Caravaggio

Andrew Graham-Dixon · Capítulo 5 de 81

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Caravaggio

Orígenes modestos, conexiones nobles

 

Caravaggio nació tres años después de que se publicara la segunda edición revisada de la pionera antología de biografías de artistas de Vasari: Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores. El libro de Vasari fue el modelo en el que autores posteriores como Baglione y Bellori basaron sus propias colecciones de vidas de artistas. En él confirmó y trató de elevar el estatus que habían adquirido los artistas en la península italiana durante el periodo que ahora conocemos —también en buena medida gracias a los esfuerzos de Vasari— como Renacimiento. Anteriormente, la profesión del arte había estado entre las más bajas porque implicaba trabajar con las manos y por lo tanto se consideraba una forma de trabajo manual: un oficio, no un arte liberal. Pero en las más de mil páginas de Vasari está implícita la convicción de que los grandes artistas merecen estar a la altura de los poetas y filósofos como hombres de genio, acompañantes por derecho propio de reyes y príncipes.

Además de elevar la reputación de su profesión, Vasari estableció ciertas fórmulas para escribir la vida de un artista. Consagra a pintores y escultores especialmente famosos —Giotto o Michelangelo, por mencionar dos casos— como milagrosos prodigios ya en época temprana: la brillantez de Giotto, por ejemplo, se supone que habría sido descubierta por Cimabue, un artista de más edad, que conoció al joven Giotto cuando todavía era un inculto pastor y le encontró dibujando perfectamente sobre una piedra. Pero los biógrafos de Caravaggio no atribuyen fábulas así de edificantes al joven artista. Mancini despacha sus primeros años en dos frases, y Baglione, en un párrafo. Bellori sí cuenta una historia sobre el joven Caravaggio, pero no está en la línea del tipo de prodigios que relataba Vasari porque su finalidad era poner de relieve el principal defecto del artista, tal y como lo veía Bellori: su supuesta falta de intelecto, lo que significaba que su obra nunca podría ir más allá del mero oficio.

Según la historia de Bellori, Caravaggio era hijo de un artesano. Como el pintor «estaba empleado en Milán con su padre, que era albañil, empezó a aglutinar la cola para algunos pintores que estaban pintando frescos e, impulsado por el deseo de pintar, se quedó con ellos para dedicarse por completo a esta actividad. Permaneció allí durante cuatro o cinco años…». Bellori quizá pensara que esta formación imitadora e irreflexiva predispuso a Caravaggio a su gran error: «depender

completamente del modelo, sin escoger entre las mejores formas de la naturaleza[4]». Su moraleja desde luego no es muy sutil: el que ha sido artesano sigue siéndolo hasta el final.

La historia no es exactamente cierta pero, como muchas anécdotas sobre Caravaggio, contiene elementos de verdad. Nunca pudo haber desempeñado tareas como aglutinar la cola o el mortero para su padre porque éste murió cuando Caravaggio no tenía más que cinco años. Pero los registros muestran que Fermo Merisi, en efecto, era albañil. Esto podría sugerir que, como Bellori da a entender, el origen del artista estaba arraigado en el humilde mundo del artesano. Pero las fuentes apuntan a algo más complicado. Hay margen para la ambigüedad porque el oficio de albañil de Fermo Merisi podría incluir distintas formas de trabajar con la piedra y quizá incluso la profesión de arquitecto.

El breve relato de Baglione coincide básicamente con el de Bellori: sólo dice que el artista, «nacido en Caravaggio, en Lombardía, era hijo de un albañil

acomodado[5]». Pero Mancini sitúa al artista en un entorno mucho más ilustre. Según él, «nació en Caravaggio en el seno de una familia de ciudadanos honorables, pues su

padre era mayordomo y arquitecto del Marchese di Caravaggio[6]». Quizá fuera el propio artista el que proporcionara esta información a Mancini, en particular la idea de que su origen no era ordinario. Una serie de incidentes en la vida ulterior del pintor indican que creía que había nacido en el seno de una familia de alcurnia y que merecía respeto por ello. Es importante establecer la verdad porque muchos de sus futuros problemas tienen su raíz en esa conciencia de un estatus elevado.

