung Mae

 

Fecha: 24 de enero

Señor Tunch, mi fiel guardián, por fin he conseguido que la tele

me lea su artículo. Para ser francos, no sé leer. Lo que es una gran ventaja que tengo sobre otra mucha gente. Me muevo por instinto, no por mi cerebro. Aunque Info me ha enseñado que tengo una buena cabeza unida a unas buenas entrañas, además. Me produce un placer inconfesable saber que ninguno de ustedes entiende Aire como yo. Ni usted, ni su Sistemlar, ni la ONU, ni el Formato Puertas, ni todos sus científicos, ni sus talentos, ni sus políticos. Sé algo que usted no sabe, algo que sospechaba, pero que escondí de usted. Así que me llevé la mejor parte en el trato. Por eso quiero hacer otro trato con usted, señor Tunch. Yo le digo mi secreto si me consigue el mejor programa de predicción climatológica, el más efectivo y exacto que exista, con interpretación de constante n. Cuando lo haya hecho, le diré lo que es Aire, y verá su mundo salir volando.

Recuerdos con mucho cariño,

Chung Mae

 

Archivo de sonido de: Señor Hikmet Tunch

 

Fecha: 25 de enero

Mae, Mae, querida, creo que ha pasado demasiado tiempo en las

montañas. Se ha vuelto loca como un trampero viejo. Sé lo que tiene que decirme. En Aire, la gravedad y el pensamiento son lo mismo. Lo sabe porque usó la «gravedad como pensamiento» para hacer trizas la valla de metal cuando decidió volver a casa. Quiere decirme que eso es una arma increíble, que podemos usar el «pensamiento como gravedad» para destruir ciudades. Le diré que ya estamos trabajando en ello. Es usted una chica muy, muy brillante. Lo siento por el trato, pero no hay trato. Su sabio contendiente,

Hikmet

 

Archivo de sonido de: Señora Chung Mae

 

Fecha: 25 de enero

Jua, jua. Eso es mi risa. Me río de usted. No es más que un

gángster bobo, en todos los sentidos. El universo es un diamante de amor y cuando decide brillar para nosotros, ustedes, los mafiosos estúpidos de siempre, intentan convertir una luz que ilumina en una luz que quema. Cogen los diamantes y los convierten en cuchillos cortantes. Pero ha fracasado, ¿verdad, niño arrogante? No ha funcionado, ¿a que no? Ese arma letal y magnífica que funciona solo con el pensamiento. Sé que fallará, y seguirá fallando, y como soy una madre sabia que consuela a los niños engreídos, le diré algo gratis. Después de todo, estoy vendiendo Info. Hay algo llamado Kwan Toh, ¿no? Ya ve, tengo otras fuentes de información aparte de usted. Sabía lo de las once dimensiones antes de conocerlo a usted. Kwan Toh dice que el mundo que nos rodea y las cosas que contiene solo

son probables. Los átomos van en dos direcciones a la vez y, de repente, se deciden. Muchas realidades existen como probabilidades muy, muy pequeñas. Bueno, romper una valla no es una probabilidad. Es un milagro. Siempre ha habido milagros, señor Tunch, y siempre han sido pequeños porque no son probables en absoluto. Intente hacer crecer esos milagros terribles suyos y la probabilidad se cerrará sobre usted, como si sus pensamientos fueran piedras lanzadas a un estanque. Su pensamiento creará unas ondas. Algo estará casi a punto de ocurrir, pero entonces la superficie de lo probable se cerrará. Su arma nunca va a funcionar. No sé hablar bien, no tengo estudios. No los necesito. Eso me da libertad, así puedo volar más alto y más profundamente en la realidad que usted. Puedo hacer desaparecer su estúpido mundo mafioso y reemplazarlo por otro mejor. Déme el programa de constante n, o seguiré riéndome de usted. Ja, ja, ja, ja, je, je, je, ja, ja, ja, ja, je, ja, ja…

 

Archivo de sonido de: Hikmet Tunch

 

Fecha: 26 de enero

Vale, ríase. El precio del mejor programa de predicción

climatológica de constante n no es nada para mí. Sé que solo lo quiere para predecir el clima, mi talento del tiempo. Encontrará el código necesario en el archivo adjunto, con la licencia de uso y el manual del asistente. Así que venga, llévese mi mundo por delante.

Su escéptico, pero muy rico amigo,

Hikmet

 

Programa de Predicción Meteorológica

de Desarrollo Agrícola

 

Lectura de sonido, 26 de enero: 17:57

Lugar: Escuela Descenso de la Cordillera

Velocidad del viento: 3,7 Km/h

Dirección: norte-noreste

Temperatura del aire: 7 °C, 7,03, tal vez

Vale, enchufa directamente. ¡Oh, qué frío en los pies! Temperatura del aire: 7,0298 °C

Temperatura del aire con factor de escalofrío: 5,25 °C Temperatura de la nieve en superficie: 2,7 °C Temperatura de la nieve en la base: –1,8 °C Temperatura de escorrentía: 2,9 °C

El pueblo está azul, como un recuerdo. Todas las mañanas oigo voces cuando me despierto, los niños gimiendo, las madres gritando. Es la inundación. Si no tengo cuidado caigo en Aire y me veo de nuevo allí. Así que es bueno salir aquí afuera, como una talento del tiempo de patrulla nocturna. El frío me mantiene anclada en el ahora. Va a haber una inundación, este año o el que viene, el que sea. ¡Ah!

