Ático

Gabi Martínez · Capítulo 3 de 78

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Ático

Capítulo 2

 

Siempre lo había dicho:

—Quiero vivir en un ático para contemplar la ciudad.

Y también:

—Un día programaré un juego al que todos querrán jugar.

Por eso, después de firmar los papeles del paro, Eduard volvió a casa despacio escrutando las azoteas. En algunas vio plantas sobresaliendo, cristaleras reflectantes, incluso distinguió el penacho de una palmera. Es cierto que en la mayoría no pudo ver nada, pero eso le invitaba a imaginar situaciones.

A mediados de los años noventa el Ayuntamiento de Barcelona prohibió la construcción de nuevos áticos en la ciudad. En 2001, los áticos que resistían costaban mucho dinero y aun así eran difíciles de encontrar debido a la gran demanda. Por eso, cuando cuatro tardes después Eduard anunció el alquiler a sus amigos programadores, Rashid Rasanghani, al que todos llamaban Diblú, respondió:

—Anda ya.

—Una ganga de cuarenta metros cuadrados y una azotea de treinta. Me voy la semana que viene.

—Anda ya.

—¿Tú solo? —preguntó alguien.

Entonces les explicó el proyecto.

—Pero ¿por qué? —preguntaron varios.

—No os enfadéis —dijo Eduard—, pero ahora yo necesito mis máquinas y creo que poco más. Quiero demostrar algo, dar un paso hacia el futuro. Y probar qué es estar solo.

—Anda ya.

Rashid Rasanghani Diblú era hijo de hindúes, al final de un comentario siempre repetía las palabras que le parecían importantes, los test decían que era superdotado, sus amigos que era tacaño y en su dormitorio tenía la fotografía de un hombre con los brazos abiertos y cara de incredulidad que daba la espalda a un tablero de ajedrez gigante sobreimpresionado en una pared al fondo.

La foto databa de 1995, cuando el supercomputador Deep Blue derrotó al campeón del mundo de ajedrez Gary Kasparov. Por primera vez en la historia, una máquina no hallaba rival en el cuadro humano y confirmaba la predicción que Rashid Rasanghani Diblú había formulado en cuanto le advirtieron del duelo:

—Gary perderá con Deep Blue. Deep Blue.

En el primer enfrentamiento entre el aparato y Kasparov, el campeón ruso ganó cuatro a dos y dijo:

—Ninguna computadora me vencerá antes del 2000.

Los expertos de IBM en el Equitable Center de Nueva York analizaron las partidas creando una versión mejorada de Deep Blue. El resultado fue un sistema de procesamiento paralelo RS/6000 SP que contaba con 32 nodos, compuesto cada uno por ocho procesadores específicos de ajedrez de tecnología VLSI, que le permitían calcular doscientos millones de movimientos por segundo.

Deep Blue contenía los datos de las cien mejores partidas de los últimos cien años y, aunque no era capaz de desarrollar nuevas estrategias, aprendía de sus propios errores. Con esta inconmensurable ventaja, los programadores volvieron a desafiar al ruso.

—No me da miedo decir que temo a Deep Blue —declaró después del torneo el nuevo subcampeón—. Ha mostrado claros signos de inteligencia.

En los días que siguieron a la victoria de su candidato, la fascinación por aquella inteligencia artificial impulsó a Rashid a mencionar en cualquier charla, y siempre en número par, el nombre del ordenador. Desde entonces los amigos le llamaban Diblú y la verdad es que les sorprendió bastante presenciar cómo, tras el anuncio de Eduard, Rashid Rasanghani Diblú se incorporó, fue a la barra, contra todo pronóstico pidió una ronda de cervezas, volvió a sentarse, dio un puñetazo en la mesa y dijo:

—Anda ya. Tú estás lleno de fantasías.