La mayor parte de lo que sabemos sobre la juventud de Caravaggio lo publicó la

estudiosa Mia Cinotti en 1983[7]. Uno de los documentos más reveladores descubiertos por su investigación se refiere a la boda de los padres del artista. El 14 de enero de 1571 Fermo Merisi se casó con una mujer llamada Lucia Aratori. Fermo había nacido en 1540 aproximadamente, era viudo y tenía una hija llamada Margherita de su primer matrimonio. Lucia era unos diez años más joven y no había estado casada antes. De acuerdo con el documento, Fermo residía en Milán, pero el matrimonio se celebró en Caravaggio, donde vivían tanto el resto de su familia como la novia. De no ser por la presencia entre los testigos del Marchese Francesco I Sforza di Caravaggio, la boda no habría tenido nada de especial. El Marchese era miembro de una de las principales familias nobles de Italia, los Sforza, antiguos señores de Milán. Su esposa, la joven Marchesa di Caravaggio, pertenecía a la muy poderosa familia Colonna. Eran las personas más importantes en la zona.

La presencia de nobles en la boda de la familia Merisi tiene muy poco que ver con el padre de Caravaggio. Fermo Merisi era un albañil corriente, quizá razonablemente acomodado, pero sin grandes pretensiones sociales. Desde luego, no era arquitecto. En una serie de documentos relacionados con él aparece como mastro, designación de un artesano cualificado con derecho a abrir su propio taller y a contratar aprendices. Tenía un negocio modesto en Milán. El inventario sucesorio de sus pertenencias incluye «algunas viejas herramientas de albañil», pero no libros o instrumentos que indiquen un conocimiento de los aspectos teóricos de la arquitectura. El hecho de que mantuviera un taller independiente hace improbable que estuviera al servicio del Marchese di Caravaggio. El abuelo paterno del pintor, Bernardino Merisi, no estaba más alto en la escala social. También había tenido un pequeño negocio. Era comerciante de vinos y bodeguero en la casa familiar de Porta Seriola, en el noreste de Caravaggio.

En realidad, es cierto que había estrechos vínculos entre la familia de Caravaggio

y la noble dinastía Colonna, pero por parte de madre[8]. El padre de ésta, Giovan Giacomo Aratori, era agrimensor y su cometido era ayudar a resolver las disputas sobre la propiedad de la tierra. También intervenía en la compra y venta de parcelas. Su trabajo le ponía en contacto directo con los Colonna, propietarios de gran parte de las tierras de la región. Mientras que el padre y el abuelo paterno de Caravaggio trabajaban con las manos, Giovan Giacomo era un profesional más que un artesano. Su trabajo exigía una formación mayor que la de un albañil, además de conocimientos de geometría y aritmética. En 1570, un año antes del nacimiento de su nieto, el futuro pintor, fue nombrado miembro del colegio de agrimensores del ducado de Milán.

Giovan Giacomo Aratori también intervino en la vida religiosa de Caravaggio. El acontecimiento más sonado en la vida de este letárgico pueblo agrícola había ocurrido en 1432, cuando una joven campesina que trabajaba en los campos había tenido una visión de la Virgen María. Según la leyenda, había brotado agua milagrosamente del lugar en el que había tenido la visión y más tarde se levantó una ermita en honor de la milagrosa Madonna della Fontana. En la segunda mitad del siglo XVI la ermita de Santa Maria della Fontana se había convertido en la institución religiosa más importante del pueblo. La administraba un órgano de scolari, para el que Giovan Giacomo fue elegido varias veces desde mediados de la década de 1560.

Además, ocupaba importantes cargos en la comune local como consejero, tesorero y emisario ante las autoridades españolas (en aquella época el ducado de Milán, donde se hallaba el pueblo de Caravaggio, formaba parte del vasto imperio de los Austrias, que Felipe II gobernaba desde El Escorial, su palacio y monasterio a las afueras de Madrid). Las muchas responsabilidades de Giovan Giacomo significaban que era una figura familiar entre la nobleza local. Actuaba como agente del Marchese Francesco Sforza I di Caravaggio y como testigo legal de la familia Sforza, y recaudaba los arrendamientos en su nombre. Algunos documentos lo relacionan con el Marchese, otros con la esposa de éste, Costanza Colonna.

Había otros vínculos aún más íntimos entre la familia Colonna y el clan Aratori. La hija de Giovan Giacomo, Margherita, tía materna de Caravaggio, fue nodriza de los hijos de Sforza. Vivió muchos años en la casa de Colonna y fue ama de leche de los hijos de Costanza Colonna, entre ellos el futuro aventurero, y durante algún tiempo caballero de la Orden de San Juan, Fabrizio Sforza Colonna. En 1584, en recompensa por sus servicios, Costanza regaló a Margherita una pequeña propiedad en Fara d’Adda, cerca del pueblo de Caravaggio. Todavía en 1601 Margherita mantenía un contacto regular con la Marchesa y le escribía cartas a Roma, en la misma época en que Caravaggio, que también se encontraba en la ciudad, estaba recibiendo algunos de sus encargos más importantes.