Esta es la peor parte, buscar en el estiércol. Quizá encuentre una

cebolla perdida. Algo para la cazuela.

Temperatura del suelo: –1,7 °C

Puedo sentir estas piedras, estas terrazas. Quieren rodar, rodar

hacia abajo y aplastarnos. Por lo menos, esto es sólido. Info me mantiene cuerda.

Siempre ha habido una inundación que nos arrastrara. Claro, señora Tung, querida, claro.

 

LA INUNDACIÓN

 

Mirad el valle. En la montaña del Espejo, veréis lo que queda del

pueblo de Aynalar (Espejos). Debéis veros reflejados en él.

En 1959, toda la ladera fue arrastrada en una noche por una

inundación tremenda que se produjo al fundirse la nieve demasiado

deprisa. Antes, las terrazas de Aynalar eran ricas y fértiles. Estaba

en la ladera soleada del valle y Kizuldah era el primo pobre, a la

sombra. Ahora Aynalar es un montón de piedras. Aquello ocurrió un

invierno de grandes nevadas y temperaturas cálidas. Este invierno es

el reflejo en el espejo de aquel.

Ya me habéis visto. Cada mañana y cada tarde voy a medir la nieve.

Mido muchas cosas tres veces al día, la temperatura, el viento y la

fuerza del sol a través de las nubes. Estoy en contacto con muchas

oficinas del Gobierno para calcular Info.

De momento estamos bien. Tendría que hacer más calor que en 1959

para que la inundación nos afectara. Sabréis que la inundación se va a

producir cuando el Aliento del Dragón sople en invierno. ¿Veis estas

fotos? Muestran nuestro pueblo si la nieve se funde, la altura que

alcanzará el agua y dónde debéis ir.

No vayáis a la escuela. Podrían caer rodando grandes rocas de las

terrazas y sepultarla. Todo el mundo debería ir a la casa del señor

Wing. Es la que está más alta, sobre un farallón. Los que están en el

valle, como usted, señor Han, deben subir el grano ya; no habrá tiempo

cuando venga la inundación.

Subidlo todo al ático. Si todo lo demás falla, si la inundación

crece, subíos al tejado. Os informaré de la situación cada día.

Honorable Chung Mae

 

Archivo de sonido de: Señora Chung Mae

 

Fecha: 28 de enero

¡Uuuuuuuuh, señor Tunch! Este es el sonido de mi aliento,

llevándomelo por delante. Todo es eterno en Aire, ¿no? Así que me pregunto, ¿cómo se hacen las improntas? ¿Cómo podemos cambiar algo que es eterno? No puede pasar nada nuevo. Así que creo que si ahora estamos en Aire de algún modo, es porque lo hemos estado siempre. Esas improntas que usted nos hace siempre han estado ahí. Entonces pienso, ¿cómo es que vuelvo a la vida de la señora Tung? Cuando vi la inundación que destruyó Aynalar, estuve allí de verdad. El agua estaba helada, tragué barro, sentí a mi niña, quiero decir, a la de la señora Tung, cómo me la arrancaba el agua. Yo estaba en la vida de la señora Tung. A veces miro Kizuldah y veo unos globos enormes flotando, u hoteles que no existen, y no estoy loca. Simplemente veo el futuro a través de mi aeroyo. Entro y salgo en el tiempo como una mota de agua en una esponja. Voy por los agujeros.

Ah, pero adivine qué más he averiguado, con mis idas y venidas.

Todo vive en Aire, señor Tunch. Todo está en nuestro globo terráqueo

y en Aire al mismo tiempo. Las piedras, las flores y los pájaros. Las inundaciones y los funerales. Todo es eterno, señor Tunch. Eso significa que siempre hemos tenido un aeroyo. Si de alguna forma vivimos en Aire ahora, es porque siempre hemos vivido allí, desde el principio. Siempre hemos sido capaces de ver a veces el futuro o el pasado. Siempre hemos podido hacer pequeños milagros. Cualquier niño lo sabe. Muchas mujeres lo saben. Parece que los únicos que no lo saben son los gánsteres grandullones. Todo ha sido y ha ocurrido siempre a la vez. Lo que implica que nada provoca nada. Lo que quiere decir que las historias solo ocurren en este pobre globo en el que vivimos. Las historias no tienen significado. No se puede interpretar nada. Todo Es, simplemente, sin más significado, sin necesidad de su filosofía ni de su ciencia, ni de todas nuestras miserias, ni mitos, ni relatos ni explicaciones. Todo es un gran Ahora sonriente. Uuuuuuuuuuuh. Ese es el sonido de Aire, soplando.