Caravaggio acudió muchas veces a Costanza Colonna, que siempre le respondió y fue un apoyo constante para él en tiempos de crisis, dándole cobijo cuando huía y protegiéndole cuando estuvo condenado a muerte. Sin embargo, a diferencia de sus otros aliados o protectores nobles, nunca quiso adquirir una pintura suya. Todo lo que los datos existentes sugieren es que le apreciaba verdaderamente, quizá incluso le quería como a un hijo propio. Su influencia y la de su familia, con su red tentacular de alianzas feudales y familiares, que alcanzaba a toda la península italiana, se percibe a lo largo de la vida de Caravaggio, pero en especial en sus últimos y más atribulados años.

La clase social (en particular las cuestiones de «nobleza» y «virtud») sería un asunto en litigio en muchas de las futuras disputas y peleas de Caravaggio. Eran éstos temas de un intenso debate en la Italia medieval y renacentista. En el norte de Europa, la aristocracia daba por sentada su preeminencia y suponía que la nobleza era una cualidad exclusiva de aquellos que eran lo suficientemente afortunados para nacer en las clases altas terratenientes. Allí se identificaba fácilmente al noble: un hombre virtuoso de sangre pura, que tenía el derecho de portar armas en servicio de su rey, era buen jinete y espadachín, y nunca se manchaba las manos con el comercio. En Italia, la situación era más ambigua porque la sociedad italiana era más fluida y sus élites dirigentes —constituidas por caballeros imperiales, caballeros locales, magnates y otros tipos de señores feudales—, más heterogéneas. Además, era una sociedad cada vez más urbanizada y eso también condujo a que se difuminaran las diferencias sociales. De la segunda mitad del siglo XIV en adelante, los patricios urbanos trataron de afianzar su control del gobierno. Los integrantes de esos sectores —mercaderes, prestamistas, fabricantes textiles y otros impulsores de un capitalismo incipiente— eran a su vez intensamente conscientes de las diferencias de clase. Fundaron sus propias dinastías y también albergaban aspiraciones a la nobilità, hasta el punto de que, en Italia, el propio término se volvió cambiante e inestable. Ya en el siglo XIV, escritores que iban desde el poeta Dante hasta los juristas medievales habían luchado por definir el concepto. Las definiciones legales, basadas únicamente en los títulos conferidos por la monarquía o la Iglesia, eran rechazadas por aquellos que preferían considerar la nobleza una cualidad moral a la que, en teoría, casi todo el

mundo podía aspirar[9].

¿Qué posición ocupaba el abuelo materno de Caravaggio en este mundo de sutiles diferencias sociales? Giovan Giacomo Aratori recibe en los documentos de la época el trato de signor, messer o dominus. Aunque su estatus social sin duda era más alto que el de los Merisi en la familia de Caravaggio, ni él ni sus descendientes poseyeron título alguno. Aratori era miembro de lo que podría denominarse la alta burguesía profesional, mientras que Bernardino y Fermo Merisi pertenecían a la pequeña burguesía comercial. La afirmación de Mancini de que Caravaggio había nacido en una familia de «ciudadanos muy honorables» —cittadini es la palabra que emplea en italiano— era acertada.

Pero en el pequeño mundo de Caravaggio, donde el artista pasó gran parte de su juventud, su estatus quizá le pareciera más ilustre que eso. Como hemos visto, su abuelo materno era un hombre muy respetado, pero otros factores pudieron haber coadyuvado a hacerle creer que tanto él como su familia disfrutaban del favor aristocrático. Quizá Costanza Colonna mostrara una amabilidad especial con la madre de Caravaggio, Lucia, hermana de la nodriza de sus hijos. Los primeros años de Lucia como madre fueron duros y estuvieron marcados por aflicciones y pérdidas. Costanza Colonna también había pasado por una época difícil durante los primeros años de su matrimonio con Francesco I Sforza. La habían casado, como se acostumbraba entre la nobleza, a la edad de trece años. Al principio los deberes conyugales le resultaron repugnantes, hasta el punto de que amenazó con suicidarse. ¿Sintió Costanza Colonna una simpatía especial por Lucia y sus hijos durante los duros años de su crianza? Es imposible saberlo con certeza, pero de lo que no hay duda es de que se interesó por la suerte de Caravaggio más tarde, a lo largo de la vida de éste. Quizá la fecha de su nacimiento tuvo algo que ver con ello, porque para cualquiera en la cristiandad —pero especialmente para una Colonna— había nacido en un momento propicio.